viernes, 20 de febrero de 2026

 

 José Martí   Sobre el trabajo

.Orlando Guevara Núñez

El trabajo fue siempre reconocido por Martí como la única forma digna de la riqueza. En innumerables ocasiones así lo razonó. De sus muchas definiciones, escogemos las siguientes:

“Las revoluciones son estériles cuando no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en los campos”. “El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos”. En lo que se trabaja no importa; sino que se trabaje”.

Afirmó Martí que:   “No hay más que una vara, a cuyo golpe se abra en agua para toda roca: es el trabajo. La riqueza que por otra vía nos venga, trae oculto, en su seno cubierto de seda, un nido de sierpe”. Afirmó una vez: “El corazón se me va a un trabajador como a un hermano”.

Otros pensamientos martianos sobre el trabajo fueron: “A la felicidad del obrero se va por la felicidad de la patria, al obrero feliz se va por la patria feliz”. “Arte es trabajo. Trabajo es arte”  “El primer afán de la libertad de Cuba sería, al día siguiente del triunfo, salir a sembrar trabajadores” “¡Triste el que muere sin haber hecho obra!”  “La vida de tocador no es para hombres”.

Para Martí: “Trabajar es lo verdadero y decir sin miedo lo que se piensa, he ahí las dos raíces”. “Sin honor no hay hombre. Cada cual viva de su sudor,  o no viva”. “Como yo trabajo, amo a los que trabajan”. “No se viene a la vida para disfrutar de productos ajenos”. “Se trae la obligación de crear productos propios”.

“La libertad es un premio que la Historia da al trabajo”. “He ahí un gran sacerdote, un sacerdote vivo: el trabajador”. “Un déspota no puede imponerse a un pueblo de trabajadores”.

Léase esta instructiva comparación de Martí sobre la suerte y el trabajo: “La Suerte siempre anda mirando a ver qué surge. Y el Trabajo siempre con el ojo listo y el ánimo fuerte, hace que surja algo. La Suerte se está en la cama, deseando que el cartero le traiga la noticia de una herencia, mientras que el Trabajo se levanta a las seis y con la pluma o el martillo pone los cimientos de un seguro bienestar. La Suerte siempre anda plañeando. El Trabajo silva, la Suerte se atiene al acaso. El Trabajo a la buena conducta. ¿Qué os gusta más: la Suerte o el Trabajo?¨

Expresó también que: “ No se trabaja para el aplauso de los egoístas. Se trabaja para la compañía futura de los mártires”.  “El político debe de trabajar para lo futuro”. Y  aseguró:  “Sin honor no hay hombre, que cada cual viva de su trabajo, o no viva”

 “Ver trabajar a todos es más bello que ver pensar a uno”, dijo. Y también:  “Es inútil y generalmente dañino, el hombre que goza del bienestar de que no ha sido creador”.

jueves, 19 de febrero de 2026

 

24 de febrero de 1895: Heraldo del presente cubano

 

.Orlando Guevara Núñez

El  24 de febrero de 1895 se inserta con luz inextinguible en la historia cubana del siglo XIX, con vigencia para los tiempos  presentes y los que están por venir. Fue la demostración  de que en Baraguá, el 15 de marzo de 1878,  no se apagó  la llama de la rebeldía, y de que, en lugar del cese de la lucha, El Zanjón fue solo una tregua para reiniciarla con mayores bríos y superiores proyecciones.

La revolución iniciada el 10 de octubre de 1868, después de una paciente  preparación, entraba en un nuevo período de guerra. Así lo proclamó el Manifiesto de Montecristi, firmado por José Martí y Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895, víspera de su partida hacia la tierra cubana.

Casi 17 años habían esperado los patriotas cubanos para reiniciar la gesta independentista. Intensa había sido la labor del máximo organizador de esa contienda, José Martí, en la emigración, para unir en igual voluntad a los veteranos luchadores, a la nueva generación  y a todos los cubanos dispuestos al combate, sin importar posición social o política. La lucha contra las corrientes anexionistas, autonomistas,  por sentar las bases de la nueva república, y la previsión ante el peligro de ésta frente a la voracidad del naciente imperialismo norteamericano, formaron parte de la nueva estrategia revolucionaria.

En su prédica constante, Martí  censuraba el derramamiento de sangre si era inútil; pero reconocía  la guerra como única forma de lograr un fin: la independencia y fundar, con ella, la nueva república con todos y para el bien de todos.

