sábado, 25 de abril de 2026

 

El Capitán San Luis
Héroe de tiempos presentes
.Orlando Guevara Núñez
Día negro.  Con esas dos palabras, sintetizó el Comandante Ernesto Che Guevara su dolor ante la muerte en la guerrilla boliviana, el 25 de abril de 1967, de Eliseo Reyes Rodríguez, el Capitán San Luis, Rolando en esa gloriosa gesta.
Había nacido  Eliseo   en el territorio  santiaguero  de  San    Luis -cerca de donde se forjó la familia de los Maceo-Grajales-el 27 de abril de 1940. El quinto entre once hermanos de un humilde hogar que cuando él tenía sólo ocho años de edad fue a residir a La Caridad de Pedernal, en las estribaciones de las montañas, en el mismo municipio.
Se sabe que en una ocasión, ante una conversación sobre la preferencia de Ramón Grau San Martín o Carlos Prìo Sacarás
-connotados politiqueros de la época prerrevolucionaria- para la presidencia del país, la poca edad de Eliseo no lo invalidó para emitir un juicio corroborado luego por la historia. Luego de colocar a ambos en igual rango de poca credibilidad, emitió su sentencia: Esto como único se resuelve es a tiros.
La oportunidad de actuar como pensaba se le presentó temprano. En agosto de 1957, con 17 años de edad, marcha hacia la Sierra Maestra y se incorpora a la guerrilla dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Pronto ingresa a la Columna 4 –segunda creada por el Ejército Rebelde- bajo las órdenes del jefe de esta fuerza, el Comandante Ernesto Che Guevara, donde actúa como eficaz mensajero. Y cuando el Che solicita voluntarios para bajar al llano, entre los dispuestos y seleccionados se encuentra Eliseo Reyes. Cuentan que al conocer él su aprobación para la nueva misión, exclamó que era de San Luis, e iría a ese lugar. Y de ahí nació su nombre de guerra  San Luis.
A partir de entonces integró la Columna 8 Ciro Redondo, al mando del Che, que junto a la Columna 2 Antonio Maceo, con el Comandante Camilo Cienfuegos como jefe, protagonizó la invasión de Oriente hacia Occidente, reeditando la hazaña militar realizada a fines del siglo XIX por los generales del Ejército Libertador Cubano, Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo Grajales.
                           
