domingo, 11 de octubre de 2026

 

 

                          José Martí:  Aforismos en Cuadernos de Apuntes

.Orlando Guevara Núñez

Muchos de los aforismos de José Martí están registrados en sus Cuadernos de Apuntes, insertados en el tomo 21 de sus Obras Completas. Algunos aparecen solos; otros, formando parte de apuntes más extensos. Reseñarlos todos, sería aspiración muy difícil en el empeño que nos ocupa. Hemos seleccionado una pequeña parte.

. Vale más un rebelde que un manso. Un río vale más que un lago muerto.  P  142

. Las palabras han de ser brillantes como el oro, ligeras como el ala, sólidas como  el mármol. P 164

. Y a los que quieren entrar en lo ya conseguido, se les dice que es ley en

37  OCJM  Tomo 20  p  368

38 OCJM   Tomo 20   p  466

política, o vida de la Nación, como en la vida personal, que nadie goce de un beneficio cuyo precio no ha pagado.  P  165

. El hombre oye mejor las voces más cercanas: las que le vienen de sí que las de afuera. P 169

. Las grandes ideas y las grandes acciones son la familia natural de un hombre grande. P 252

. El verso no ha de andar por tierra, como la hormiga, sino por sobre ella, como las aves. P  253

. Muchos críticos creen de buena fe que están cediendo a la justicia cuando están cediendo a la envidia, p 343

. El patriotismo es de cuantas se conocen hasta hoy, (ha sido hasta ahora) la levadura mejor, (entre todas las conocidas), de todas las virtudes humanas. P 377

. Y Cuba debe ser libre, de España y de los Estados Unidos. P 380

. Como la araña, que no da pasos hasta después de haberse asegurado del camino (por los tentáculos). Palpar, antes de andar. P 419

. Las grandes desgracias son grandes escuelas. P 17

. La vida humana es una ciencia, a cuyo conocimiento no se llegará jamás. P 137

. El hombre tiene antes la fuerza de deshacer que la de hacer. P 186.

. Hacer amar lo falso es estancar, u obligar a volver atrás la humanidad. P 227

. Para vivir no hay más que un medio: sobreponerse a la vida. P 247

. Juntarnos, ¡es tan necesario que estemos juntos! P 368

. A quien nada contra ola, le cuesta más trabajo nadar. P 375

. ¡Persevera, oh,  joven amigo,  que no hay dicha más cierta en el mundo que la que viene a un corazón bien templado de padecer en el servicio de los hombres! P 378

. Reconocer la virtud es practicarla. En eso se conoce al que es incapaz de la virtud, en que no la sabe conocer en los demás. P  379

 

sábado, 10 de octubre de 2026

 

José Martí: Sobre el bien. Servir.

.Orlando Guevara Núñez

Nuestro José Martí vivió haciendo el bien. Y sirviendo a los demás,

especialmente a su patria Por eso defendió con tanto ardor esos

principios.

 “A la patria no se le ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer desinteresado de serle útil. Así lo expresó,  y dijo, además: “ El hombre no tiene derecho a oponerse al bien del hombre’” . “No hay más que un modo de perdurar: y es servir”.

Otras definiciones sobre estos temas fueron:   “No hay pena de que no pueda consolar, ni crimen de que no pueda redimir, el gusto de ser útil”

“Servirse a sí solo, es un robo”. “El que muere, si muere donde debe, sirve”.

Nos enseñó también muestro Héroe Nacional que “Es doble manera de hacer el bien, dar pan al cuerpo y darlo al alma”, que “Haber servido  mucho  obliga  a seguir sirviendo” y que “Es preferible  el bien de muchos a la opulencia de pocos”.

Expresó: “El que  sirve a su patria debe estar siempre dispuesto a ser su víctima”, y que “En política, el que sirve será servido”. En otro momento, hizo dos afirmaciones valederas: “Porque solo para hacer el bien, la fuerza es justa. Para esto solo. Siempre lo pensé. El bien se hace a la fuerza. Hay derecho para imponer la libertad”.

Con una gran muestra de altruismo, dijo: “Yo creo absolutamente en la bondad de los hombres”: “Solo gozo cuando sirvo o allano” Servir  es mi anhelo, y ver felices a los hombres: servir es nuestra gloria, y no servirnos”. Y: “Demos de nuestra sangre, si sirve de riego.

Suya es otra afirmación: Más bella que la luz del sol sobre la tierra es la de una buena acción sobre el rostro del bueno. La luz de las buenas acciones se parece a la luz de las estrellas”.

¡Es de morderse los labios de cólera, de no andar por toda la tierra, paseando infatigablemente el estandarte de su redención!, dijo.

 

viernes, 9 de octubre de 2026

 

 Céspedes y Agramonte

vistos por José Martí

. Orlando Guevara Núñez

El extraño puede escribir estos nombres sin temblar, o el pedante, o el ambicioso; El buen cubano no.  De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud,  El uno es como el volcán que viene,  tremendo  e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul que lo corona. De Céspedes, el arrebato, y de Agramonte la purificación. El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de luz el otro vence.

