jueves, 30 de abril de 2026

 

José Martí:  Las elecciones en Estados Unidos

.Orlando Guevara Núñez

Bien de cerca presenció nuestro Martí los procesos eleccionarios presidenciales en los Estados Unidos. Y dedicó varios espacios periodísticos a su análisis.

En uno de estos artículos, expresó:  “Es recia, y nauseabunda una campaña  presidencial en los Estados Unidos. Desde mayo, antes de que cada partido elija sus candidatos, la contienda empieza. Los políticos de oficio, puestos a echar los sucesos por donde más les aprovechen, no buscan para candidatos a la presidencia aquel hombre ilustre cuya virtud sea de premiar o de cuyos talentos pueda haber bien el país, sino el que por su maña o fortuna o condiciones especiales pueda, aunque esté maculado, asegurar más votos al partido, y más influjo en la administración a los que contribuyen  a nombrarlo y sacarle victorioso¨.

Y prosiguió su análisis:  ”Una vez nombrados en las convenciones los candidatos, el cieno sube hasta los arzones de las sillas. Las barbas blancas de los diarios olvidan el pudor de la vejez. Se vuelcan cubas de lodo sobre las cabezas.  Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con  tal  que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso. Se juzgan dispensados, aún los hombres eminentes, de los deberes más triviales del honor. No concibe nuestra hidalguía latina tal desborde.  Todavía asoman, detrás de cada frase, las culatas de aquellas pistolas con que años atrás, y aún hoy de vez en cuando, se argumentaba acá en los diarios en épocas de elecciones. Es un hábito brutal que curará el tiempo. En vano se leen con ansia en esos meses, los periódicos de opiniones más opuestas. Un observador de buena fe no sabe cómo analizar  una batalla en que todos creen lícito campear de mala fe. De plano niega un diario lo que de plano afirma el otro. De propósito cercena cada uno cuanto honre al candidato adversario. Desconocen en esos días el placer de honrar¨.

(…)  Se ve aturdir, escamotear, comprar, falsear el voto¨.

Plena vigencia tienen en Estados Unidos los mismos problemas y deformaciones denunciados por José Martí.  Es esa la “democracia” que quiere el imperio yanqui, más que vendernos, imponernos a los cubanos.

miércoles, 29 de abril de 2026

 

José Martí: El sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva

.Orlando Guevara Núñez

Cuando José Martí expresó este pensamiento estaba tratando un tema para él esencial: las intenciones de los Estados Unidos de anexarse a Cuba. Fue en una carta a su amigo y patriota Gonzalo de Quesada, firmada el 29 de octubre de 1889, en Nueva York.

Con visión de presente y de futuro, está alertando Martí a Quesada, quien había sido nombrado Secretario del delegado de Argentina a la Conferencia Internacional Americana, en Washington, iniciada  el 2 de octubre de ese mismo año, sobre los peligros que se vislumbraban.

Le habla sobre “el peligro en que está usted, de que, con el pretexto de amistad, se le acerquen personas interesadas que quieran valerse de la posición de confianza de que goza, cerca de una delegación importante a la que con la astucia se quisiera deslumbrar, o confundir, o convertir, o traer a la estimación de personas que llevan el veneno donde no se les ve. Lo han de querer usar, descaradamente unos, y otros sin que usted lo sienta”.

Lo alerta sobre la habilidad de los hombres decididos a intrigar y necesitados de servir, y le dice que es necesario ser hábil y honrado, contra los que son hábiles, y no honrados.

Le comenta que “hay marea alta en todas estas cosas de anexión”, y sobre una presunta visita a La Habana del Secretario de Estado del gobierno de Estados Unidos, a favor de la anexión, respecto a la que él mismo ha recibido comunicación. En ese contexto, Martí considera peligroso, o por lo menos inútil, el  mencionado Congreso Internacional.

Fue posición de Martí la inconveniencia de que el tema Cuba fuera llevado a ese evento, en el que la parte principal la tendrían los Estados Unidos. Sin embargo, dice que comprendió inevitable incluir allí esa agenda, buscando siempre el modo más útil, puntualizando que “para mí no lo es ninguno que no le garantice a cuba su absoluta independencia”.

Afirma que para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Dijo que eso espera este país  y a eso debemos oponernos nosotros. Plantea su oposición a que Estados Unidos pretenda la libertad cubana de España, siendo una nación que por razones geográficas, de estrategia, hacienda y política nos necesita.

Se refiere a los propósitos confesos o tácitos de los Estados Unidos sobre Cuba y expone  tres  interrogantes: La indemnización, ¿quién la había de garantizar, sino la única nación americana que puede hacerla efectiva?  Una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?  Y ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera no del pueblo que es, propio y capaz, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas?

Las respuestas, el propio Martí las ofrece en su carta a Gonzalo: “Base más segura quiero para mi pueblo. Ese plan, en sus resultados, sería un modo directo de anexión. Y su simple presentación lo es. Es cuando afirma que el sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva. Y argumenta que es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, y la existencia de Cuba independiente, sin la pérdida, o una transformación que es como la pérdida de nuestra nacionalidad,

martes, 28 de abril de 2026

 

 

 

 

La falsa democracia del pluripartidismo. La experiencia cubana

 

.Orlando Guevara Núñez

No es casualidad que el imperio yanqui. en su demencial propósito de destruir la Revolución cubana,  acuda otra vez al engañoso  argumento del pluripartidismo  como símbolo de democracia.  Y no se cansan de fabricar “ héroes”  de la contrarrevolución, escogiendo para ese fin las peores materias primas.