La guerra se reiniciaba ahora  bajo la dirección del Partido Revolucionario Cubano, con proyecciones que trascendían  las fronteras de la nación cubana. Para bien de América y del mundo, era anunciada en el Manifiesto de Montecristi. Y ese mismo día, con visión de futuro, escribiría Martí a su amigo dominicano Federico Henríquez  y Carvajal: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.

Con precarios recursos se lanzaron  los cubanos aquel 24 de febrero a la manigua. Fue la zona oriental cubana el escenario más importante de los alzamientos, no solo por su magnitud, sino, sobre todo, por su permanencia y desarrollo. Aquel episodio lo conocemos los cubanos como el Grito de Baire. En ese nombre, sin embargo, se resume la hazaña de Bayate, en Manzanillo, bajo el mando del patriota Bartolomé Masó; de Guantánamo, capitaneado por Pedro Pérez (Periquito); y de otros muchos escenarios del indómito Oriente. En el occidente, Juan Gualberto Gómez se sumaba a la lucha, pero con efímera supervivencia del alzamiento.

Una figura de gran valía fue la del santiaguero  Guillermón Moncada, cuyas dotes de patriota y de jefe fueron alma de la rebelión en Oriente y otras regiones. Diezmada su salud por la tuberculosis, Guillermón murió el 5 de abril de 1895,  tan solo 6 días  antes de que Martí y Gómez desembarcaran por Playita de Cajobabo.

El 1ro. de abril, habían llegado,  por Duaba, Baracoa, Antonio Maceo, su hermano José y Flor Crombet, caído en combate el 10 del propio mes. Transcurridas pocas semanas, el General Antonio  logró nuclear a unos 3 000 cubanos alistados para la lucha. La guerra alcanzó dimensiones incontenibles. Los jefes revolucionarios habían desembarcado en pequeño número de hombres y armas, pero aquí se nutrirían de combatientes  provenientes del pueblo y de armas arrebatadas al ejército español.

Las experiencias de la primera guerra de independencia fueron aprovechadas por los cubanos en  la conducciön de la iniciada en febrero de 1895. No fue un proceso exento de dificultades y de contradicciones, pero la unidad se impuso como garantía de la victoria.

Esta vez, la insurrección independentista se extendió a todo el país. La invasión de Oriente a Occidente, con Máximo Gómez y Antonio Maceo al frente, socavó la fortaleza del ejército español y marcó el final del colonialismo hispano en Cuba.

Las más gloriosas páginas de heroísmo, de grandeza y de entrega, fueron escritas por los cubanos en aquellos más de tres años de guerra. José Martí cayó el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos; Antonio Maceo perdió la vida en el holocausto de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896. Pero la lucha independentista continúó su avance hasta lograr que España no fuera capaz desde el punto de vista militar, económico, ni moral, de sostener la contienda.

Fue entonces que se consumó el peligro  alertado por José Martí: la intervención del gobierno de los Estados Unidos en una guerra ya perdida por España en Cuba. Aquella intromisión, catalogada por Vladimir Lenin como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad, despojó a los cubanos de una victoria por la cual habían luchado desde el amanecer glorioso de La Demajagua el 10 de octubre de 1868.

Cuba dejaba de ser colonia de España, pero pasaba a otra condición humillante: la de neocolonia de los Estados Unidos. Por ironía de la historia, el 1ro. de enero de 1899 se instauró en Cuba el gobierno militar interventor norteamericano, que extinguía el dominio español sobre Cuba. Y exactamente 60 años después, el 1ro. de enero de 1959, en Santiago de Cuba, Fidel Castro poclamaba el triunfo de la Revolución, que ponía fin al dominio neocolonial de Estados Unidos en nuestro país.

Cada 24 de febrero vienen a la mente de los cubanos muchos nombres de patriotas gloriosos. Aquella gesta fue un emporio de héroes. En José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, se sintetizan y simbolizan  todos. . El grito de ¡Independencia o Muerte!  de  La Demajagua, tuvo su continuación en el de ¡Libertad o Muerte! de 1895. Y en ellos tiene sus raíces y la savia que lo alimenta el ¡Patria o Muerte!  y el ¡Venceremos! que encarnan  la decisión del pueblo cubano.

Esa fecha de patriotismo, de independentismo, de sacrificio y de combate, fue simiente, presagio, heraldo del presente cubano.

