sábado, 21 de febrero de 2026

 

La otra cara del tirano Fulgencio Batista



                               

 

 

 . Orlando Guevara Núñez

 

A Fulgencio Batista Zaldívar lo conocemos los cubanos como el hombre que, a raíz del golpe militar del 4 de septiembre de 1933, comenzó una larga carrera de crímenes, de traiciones, de servidumbre a los Estados Unidos y de opresión contra el pueblo cubano.

Conocemos al presidente corrupto que durante su primer mandato robó al tesoro público unos 40  millones de pesos.

Lo recordamos como autor del artero golpe de estado del 10 de marzo de 1952, instaurando, desde esa fecha, la sangrienta tiranía que costó al pueblo cubano 20  000 muertos.

Sabemos también que al huir del país junto a sus principales secuaces, en el amanecer del 1ro. de enero de 1959, saqueó las reservas monetarias estatales, llevándose más de 400 millones de dólares.

Pero hay otra faceta poco divulgada y conocida sobre este funesto personaje que ahora algunos contrarrevolucionarios, en Estados Unidos, tratan de reivindicar y convertir en héroe de la libertad y la democracia en Cuba. Se trata del  Fulgencio Batista empresario capitalista, empeño en el que utilizaría las mismas artimañas que en la política.

En un texto que merece ser más divulgado, Los propietarios de Cuba 1958, el autor Guillermo Jiménez Soler describe con sólidos argumentos y datos que los respaldan, a las 551 figuras más influyentes y poderosas de la oligarquía en Cuba en la fecha citada.

Entre esas figuras se encuentra Fulgencio Batista Zaldívar. Una síntesis es elocuente. Propietario de nueve centrales azucareros (dueño total de tres), de un banco, tres aerolíneas, una papelera, una entidad contratista y otra transportista por carretera; una productora de gas, dos moteles, varias emisoras de radio, una televisora, periódicos, revistas, una fábrica de materiales de la construcción, una naviera, un centro turístico, varios inmuebles urbanos y rurales, varias colonias y firmas norteamericanas.

En los tres centrales azucareros (Washington, en Manacas; Constancia, en Abreu, y Andorra, en Artemisa) incluyendo refinerías, destilerías y una fábrica de levadura y siropes, se agrupaban 740 caballerías cultivadas de caña y 8 835 trabajadores. Bajo su propiedad estaba también la Compañía Agrícola Punta Felipe S.A. productora de más de 18 mil toneladas de caña.

En el Banco Hispano Cubano, la esposa del tirano controlaba alrededor del 80 por ciento de las acciones, con depósito de ocho millones de pesos.

Los bienes inmuebles eran un lucrativo negocio, codiciado por el tirano. La Compañía Inmobiliaria Marimuca, la de Inversiones Dofinca S.A., la Inmobiliaria Adorsinda, la de Inversiones y Desarrollo de Baracoa, la de Fomento del Túnel de La Habana S.A. y la Sociedad Marimalena Realty Company. Otras compañías en sus manos eran las de Fomento Almendares S.A., la Urbanizadora Valvelano S.A., la Urbanizadora Crysa S.A. y varios terrenos en el norte del Vedado. Súmense las entidades inversiones Dalmen, Inmobiliaria Miramar, la Territorial San Vicente S.A., más otras propiedades de terrenos y edificios. De otras muchas era accionista.

Fulgencio Batista Zaldívar era propietario de la Compañía Ingeniera del Golfo S.A. y poseía grandes inversiones en otras contratistas, como las compañías Constructora del Litoral S.A. y la Mercantil del Puerto de La Habana.

La propiedad batistiana en la industria estaba también presente. Principal propietario de Servicios Metropolitanos de Gas y tercero en Industrias Siropex, y una fábrica de bloques ligeros de concreto, entre otras.

En el caso de los órganos de prensa, las artimañas batistianas eran más refinadas, pues su propiedad sobre éstos se enmascaraba bajo el mando de otros “dueños”.

La lista era larga. Periódico Alerta, Canal 12,S.A., Semanario Gente, periódico Pueblo, RHC Cadena Azul de Cuba, S.A., Radio Repórter S.A., Cadena Oriental de Radio, Circuito Nacional Cubano, Unión Radio y la Compañía de Inversiones Radiales S.A.

En el transporte, el sargento convertido en general y auto ascendido a Mayor General, era propietario único de Cuba Aeropostal, una línea aérea de carga, expreso y correo. Dueño secreto de la Compañía Interamericana de Transporte por Carretera S.A. y propietario de la Compañía de Transporte Millar. Entre sus propiedades figuraba la Compañía Naviera Isla del Tesoro, a la vez que propietario principal de la Compañía Cubana de Aviación S.A. Otras empresas eran objeto también de sus inversiones en el sector.

A la voracidad del “honorable señor presidente” no escapaba el turismo, con sus tentáculos extendidos sobre la Compañía Motel El Oasis S.A., Hoteles Isla del Tesoro S.A., Hotel y Motel El Colony, en la entonces Isla de Pinos, propietario principal de Playa del Golfo S.A., Compañía Hotelera Antillana y dueño de la Compañía Territorial Playa Francés, de la de Fomento y Turismo de Trinidad S.A., de la Gerona Beach Territorial S.A. y de la Compañía Urbanizadora Varadero S.A.

