jueves, 2 de julio de 2026

 

José Martí contra la anexión de Cuba al imperio yanqui (2)

 .Orlando Guevara Núñez

 

“No es éste el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones sólo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia”.

Esta afirmación está contenida en un artículo escrito por Martí el 21 de marzo de 1889, titulado Vindicación de Cuba, publicado cuatro días después, en New York, por el periódico The Evenig Post, a cuyo director estuvo dirigido. Es una enérgica respuesta a un escrito aparecido en la publicación The Manufacturer, de Filadelfia bajo el título de ¿Queremos a Cuba? en el cual se analiza la posibilidad, ventajas y desventajas de esa anexión, y se vierten las más groseras ofensas hacia el pueblo cubano.

Por eso, con justa indignación, escribe Martí: “Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter”.

Reconoce que, por diversas causas, desearían ver a Cuba anexada a los Estados Unidos, pero no los que han peleado en la guerra, sufrido en el destierro, y otros muchos no desean esa anexión, ni la necesitan, porque admiran a esa nación, pero desconfían de los elementos funestos que “como gusanos en la sangre, han comenzado en esta República portentosa su obra de destrucción “. Es aquí donde expone otro pensamiento conocido: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”. Al contrario de lo que algunos piensan, Cutting no fue presidente de los Estados Unidos, sino un gánster muy conocido en ese país.

En el citado artículo, asegura Martí que “Los cubanos hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes para ser libres”. Analiza las adversidades presentes en esa lucha contra el colonialismo español y puntualiza, en clara alusión a los Estados Unidos, que “Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo”.

La convicción en la justeza, grandeza y confianza en las aspiraciones cubanas, las resume en pocas palabras: “La lucha no ha cesado. Los desterrados no quieren volver. La nueva generación es digna de sus padres. Centenares de hombres han muerto después de la guerra en el misterio de las prisiones. Solo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad”.

Como colofón de su artículo  señala la realidad de que los esfuerzos cubanos por la libertad se habrían renovado con éxito si no hubiese sido por “la esperanza poco viril  de los anexionistas, de obtener libertad sin pagarla a su precio,  y por el temor justo de otros, de que nuestros muertos, nuestras memorias sagradas, nuestras ruinas empapadas en sangre, no vinieran a ser más que el abono del suelo para el crecimiento de una planta extranjera, o la ocasión de una burla para The  Manufacturer de Filadelfia”.

Muchos combates le quedaban aún a Martí por delante en este tema de la pretensión de Estados Unidos de anexarse a Cuba.

 

miércoles, 1 de julio de 2026

 

 José Martí contra la anexión de Cuba al imperio yanqui (1)

 

.Orlando Guevara Núñez

 

Nuestro Héroe Nacional, José Martí, desde muy joven, advirtió el peligro que para nuestra independencia representaba el apetito norteamericano de anexarse a Cuba. Y en varios momentos de su vida denunció esos intentos y los males que acompañarían a esa decisión si llegara a fraguarse.

A algunos de esos momentos nos referiremos por separado, pues un solo trabajo no podría abarcar el batallar martiano sobre esa nefasta política que siempre pretendió cercenar la independencia de nuestro país para apropiarse de sus recursos naturales y sacar ventajas de su privilegiada posición geográfica. Un sencillo homenaje a nuestro Apóstol, al conmemorarse, el 19 de mayo de 2025, el aniversario 130 del holocausto de Dos Ríos.

Siendo casi un adolescente, sufriendo en España su primera deportación, se refirió a ese tema. Y apuntó algunas diferencias que no aconsejaban tal anexión.

“Los norteamericanos posponen a la utilidad,  el sentimiento. Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad”. Y argumenta:

“Y si hay esta diferencia de organización, de vida, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que sólo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?”

El joven Martí invita a la reflexión sobre este tema: “Imitemos  ¡No! ”Copiemos. ¡No!.  “Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos”. “Creemos porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras, ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?”

Y una afirmación es elocuente: “Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”  A éstas, agrega otras consideraciones: “Ved los mártires de nuestra revolución. Decidme si hay entre ellos algún norteamericano”.  “Y si el estado general de ilustración en los Estados Unidos os seduce, a pesar de la corrupción, de su metalificación helada, ¿no podremos nosotros aspirar a ilustrar sin corromper?”

Como se aprecia, Martí alerta sobre las diferencias que no aconsejarían la unión de Cuba a los Estados Unidos. Habla sobre idiosincrasia.  Pero no ahonda en los motivos políticos. Téngase en cuenta su corta edad y pocas vivencias sobre el tema. Además, son solo apuntes.  Sus ideas contra el anexionismo yanqui se radicalizarían en el fragor de la lucha cuando esta nefasta corriente se hiciera sentir más en el contexto de nuestro bregar independentista.

Eso lo veremos en  próximos trabajos

lunes, 29 de junio de 2026

 

José Martí: En virtudes y solo sobre la base de virtudes se alzan los pueblos respetables y nobles

.Orlando Guevara Núñez

A la nación francesa está dirigido este pensamiento martiano, continuado con otro juicio: “Ese París desventurado fatigose  de cantar las que tuvo, y ahora no le queda ya el pudor de mentir que las tiene”.  Este artículo, según consta en nota a su publicación en las Obras Completas, fue dado a conocer por la intelectual cubana Fina García Marruz, en La Habana, en 1970, bajo el título: Un artículo desconocido de José Martí.

Nuestro Apóstol  lo tituló Variedades de París. Y fue impreso en la Revista Universal, de México el 9 de marzo de 1875, firmando por ANÁGUAC, seudónimo utilizado por él.

“Yo dudo entre hacer una crónica fácil y ligera, o darme a pensar en esas agonías y decaimientos en que París se desenvuelve dentro de sus fecundísimas entrañas”. Así es el inicio del trabajo.

Y luego una confesión: “Yo no amo a París”. Se refiere a la conformación de esa ciudad, sus edificios, la tanta piedra, y hasta los colores.  Le dan la impresión – dice- de falsedad y de miserias ajenas. Y afirma que esos pensamientos lo lastiman porque “Yo creo absolutamente en la bondad de los hombres. Todavía creo yo en ellos a pesar del doloroso contacto con París, a pesar de su indiferencia ante sus vicios, a pesar de su placer en ellos, a pesar de ese Prometeo inmenso que acaricia y adora a su buitre”.

Léase este párrafo del artículo. Un retrato martiano sobre lo que observa: “Se llenan los teatros, los bellos e incómodos teatros de Paris; y allí ese pueblo ficticio más extranjero en su ciudad que los ávidos extranjeros que la visitan, ese pueblo de arena y de onda, huérfanos  con padres, madres sin hijos, pueblo sin patria y sin familia, aplauden más aquellas disecaciones espantosas, aquella lastimadora anatomía, aquella escenificación de las miserias en que en el día vive, y gusta por la noche todavía de verse prolongado y repetido. París no aplaude en los teatros  las obras que escucha. No tiene espacio para oírlas, porque con ellas se oyó en sí. No cuida de la forma, porque se siente palpitar en ellas. En el  lastimante  teatro francés, París se aplaude a sí mismo”.

Y apunta otra observación: “Teatro triste. Han agotado los elogios de virtudes que no tenían; solo encuentran placer ahora en la representación brillante de sus vicios”.

Como colofón,  advierte: “Yo comprendo que esto es una crónica rara, pero yo no puedo excusarme de amar más una reflexión que una noticia.