Muchos
de los aforismos de José Martí están registrados en sus Cuadernos de Apuntes, insertados en el tomo 21 de sus Obras Completas. Algunos aparecen solos;
otros, formando parte de apuntes más extensos. Reseñarlos todos, sería
aspiración muy difícil en el empeño que nos ocupa. Hemos seleccionado una
pequeña parte.
. Vale más un rebelde que un manso. Un
río vale más que un lago muerto.P142
. Las palabras han de ser brillantes
como el oro, ligeras como el ala, sólidas comoel mármol. P 164
. Y a los que quieren entrar en lo ya
conseguido, se les dice que es ley en
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política, o vida de la Nación, como en
la vida personal, que nadie goce de un beneficio cuyo precio no ha pagado.P165
. El hombre oye mejor las voces más cercanas:
las que le vienen de sí que las de afuera. P 169
. Las grandes ideas y las grandes
acciones son la familia natural de un hombre grande. P 252
. El verso no ha de andar por tierra,
como la hormiga, sino por sobre ella, como las aves. P253
. Muchos críticos creen de buena fe que
están cediendo a la justicia cuando están cediendo a la envidia, p 343
. El patriotismo es de cuantas se
conocen hasta hoy, (ha sido hasta ahora) la levadura mejor, (entre todas las
conocidas), de todas las virtudes humanas. P 377
. Y Cuba debe ser libre, de España y de
los Estados Unidos. P 380
. Como la araña, que no da pasos hasta
después de haberse asegurado del camino (por los tentáculos). Palpar, antes de
andar. P 419
. Las grandes desgracias son grandes
escuelas. P 17
. La vida humana es una ciencia, a cuyo
conocimiento no se llegará jamás. P 137
. El hombre tiene antes la fuerza de
deshacer que la de hacer. P 186.
. Hacer amar lo falso es estancar, u
obligar a volver atrás la humanidad. P 227
. Para vivir no hay más que un medio:
sobreponerse a la vida. P 247
. Juntarnos, ¡es tan necesario que
estemos juntos! P 368
. A quien nada contra ola, le cuesta más
trabajo nadar. P 375
. ¡Persevera, oh,joven amigo,que no hay dicha más cierta en el mundo que la que viene a un corazón
bien templado de padecer en el servicio de los hombres! P 378
. Reconocer la virtud es practicarla. En
eso se conoce al que es incapaz de la virtud, en que no la sabe conocer en los
demás. P379
sábado, 10 de octubre de 2026
José Martí: Sobre el bien. Servir.
.Orlando Guevara Núñez
Nuestro José Martí vivió haciendo el
bien. Y sirviendo a los demás,
especialmente a su patria Por eso
defendió con tanto ardor esos
principios.
“A la patria no se le ha de servir por el
beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro
interés, sino por el placer desinteresado de serle útil. Así lo expresó,y dijo, además: “ El hombre no tiene derecho
a oponerse al bien del hombre’” . “No hay más que un modo de perdurar: y es
servir”.
Otras definiciones sobre estos temas
fueron:“No hay pena de que no pueda
consolar, ni crimen de que no pueda redimir, el gusto de ser útil”
“Servirse a sí solo, es un robo”. “El
que muere, si muere donde debe, sirve”.
Nos enseñó también muestro Héroe
Nacional que “Es doble manera de hacer el bien, dar pan al cuerpo y darlo al
alma”, que “Haber servidomuchoobligaa seguir sirviendo” y que “Es preferibleel bien de muchos a la opulencia de pocos”.
Expresó: “El quesirve a su patria debe estar siempre dispuesto a ser su víctima”, y que
“En política, el que sirve será servido”. En otro momento, hizo dos
afirmaciones valederas: “Porque solo para hacer el bien, la fuerza es justa.
Para esto solo. Siempre lo pensé. El bien se hace a la fuerza. Hay derecho para
imponer la libertad”.
Con una gran muestra de altruismo, dijo:
“Yo creo absolutamente en la bondad de los hombres”: “Solo gozo cuando sirvo o
allano” Servires mi anhelo, y ver
felices a los hombres: servir es nuestra gloria, y no servirnos”. Y: “Demos de
nuestra sangre, si sirve de riego.
Suya es otra afirmación: Más bella que
la luz del sol sobre la tierra es la de una buena acción sobre el rostro del
bueno. La luz de las buenas acciones se parece a la luz de las estrellas”.
¡Es de morderse los labios de cólera, de
no andar por toda la tierra, paseando infatigablemente el estandarte de su
redención!, dijo.
viernes, 9 de octubre de 2026
Céspedes y Agramonte
vistos por José Martí
. Orlando Guevara Núñez
El extraño puede escribir estos nombres sin temblar, o el
pedante, o el ambicioso; El buen cubano no. De Céspedes el ímpetu, y de
Agramonte la virtud, El uno es como el volcán que viene, tremendo
e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul
que lo corona. De Céspedes, el arrebato, y de Agramonte la purificación. El uno
desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de luz el otro vence.
