miércoles, 4 de marzo de 2026

 

José Martí: El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber

 

.Orlando Guevara Núñez

Pensamiento  utilizado  para definir posiciones relacionadas con los intereses personales y colectivos, es éste. Fue citado por Fidel Castro en su alegado de auto defensa La historia me absolverá.

El pronunciamiento fue hecho  por el Apóstol  de nuestra independencia el 10 de octubre de 1890, en  Hardman Hall, Nueva York,  con motivo de conmemorarse el aniversario 22 del inicio de la Guerra de los Diez Años, encabezada en La Demajagua por Carlos Manuel de Céspedes. El auditorio estaba integrado por emigrados cubanos.

Así lo dijo Martí:

“El hombre acude a la fortuna, como el mendigo al sol, y esquiva el sacrificio oscuro y la sombra del silencio; aunque el verdadero hombre no mira de qué

lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ése es el verdadero hombre, el único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los  pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber. Y si falla-dice- es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejercitó con desinterés y eficacia”.

Había  iniciado aquel histórico discurso con un  llamado inaplazable: “Me parece que veo cruzar, pasando lista, una sombra colérica y sublime, la sombra de la estrella en el sombrero; y mi deber, mientras me queden pies, el deber de todos nosotros, mientras nos queden pies, es ponernos en pie, y decir: "¡presente!"

Fue una  vehemente convocatoria  a la unidad para emprender la guerra truncada en 1878. 

“Porque nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos; y no estamos aquí para decirnos ternezas mutuas, ni para coronar con flores de papel las estatuas heroicas, ni para entretener la conciencia con festividades funerales, ni para ofrecer, sobre el pedestal de los discursos, lo que no podemos ni intentamos cumplir; sino para ir poniendo en la mano tal firmeza que no volvamos a dejar caer la espada”.

“Y nosotros mantenemos –agregó- que los que son impotentes para hacer desaparecer las causas de la guerra en un país, necesitan, si aman a su patria y quieren ahorrarle males, tener preparado el país para la guerra”

Martí, como en otros muchos discursos y escritos, diserta sobre  la preparación de la  lucha  sin apresuramientos innecesarios.  Habla  de guerra y de fundación.

Refiriéndose a quienes  se han acomodado al pan, conviviendo con España, expresa su convicción de que, con la fuerza del pan nuevo, despertaría en los corazones el fantasma de Jimaguayú y San Lorenzo, es decir, de Ignacio Agramonte y Carlos Manuel de Céspedes.

 El hombre de actos sólo respeta al hombre de actos. El que se ha encarado mil veces con la muerte, y llegó a conocerle la hermosura, no acata, ni puede acatar, la autoridad de los que temen a la muerte”, afirma.

Otros bellos y útiles  conceptos fueron expresados por nuestro Héroe Nacional en aquella ocasión: Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden”  “Un pueblo que entra en revolución no sale de ella hasta que se extingue o la corona”.

Y, como colofón, un preludio de lucha y esperanzas: “Sin que el corazón se nos fatigue ni nos espanten los años, paseamos el fuego insepulto, como enseña que ha de juntar, con ayuda de todos los amigos de la libertad, a los cubanos fieles esparcidos al viento del mundo: ¡y levantaremos,  en brazos de la América libre, nuestra patria buena y grande!”

martes, 3 de marzo de 2026

 

José Martí : El cubano, antes que la libertad, se arranca la vida

.Orlando Guevara Núñez

Con el título  Persona y patria. El 1ro. de abril de 1893, publicó José Martí un artículo en el periódico  Patria  en el cual escribe este pensamiento. 12 Enfatiza, en esta ocasión, el papel rector del Partido Revolucionario Cubano como organización de los cubanos, y puntualiza que el Delegado electo no es “la cabeza imperante e inamovible, de cuyo capricho o alucinación depende el sacudimiento y llamada a muerte del país en que nació”.

