domingo, 23 de agosto de 2026

 

Razones para un Moncada:

 

El problema de la vivienda

 

.Orlando Guevara Núñez

La vivienda era uno de los grandes dramas que vivía el pueblo cubano en 1953, fecha del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

Así lo denunció Fidel Castro, en su alegato La historia me absolverá, pronunciado el 16 de octubre de 1953: “Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud; dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos; y dos millones ochocientas mil de nuestra población rural y suburbana carecen de luz eléctrica”.

Otros datos grafican con igual elocuencia la situación. En ese mismo año 1953 - cifras ofrecidas por el Censo Nacional de esa fecha  - sólo  el 13 por ciento  de las viviendas estaban conceptuadas como buenas; el 20 por ciento  fueron catalogadas como aceptables, mientras que la categoría de regular abarcó al 21 por ciento; las clasificadas como malas llegaron al 32 por ciento,  y el resto, casi un 15 por ciento fueron declaradas en estado ruinoso.

Varios casatenientes – dueños de  cientos y miles de viviendas- vivían de los altos alquileres, y no vacilaban en desahuciar a las familias pobres que no podían pagar las mensualidades por no contar con los ingresos suficientes.

Los inversionistas en la construcción de viviendas, edificaban teniendo en cuenta no las necesidades de la población, sino sus ganancias.

En fecha tan temprana como el 6 de marzo de 1959, fue dictada una Ley que rebajaba en hasta un 50 por ciento  los alquileres a la población; y el 14 de octubre de 1960, se dictó la Ley de Reforma Urbana, que convirtió en dueños de la vivienda a quienes las habitaban.

Los abusivos alquileres y los desahucios, pasaron a formar parte de un pasado sin posible regreso a la nación cubana.

La Revolución comenzó a construir viviendas en los campos, para obreros agrícolas y campesinos organizados en Cooperativas. Otros programas fueron dirigidos a las ciudades. Mediante éstos, surgieron centenares de nuevos asentamientos rurales y urbanos, decenas de miles de edificios multifamiliares para las familias más necesitadas.

El problema de la vivienda, pese a todo el esfuerzo constructivo, continúa siendo una dificultad para el Estado cubano, y ha sido ésta una de las actividades más golpeadas por las limitaciones derivadas del bloqueo norteamericano contra nuestro país.

Es, sin embargo, una conquista sin precedentes que más del 90  por ciento de las familias cubanas son dueñas de la vivienda que habitan y no pagan impuesto alguno por poseerla, al tiempo que el restante  por ciento abona mensualmente una suma de alrededor de una décima parte  de sus ingresos y las familias se convierten en dueñas en el momento que saldan los bajos precios de este inmueble en Cuba.

El servicio eléctrico llega ya a  más  del 99 por ciento de los hogares cubanos, e incluso en lugares intrincados de las zonas rurales, donde no ha penetrado el Sistema Electroenergético  Nacional, se han introducido otros sistemas, como las celdas fotovoltaicas alimentadas por la energía solar, instalaciones mini hidroeléctricas y grupos electrógenos que benefician a miles de personas y objetivos económicos y sociales, entre éstos escuelas, unidades productivas y  comerciales, Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, Salas de Televisión y otras. Cuba sufre ahora un importante déficit de combustible que provoca molestos apagones y otras afectaciones, agudizados por el cerco energético imperial al país.

Como parte del  programa constructivo se rehabilita ahora la Industria de Materiales de la Construcción y se facilita a personas necesitadas, en la medida de las posibilidades, los elementos constructivos y asesoría técnica para que ellos edifiquen sus propias viviendas.

En Santiago de Cuba, puede afirmarse que más del 50 por ciento de las viviendas existentes fueron construidas a partir de 1959, al tiempo que otras miles han sido rehabilitadas o reconstruidas tras el paso de diversos huracanes. Actualmente se desarrolla el programa mediante el cual se presta ayuda subsidiada  en su totalidad, a las familias que no poseen los recursos para la construcción o acondicionamiento de su vivienda.

Queda mucho por hacer en esta dirección de trabajo, pero la Revolución no ha dejado de hacer ingentes esfuerzos para mejorar las condiciones del fondo habitacional, distinto en mucho a las calamidades de la fecha en que se produjo el asalto glorioso del 26 de julio de 1953.

 

 

jueves, 20 de agosto de 2026

 

Razones para un Moncada:

El problema de la tierra

 

   >Orlando Guevara Núñez                          

 

En su alegato de autodefensa ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de julio de 1953 – el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo- el máximo jefe de esa acción, Fidel Castro Ruz, sintetizó en seis puntos las principales transformaciones que emprendería el gobierno revolucionario una vez alcanzado el poder, junto con  la conquista de las libertades públicas y la democracia política.

El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo.

