jueves, 11 de diciembre de 2025

 

Los derechos humanos y  los  humanos  sin derechos

.Orlando Guevara Núñez

 

El disfrute de los derechos humanos, para todo el mundo, fue proclamado por la ONU el 10 de diciembre de 1948.. Pero hoy vemos como, en diversas partes del Universo, estos derechos son violados, sin que la propia ONU sea capaz de frenar esas violaciones.

Ahí está el genocidio israelí contra Palestina, como el mayor exponente de ese mal. Y ahí está el gobierno imperialista de los Estados Unidos apoyando y financiando ese crimen. Asesinos y cómplices gozan de la mayor impunidad, siguen siendo miembros de la ONU, mientras este organismo no es capaz de salir de las frías e infructuosas declaraciones, pidiendo una  justicia nunca llega.

Ahí está el imperio yanqui, el mismo que, invocando los derechos humanos, es el mayor responsable de que existan en el mundo tantos millones de humanos sin derechos. Ahí están el criminal bloqueo a Cuba,  la amenaza de agresión  al hermano pueblo de Venezuela y a otras naciones soberanas.

En Estados Unidos  hay un presidente que, por las leyes de esa nación, debía estar encerrado en una prisión.  Ahí está, violando los derechos humanos de millones de inmigrantes, sancionando a quienes defienden sus derechos y dando libertad a los delincuentes, en descarada violación de su propia Constitución.

Cuba es un ejemplo de respeto a los derechos humanos de su pueblo. De respeto al mayor de esos derechos, que es el de la vida. Del derecho a  la educación, al trabajo, a la dignidad, al respeto, a vivir en paz, a discutir y aprobar las leyes que rigen su vida. Ese es uno de los grandes temores que representa Cuba para los gobiernos de los Estados Unidos.

Hoy, a través de las redes sociales, a  diario  aparecen  repugnantes mentiras que tratan de restar credibilidad al socialismo en Cuba. Buscan confundir al pueblo, dividirlo, enfrentarlo al gobierno, como vía de poder vencerlo y regresarlo al capitalismo salvaje que  sufrimos antes de 1959 y que aquí forma parte de un pasado que jamás podrá volver.

Uno de los más grandes embustes propagados por el gobierno norteamericano y respaldado por mercenarios externos e internos, es la calificación de Cuba como gobierno fallido y con igual condición al sistema social socialista.

La realidad se encarga del desmentido. En el mundo capitalista que ellos  defienden y pintan como bueno, existen casi 800 millones  de analfabetos  e igual cifra de hambrientos, al tiempo que  192 millones de jóvenes y adultos  no logran conseguir un empleo, mientras que 138 millones de niños y niñas tienen que trabajar, muchas veces en condiciones de esclavitud;  unas 200 mil mujeres mueren cada año en el momento supuesto para ellas el más feliz, el del parto, al tiempo que  unos 5 millones infantes mueren de enfermedades curables antes de cumplir los cinco años de vida. Muchos no llegan siquiera a estrenar  sus nombres. En ese mundo mueren cada año unas tres millones de personas por el consumo de drogas, siendo Estados Unidos el líder en el  average  de ese consumo.

Y un dato curioso: el país conocido como el más rico del mundo es, a la vez, el de una mayor deuda pública a igual escala. Y otro aún más revelador:  este país, prepotente, que califica al socialismo como sistema fallido, tiene una deuda no millonaria, sino bimillonaria, nada menos que con China, país socialista.

Con esas realidades, sigan el imperio y sus peones atacando a la Revolución y al socialismo. Cuba, con el bloqueo recrudecido, seguirá su marcha indetenible, con su  inclaaudicable vocación patriótica, humanista, socialista, internacionalista y antiimperialista.

Valga, por esas razones, continuar defendiendo nuestro derecho a existir como nación libre y soberana, dueños   de nuestros derechos humanos. Dueños de nuestro ayer,  de nuestro hoy y  de nuestro mañana.

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

 

Los derechos humanos y  los  humanos  sin derechos

.Orlando Guevara Núñez

 

El disfrute de los derechos humanos, para todo el mundo, fue proclamado por la ONU el 10 de diciembre de 1948.. Pero hoy vemos como, en diversas partes del Universo, estos derechos son violados, sin que la propia ONU sea capaz de frenar esas violaciones.

Ahí está el genocidio israelí contra Palestina, como el mayor exponente de ese mal. Y ahí está el gobierno imperialista de los Estados Unidos apoyando y financiando ese crimen. Asesinos y cómplices gozan de la mayor impunidad, siguen siendo miembros de la ONU, mientras este organismo no es capaz de salir de las frías e infructuosas declaraciones, pidiendo una  justicia que nunca llega.

Ahí está el imperio yanqui, el mismo que, invocando los derechos humanos, es el mayor responsable de que existan en el mundo tantos millones de humanos sin derechos. Ahí están el criminal bloqueo a Cuba,  la amenaza de agresión  al hermano pueblo de Venezuela y a otras naciones soberanas.

En Estados Unidos  hay un presidente que, por las leyes de esa nación, debía estar encerrado en una prisión.  Ahí está, violando los derechos humanos de millones de inmigrantes, sancionando a quienes defienden sus derechos y dando libertad a los delincuentes, en descarada violación de su propia Constitución.

