sábado, 28 de marzo de 2026

 

27 de marzo de 1976: victoria de la independencia angolana

.Orlando Guevara Núñez

El  27 de marzo de 1976, fueron  retirados de la República Popular de Angola los últimos soldados sudafricanos que habían invadido el país para cercenar la independencia ganada por los combatientes angolanos y defendida también por los internacionalistas cubanos.

Recuerdo bien ese día. Los cubanos estábamos allí, frente a frente a los sudafricanos. La decisión cubana era que si ese día ellos no se retiraban, nuestras fuerzas comenzarían una ofensiva hasta expulsarlos.

Los minutos pasaban lentamente. El plazo fijaba como hora límite las 9 de la mañana de ese día. Sabíamos que si era necesario el combate, el precio de la victoria sería caro, pero la lograríamos.

Esperábamos con tensión, pero con decisión. Y cuando llegó la hora cero, solo  necesitábamos  las órdenes de nuestros jefes. Pero todo permaneció en calma. Y desde entonces tuvimos la certeza de que la única explicación era que el enemigo había abandonado sus posiciones.

En esos momentos, unos 36 000 cubanos combatíamos  junto a los angolanos para salvar su independencia. Hasta que aquel  27 de marzo de 1976, los últimos militares sudafricanos trascendían el río Cunene  y se internaban en territorio de Namibia, país entonces dominado por el régimen del apartheid. Sudáfrica había claudicado

Pensamos que aquel sería el fin de la guerra en Angola. Pero no fue así.

Cuba y Angola habían acordado la permanencia un tiempo más de las tropas cubanas en ese país, con el fin de contribuir a consolidar la independencia y ayudar a la preparación de los angolanos para asumir esa misión. La decisión fue acertada, pues las fuerzas reaccionarias reorganizaron la lucha, y fueron necesarios nuevos, grandes y decisivos combates donde la sangre de patriotas de ambos países se mezclaron en ese hermano suelo, hasta la victoria final.

Vendrían nuevas epopeyas gloriosas, entre éstas la  de Cuito Cuanavale. Sudáfrica otra vez derrotada, la independencia de Angola había sido preservada, la de Namibia se había alcanzado, y el apartheid quedaba definitivamente destrozado

La Operación Carlota,  nombre de esa misión cubana en Angola, proseguiría  hasta el 25 de mayo de 1991. Ya desde 1976, el hoy General de Ejército Raúl Castro había dicho que “De Angola nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.

En Angola perdieron la vida 2016 cubanos, entre ellos 787 en acciones combativas, y el resto en accidentes o por enfermedades. Un hecho que retrata en toda su dimensión  el espíritu internacionalista del pueblo cubano, es que la participación en esa misión fue enteramente voluntaria. El 7 de diciembre de 1989, tuvo lugar en Cuba la Operación Tributo, ocasión en que fueron  traídos a su querida tierra los restos de los combatientes caídos en esa y otras misiones internacionalistas. Y en hombros del pueblo, aquí fueron sembrados.

 

José Martí: Nada hay tan imprudente como perturbar la paz en pueblo ajeno

 

.Orlando Guevara Núñez

He aquí la forma textual en la que Martí pronunció estas palabras: “Nada hay tan Imprudente como perturbar con propios rencores- ya que hay infortunados que los tengan- la paz en pueblo ajeno; nada hay más justo, en cambio, que dejar en punto de verdad las cosas de la historia, ya que en tanto que consigamos los hijos de Cuba nuestras libertades, la limpidez de nuestra historia y la bondad de los hombres son la única patria que tenemos”.

Está respondiendo Martí  a un trabajo publicado por el periódico  español La Colonia, en el cual se tergiversa un hecho considerado como histórico. Cuba había sido invitada a una procesión por  el Centenario de Nueva York, como agrupación política. Y al reseñarlo, Martí había afirmado que la bandera cubana había sido  saludada con entusiastas vítores en todo el curso del cortejo. Su respuesta fue publicada por la Revista Universal, de México, el 8 de septiembre de 1876.   Y  La Colonia lo niega.  

Afirma este órgano de prensa que los cubanos tienen establecida en Nueva York una sociedad benéfica y que  el  Comité americano invitó a todas las sociedades establecidas en el país, sin distinción alguna. Publica que es todo lo contrario de lo afirmado por Martí. Y asevera que si hubiesen sido los cubanos invitados como agrupación  política, el ministro español habría sabido pedir una explicación al gobierno americano.