Desde hace mucho tiempo, el  General de Ejército, Raúl Castro, advirtió que “Renunciar al principio de un solo partido equivaldría, sencillamente, a legalizar al partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio y sacrificar el arma estratégica de la unidad de los cubanos, que ha hecho realidad los sueños de independencia y justicia social por los que han luchado tantas generaciones de patriotas, desde Hatuey hasta Céspedes, Martí y Fidel”.

No es fortuito que los enemigos de Cuba deseen y sueñen regresarnos a un pasado de falsa democracia, de pluripartidismo infértil que hundió al país en una letal dispersión de fuerzas y alimentó la corrupción política y administrativa. Durante muchas décadas, los innumerables partidos políticos se repartían el poder para lucros personales y de grupos, mientras las masas se mantenían marginadas y siempre engañadas por promesas que luego de cada elección pasaban al baúl del olvido.

Un simple vistazo a aquella realidad, reafirma la justeza de la política expuesta por Raúl. A raíz de la intervención norteamericana en Cuba, que frustró el triunfo del Ejército Libertador Cubano, la injerencia yanqui tuvo como blanco inmediato el sistema electoral, acondicionándolo a sus intereses de dominación neocolonial. El desmantelamiento del Partido Revolucionario Cubano, creado por José Martí, fue premisa para esos fines.

El 16 de junio de 1900, tuvieron lugar en Cuba las primeras elecciones municipales, con tres partidos políticos: Unión Democrática, Republicano y Nacional. La primera “lección” de democracia fue que en estos comicios sólo alrededor del 10 % de los cubanos tuvieron derecho al voto, pues se privó de éste a los menores de 21 años, y a quienes poseyeran menos de 250 pesos en muebles e inmuebles, quedando fuera también quienes no supieran leer y escribir.

El pluripartidismo se multiplicó como espuma en esos primeros años de la pseudo república. Datos históricos demuestran que sólo entre 1899 y 1909, existieron 16 grupos y partidos liberales; las filiaciones republicanas llegaron a 21, además de tres grupos y partidos llamados de democracia, a los que se sumaban una decena de otras tendencias. La fragmentación política era un arma eficaz contra la unidad necesaria que había preconizado el Partido de Martí.

A partir de las primeras elecciones presidenciales, realizadas en 1901, los datos revelan realidades que nada tienen que ver con la democracia. En esa ocasión el presidente electo, Tomás Estrada Palma, obtuvo sólo el 47 % de los votos de los electores inscriptos, al tiempo que el abstencionismo llegó al 36 %. Se conoce la historia de las maniobras imperiales para evitar que el otro candidato, el general Bartolomé Masó, alcanzara la presidencia, quedando las elecciones con un único aspirante.

Cada proceso eleccionario se convirtió en una caricatura de democracia. En 1936, fueron 13 los partidos inscriptos, de los que al final seis no se presentaron y los demás se agruparon en dos coaliciones. En 1940, los partidos contendientes fueron 11, agrupados en dos bloques. En 1948 fueron seis y otros tantos se preparaban para los comicios de 1952, frustrados por el golpe de estado de quien sumiría al país en una sangrienta dictadura durante siete años, apoyado por el gobierno de los Estados Unidos: Fulgencio Batista.

Sólo el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de Julio de 1953, con Fidel Castro al frente, abrió para el pueblo las esperanzas de un verdadero cambio, no cifradas en las urnas electorales, sino en la lucha abierta por la libertad e independencia. Ante esa nueva lucha, muchos partidos políticos se mantuvieron apegados a la tiranía, mientras que otros, desde la oposición, desempeñaron el triste papel de censura mezclada con la sumisión y la complicidad. El Partido Socialista Popular, con hondas raíces entre la clase obrera, estuvo más tiempo ilegalizado y en la clandestinidad que ejerciendo su derecho legal. Otra prueba de la mentira de la democracia capitalista en Cuba.

 Vale decir que en 1958, durante las últimas elecciones “democráticas” en Cuba, el abstencionismo alcanzó el 54 % y el presidente electo, el batistiano Andrés Rivero Agüero, obtuvo sólo el 15 % de los votos. El triunfo de la Revolución le impidió disfrutar su “victoria”.

En la lucha contra la tiranía batistiana, tres organizaciones revolucionarias tuvieron el principal protagonismo. Estas fueron el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, con su Ejército Rebelde; el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular. Luego del triunfo del Primero de Enero de 1959, las tres, aunque con independencia organizativa y funcional, siguieron trabajando unidas, hasta que después de la victoria cubana en Playa Girón se unieron en una sola fuerza: las Organizaciones Revolucionarias Integradas  (ORI ), las que dieron  paso más tarde al Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba ( PURSC ), convertido en Partido Comunista de Cuba en octubre de 1965.

Es ese el Partido no solo de los comunistas, sino de todo el pueblo cubano, el único que necesitamos y queremos, el único capaz de representar los intereses de la nación y conducirnos, unidos,  hacia las victorias de nuestro socialismo.

La gran mentira del beneficio del pluripartidismo en los Estados Unidos, lo demuestra un solo hecho: Desde 1853, el poder se lo han repartido solo dos partidos, el Republicano  y el Demócrata. Ambos se unen en una misma cosa: el Partido de los millonarios, de los explotadores, de los agresores, de los enemigos de los pueblos.

Por todas estas razones, suscribimos y respaldamos las palabras de Raúl :

 “Sin el menor menosprecio a ningún otro país por tener sistemas pluripartidistas y en estricto apego al principio del respeto a la libre determinación y la no injerencia en los asuntos internos de otros estados, consagrado en la carta de las Naciones Unidas, en Cuba, partiendo de sus experiencias en la larga historia de luchas por la independencia y soberanía nacional, defendemos el sistema del partido único frente al juego de la demagogia y la mercantilización de la política”.

Así, nuestro Partido Comunista de Cuba es el único que tenemos, necesitamos, seguimos y defendemos.