Ese histórico alegato, pronunciado el 16 de octubre de 1953, devino en programa por el cual se continuó luchando y movilizando a las masas. Fidel fue condenado a  15 años de prisión, y el 15 de mayo de 1955 fue amnistiado, marchando hacia México el 7 de julio de ese mismo año, con el objetivo de organizar el regreso a la Patria para continuar el combate armado contra la tiranía de Fulgencio Batista. El 2 de diciembre de 1956 desembarcó en el Yate Granma, junto a 81 combatientes, iniciando la guerra revolucionaria que alcanzó la victoria el 1ro. de enero de 1959. Y el Programa del Moncada comenzó su inmediata aplicación.

El problema de la tierra era uno de los más necesitados de solución. Léanse algunos datos  sobre la situación agraria cubana en esa época y podrá comprenderse la magnitud del drama. Así  lo denunció   Fidel:

El 85 por ciento de los pequeños agricultores cubanos –expresó Fidel en su denuncia ante el tribunal - está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas. Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas está en manos extranjeras (…) Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierras productivas.

En Cuba, la Constitución burguesa de 1940 planteaba la eliminación del latifundio, pero ese artículo quedó como pieza de museo, sin ninguna aplicación y, al contrario, la tierra continuó pasando  a manos de los poderosos, nacionales y extranjeros, mientras los campesinos y otros productores se hundían progresivamente en la miseria.

En aquel momento estaban registradas 159 000 fincas. Y el 20 %de los propietarios tenía menos del 1 por ciento de las tierras. El 1 %, tenía el 46% de ese medio vital para la vida en el campo. En solo 13 latifundios norteamericanos asentados en la economía azucarera, se concentraba la impresionante cifra de 1  173  000 hectáreas, extensión  superior a la poseída por 101  278  fincas pequeñas, mientras que más de 100 000 campesinos trabajaban la tierra sin ser dueños de éstas, y sólo el 30 por ciento de quienes trabajaban el agro eran propietarios. En 894 personas  se monopolizaba  la tercera parte del área dedicada a la agricultura.

Unos 33 000 agricultores eran aparceros, es decir, trabajaban una parcela sin ser dueños y tenían que pagar a sus propietarios, mientras que 13 000 eran precaristas, quienes se asentaban en tierras del Estado, sin proceder legal alguno. Unos y otros, eran objeto constante de extorsiones, abusos,  desalojos y crímenes en una sociedad donde la tierra no era de quienes la trabajaban. Otros 46 000 trabajaban como arrendatarios y 6 987 como subarrendatarios.

Esa situación era causante de que en nuestros campos, antes de 1959, más de 200 000 familias vivieran en bohíos miserables, sólo el 9 por ciento disfrutara del servicio eléctrico, 96 de cada 100 familias no consumieran carne habitualmente, menos del uno por ciento comiera pescado, apenas el dos por ciento tuvieran el huevo en su alimentación y  un  89 por ciento no contara con un decisivo recurso dietético como lo es la leche. El drama de la alta mortalidad infantil –más de 60 por cada mil nacidos vivos- los desalojos, los atropellos y asesinatos, el analfabetismo y el abandono, se nutrían entonces de los campesinos y obreros agrícolas cubanos.

Datos ofrecidos por una encuesta de una organización juvenil católica, en 1957, afirman que una familia campesina cubana, como promedio, tenía un ingreso de 46 pesos al mes para los gastos de alimentación, ropa, medicinas y transporte,  contabilizado el valor de los alimentos que ella misma producía.

El Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, en su libro La Sierra Maestra y más allá, describe con elocuencia a los pobladores de este territorio, enclavado en el teatro de operaciones del Tercer  Frente Oriental Dr. Mario Muñoz Monroy, bajo su mando durante la guerra revolucionaria:

“Muchos de estos hombres han luchado por la posesión de sus tierras, reclamando sus derechos a ellas, y al no obtenerlas las ocupan, luego son desalojados a plan de machete por los rurales y destruidos sus bohíos halándolos con yuntas de bueyes o quemándolos, un despojo brutal. Vuelven a ocuparlas y de nuevo son sacados, así una y otra vez, en lucha constante que trasladan de unos a otros, de padres a hijos. Así son estos hombres”.

Por esas razones, la Reforma Agraria era vital, pues sin ella el país no podría aspirar a la independencia económica, ni a la industrialización, ni a transformar las terribles condiciones de vida de las familias del campo.

El 21 de septiembre de 1958, tuvo lugar en el territorio liberado del  Segundo  Frente Oriental Frank País, presidido por el entonces Comandante y jefe de esa fuerza guerrillera, Raúl Castro Ruz, el  Primer Congreso Campesino en Armas, donde la decisión fue apoyar sin reservas al Ejército Rebelde, como única garantía de una Reforma Agraria luego del triunfo.

El 8 de diciembre de igual  año, en el mismo escenario, se celebró el Congreso Obrero en Armas, con iguales acuerdos e igual reclamo.

En la Sierra Maestra, donde operaba la Columna  I  José Martí, al mando del Comandante en jefe Fidel Castro, se firmó, en octubre de 1958,  la Ley Agraria que concedía la propiedad de la tierra, en las zonas liberadas, a quienes la trabajaban en extensiones de hasta cinco caballerías.