En su réplica, el Apóstol cubano escribe que  “El ministro español es en este caso perfectamente inútil”. Y argumenta que  “La libertad obliga a la prudencia: los mutuos deberes al respeto: no es el país de las garantías una colonia en América, y el ministro español se habría limitado, esta como otras veces, a ejercer su derecho contemplando, como los demás lo ejercen, de la manera que en la procesión ondeaba la bandera de España cercana a la de Cuba, hecho innegable sobre el que el ministro español no ha reclamado”

Y argumenta: “Si como afirma La Colonia, los cubanos fueron invitados como sociedad Benéfica, ¿cómo llevaban, no un estandarte de beneficencia, sino la bandera de un pueblo que combate? Admitida la enseña, se admitía con ella al pueblo batallador que representa”.

Habla sobre los vítores recibidos por los cubanos en la procesión. Pero advierte ¿Que nos hacemos ilusiones? Ilusiones se hacen los que niegan a los hombres el hermoso derecho de conmoverse y admirar. Y aclara: “Np deduzco yo de los vítores que sean reconocidos por los Estados Unidos los derechos cubanos: tengo fe en que el martirio se impone, y en que lo heroico vence. Ni esperamos su reconocimiento, ni lo necesitamos para vencer”.

Pero reconoce: “Sé por mi parte que invitar como agrupación política, no es lo mismo que como a nación; pero es fuerza convenir que implica amor y respeto al pueblo cubano el deseo de que como pueblo figure en la fiesta de la independencia americana”.

Analizando el contenido de los vítores a los cubanos, Martí señala  que si los gobiernos se hacen egoístas, y los pueblos ricos se apegan a su riqueza y obran como avaros viejos, la humanidad es en cambio perpetuamente joven. El entusiasmo no ha tenido nunca canas, puntualiza. Agrega otras palabras de gran valía: “Podrán los gobiernos desconocernos: los pueblos tendrán siempre que amarnos y admirarnos”.

“Las cosas patrias están siempre rebozando en el alma, y hablan demasiado cuando comienzan a hablar”.  Y ante la despectiva palabra de banderita, con la que La Colonia se refiere a nuestra Enseña Nacional, Martí responde: “No banderita; ¡bandera!   No pueblo imbécil que soporta un yugo más imbécil que él; pueblo altísimo que impone a los valientes, amigos o enemigos, respeto, amor y asombro. Y el tema de la bandera lo enardece: “Dignísima bandera que cobija a un pueblo que cuenta siete años de grandeza; que tiene héroes activos y mártires errantes; a la que sobran brazos que la empuñen; que para ser más respetada es más infortunada; que para durar más tiempo tarda más tiempo en desplegarse. Honrar honra”.

Por  último, afirma Martí: “La justicia no menoscaba el valor; antes lo enaltece. Admirar lo admirable  no quita mérito a la defensa de una causa. Negar lo cierto, no la hace más justa”.

miércoles, 25 de marzo de 2026

 

Los cubanos hemos peleado como gigantes

 


. Orlando Guevara Núñez

 

“Los cubanos hemos peleado como hombres y algunas veces como gigantes para ser libres”. Esa afirmación, hecha por nuestro Héroe Nacional, José Martí, en l889, ha sido confirmada en todas las etapas de lucha del pueblo cubano por su libertad e independencia.

En esa ocasión, José Martí respondía a una ofensiva publicación de un periódico estadounidense sobre Cuba, donde se decía que  “La única esperanza que pudiéramos tener de habilitar a Cuba para la dignidad de Estado, sería americanizarla por completo, cubriéndola con gente de nuestra propia raza”.

Los gobiernos de los Estados Unidos, desde fechas bien lejanas al triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959, han ideado los métodos más engañosos y  brutales para materializar el sueño de apoderarse de Cuba. Primero, tratando de arrebatársela a España como posesión colonial y anexarla a su territorio; después, para derrocar a la Revolución y regresar el sistema capitalista a Cuba, subordinándola de nuevo a sus dictámenes.

Como se conoce, en abril de 1898 fue aprobada en Estados Unidos la nombrada Resolución Conjunta, que declaraba la guerra a España, no para ayudar a los rebeldes cubanos, sino para apropiarse de Cuba.

Si alguien dudara de las entrañas criminales de los gobernantes norteamericanos en ese entonces, bastaría  leer el contenido de las instrucciones dadas a las tropas por el Secretario de Guerra, J.C. Breckenridge en tal ocasión:

“Habrá que destruir todo cuanto alcancen nuestros cañones, con el hierro y con el fuego; habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacífica, y mermen su ejército; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en exploraciones y vanguardias, para que sufran indeclinablemente el peso de la guerra entre dos fuegos, y a ella se encomendarían precisamente todas las empresas más peligrosas y desesperadas (…) Resumiendo, nuestra política se concreta en apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas”.