Vendrá la historia con sus pasiones y justicia; y cuando los
haya mordido y recortado a su sabor, aún quedará en el arranque del uno y
en la dignidad del otro, asunto para la epopeya. Las palabras pomposas
son innecesarias para hablar de los hombres sublimes. Otros hagan, y en otra
ocasión, la cuenta de los yerros, que nunca será tanta como la de las
grandezas.
Hoy es fiesta, y lo que queremos es volverlos a ver al uno
en pie, audaz y magnífico, y dictando de un ademán al disiparse la noche,
la creación de un pueblo, y al otro tendido en sus últimas ropas, cruzado
del látigo el rostro angélico, vencedor aún en la muerte.! Aún se puede
vivir, puesto que vivieron a nuestros ojos hombres tales!
Es preciso haberse echado alguna vez un pueblo a los hombros,
para saber cuál fue la fortaleza del que sin más armas que un bastón de Carey
con puño de oro, decidió, cara a cara, de una nación implacable quitarle para
la libertad su posesión más infeliz como como quién quita a un tigre su último
cachorro’.
“Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino
cuando reunió a sus siervos y los llamó a sus brazos como hermanos.
Cree que su pueblo va en él, y cómo ha sido el primero en obrar,
se ve con derechos propios y personales como con derechos de padre, sobre su
obra. Asistió en lo interior de su mente al misterio divino del nacimiento de
un pueblo en la voluntad de un hombre, y no se ve como mortal, capaz de
yerros y obediencia, si no como monarca de la libertad, qué ha
entrado vivo en el cielo de los redentores.
Baja de la Presidencia cuando se lo manda el país y muere
disparando sus últimas balas frente al enemigo, con la mano que acaba de
escribir sobre una mesa rústica versos de tema sublime.
En tanto ¡Sé bendito, hombre de mármol
¿Y aquel del Camagüey aquel diamante con alma de beso?
Ama a su Amalia locamente; pero no la invita a levantar casa si
no cuando vuelve de sus triunfos de estudiante en La Habana cómo
convencido de que tienen todavía mejilla aquellos señores para años: ¡no valen
para nada! ¡para nada!.
Y a los pocos días de llegar al Camagüey, la audiencia lo
visito, pasmada de tanta autoridad y moderación en abogado tan joven; Y por las
calles dicen; ‘’!ése!’’ y se siente la presencia de una majestad, pero ¡no él,
no él! que hasta que su mujer no le cosió con sus manos la
guajira azul para irse a la guerra, no creyó que habían comenzado sus bodas.
Por su modestia parecía orgulloso; la frente, en que el
cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para
que la besase la gloria; oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia
estimable que es la que arranca de la limpieza del corazón; se sonrojaba cuando
le ponderaban su mérito; se le humedecían los ojos cuando pensaba en el
heroísmo, o cuando sabía de una desventura o cuando el amor le besaba la mano:
‘!le tengo miedo a tanta felicidad!’ Leía despacio obras serias. Era un ángel
para defender y un niño para acariciar. De cuerpo era delgado, y más fino que
recio, aunque de mucha esbeltez. Pero vino la guerra, domó de la primera
embestida la soberbia natural, y se le vio por la fuerza del cuerpo, la
exaltación de la virtud. Es como si por donde los hombres tienen corazón,
tuviera él estrella.
Su luz era así cómo la que dan los astros; y al recordarlo,
suelen sus amigos hablar de él con unción, cómo se habla de las noches claras y
como si llevase descubierta la cabeza.
¡ Acaso no hay otro hombre que en grado semejante haya
sometido en horas de tumulto su autoridad natural a la de la patria!
¡Acaso no haya romance más bello que el de aquel guerrero que volvía de sus
glorias a descansar, en la casa de palma, junto a su novia y su hijo! ¡ Jamás,
Amalia, jamás seré militar cuando acabe la guerra!. Hoy es grandeza y
mañana será crimen. ¡Yo te lo juro por él, que ha nacido libre! Mira, Amalia,
aquí colgaré mi rifle. Y allí, en aquel rincón donde le di el primer beso
a mi hijo, colgaré mi sable´. Y se inclinaba el héroe, sin más
tocador que los ojos de su esposa, a que con las tijeras de cocerle las dos
mudas de dril en que lucía tan pulcro y hermoso, le cortase, p ara estar de
gala en el santo de su hijo, los cabellos largos.
¡Aquel era el amigo de su mulato Ramón Agüero, al que enseñó a
leer a su mulato con la punta del cuchillo en las hojas de los árboles, el que
despedía en sigilo decoroso sus palabras austeras y parecía que curaba como
médico cuando censuraba como general, el que cuando no podía repartir, por ser
pocos, los buniatos o la miel, hacía cubalibre con la miel para que
alcanzase a sus oficiales o le daba los buniatos a su caballo, antes que
comérselos él solo, el que ni en sí, ni en los demás, humilló
nunca al hombre! Pero jamás fue tan grande, ni aun cuando profanaron su
cadáver sus enemigos, como cuando al oír la censura que hacían del
gobierno lento sus oficiales, deseosos de verlo rey por el poder como lo era
por la virtud, se puso en pie, alarmado y soberbio, con estatura que no se le
había visto hasta entonces, y dijo estas palabras: ‘!Nunca permitiré que se
murmure en mi presencia del Presidente de la República!’.