martes, 3 de agosto de 2021

Las manos de cada nación deben estar libres para desenvolver sin trabas el país, con arreglo a su naturaleza distintiva y a sus elementos propios


.Orlando Guevara Núñez

 

Una excelente definición martiana sobre el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Y fue importante el contexto en que expuso esta idea: se trata del informe leído por él  ante la Conferencia Monetaria Internacional Americana, celebrada en Washington, y a la cual  él asistió como delegado por el Uruguay.

El 30 de marzo de 1891 cumplió Martí el encargo de la Comisión que estudió las propuestas hechas a ese cónclave por la delegación de los Estados Unidos en relación con la creación de una o más monedas internacionales. Y expuso un contundente documento, con el espíritu de los pueblos de América, no de una potencia aspirante a la preponderancia sobre los demás. 

En el análisis, Martí llega a la conclusión de que “El oficio del continente americano no es perturbar el mundo con factores nuevos de rivalidad  y de discordia, ni restablecer con otros métodos y nombres el sistema imperial por donde se corrompen y mueren las repúblicas”.  Dijo que ese oficio no es levantar  a un mundo contra otro, ni amasar con precipitación elementos diversos para un conflicto innecesario e injusto,

Habla sobre la utilidad de un sistema de moneda internacional, pero con la aceptación de todos en el mundo. Apunta que los pueblos no se rebelan contra las causas naturales de su malestar, sino contra los que nacen de algún desequilibrio o injusticia. Aduce que fijar los cambios es robustecer la libertad y que todo acto equitativo en provecho de la masa laboriosa contribuye a afirmar la libertad pública.

Esa moneda universal, explica Martí, necesita condiciones de seguridad, y la califica de “empresa digna de las naciones democráticas, conveniente a la paz internacional e indispensable para el goce completo de la libertad doméstica”

Luego de un análisis sobre el carácter del oro y la plata como valor monetario; y su vinculación con el comercio, en su informe, Martí puntualiza que “Las puertas de cada nación deben estar abiertas a la actividad fecundante y legítima de todos los pueblos”. Opina que “los pueblos todos deben reunirse en amistad y con la mayor frecuencia dable, para ir reemplazando, con el sistema de acercamiento universal, por sobre la lengua de los istmos y la barrera de los mares, el sistema muerto para siempre, de dinastías y grupos”.

En la propuesta final, la Comisión representada por Martí aprueba no recomendar en ese momento la moneda internacional, teniendo en cuenta la posición de Europa respecto a la plata y los diversos tipos de relación entre el oro y la plata en varios de los países integrantes de la Comisión.

Considera posible la adopción del bimetalismo, mediante el establecimiento de una relación igual entre el oro y la plata por los grandes poderes comerciales. Y apoya la celebración de una Conferencia Monetaria Universal para tratar sobre el asunto, con la participación de todas las repúblicas.

 

Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado


.Orlando Guevara Núñez

 


Otro de los pensamientos de José Martí citados por Fidel Castro en su alegato La historia me absolverá. Previo a ese legado, escribió nuestro Apóstol que “Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado”

En esta ocasión se estaba refiriendo a tres grandes próceres de nuestra América: Simón Bolívar, de Venezuela; el sacerdote Miguel Hidalgo, de México; y José de San Martín, de Argentina.

Sobre Bolívar dijo que parecía como si estuviera esperando siempre la hora de montar a caballo. Y que vivía en un país oprimido lo que no lo dejaba vivir en paz. Analiza que, en esos momentos, la América estaba como despertando, que un hombre no vale nunca más que un pueblo, pero hay hombres que no se cansan cuando su pueblo se cansa y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Dice que Bolívar murió pobre y dejó una familia de pueblos.

De Hidalgo aseveró que fue, desde niño, de la raza buena, de los que quieren saber, y que son de la raza mala los que no quieren saber. Señaló su misión al frente del pueblo mexicano en su lucha por la independencia frente a España. Tras él marcharon miles de guerreros, ganó y perdió batallas y murió en su empeño, fusilado por el ejército colonial.  Dice que los españoles, antes de matarlo, lo despojaron de toda su vestimenta de sacerdote y que los cadáveres fueron enterrados sin cabezas. Pero la obra de Hidalgo no había sido en vano, pues México era libre.

San Martín, fue calificado por Martí como que parecía de acero, miraba como un águila, nadie lo desobedecía, y su caballo iba y  venía por el campo de pelea, como el rayo por el aire. Describe su gran obra como guerrero por la liberación de América. Hasta que concluida su campaña, luego de cederle a Bolívar la gloria en el Perú, marchó a Europa, donde murió.

En ese escrito, titulado  Tres Héroes, contenido en la revista La Edad de Oro, dice Martí que el corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. 

 

Honrar, honra

 


.Orlando Guevara Núñez

 


 Mucho escribió José Martí sobre el concepto de la honra. Y a muchas personalidades ilustres dedicó escritos, discursos y cartas.

En este caso, con esas dos palabras de tan alto contenido, inició un artículo publicado, en la Revista Venezolana, el 1ro. de  julio de 1881.  Estuvo dedicado a Miguel Peña, un natural de Andalucía, Venezuela, que juntó su destino a los pueblos de América por su independencia. Había fallecido en 1833.

