sábado, 11 de abril de 2026

 

José Martí: Más bandolero es quien roba honras que quien roba bolsas

.Orlando Guevara Núñez

En este pensamiento martiano queda claro un concepto: el valor de la honra es superior al valor del dinero. Y es severo  en el criterio sobre quienes actúan de forma opuesta a ese principio.

Lo argumenta: “Ciertas palabras se deben reservar fríamente  para marcar en el anca con ellas a los malvados que pretenden salvarse de los deberes del sacrificio necesario, o remendar la vanidad malherida, con calumnias de que suelen, con superior decoro, retraerse los salteadores de caminos”.

Junto al pensamiento citado, otro. “Más bandolero es aún quien roba honras útiles a la patria que quien roba honras privadas” “El más punible de los delitos es aquel que lastima, o trata de oscurecer, una fama o una pureza útil a la patria”.

Tanto hiere a Martí la conducta condenada, que vierte otro  criterio; “Acaso es el único delito que justifique, por la extensión del mal, la pena de muerte: el de deshonrar, o perturbar, las fuerzas útiles al rescate y purificación del pueblo en que nacimos. Estas palabras están contenidas en un artículo titulado Un bandolero, publicado en el periódico Patria, el 24 de noviembre de 1894.   Está desmintiendo a un individuo que en La Habana difundió la patraña de que “el señor Martí lo fue a ver a Saratoga, y a pedirle dinero para la Revolución, que el señor Martí recibió de él la oferta de unos cientos de pesos, y le respondió que persona de su  caudal no debía dar cientos, sino miles; que airado el señor Martí, con su negativa, levantó la vista, anunciándole que le había de pesar”.

Afirma nuestro Apóstol  que es falso el testimonio, que ni  él, ni el Partido Revolucionario Cubano han pedido dinero a nadie. El hombre miente, dijo.

jueves, 9 de abril de 2026

 

 

10 de abril de 1892, fundación

del  Partido Revolucionario Cubano

.Orlando Guevara Núñez

El Partido Revolucionario Cubano, fue fruto del pensamiento, de la capacidad organizativa, del espíritu unitario y de la visión política de José Martí, en aras de organizar y llevar a la victoria  la guerra necesaria, obtener la independencia y fundar después la ansiada república .  Y su programa incluyó contribuir a la independencia de Puerto Rico.

Esa fundación aconteció el 10 de abril de 1892. No fue  casual  la fecha, sino escogida por ser la misma en que, en 1869 sesionó en Guáimaro la Asamblea Constituyente.  Ese día fue calificado por el propio Martí como “El día de la generosidad absoluta en la historia de Cuba”.

Las bases del Partido Revolucionario expresan la esencia de esta organización.  El artículo primero dispone que  “El Partido Revolucionario cubano  se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad,  la independencia absoluta de la isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

El artículo 2  plantea que “El Partido Revolucionario cubano no tiene por objeto precipitar inconsideradamente la guerra en Cuba , ni lanzar a toda costa al país a un movimiento mal dispuesto y discordia, sino ordenar, de acuerdo con cuántos elementos vivos y honrados se le unan, una guerra generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la felicidad de los habitantes de la isla”.

“La independencia de Cuba, y la de Puerto Rico a la que se propone Cuba ayudar, solo estará garantizada definitivamente cuando el pueblo norteamericano conozca y respete los méritos y capacidades de las Islas”.  Enunciado contenido en un documento del Partido Revolucionario Cubano a los Presidentes de los  Clubs en el Cuerpo de Consejo de Key West, firmado el 13 de mayo de 1892. Aparece  vinculado con las relaciones exteriores :  

Entre sus proyecciones para después del triunfo, el artículo 4  plantea que  Ël Partido Revolucionario cubano no se propone perpetuar en la República cubana con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia,  si no fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer,  por el orden del trabajo real y el espíritu de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”.

En la fecha constitutiva también fueron aprobados los Estatutos Secretos  donde se  establece que “El Partido Revolucionario Cubano funcionará por medio de las asociaciones independientes,  que son la base de su autoridad,  de un Cuerpo de Consejo, constituido en cada localidad con los presidentes de todas las asociaciones de ella y de un Delegado y Tesorero electos anualmente por las asociaciones”.

Los Clubes fueron las organizaciones de base del Partido Revolucionario Cubano. Con ellos tuvo Martí una estrecha relación y una fructífera correspondencia.

Quedaron establecidos, igualmente,  los deberes de los asociados. Sobre esta organización planteó Martí “Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario cubano es el pueblo cubano”.

“El pensamiento se ha de ver en las obras.  El hombre ha de escribir con las obras. El hombre solo cree en las obras y si  tenemos  hoy fe es porque hacemos todo lo que decimos” .  Defendió de forma ardiente la unidad revolucionaria.