                          En la paz como en la guerra
Al triunfar la Revolución, con 18 años de edad, el ya Capitán San Luis, ocupa la jefatura de la Policía Militar en La Cabaña, en la capital del país. Se inicia así, en la paz,  otra brillante hoja de servicios del joven combatiente a  la Patria.
Jefe Militar de Sancti Spìritus. Escogido para integrar la jefatura de la Dirección de Inteligencia G-2, del Estado Mayor del Ejército Rebelde. Sus cualidades lo llevan a desempeñarse, en octubre de 1962, como Delegado del Ministerio del Interior en la provincia de Pinar del Río, donde fue un puntal en la lucha contra los enemigos internos y externos de la Revolución.
Sus cualidades crecen en el fragor de la lucha. Es así como en octubre de 1965, al constituirse el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, entre sus miembros se cuenta el capitán Eliseo Reyes Rodríguez, San Luis.
Un día de julio de 1966, a sus manos llega una petición de su jefe en la Sierra Maestra y durante la invasión. “Vuelvo a necesitar el esfuerzo de ustedes que fueron fieles en la Sierra Maestra. Si está dentro de las posibilidades, espero de la colaboración”. La petición era del Che.
                                 Bueno, muchachos, me voy
La solicitud fue aceptada sin reparos. Y ante dos compañeros suyos dejó testimonio de su alegría por la riesgosa misión. Bueno, muchachos, me voy. Voy a cumplir una misión revolucionaria fuera de Cuba. Ustedes saben que eso es lo que yo anhelaba (…) que ese es mi mayor sueño.
Así nacía Rolando. En noviembre de 1966, se produce el reencuentro de Eliseo con el Che, quien apunta que con la llegada de éste y Marcos, (Antonio Sánchez Dìas,Comandante  Pinares) a Bolivia ya eran seis.
De todos es conocida la rigurosidad del Che para evaluar a sus subordinados. Sus conceptos sobre las cualidades que debían estar presentes en un cuadro revolucionario – de las cuales era él mismo un alto exponente- eran aplicados de forma tal que sólo los méritos y el aval de la conducta podían respaldar a quien se evaluaba para una responsabilidad.
Las decisiones y las definiciones hecha por el Che sobre Eliseo Reyes, son un fiel rasero para medir la estatura del héroe. Al estructurar el mando de la guerrilla boliviana, Rolando es designado como Comisario Político, junto al revolucionario boliviano Inti Peredo, caìdo después en la lucha clandestina. En una ocasión lo calificaría como  El cuadro más completo, tanto en lo político como en lo militar, de todos los componentes de la guerrilla.
En su diario de campaña, al resumir los resultados del mes de abril de 1967, el Che se refería a dos severas pérdidas. Una, la de Jesús Suárez Gayol (El Rubio) también cubano, caído en combate el día 10. Otra, la de Rolando, sobre quien escribe:” La muerte de este último es un severo golpe, pues lo pensaba dejar a cargo del eventual segundo frente”.
                            El mejor hombre de la guerrilla
En muchas de las páginas del diario del Che en Bolivia, aparece el nombre de Rolando. Sus labores como explorador, organizador de emboscadas y otros importantes quehaceres de la guerrilla en las difíciles condiciones en las cuales operaba. En una ocasión, ante la ausencia del Comandante Juan Vitalio Acuña Núñez (Vilo en Cuba y Joaquín en la gesta boliviana) Rolando es designado por el Che como jefe de la retaguardia.
El 25 de abril, durante una acción guerrillera, Eliseo Reyes cae gravemente herido. Balas de una ametralladora calibre 30 habían hecho impacto en una de sus piernas, partiéndole el fémur y todo el  paquete  vasculonervioso. Al conocer la noticia, el Che se impacientó hasta la llegada de los compañeros con el herido. Y cuando se dispuso a ponerle plasma, el Capitán San Luis ofrendó su último aliento.
En el fragor de una guerra, la muerte podría parecer algo natural. Pero es precisamente en medio de ella que los combatientes revolucionarios se hermanan más y se tiende entre ellos un sentimiento que trasciende la amistad para insertarse en la sangre.
“Hemos perdido al mejor hombre de la guerrilla, y naturalmente, uno de sus pilares, compañero mío desde que, siendo casi un niño, fue mensajero de la Columna 4, hasta la invasión y esta nueva aventura revolucionaria”. Estas palabras brotaron de lo más profundo del alma del Che.
Un testigo de aquel momento, describiría luego la consternación en el último adiós al Capitán San Luis.  “Y allí se para Che y lleno de dolor afirma: hemos perdido a uno de los más valientes, a uno de los más queridos de nuestros compañeros. Y vemos como si quisiera seguir hablando, pero ya no pudiera. Y cuando abrimos una sepultura y ponemos a San Luis, Che se viró de espaldas (…) y lo vimos sacar el pañuelo sin darnos el frente. Luego, como siempre, se dominó y dice: ¡Haber, carijo, a su lugar! ¡No nos van a matar aquí a todos!.
Una evocación del Comandante Ernesto Che Guevara, tomada del poeta chileno Pablo Neruda y dirigida al Libertador Simón Bolívar, reflejaba el hondo dolor de todos ante la muerte del Capitán San Luis: Tu pequeño cadáver de capitán valiente, ha extendido en lo inmenso su metálica forma.
                                Presencia del héroe
Este 25 de abril se cumple un nuevo  año de la caída del héroe. Faltaban dos días para que cumpliera 27 años de edad. Eliseo Reyes Rodríguez, San Luis, Rolando. Guerrillero cubano y boliviano. Revolucionario de Cuba y de la América irredenta donde hoy Bolívar y Martì continúan levantando pueblos para completar sus obras inconclusas.
Eliseo, San Luis, Rolando. Joven a quien debemos recordar, más que por su muerte, por la obra de su vida. En él, nuestra presente y las futuras generaciones, tienen y tendrán un paradigma de revolucionario, válido para los tiempos presentes y los que están por venir.



 

 

José Martí: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de  la vida

 

.Orlando Guevara Núñez

Es uno de los aforismos martianos más conocidos y citados en Cuba. En realidad, hasta ahí está incompleto, pues Martí continuó  así: Truécase en polvo el cráneo pensador; pero viven perpetuamente y fructifican las ideas que en él se elaboraron.