“Valencia- dijo Martí- erige hoy una estatua al doctor Peña; pues hoy paga Valencia lo que debe”. Pero está hablando no solo de un venezolano, sino de un recio luchador junto a Simón Bolívar. De aquel que “ayudó a fundar pueblos".

Del homenaje erigiéndole una estatua, diría el Apóstol cubano de la independencia que  “merece presidir, en aposento de bronce, los destinos de la ciudad que él supo hacer tumba de realistas, fortaleza de derechos y cuna de republicanos”. Hace un juicio crítico de esta personalidad, Miguel Peña Páez, con sus virtudes y defectos, ubicándola en la época histórica que le tocó vivir.


¿A dónde va la América y quién la junta y guía? Sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola

 

.Orlando Guevara Núñez

 


En un discurso hizo Martí esta afirmación. Fue el 19 de diciembre de 1889, en la Sociedad Literaria Hispanoamericana, con la asistencia de los delegados a la Conferencia Internacional Americana.   El encuentro es de hermandad y de esperanzas.

El escenario es Estados Unidos. Y Martí puntualiza que allí  han llegado unos por la tormenta, otros, por la leyenda y otros por el comercio, y otros por la determinación de escribir, en una tierra que no es libre todavía,  la última estrofa del poema de 1810.

Pero al mismo tiempo confiesa que  por ungida que esté la América en que nació Lincoln, “para nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie ose tachárnoslo ni no los pueda tener a mal, es más grande, porque es nuestra, y porque ha sido más infeliz, la América en que nació Juárez”.

Hace una descripción  elocuente sobre el terror de la colonización española en América. Y evoca el recuerdo de Simón Bolívar, con su “cohorte de astros” ¡A caballo la América entera! Elogia la gran lucha libertaria. Hidalgo, San Martín, los Andes. El amor de los pueblos de América por su libertad es idea recalcada por Martí. Y afirma que solo perdura, y es para bien, la riqueza que se crea, y la libertad que se conquista, con las propias manos.

Por eso vivimos aquí-afirmó- orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. No como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación  y la capacidad para contribuir a que se le estime por sus méritos y se le respete por su sacrificio.

Y enfatiza un postulado: ¡Donde no se olvida y donde no hay muerte, llevamos a nuestra América, como luz y como hostia; y ni el interés corruptor, ni ciertas nuevas modas de fanatismo, podrán arrancárnosla de allí!

 

lunes, 2 de agosto de 2021

Hacer es la mejor manera de decir

                           

.Orlando Guevara Núñez

 


Es una de las enseñanzas  martianas que con mayor frecuencia utilizamos los cubanos, como expresión de que valen más los hechos que las palabras. La palabra hacer la identificamos con el ejemplo, con los resultados, con la acción respaldando  lo que decimos.

Tal aseveración la hizo José Martí en un escrito publicado en la  Revista Venezolana, en Caracas, Venezuela, el 1ro. de  julio de 1881.

El artículo titulado Propósitos, era una presentación de esa publicación, por él fundada. El primer párrafo, así lo expresa:

“Extraña  a todo género de prejuicios, enamorada de todo mérito verdadero, afligida de toda tarea inútil, pagada de toda obra grandiosa, la Revista Venezolana  sale a la luz. Nace del afecto vehemente que a su autor inspira el pueblo en que la crea; va encaminada a levantar su fama, publicar su hermosura, y promover su beneficio. No hace profesión de fe, sino de amor. No se anuncia tampoco bulliciosamente. Hacer, es la mejor manera de decir.

Al final  expresa  Martí: “No será, pues, tribuna egoísta, este humilde periódico; sino casa modesta, donde todo sereno pensamiento, y pensador hidalgo, tendrán casa. Alhajado está el hogar; y los miembros del Areópago citados: ¡sea todo, humildemente, en prez de Venezuela, y de la América!”

En torno a la Revista Venezolana, se alinearon distinguidos intelectuales de ese país, opuestos a las tiranías, y opositores a la política del  entonces mandatario venezolano Guzmán Blanco.

En el segundo número, aparecido el 15 de julio de 1881, Martí publicó el trabajo Carácter de la Revista Venezolana. Se refiere a elogios y críticas recibidas. Su  análisis, en este caso, es concreto. “Seguro de sí  mismo, por enamorado, por    trabajador, y por sincero, ni con  las alabanzas se ofusca, ni ante interesados juicios ceja, el director de la Revista Venezolana. La obra de amor ha tenido siempre  muchos enemigos”.

En ese, también último número de la revista,  publica  un artículo de elogio al intelectual venezolano  Cecilio Acosta, fallecido  una semana antes. Ese escrito suscitó la cólera del presidente Guzmán Blanco, quien decretó la inmediata salida del país, del fundador y director de la revista, José Martí. Así, con solo dos números, dejó de existir esa publicación.

El 28 de julio de ese mismo año, el Apóstol cubano abandonaba Caracas, rumbo hacia Nueva York, Estados  Unidos.