Cuba es un ejemplo de respeto a los derechos humanos de su pueblo. De respeto al mayor de esos derechos, que es el de la vida. Del derecho a  la educación, al trabajo, a la dignidad, al respeto, a vivir en paz, a discutir y aprobar las leyes que rigen su vida. Ese es uno de los grandes temores que representa Cuba para los gobiernos de los Estados Unidos.

Hoy, a través de las redes sociales, a  diario  aparecen  repugnantes mentiras que tratan de restar credibilidad al socialismo en Cuba. Buscan confundir al pueblo, dividirlo, enfrentarlo al gobierno, como vía de poder vencerlo y regresarlo al capitalismo salvaje que  sufrimos antes de 1959 y que aquí forma parte de un pasado que jamás podrá volver.

Uno de los más grandes embustes propagados por el gobierno norteamericano y respaldado por mercenarios externos e internos, es la calificación de Cuba como gobierno fallido y con igual condición al sistema social socialista.

La realidad se encarga del desmentido. En el mundo capitalista que ellos  defienden y pintan como bueno, existen casi 800 millones de jóvenes y adultos que no logran conseguir un empleo, mientras que 138 millones de niños y niñas tienen que trabajar, muchas veces en condiciones de esclavitud;  unas 200 mil mujeres mueren cada año en el momento supuesto para ellas el más feliz, el del parto, al tiempo que  unos 5 millones infantes, en igual período, mueren de enfermedades curables antes de cumplir los cinco años de vida. Muchos no llegan siquiera a estrenar  sus nombres. En ese mundo mueren cada año unas tres millones de personas por el consumo de drogas, siendo Estados Unidos el líder en el  averaje  de ese consumo.

Y un dato curioso: el país conocido como el más rico del mundo es, a la vez, el de una mayor deuda pública a igual escala. Y otro aún más revelador:  este país, prepotente, que califica al socialismo como sistema fallido, tiene una deuda  de millones de millones, nada menos que con China, país socialista.

El socialismo trabaja para el bien de todos. Y lo hace con el esfuerzo de todos. El capitalismo propicia que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más,  pobres. Con ese fin, se basan en el despojo, en la explotación, provocan guerras, intimidan, roban. ¿Cuál de los dos sistemas merece el título de fallido?

Con esas realidades, sigan el imperio y sus peones atacando a la Revolución y al socialismo. Cuba, con el bloqueo recrudecido, seguirá su marcha indetenible, con su  inclaaudicable vocación patriótica, humanista, socialista se basan en el despojo, internacionalista y antiimperialista.

Valga, por esas razones, continuar defendiendo nuestro derecho a existir como nación libre y soberana, dueños   de nuestros derechos humanos. Dueños de nuestro ayer,  de nuestro hoy y  de nuestro mañana.

martes, 9 de diciembre de 2025

 

Fidel, en 1958, ante una posible intervención de Estados Unidos y la OEA en Cuba

 

 

 

.Orlando Guevara Núñez

 

 

Es una verdad comprobada que el gobierno de los Estados Unidos trató de ahogar a la Revolución cubana antes de que naciera. Pero sus maniobras fracasaron. La grandeza del Comandante en Jefe Fidel Castro redujo esas aspiraciones a una quimera que persiste aún.

El  9 de diciembre de 1958, un funcionario norteamericano visitó en La Habana al tirano Fulgencio Batista, enviado por el Departamento de Estado y con la anuencia del presidente Eisenhower con una  misión concreta: aconsejarlo para que renunciara y diera paso a una Junta Cívico Militar. Una previsión para evitar el triunfo de la Revolución.

Coincidentemente, ese 9 de diciembre Fidel, en respuesta a una información de la revista norteamericana  Times en la cual se expresaba la posibilidad de que los Estados Unidos intervinieran en los asuntos cubanos, a través de la OEA dejaría bien clara su posición:

“A buena hora se aparece esa gente con esas intenciones de intervención o de llamar a la Organización de Estados Americanos (OEA). Cuando aquí la dictadura estaba tronchando cabezas por decenas y por centenares, no se preocuparon absolutamente nada por eso. No tienen derecho a venir a preocuparse ahora…De ninguna manera aceptaremos ningún tipo de intervención en este conflicto (…) No aceptaremos nada que no sea la rendición incondicional de Batista y Columbia. Todo el que permanezca al lado de la dictadura, tendrá que rendirse. Ese es un problema que no hay ni que preocuparse. El  que venga a intervenir tendrá que entrar peleando (…)

 

El 17 de ese mismo mes, el embajador de Estados Unidos en Cuba, Earl Smith, le comunicaba al dictador que su gobierno le retiraba el apoyo  y  sugería   la conveniencia de su renuncia e inmediata salida del país. En realidad habían previsto que la victoria revolucionaria era un hecho inminente y se esforzaban para evitarlo.

Fidel, al mismo tiempo, desbarataba las maniobras externas e internas.

Percatado de que en la capital cubana se tramaba un golpe de Estado para entregar el gobierno a una Junta Militar y escamotearle el triunfo al Ejército Rebelde, no dio ni tiempo ni tregua a los golpistas. La única condición era que todas las fuerzas de la tiranía depusieran sus armas y se rindieran incondicionalmente.

Hasta que el tirano huyó. Y el pretendido golpe de estado fue el que murió al momento mismo de nacer.  Desde entonces- y por eso estamos aquí- los cubanos hemos sido capaces no solo de preservar la Revolución, sino, sobre todo, de  engrandecerla y defenderla. Pese a los gobiernos yanquis, pese a la OEA y contrarrevolución, ¡Aquí estamos y estaremos por siempre!