En otras muchas ocasiones, nuestro Héroe Nacional  vuelve  sobre el  mismo concepto: el cumplimiento del deber patrio, para merecer  el recuerdo en la posteridad.

Esas palabras inician una crónica, publicada en el periódico mexicano El Federalista, edición literaria, el 5 de marzo de 1876.   Bien podría pensarse  que están referidas  a la muerte por motivos épicos; pero no.

Honran la memoria de una afamada  teatrista española, fallecida, Pilar Belaval, durante un homenaje a ella dedicado por el Liceo Hidalgo, de México: “Mujer bella de cuerpo y elevada de talento, maestra en la interpretación  de la comedia, dueña y señora del drama (…) Dicen que no hubo nunca mayor gracia cómica, ni pasear más picaresco, ni más intencionado mirar que aquellos con que regocijaba a su auditorio Pilar Belaval”.

En esa crónica, Martí expresó que es una manera de honrarse, y no la menos generosa, honrar a los demás”  y  agregó estas bellas palabras: “Se cumple el arte, despierta la fiera, llora el llanto, muévese  con más vigor dentro del pecho el ave inquieta y sorprendida. Estos triunfos alcanzó la Belaval, triunfos siempre pasajeros por injusticias de  la memoria o apetito de novedades, nunca saciado  en los humanos”.

Y no faltó, en la crónica, el sentimiento patriótico de Martí: “Arbusto solitario es el alma del hijo enamorado de la patria que lejos de su amada sufre sin consuelo;  manera de morirse es ésta de vivir alejado de la patria”.

Hoy  los cubanos  afirmamos que ese pensamiento martiano, es un fiel retrato de  su propia vida, de su eterna vida, porque su muerte no será nunca verdad .Los  jóvenes de la Generación del Centenario, vinieron a  Santiago  de Cuba, el 26 de julio de 1953, a ofrendar su sangre y su vida para que  Martí siguiera viviendo en el alma de la Patria. Así lo afirmó  Fidel. Y el Apóstol  no murió.

viernes, 24 de abril de 2026

 

José Martí: Los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra

Orlando Guevara Núñez  

Cuando el 16 de octubre de 1953, ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de Julio de ese año, Fidel Castro, hablando sobre sus compañeros  caídos, recordó este pensamiento de José Martí, lo hacía con el mismo dolor sentido por nuestro Apóstol ante el asesinato de los ocho estudiantes de medicina, en La Habana, el 27 de noviembre de 1871.

A un año exacto de aquel crimen del ejército colonial español, circuló en Madrid un escrito de José Martí, en el cual se refería al abominable hecho. Algunos periódicos se hicieron eco del mensaje.

Un párrafo decía textualmente: “Y cuando las cabezas han rodado y sonreían al rodar, al par que la sonrisa, se han  alzado las manos de los cadáveres para decirnos que no lloremos demasiado, porque hay un límite al llanto sobre la sepultura de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra”

A continuación de esa cita, el jefe del asalto al Moncada evocó  unos versos de José Martí, también dedicados  a los estudiantes asesinados: (…)  Cuando se muere/ en brazos de la patria agradecida/ la muerte acaba, la prisión se rompe/ ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!

Aquel escrito de Martí comienza aseverando que “No graba cincel alguno como la muerte los dolores en el alma: no olvida nunca el espíritu oprimido el día tremendo en que el cielo robó ocho hijos a la tierra, y un pueblo lloró sobre la tumba de ocho mártires”.

Martí habla de lágrimas por los caídos, pero descarta el olvido. Dice  amar  más cada día a los hermanos caídos y no desear paz para sus restos, porque ellos viven en las agitaciones excelsas de la gloria. Y concluye diciendo: ¡Lloren todos los que sientan! ¡Sufran con nosotros todos los que amen!  ¡Póstrense de hinojos en la tierra, tiemblen de remordimiento, giman de pavor todos los que en aquel tremendo día ayudaron a matar!

Como se aclara en las Obras Completas de Martí, este escrito apareció firmado por Fermín Valdés Domínguez y Pedro J. de la Torre, condenados a seis años de prisión por la misma causa. Sería el primero de ellos quien testificó, luego, la autoría de José Martí.