Al llegar la Revolución al poder, instrumentó de inmediato una Ley de Reforma Agraria profunda, la cual fue promulgada el 17 de mayo de ese mismo año 1959. El latifundio fue erradicado para siempre, más de 100 000 productores recibieron la propiedad de la tierra que laboraban, se acabaron los desalojos y comenzaron las radicales transformaciones en beneficio de las familias del campo, ahora dueñas de sus tierras, con créditos, ayuda técnica y un mercado seguro, con precios justos, para sus productos. Nuestros  campos fueron sembrados de cooperativas. El abandono rural fue erradicado para siempre en la nación cubana.

El 3 de octubre de 1963 se aplicó la Segunda y última Ley de Reforma Agraria, que redujo a cinco caballerías la propiedad sobre la tierra, socavando, con esa medida el sostén que a la contrarrevolución brindaban los campesinos ricos.

Así, la promulgación de la Reforma Agraria cubana, la más radical en nuestro Continente,  atrajo sobre la Revolución el odio irracional de los latifundistas, de los esbirros y explotadores desplazados del poder, y, sobre todo,  del gobierno imperialista de los Estados Unidos, quienes trataron de impedirla primero y entorpecerla después. No en vano, en la invasión mercenaria de Playa Girón, el 17 de abril de 1961, derrotada por Cuba en menos de 72 horas, vinieron 100 ex-latifundistas, con el objetivo de recuperar las tierras ahora en manos de sus verdaderos dueños.

Hoy en Cuba,  existen, sin contraponerse unas a otras, varias formas de propiedad y explotación de la tierra. Están las Empresas Estatales, además de las Cooperativas de Producción Agropecuaria, integradas por campesinos que decidieron unir sus tierras y medios; ellos son dueños absolutos de cuanto producen.

Existen también las Cooperativas de Crédito y Servicios, en cuya estructura están organizados campesinos que mantienen su propiedad individual sobre la tierra y los medios, recibiendo la ayuda de créditos y ayuda técnica por parte del Estado. En 1993 surgieron las  Unidades Básicas de Producción Cooperativa, creadas en tierras del Estado, en forma de usufructo. Estas entidades asumieron la compra de los medios e instalaciones  anexados a su territorio y sus integrantes – principalmente antiguos obreros agrícolas estatales- son dueños de todo lo que producen, administrados por una Junta por ellos electa y dotada de todas las facultades para las decisiones.

En nuestros campos existen también campesinos individuales que no se han incorporado a ninguna forma cooperativa, pero son beneficiarios de todas las leyes y cooperación estatal.

Una medida agraria más reciente fue la Ley que concede, en usufructo, las tierras ociosas  a las personas con deseos y posibilidades para hacerlas producir, mediante la cual decenas de miles de hombres y mujeres se han incorporado a una nueva forma de producción agrícola.

Los sueños de incontables generaciones de cubanos de ser propietarios de la tierra que trabajaban, fue sólo posible con el cumplimiento del Programa del Moncada. Ese sueño, convertido en razón del combate, es hoy uno de los frutos más extraordinarios de la victoria.

 

 

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

 

José Martí: Fusta recogerá quien siembra fusta: besos recogerá quien siembra besos

 

.Orlando Guevara Núñez 

En Cuba pronunció José Martí ese postulado. Fue un discurso leído el 28 de febrero de 1879, en el Liceo de Guanabacoa, en memoria del fallecido poeta  cubano Alfredo Torroella y Romaguera (1845-1879).

Calificó a este insigne cubano como “el muerto bien amado de la patria”, aunque, agregó, si la patria lo ama no está muerto.  Dijo que es ley de los buenos ir doblando los hombros al peso de los males que redimen, y los redimidos, allá en lo venidero, llevarán a su vez sobre los hombros a los redentores.

Evocó las cualidades de Torroella como padre, y afirmó que “Amigos fraternales son los padres, no implacables censores. Fue cuando dijo que Fusta recogerá…  Sentenció que: La única ley de la autoridad es el amor. Apuntó  que este hombre amaba los héroes de la  historia que su padre le contaba. Y que nunca deben los padres abandonar a otros el molde a que acomodan el alma de sus hijos.

En el análisis sobre la labor del homenajeado, afirmó: “Fáciles le eran desde niño todas las formas activas de la grandeza y la belleza. Sentía noble encanto en enseñar lo que sabía” (…) ¡Que es doble manera de hacer el bien, dar pan al cuerpo y darlo al alma!

Haciendo una distinción entre los poetas, expresó nuestro Héroe Nacional: ¡Corona de ceniza para los poetas cortesanos!  ¡Corona de himnos para la frente del honrado poeta de los pobres! Dijo  también, sobre el amor familiar de Torroella, que amar no es más que el modo de crecer.

Habló sobre la vida de exiliado de Torroella en México, y aseguró que “Orador, arrastró; poeta, sedujo; autor dramático, oyó de los mexicanos aplausos ferventísimos”.