Aquella brutal intervención frustró los ideales independentistas de los cubanos que durante 30 años habían luchado como gigantes y habían quebrantado el poder colonial español, luchando en las más difíciles condiciones y ofrendando  la sangre y la vida de miles de sus hijos.

Al terminar aquella contienda, vinieron el desarme de la población y desarme y desactivación del Ejército Libertador Cubano, la disolución del Partido Revolucionario Cubano y de la Asamblea de Representantes, y la imposición de la Enmienda Platt, mediante la cual Cuba quedaba atada a los designios de los Estados Unidos.

Hubo que esperar exactamente 60 años para eliminar ese oprobio. Porque si el 1ro. de enero de 1899 Cuba quedó a merced de un gobierno interventor norteamericano, el 1ro. de enero de 1959, con el triunfo de la Revolución cubana, se ganó para siempre la independencia y la libertad por las cuales no habían dejado de luchar nunca los cubanos, desde Céspedes hasta Fidel.

Había transcurrido otra etapa gloriosa de lucha: El Moncada, el Granma, la Sierra Maestra, la lucha clandestina, con un saldo de más de 20 mil muertos, donde los cubanos habían combatido otra vez como gigantes.

Y cuando llegó el momento de la victoria, de nuevo los gobiernos de los Estados Unidos utilizaron contra Cuba los métodos más brutales para destruir a la Revolución.

Un documento ya desclasificado desde 1991 por el gobierno norteamericano, reflejó la naturaleza criminal de la administración yanqui en relación con el pueblo cubano: “El único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas (…)  Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba (…) Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministro a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Y si dura y heroica había sido la lucha por la libertad, duro y heroico sería el camino recorrido por el pueblo para mantenerla.

Creación de bandas contrarrevolucionarias, sabotajes y asesinatos; infiltraciones de grupos por nuestras costas; la invasión mercenaria de Playa Girón, la Crisis de Octubre, cuando los cubanos estuvimos al borde de un holocausto nuclear y conservamos la vida porque fuimos capaces de arriesgarla en defensa de nuestra soberanía.

Nuestro pueblo enfrentó y aún enfrenta, el bloqueo más largo que guarda en sus anales la historia de la humanidad. Cuba, en aquel momento, quedó sin tener a quien comprarle ni a quien venderle, hecho que se repitió 30 años después al desaparecer el Campo Socialista y la Unión Soviética. Sólo un gobierno del pueblo y un pueblo de gigantes podrían resistir ese acoso y vencerlo, a costa de grandes sacrificios.

El enfrentamiento a la potencia más fuerte, agresiva y criminal del mundo, ha sido una de las victorias más trascendentes del pueblo cubano. Proclamamos el socialismo y hemos sido capaces de mantenerlo y fortalecerlo, pese a todos los esfuerzos imperiales por eliminar nuestra obra.

 

La larga lista de monstruosidades de los gobiernos norteamericanos contra el pueblo de Cuba, incluye proyectos asesinos, como los de volar un avión en pleno vuelo, con estudiantes u otros grupos – desde Estados Unidos hacia un país latinoamericano- con el objetivo de  atribuir a Cuba el sabotaje. Volar un barco, con igual propósito. Destruir embarcaciones con emigrantes cubanos hacia ese país, para hacer creer a la opinión pública que había sido un acto vandálico del gobierno cubano. Incluso, demostrando su desprecio a los propios emigrantes, se propusieron  hacer atentados, en su territorio, a esas personas para lanzar campañas difamatorias contra el gobierno revolucionario.

No menos criminal ha sido la introducción de enfermedades como el dengue hemorrágico y  de plagas contra cultivos  de importancia como el café, el tabaco, la caña, cultivos de viandas y vegetales, así como también la fiebre porcina.

Cuba, sin embargo, ha resistido todos los embates de esa sucia guerra. Y continúa  resistiendo las agresiones, las amenazas y las campañas difamatorias de un gobierno que no ha renunciado a destruirnos por cualquier vía, por criminal que sea.

En esta lucha los cubanos, tal como lo afirmara José Martí sobre los mambises, hemos luchado como hombres y algunas veces como gigantes. Y hemos hecho, como lo señalara el General de Ejército Raúl Castro, la gran proeza de haber mantenido la Revolución por más de medio siglo.