El texto citado cifra en unas 70 las empresas que integraban las propiedades las propiedades de Fulgencio Batista, para lo cual “disponía de una tupida telaraña de testaferros, intermediarios, cómplices, socios y abogados, dirigida por Andrés Domingo Morales del Castillo, su Ministro de la Presidencia y por Manuel Pérez Bonitoa, tío de su ex yerno político” (…).

A principios de 1957, su fortuna estaba calculada en unos 300 millones de pesos. En ese y el año siguiente, su último en el poder, el sangriento tirano hizo crecer su riqueza. Con mucha razón, el autor de Los propietarios de Cuba 1958 lo incluye en la lista de los 551 poderosos magnates en cuyas manos estaban los destinos del país.

Este libro, publicado por la Editorial Ciencias Sociales, de La Habana, en el año 2006, es aleccionador sobre la realidad cubana hasta finales de 1958, fecha en que la Revolución logró la victoria. Otra cara, no menos sucia que la otra, nos  ayuda a conocer mejor al sangriento dictador. Y a entender –también mejor-  el verdadero objetivo de los disparos del Moncada,  el 26 de Julio de 1953.

 Contra ese tirano hubo que luchar durante siete cruentos años.  Ese fue del dictador derrotado en Cuba el 1ro. de enero de 1959, por el Ejército Rebelde encabezado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

viernes, 20 de febrero de 2026

 

 José Martí   Sobre el trabajo

.Orlando Guevara Núñez

El trabajo fue siempre reconocido por Martí como la única forma digna de la riqueza. En innumerables ocasiones así lo razonó. De sus muchas definiciones, escogemos las siguientes:

“Las revoluciones son estériles cuando no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en los campos”. “El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos”. En lo que se trabaja no importa; sino que se trabaje”.

Afirmó Martí que:   “No hay más que una vara, a cuyo golpe se abra en agua para toda roca: es el trabajo. La riqueza que por otra vía nos venga, trae oculto, en su seno cubierto de seda, un nido de sierpe”. Afirmó una vez: “El corazón se me va a un trabajador como a un hermano”.

Otros pensamientos martianos sobre el trabajo fueron: “A la felicidad del obrero se va por la felicidad de la patria, al obrero feliz se va por la patria feliz”. “Arte es trabajo. Trabajo es arte”  “El primer afán de la libertad de Cuba sería, al día siguiente del triunfo, salir a sembrar trabajadores” “¡Triste el que muere sin haber hecho obra!”  “La vida de tocador no es para hombres”.

Para Martí: “Trabajar es lo verdadero y decir sin miedo lo que se piensa, he ahí las dos raíces”. “Sin honor no hay hombre. Cada cual viva de su sudor,  o no viva”. “Como yo trabajo, amo a los que trabajan”. “No se viene a la vida para disfrutar de productos ajenos”. “Se trae la obligación de crear productos propios”.

“La libertad es un premio que la Historia da al trabajo”. “He ahí un gran sacerdote, un sacerdote vivo: el trabajador”. “Un déspota no puede imponerse a un pueblo de trabajadores”.

Léase esta instructiva comparación de Martí sobre la suerte y el trabajo: “La Suerte siempre anda mirando a ver qué surge. Y el Trabajo siempre con el ojo listo y el ánimo fuerte, hace que surja algo. La Suerte se está en la cama, deseando que el cartero le traiga la noticia de una herencia, mientras que el Trabajo se levanta a las seis y con la pluma o el martillo pone los cimientos de un seguro bienestar. La Suerte siempre anda plañeando. El Trabajo silva, la Suerte se atiene al acaso. El Trabajo a la buena conducta. ¿Qué os gusta más: la Suerte o el Trabajo?¨

Expresó también que: “ No se trabaja para el aplauso de los egoístas. Se trabaja para la compañía futura de los mártires”.  “El político debe de trabajar para lo futuro”. Y  aseguró:  “Sin honor no hay hombre, que cada cual viva de su trabajo, o no viva”

 “Ver trabajar a todos es más bello que ver pensar a uno”, dijo. Y también:  “Es inútil y generalmente dañino, el hombre que goza del bienestar de que no ha sido creador”.

jueves, 19 de febrero de 2026

 

24 de febrero de 1895: Heraldo del presente cubano

 

.Orlando Guevara Núñez

El  24 de febrero de 1895 se inserta con luz inextinguible en la historia cubana del siglo XIX, con vigencia para los tiempos  presentes y los que están por venir. Fue la demostración  de que en Baraguá, el 15 de marzo de 1878,  no se apagó  la llama de la rebeldía, y de que, en lugar del cese de la lucha, El Zanjón fue solo una tregua para reiniciarla con mayores bríos y superiores proyecciones.

La revolución iniciada el 10 de octubre de 1868, después de una paciente  preparación, entraba en un nuevo período de guerra. Así lo proclamó el Manifiesto de Montecristi, firmado por José Martí y Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895, víspera de su partida hacia la tierra cubana.

