martes, 11 de agosto de 2020

A nada se va con la hipocresía


 

 

 

 

 

Orlando Guevara Núñez

 

 Con estas certeras palabras, inicia José Martí un artículo titulado La Guerra, publicado en el periódico Patria, el  9 de julio de 1892.  Y argumenta: “Porque cerremos los ojos, no desaparece de nuestra vista lo que está delante de ella, Con ponerle las manos al paso, no se desvía el rayo de nuestras cabezas”.

Se refiere a las riquezas materiales y a las morales. Y conoce cómo actúan esos factores en la conducta de los hombres. Por eso afirma: “Pero los pueblos no están hechos de los hombres como debieran ser, sino de los hombres como son. Y las revoluciones no triunfan, y los pueblos no se mejoran si aguardan a que la naturaleza humana cambie; sino que han de obrar conforme  a la naturaleza humana y de batallar con los hombres como son, o contra ellos.

Y vuelve sobre el tema de la hipocresía. “Pena es que la sangre no le hierva al hombre en las  venas, como hirvió la de nuestros padres, mucho más ricos que nosotros, cuando un dueño brutal se le sienta sobre toda la casa, y lo obliga a la perpetua cobardía de la mentira, y emplea en mantener  escandalosos vicios, a la puerta de nuestros hogares arruinados, el tributo que tenemos que pagar con el alquiler de nuestra honra y la hipoteca de nuestras fincas”. 

“Pena es que el hombre- continúa -  no vea que la riqueza material, aún cuando esté más segura que la de los hijos del sesenta y ocho,  está bajo el sable de sus deportadores, no da a la vida el goce y plenitud de la riqueza menor, o de la mayor pobreza, cuando por todo el rededor palpita, en la franca aspiración criolla, el hombre libre”.  Y plantea una interrogante: ¿Qué diferencia hay, en el fondo, entre un esclavo que rompe la tierra, y un esclavo que gasta en el aturdimiento lo que le deja de su tierra una metrópolis voraz? El bochorno de la inercia hará más amarga, aunque él se lo disimule, la existencia del esclavo dorado”.

Otra  aseveración incluye: “Pena es que el hombre no salte de su asiento al ver que vive sin poder sacar la verdad a los labios, que acata y besa la mano que lo burla y que lo azota, que crecen en la tiniebla y en la persecución sus hijos”. Y comenta que de ese argumento del interés hay que tomar nota por lo que tiene de humano, de fuerte y lo que hay en él de justo.

 

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