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

 

José Martí sobre la libertad

.Orlando Guevara Núñez

El concepto sobre la libertad fue una constante en el pensamiento del Apóstol de la independencia cubana. Constituyó el sentido de su vida. Por ella luchó hasta su último aliento. La defendió en sus discursos, en cartas, en artículos periodísticos, en su poesía. En todos los escenarios posibles.

“La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”. (...)  ¡Y no sé si vale la pena de vivir, después de que el país donde se nació  decida darse un amo!

Para él, esa condición era el todo de un pueblo. Y hay un concepto de excepcional profundidad que vale estudiar por su vigencia para Cuba y para todos los pueblos. Helo aquí: “No estriba el amor patrio en afianzar  la libertad: estriba en labrar un pueblo en que la libertad se afiance”. Es eso, precisamente, lo que ha hecho la Revolución, bajo la certera dirección de Fidel, de Raúl y el resto de la dirección cubana.

Denunció aspectos que en relación con la libertad no eran reales ni nobles. “El hombre de pecho libre niega su corazón a la libertad egoísta y conquistadora”.  Y aludiendo a la España colonial: “La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente manchada de sangre”. Y otra más: “Cambiar de dueño no es ser libre”.

Vertió Martí el criterio de que: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, pensar y hablar sin hipocresía” y que: “El ejercicio de la libertad fortifica: el cultivo de la inteligencia, ennoblece”. Además, “Solo la libertad trae consigo la paz y la riqueza”. “Y Cuba debe ser libre, de España y de los Estados Unidos”

Consideró necesario requisitos así expresados: “La libertad  ha de ser práctica constante para que no degenere en una formula banal”. (…)  Dijo  que “ la libertad no muere jamás de las heridas que recibe. El puñal que la hiere lleva a sus venas nueva sangre”.

“Muramos los unos- dijo – y prepárense, los que no tengan el derecho de morir,  a poner el arma al brazo de los soldados nuevos de nuestra libertad. De pie, como en el borde de una tumba, renovemos el juramento de los héroes”.

Encontré un pensamiento martiano muy interesante, relacionado con los ricos que se sumaron a la lucha por la independencia cubana: “El servicio a la revolución de la libertad puede lavar la culpa de la riqueza acumulada con el fruto de la esclavitud”.

Otra concepción martiana –citada por Fidel en su alegato ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de Julio de 1953, expone su criterio sobre la libertad: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Estos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro.”

Otras dos aspiraciones martianas sobre la libertad fueron cumplidos plenamente por la Revolución cubana: “¡Para un pueblo esclavo no hay más año nuevo que el que se abra con la fuerza de su brazo por entre las filas de sus enemigos: el primer día de año nuevo será el primer combate por nuestra libertad!” (…)  “El primer afán de la libertad de Cuba sería, al día siguiente del triunfo, salir a sembrar trabajadores”.

Sentenció nuestro Apóstol que “La libertad no es placer propio: es deber extenderla a los demás y que: el esclavo desdora al dueño: da vergüenza ser dueño de otro”. Precisó otro principio:  “Los labios se nos manchan diciendo que hay hombres dueños de otros hombres, y que “De hombres de sacrificio necesita la libertad”

Expresó Martí que:  “Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el gozo del aire y de la luz”.

Solo estudiando la vida y la obra de José Martí, pudiera conocerse su amplia labor en pro de la libertad de Cuba, de América y de la humanidad. Siempre en contra de la esclavitud, por él considerada como la gran pena del mundo. Vale, sin embargo, esta reducida selección de sus pensamientos, como homenaje sincero en el aniversario 130 de su caída en combate, Tenemos los cubanos el honor de haber cumplido un mandato  martiano: “Un pueblo libre y justo es el único homenaje propio de  los que mueren por él”.

Este otro pronunciamiento lo escribió Martí en ocasión de inaugurarse, en Estados Unidos, la Estatua de la Libertad, donada por Francia:

“Terrible es, libertad, hablar de ti para el que no te tiene”.  Y otros de sus razonamientos sobre la libertad: “Una fiera vencida por el domador no dobla la rodilla con más ira. Se conoce la hondura del infierno, y se mira desde ella, en su arrogancia de sol, al hombre vivo. Se muerde el aire, como muerde una hiena el hierro de su jaula. Se retuerce el espíritu en el cuerpo como un envenenado. Del fango de las calles quisiera hacerse el miserable que vive sin libertad la vestidura que le asienta. Los que no te tienen no deben hablar de ti, sino conquistarte”.