Ese ha sido y sigue siendo el precio de no dejar de ser lo que somos y queremos ser: un pueblo patriota, revolucionario, socialista, internacionalista, fidelista y antiimperialista

martes, 24 de marzo de 2026

 José Martí: Nada piden los cubanos al mundo sino el conocimiento y respeto de sus sacrificios, y dan al universo su sangre 
.Orlando Guevara Núñez 
Cuando José Martí escribió esta afirmación, estaba ya en la manigua cubana. Fue el 2 de mayo de 1895, en carta dirigida al director del periódico The New York Herald. La misiva aparece también con la firma del Generalísimo Máximo Gómez Báez.2 Este órgano de prensa había ofrecido su espacio a la Revolución  para  la publicidad, lo cual calificó Martí como un gesto noble. 
Y aprovecha la ocasión  para “ expresar de modo sumario al pueblo de los Estados Unidos y al mundo las razones, composiciones y fines de la Revolución que Cuba empezó desde principio de siglo, que se mantuvo en armas con reconocido heroísmo de 1868 a 1878, y se reanuda hoy por el esfuerzo ordenado de los hijos del país dentro y fuera de la Isla, para fundar, con el valor experto y carácter maduro del cubano, un pueblo independiente, digno y capaz del gobierno que abre la riqueza estancada de la Isla de Cuba, en la paz que solo puede asegurar el decoro satisfecho del hombre, al trabajo libre de sus habitantes y al paso franco del Universo”.
En el referido documento se  expone  la política cubana sobre la contienda iniciada el 24 de febrero en Baire, y las proyecciones de la República. Se mencionan las contradicciones  entre la España colonial y la Cuba colonizada.
Se dice que  “es lícito desear que Cuba emplee en su desarrollo, con ventaja patente de los pueblos que la rodean, los caudales que paga para mantener sobre sí el gobierno que la corrompe, y acoger en su tierra propia, con exclusión forzosa de sus hijos, al español necesitado que huye a barcadas de su pueblo miserable para desalojar al cubano en Cuba de su mesa de artesano y de la propiedad de su suelo”.
Se explica que la Revolución se había venido preparando de forma ordenada, con el Partido Revolucionario Cubano al frente, con bases republicanas, para llegado el momento de la insurrección. Y se afirma que las armas no serán envainadas hasta el triunfo de la República.
En relación con los cubanos, dice la carta: “Plenamente conocedor de sus obligaciones con América y con el mundo, el pueblo de Cuba sangra hoy a la bala española, por la empresa de abrir a los tres continentes en una tierra de hombres, la república independiente que ha de ofrecer casa amiga y comercio libre al género humano” La política, posición ante el mundo, en la firma de Martí y Gómez, queda plasmada  en una magistral síntesis:
“A los pueblos de la América española no pedimos aquí ayuda, porque firmará su deshonra  aquel que nos la niegue. Al pueblo de los Estados Unidos mostramos en silencio, para que haga lo que deba, estas legiones de hombres que pelean por lo que pelearon ellos ayer, y marchan sin ayuda a la conquista de la libertad que ha de abrir a los Estados Unidos la Isla que hoy le cierra el interés español. Y al mundo peguntamos, seguros de la respuesta, si el sacrificio de un pueblo generoso, que se inmola por abrirse a él, hallará indiferente o impía a la humanidad por quién se hace”. Es curioso que en su última carta a Manuel Mercado, el 18 de mayo de 1895, Martí haga  referencia a un encuentro, en la manigua, con un corresponsal, del Herald, nombrado Eugenio Bryson.

lunes, 23 de marzo de 2026

 

José Martí: Peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana

 

Orlando Guevara Núñez

Este pensamiento martiano concluye la idea de que: “Es cubano todo americano de nuestra América y en Cuba no peleamos por la libertad humana solamente; ni por el bienestar imposible bajo un gobierno de conquista y un servicio de sobornos, ni por el bien exclusivo de la isla idolatrada que nos ilumina y fortalece con su simple nombre”.

A continuación expone una idea que refleja el valor de la unidad de los pueblos frente a la política de dominación de los Estados Unidos: “Otros crecen, y tenemos que crecer nosotros”. En los viveros de los pescadores, se ve cómo el pez recio y hambrón, cuando se le encaran juntos los peces pequeños, bate el agua con la cola furibunda, y deja en paz a los peces pequeños”. Y reitera una afirmación: “Es cubano todo americano de nuestra América”.

Es fácil percatarse  de  que Martí, al mencionar nuestra América, está excluyendo a los Estados Unidos, el pez recio y hambrón.

Afirma también que “Es cubano todo guatemalteco”, al referirse al poeta revolucionario de ese país, Domingo Estrada, amigo de los cubanos. Y menciona, además, el ejemplo de  Pilar Correa y Miyares, quien “por familia pertenecía a lo más conocido de Venezuela y de Cuba; y por sus méritos, nos pertenecía a todos”.

Este precepto de nuestro Héroe Nacional, aparece publicado en el periódico Patria, el 18 de junio de 1892.