Uno de los objetivos trazados por el Partido en su Constitución fue “Preparar en Cuba el conocimiento del espíritu y los métodos de la revolución, y congregar a los habitantes de la isla en un ánimo favorable a su victoria, por medios que no pongan innecesariamente en riesgo las vidas cubanas”.

¡Cubanos!  No hay más que un partido:  ¡el de la honra! No hay más que una riqueza: ¡la de la virtud!. Así  lo proclamó  Martí.

En vida de Martí, el Partido Revolucionario Cubano cumplió sus objetivos. Luego del holocausto de Dos Ríos, esta organización quedó presidida por Tomás Estrada Palma, quien, luego de la intervención norteamericana, lo disolvió, renunciando a la defensa de los principios establecidos y defendidos  por nuestro Héroe Nacional.

No fue casual, sin embargo, que uno de los fundadores junto a Martí del Partido Revolucionario Cubano, Carlos Baliño,  acompañara a Julio Antonio Mella,el 16 de agosto de 1925, en la constitución del Partido Comunista de Cuba.

martes, 7 de abril de 2026

 

José Martí: El hombre de alma baja no puede comprender la virtud

 

Orlando Guevara Núñez

La virtud fue una constante en la prédica martiana. Y su vida, la confirmación de su palabra. En este caso estaba nuestro Apóstol escribiendo una carta a su amigo José Dolores Poyo. El documento está firmado en Key West, el 20 de diciembre de 1893.

Se estaba refiriendo Martí a la emigración cubana en Cayo Hueso. Y sobre los patriotas que allí residían dice: “La raíz que está en nosotros, ya se verá luego en el fruto: la raíz crece debajo de la tierra, sin raíz no hay fruto luego”.

Su vocación libertaria, más allá de las fronteras de su patria, es expresada en esta misiva a su amigo: “He visto vivir pueblos, y he ayudado a hacerlos, y a impedir que los deshagan. He visto acudir los pueblos todos de la tierra, desalados por las calles, a saludar en los días de tormenta, el símbolo de la Libertad alzado, del mar al cielo, a las puertas de América, a las puertas del continente de la esperanza humana”. Y sobre Cuba afirma: “Nunca vi grandeza más pura que la que he visto en mi pueblo estos días, en que el entusiasmo arranca del pensamiento, en que el sacrificio arranca de la caridad, en que la aspiración del derecho va unida al perdón de las ofensas. Bajo la cabeza y bendigo”.

Su fe en los cubanos es inquebrantable: “Otros duden de mi patria, y la ofendan, y la acobarden, y la amarren al yugo: ¡que hay muchas formas de amarrarla!: yo, que la siento vibrar, que la veo perdonar, que la veo fundar, digo, humillada la cabeza: “¡Bendita sea mi patria!”.  Sus sentimientos denotan su estado de ánimo, su desvelo por la tierra en que nació: “Es mucho lo que estoy sintiendo. Cabe en una república: no cabe en palabras. El hablar será después, el esparcir el corazón, el esconderse  en un rincón  de la vida, a consolar a los que sufren del odio o de la arrogancia humana: ahora es hacer la república”.

Y una sentencia  valedera contra la maldad.  “De la maldad que nos pueda salir al paso, no es necesario hablar.  A la maldad se la castiga con dejar que se enseñe. La maldad es suicida. No es hora de censurar, sino de amar”.  Y con visión de futuro, afirma: “Mañana se contará, cabeza por cabeza, todo lo de estos días, se ha de publicar, hombre por hombre, todo lo de estos días. El pueblo, cuando pase el bueno, dirá: “¡ése!”. El pueblo, cuando pase el malo dirá  ¡ése!”.

En esta carta, colmada de conceptos sobre la virtud relacionada con la patria, expresa  Martí  casi  al final: “Somos honrados, y lo sabemos. Somos grandes en la sencillez de nuestro tesón. Lo más puro que un pueblo pueda hacer, y lo más fuerte, eso lo hacemos. Afuera de aquí, unos lo entenderán, y otros no. El hombre de alma baja no puede comprender la  virtud”. La virtud no puede comprender la villanía, y se deja engañar por ella. Los hombres solo entienden aquello de que son capaces”.

Y cierra: “Está ahora en mí tal orgullo por mi pueblo, que no se lo puedo decir, porque no le parezca lisonja. Por su honor vivo: moriría de su deshonor. ¿Qué importa que, como albañil, nos caigan encima de la ropa de trabajo unas cuantas manchas de cal o de lodo? Nosotros, como el albañil, al quitarnos la ropa de trabajar, podremos decir: “¡Hemos construido!”.