Casi 17 años habían esperado los patriotas cubanos para reiniciar la gesta independentista. Intensa había sido la labor del máximo organizador de esa contienda, José Martí, en la emigración, para unir en igual voluntad a los veteranos luchadores, a la nueva generación  y a todos los cubanos dispuestos al combate, sin importar posición social o política. La lucha contra las corrientes anexionistas, autonomistas,  por sentar las bases de la nueva república, y la previsión ante el peligro de ésta frente a la voracidad del naciente imperialismo norteamericano, formaron parte de la nueva estrategia revolucionaria.

En su prédica constante, Martí  censuraba el derramamiento de sangre si era inútil; pero reconocía  la guerra como única forma de lograr un fin: la independencia y fundar, con ella, la nueva república con todos y para el bien de todos.

La guerra se reiniciaba ahora  bajo la dirección del Partido Revolucionario Cubano, con proyecciones que trascendían  las fronteras de la nación cubana. Para bien de América y del mundo, era anunciada en el Manifiesto de Montecristi. Y ese mismo día, con visión de futuro, escribiría Martí a su amigo dominicano Federico Henríquez  y Carvajal: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.

Con precarios recursos se lanzaron  los cubanos aquel 24 de febrero a la manigua. Fue la zona oriental cubana el escenario más importante de los alzamientos, no solo por su magnitud, sino, sobre todo, por su permanencia y desarrollo. Aquel episodio lo conocemos los cubanos como el Grito de Baire. En ese nombre, sin embargo, se resume la hazaña de Bayate, en Manzanillo, bajo el mando del patriota Bartolomé Masó; de Guantánamo, capitaneado por Pedro Pérez (Periquito); y de otros muchos escenarios del indómito Oriente. En el occidente, Juan Gualberto Gómez se sumaba a la lucha, pero con efímera supervivencia del alzamiento.

Una figura de gran valía fue la del santiaguero  Guillermón Moncada, cuyas dotes de patriota y de jefe fueron alma de la rebelión en Oriente y otras regiones. Diezmada su salud por la tuberculosis, Guillermón murió el 5 de abril de 1895,  tan solo 6 días  antes de que Martí y Gómez desembarcaran por Playita de Cajobabo.

El 1ro. de abril, habían llegado,  por Duaba, Baracoa, Antonio Maceo, su hermano José y Flor Crombet, caído en combate el 10 del propio mes. Transcurridas pocas semanas, el General Antonio  logró nuclear a unos 3 000 cubanos alistados para la lucha. La guerra alcanzó dimensiones incontenibles. Los jefes revolucionarios habían desembarcado en pequeño número de hombres y armas, pero aquí se nutrirían de combatientes  provenientes del pueblo y de armas arrebatadas al ejército español.

Las experiencias de la primera guerra de independencia fueron aprovechadas por los cubanos en  la conducciön de la iniciada en febrero de 1895. No fue un proceso exento de dificultades y de contradicciones, pero la unidad se impuso como garantía de la victoria.

Esta vez, la insurrección independentista se extendió a todo el país. La invasión de Oriente a Occidente, con Máximo Gómez y Antonio Maceo al frente, socavó la fortaleza del ejército español y marcó el final del colonialismo hispano en Cuba.

Las más gloriosas páginas de heroísmo, de grandeza y de entrega, fueron escritas por los cubanos en aquellos más de tres años de guerra. José Martí cayó el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos; Antonio Maceo perdió la vida en el holocausto de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896. Pero la lucha independentista continúó su avance hasta lograr que España no fuera capaz desde el punto de vista militar, económico, ni moral, de sostener la contienda.

Fue entonces que se consumó el peligro  alertado por José Martí: la intervención del gobierno de los Estados Unidos en una guerra ya perdida por España en Cuba. Aquella intromisión, catalogada por Vladimir Lenin como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad, despojó a los cubanos de una victoria por la cual habían luchado desde el amanecer glorioso de La Demajagua el 10 de octubre de 1868.

Cuba dejaba de ser colonia de España, pero pasaba a otra condición humillante: la de neocolonia de los Estados Unidos. Por ironía de la historia, el 1ro. de enero de 1899 se instauró en Cuba el gobierno militar interventor norteamericano, que extinguía el dominio español sobre Cuba. Y exactamente 60 años después, el 1ro. de enero de 1959, en Santiago de Cuba, Fidel Castro poclamaba el triunfo de la Revolución, que ponía fin al dominio neocolonial de Estados Unidos en nuestro país.

Cada 24 de febrero vienen a la mente de los cubanos muchos nombres de patriotas gloriosos. Aquella gesta fue un emporio de héroes. En José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, se sintetizan y simbolizan  todos. . El grito de ¡Independencia o Muerte!  de  La Demajagua, tuvo su continuación en el de ¡Libertad o Muerte! de 1895. Y en ellos tiene sus raíces y la savia que lo alimenta el ¡Patria o Muerte!  y el ¡Venceremos! que encarnan  la decisión del pueblo cubano.

Esa fecha de patriotismo, de independentismo, de sacrificio y de combate, fue simiente, presagio, heraldo del presente cubano.