Vendrá la historia con sus pasiones y justicia; y cuando los haya mordido y recortado a su sabor, aún quedará en el arranque del  uno y en la dignidad del otro,  asunto para la epopeya. Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres sublimes. Otros hagan, y en otra ocasión, la cuenta de los yerros, que nunca será tanta como la de las grandezas.

Hoy es fiesta, y lo que queremos es volverlos a ver al  uno en pie, audaz y magnífico,  y dictando de un ademán al disiparse la noche, la creación de un pueblo,  y al otro tendido en sus últimas ropas, cruzado del látigo el rostro angélico, vencedor aún en la  muerte.! Aún se puede vivir, puesto que vivieron a nuestros ojos hombres tales!

Es preciso haberse echado alguna vez un pueblo a los hombros, para saber cuál fue la fortaleza del que sin más armas que un bastón de Carey con puño de oro, decidió, cara a cara, de una nación implacable quitarle para la libertad su posesión más infeliz como como quién quita a un tigre su último cachorro’.

“Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos y los llamó a sus brazos como hermanos.

Cree que su pueblo va en él, y cómo ha sido el primero en obrar, se ve con derechos propios y personales como con derechos de padre, sobre su obra. Asistió en lo interior de su mente al misterio divino del nacimiento de un pueblo en la voluntad de un hombre, y no se ve como mortal,  capaz de yerros  y obediencia,  si no como monarca de la libertad, qué ha entrado vivo en el cielo de los redentores.

Baja de la Presidencia cuando se lo manda el país y muere disparando sus últimas balas frente al enemigo, con la mano que acaba de escribir sobre una mesa rústica versos de tema sublime.

 En tanto ¡Sé bendito,  hombre de mármol

¿Y aquel del Camagüey aquel diamante con alma de beso?

Ama a su Amalia locamente; pero no la invita a levantar casa si no cuando vuelve de sus triunfos  de estudiante en La Habana cómo convencido de que tienen todavía mejilla aquellos señores para años: ¡no valen para nada! ¡para nada!.

Y a los pocos días de llegar al Camagüey, la audiencia lo visito, pasmada de tanta autoridad y moderación en abogado tan joven; Y por las calles dicen; ‘’!ése!’’ y se siente la presencia de una majestad, pero ¡no él, no él!   que  hasta que su mujer no le cosió con sus manos la guajira azul para irse a la guerra, no creyó que habían comenzado sus bodas.

Por su modestia parecía orgulloso;  la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria; oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia estimable que es la que arranca de la limpieza del corazón; se sonrojaba cuando le ponderaban su mérito; se le humedecían los ojos cuando pensaba en el heroísmo, o cuando sabía de una desventura o cuando el amor le besaba la mano: ‘!le tengo miedo a tanta felicidad!’ Leía despacio obras serias. Era un ángel para defender y un niño para acariciar. De cuerpo era delgado, y más fino que recio, aunque de mucha esbeltez.  Pero vino la guerra, domó de la primera embestida la soberbia natural, y se le vio por la fuerza del cuerpo, la exaltación de la virtud. Es como si por donde los hombres tienen corazón, tuviera él estrella.

Su luz era así cómo la que dan los astros; y al recordarlo, suelen sus amigos hablar de él con unción, cómo se habla de las noches claras y como si llevase descubierta la cabeza.

¡ Acaso  no hay otro hombre que en grado semejante haya sometido en horas de tumulto su autoridad natural a la de la patria!  ¡Acaso no haya romance más bello que el de aquel guerrero que volvía de sus glorias a descansar, en la casa de palma, junto a su novia y su hijo! ¡ Jamás, Amalia, jamás seré militar cuando acabe la guerra!.  Hoy es grandeza y mañana será crimen. ¡Yo te lo juro por él, que ha nacido libre! Mira, Amalia, aquí colgaré mi rifle. Y allí, en aquel rincón donde le di  el primer beso a mi hijo, colgaré mi sable´.   Y se inclinaba el héroe, sin más tocador que los ojos de su esposa, a que con las tijeras de cocerle las dos mudas de dril en que lucía tan pulcro y hermoso, le cortase, p ara estar de gala en el santo de su hijo, los cabellos largos.

¡Aquel era el amigo de su mulato Ramón Agüero, al que enseñó a leer a su mulato con la punta del cuchillo en las hojas de los árboles, el que despedía en sigilo decoroso sus palabras austeras y parecía que curaba como médico cuando censuraba como general, el que cuando no podía repartir, por ser pocos, los buniatos o la miel, hacía cubalibre con la miel para que alcanzase a sus oficiales o le daba los buniatos a su caballo,  antes que comérselos él solo,  el que ni en sí, ni en los demás,  humilló  nunca al hombre! Pero jamás fue tan grande, ni aun  cuando profanaron su cadáver sus enemigos, como cuando al  oír  la censura que hacían del gobierno lento sus oficiales, deseosos de verlo rey por el poder como lo era por la virtud, se puso en pie, alarmado y soberbio, con estatura que no se le había visto hasta entonces, y dijo estas palabras: ‘!Nunca permitiré que se murmure en mi  presencia del Presidente de  la República!’.

¡Estos son, Cuba, tus verdaderos hijos!