miércoles, 1 de abril de 2026

 

José Martí: Perder una batalla no es más que la obligación de ganar otra

Orlando Guevara Núñez

En septiembre de 1879, José Martí había sido deportado nuevamente hacia España. Desde allí se dirige hacia Francia y recala en Nueva York. En su peregrinar, viaja a Venezuela, donde pretende establecerse. El 22 de marzo de 1881, dirige una carta a su gran amigo venezolano Fausto Teodoro de Aldrey, en la cual le expresa el pensamiento al inicio aquí plasmado.

Este amigo fue uno de los más fieles colaboradores de Martí durante su estancia en Venezuela, lo cual fomentó entre ellos una profunda amistad, en mucho agradecida y alabada.

En ese momento, sueña con contribuir al engrandecimiento del país bolivariano, donde se respira un cierto aire de libertad.  Habla de sus dolores por Cuba, y  dice que: “De caer vengo, del lado de la honra” y es cuando afirma lo de perder una batalla y la obligación de ganar otra.

Le confiesa a su amigo su intención de servir modestamente a los hombres, que para eso se prepara, y andar, con el libro al hombro, por los caminos de la vida nueva. Llega allí para “auxiliar, como soldado humilde, todo brioso y honrado propósito, y a morir de la mano de la libertad, pobre y fieramente”.

Como ciudad gallarda, califica a Caracas y como tierra sagrada a ese país, al cual había llegado en enero de ese mismo año. Su estancia allí fue breve, pues tuvo que salir en el mes de julio, por indicación del gobierno, que no compartió criterios políticos  expresados por nuestro Apóstol en las páginas de la Revista Venezolana, por él fundada y dirigida. De allí, regresa a Nueva York.

martes, 31 de marzo de 2026

 

 

José Martí: Los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra

 

.Orlando Guevara Núñez

Cuando el 16 de octubre de 1953, ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de Julio de ese año, Fidel Castro, hablando sobre sus compañeros  caídos, recordó este pensamiento de José Martí, lo hacía con el mismo dolor sentido por nuestro Apóstol ante el asesinato de los ocho estudiantes de medicina, en La Habana, el 27 de noviembre de 1871.

A un año exacto de aquel crimen del ejército colonial español, circuló en Madrid un escrito de José Martí, en el cual se refería al abominable hecho. Algunos periódicos se hicieron eco del mensaje.

Un párrafo decía textualmente: “Y cuando las cabezas han rodado y sonreían al rodar, al par que la sonrisa, se han  alzado las manos de los cadáveres para decirnos que no lloremos demasiado, porque hay un límite al llanto sobre la sepultura de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra”

A continuación de esa cita, el jefe del asalto al Moncada evocó  unos versos de José Martí, también dedicados  a los estudiantes asesinados: (…)  Cuando se muere/ en brazos de la patria agradecida/ la muerte acaba, la prisión se rompe/ ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!

Aquel escrito de Martí comienza aseverando que “No graba cincel alguno como la muerte los dolores en el alma: no olvida nunca el espíritu oprimido el día tremendo en que el cielo robó ocho hijos a la tierra, y un pueblo lloró sobre la tumba de ocho mártires”.

Martí habla de lágrimas por los caídos, pero descarta el olvido. Dice  amar  más cada día a los hermanos caídos y no desear paz para sus restos, porque ellos viven en las agitaciones excelsas de la gloria. Y concluye diciendo: ¡Lloren todos los que sientan! ¡Sufran con nosotros todos los que amen!  ¡Póstrense de hinojos en la tierra, tiemblen de remordimiento, giman de pavor todos los que en aquel tremendo día ayudaron a matar!

Como se aclara en las Obras Completas de Martí, este escrito apareció firmado por Fermín Valdés Domínguez y Pedro J. de la Torre, condenados a seis años de prisión por la misma causa. Sería el primero de ellos quien testificó, luego, la autoría de José Martí.

sábado, 28 de marzo de 2026

 

27 de marzo de 1976: victoria de la independencia angolana

.Orlando Guevara Núñez

El  27 de marzo de 1976, fueron  retirados de la República Popular de Angola los últimos soldados sudafricanos que habían invadido el país para cercenar la independencia ganada por los combatientes angolanos y defendida también por los internacionalistas cubanos.

Recuerdo bien ese día. Los cubanos estábamos allí, frente a frente a los sudafricanos. La decisión cubana era que si ese día ellos no se retiraban, nuestras fuerzas comenzarían una ofensiva hasta expulsarlos.

Los minutos pasaban lentamente. El plazo fijaba como hora límite las 9 de la mañana de ese día. Sabíamos que si era necesario el combate, el precio de la victoria sería caro, pero la lograríamos.

Esperábamos con tensión, pero con decisión. Y cuando llegó la hora cero, solo  necesitábamos  las órdenes de nuestros jefes. Pero todo permaneció en calma. Y desde entonces tuvimos la certeza de que la única explicación era que el enemigo había abandonado sus posiciones.

En esos momentos, unos 36 000 cubanos combatíamos  junto a los angolanos para salvar su independencia. Hasta que aquel  27 de marzo de 1976, los últimos militares sudafricanos trascendían el río Cunene  y se internaban en territorio de Namibia, país entonces dominado por el régimen del apartheid. Sudáfrica había claudicado

Pensamos que aquel sería el fin de la guerra en Angola. Pero no fue así.

Cuba y Angola habían acordado la permanencia un tiempo más de las tropas cubanas en ese país, con el fin de contribuir a consolidar la independencia y ayudar a la preparación de los angolanos para asumir esa misión. La decisión fue acertada, pues las fuerzas reaccionarias reorganizaron la lucha, y fueron necesarios nuevos, grandes y decisivos combates donde la sangre de patriotas de ambos países se mezclaron en ese hermano suelo, hasta la victoria final.

Vendrían nuevas epopeyas gloriosas, entre éstas la  de Cuito Cuanavale. Sudáfrica otra vez derrotada, la independencia de Angola había sido preservada, la de Namibia se había alcanzado, y el apartheid quedaba definitivamente destrozado

La Operación Carlota,  nombre de esa misión cubana en Angola, proseguiría  hasta el 25 de mayo de 1991. Ya desde 1976, el hoy General de Ejército Raúl Castro había dicho que “De Angola nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.

En Angola perdieron la vida 2016 cubanos, entre ellos 787 en acciones combativas, y el resto en accidentes o por enfermedades. Un hecho que retrata en toda su dimensión  el espíritu internacionalista del pueblo cubano, es que la participación en esa misión fue enteramente voluntaria. El 7 de diciembre de 1989, tuvo lugar en Cuba la Operación Tributo, ocasión en que fueron  traídos a su querida tierra los restos de los combatientes caídos en esa y otras misiones internacionalistas. Y en hombros del pueblo, aquí fueron sembrados.