Analiza que puede hoy ser uno y mañana otro el Delegado. Y rebate y alerta sobre una campaña en Cuba para desacreditar su persona. Afirma que “El Partido Revolucionario Cubano es la unión de pensamiento y voluntad de todas las organizaciones cubanas y puertorriqueñas del destierro”

Reafirma su convicción de que el poder está en todos, no en una persona. Y  dice que para zares no es nuestra sangre. Sobre nuestro pueblo, escribe: “El cubano, indómito a veces por lujo de rebeldía, es tan áspero al despotismo como cortés con la razón”. El cubano es independiente, moderado y altivo. Es su dueño y no quiere dueños. Quien pretenda ensillarlo, será sacudido.

Se refirió a que en América había pueblos que estaban al caer, porque la libertad quedó en manos  de gente que no la amaba, o la entendía solo para su casta superior. Es cuando afirma: “Pero en nosotros hay una masa pública, que conoce y adora la libertad, que la habla y escribe, que la razona y la acomoda a lo verdadero, que la defenderá con las uñas y con los dientes; ¡allí estaremos todos, defendiéndola! ¡No hay placer como el de defenderla!: el cubano, antes que la libertad, se arranca la vida”.

Conoce los  obstáculos contra los que debe lucharse, pues la sociedad no es

perfecta. Menciona a los indiferentes, egoístas,  viciosos, pero confía en que esa gente puede sumarse a la revolución. El Partido Revolucionario vive y triunfa, porque es la libertad, opina.

Volviendo sobre el tema de lo personal y la patria, puntualiza que “La persona hemos puesto de lado”; ¡bendita sea la patria! Hace una importante definición: la de que “La guerra que prevé y ayuda el Partido Revolucionario Cubano es la guerra de todos (…) y lo que no sea guerra de todos, y de seguro lleve la voz que ha de llevar, o no es verdad, o es la guerra de rincón”. Asevera que la idea de la persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo crítico y complejo que no se lanzará a un sacrificio estéril, sino por sus verdaderos intereses y su bienestar.

 

 

José Martí: En nuestra América no puede haber Caínes. ¡Nuestra América es una!

 

.Orlando Guevara Núñez

 

El concepto de una sola América fue sostenido por José Martí en toda su prédica revolucionaria. El vislumbró desde muy temprano esa necesaria unidad, y alertó sobre los peligros que amenazaban con la división entre sus pueblos, y sobre el acecho del naciente imperialismo norteamericano, sediento de expansión y dominio sobre ellos.

En más de una ocasión criticó las divisiones internas entre pueblos hermanos, lo que, indudablemente, los conducía a la vulnerabilidad, tanto en lo político como en lo económico.

Fue bajo ese prisma que escribió, el 3 de mayo de 1890, en Nueva York, un artículo titulado Congreso de Washington, publicado el siguiente 15 de junio en el diario argentino La Nación. En ese evento se discutía la aprobación de un proyecto  que autorizaba  el derecho de conquista de un pueblo sobre otro, bajo el amparo de “sentirse ofendido”.

Argentina, Bolivia, México,  Colombia, Perú, Paraguay, Brasil,  a favor de eliminar el derecho de un pueblo sobre otro. Y todos convenían en la firma del acuerdo. Pero Estados Unidos se negó a firmar el proyecto mediante el cual se eliminaba para siempre el derecho de conquista, Y ante la presión de los pueblos, propuso que la censura fuera por un término de 20 años.

En ese momento la unidad se impone. Martí enfatiza la forma en que los pueblos de América dijeron ¡Sí!  al  proyecto. Chile se abstuvo. Y un solo ¡No!, el del gobierno de los Estados Unidos. Sería este gobierno, a la larga, el mayor

violador de este acuerdo de los pueblos de América.

Martí evaluaba así aquel evento: “Ya se van aleccionados y silenciosos, los delegados que vinieron de los pueblos de América a tratar, por el convite de Washington, sobre las cosas americanas. Ya  vuelven a Centro América los de los cinco países, más centroamericanos de lo que vinieron, porque al venir se veían de soslayo unos a otros, y ahora se van juntos como si comprendieran que este modo de andar les va mejor”.

Y al final, como insistiendo en el valor de la unidad, expresa nuestro Héroe Nacional: “La conferencia vota. ¿Por qué era un pueblo de nuestra América, de nuestra familia de pueblos, el único que salió de la conferencia con la cabeza baja?