domingo, 19 de abril de 2026

 

Playa Girón: Los que vinieron a “salvarnos”

 

.Orlando Guevara Núñez

 

 

Los cubanos, frente a las mentiras imperiales que precedieron al desembarco mercenario de Playa Girón,  creímos siempre no en lo que nos decía la propaganda enemiga, sino en lo que veíamos, en lo que nos daba la Revolución, entre otras muchas cosas la oportunidad de redimirnos por nosotros mismos, de construir nuestra propia felicidad.

Para nosotros, la palabra socialismo dejó de ser un enigma el 16 de abril de 1961, cuando Fidel afirmó que esta era la revolución patriótica, democrática y socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes. Y no solo aceptamos esa idea, sino que estuvimos dispuestos a defenderla en todo el país como lo hicieron los valerosos combatientes de Playa Girón.

Después de derrotada en menos de 72 horas la invasión mercenaria, los cubanos conocimos quiénes eran los que venían a “salvarnos”. Los “héroes” fabricados por la Agencia Central de Inteligencia y el gobierno de los Estados Unidos, estaban hechos en moldes del crimen, de la explotación y otros componentes similares a los de sus fabricantes.

He aquí algunos de esos “libertadores” de procedencia cubana. Juzgue el lector.

Se enrolaron en la invasión 194 ex militares y esbirros que habían formado parte de la tiranía batistiana. Muchos de ellos con numerosos crímenes contra los cuales los habían protegido las autoridades norteamericanas.

Vinieron l00 latifundistas, 112 grandes comerciantes y 35 magnates industriales, con el propósito no de liberar a los cubanos, sino de arrebatarles las propiedades que les había devuelto la Revolución. Venían a quitarles la tierra a los campesinos, a explotar a los  obreros, a sumir de nuevo a los cubanos en la miseria y la explotación.

Entre los libertadores formaron parte de la invasión mercenaria 67 casatenientes, 24 grandes propietarios, 179 personas acomodadas económicamente. Y un elemento que no podía faltar, los lumpens, 112, que no trabajaban, y pretendían volver a vivir en Cuba a costa del sudor del pueblo.

Esos, con el pleno respaldo de otros que en Estados Unidos quedaron sin atreverse a venir en la invasión, fueron nuestros frustrados “libertadores”. Por la parte cubana, pelearon obreros, campesinos y estudiantes integrados a las Milicias Nacionales Revolucionarias, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional Revolucionaria. Peleó el pueblo uniformado.

Cuba derrotó esa invasión en menos de 72 horas, a un costo de 157 muertos y más de 300 heridos. Los mercenarios tuvieron unos 89 muertos y 1 197 prisioneros. La jefatura de los mercenarios huyó sin combatir.

Después de la victoria cubana en Playa Girón, mucho se ha escrito sobre ese hecho glorioso para Cuba y vergonzoso para los Estados Unidos.

La rápida derrota de los mercenarios, impidió la proyectada creación de un gobierno provisional que daría paso a la intervención norteamericana en Cuba. El imperio norteamericano sufrió su primera gran derrota militar en este continente y, a partir de entonces, el pueblo cubano fue más respetado, al tiempo que los pueblos hermanos de Latinoamérica, al decir de Fidel, fueron un poco más libres.

Playa Girón, desde entonces, trascendió las fronteras cubanas para insertarse en la historia de los pueblos de nuestro Continente y más allá, como síbolo de un pueblo que asumió en esa epopeya las palabras pronunciadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro ante el Tribunal que los juzga por los hechos del 26 de Julio de 1953: “Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie”.

 

sábado, 18 de abril de 2026

 

Víctor, el conductor del tanque de la victoria

 

.Orlando Guevara Núñez

 

Víctor Carreras Hernández ya no está físicamente junto a nosotros. Pero su recuerdo es imprescindible cuando de los días gloriosos de Playa Girón se habla. Pongo a disposición de los lectores una entrevista que hice a Víctor con motivo del 40. aniversario de ese hecho histórico. Tengo en mis manos, además, de su puño y letra, el relato de lo sucedido durante esos días y, sobre todo, el momento en que él condujo el tanque SAU-100, desde el cual el Comandante en Jefe Fidel Castro hundió el buque Houston, uno de los baluartes de la invasión mercenaria.

“Fidel, después de hablarnos sobre la situación de la invasión, nos dijo que teníamos que tomar Girón fuera como fuera”. Así lo testimonia el entonces muchacho que pocas horas antes había vencido un curso de tanquista, sin sospechar que su verdadera graduación tendría como escenario un combate de tanta trascendencia.

Víctor Carreras Hernández, recuerda que partió para el lugar del desembarco como conductor de un tanque SAU-100, junto a otros cuatro de ese tipo y media docena de T-34. “Hicimos el recorrido en los tanques, por carretera, desde Managua hasta Playa Girón”, afirma.

“Antes de llegar a Matanzas –una evocación triste-  se nos volcó un T-34 y allí murió el compañero Emilio Daudinot Pineda, lo que nos causó una gran impresión. En ese momento, el compañero Fermín Tobar, jefe de compañía de tanques, nos dijo que Fidel nos esperaba en el central Australia, pues había un desembarco y estaban muriendo muchos milicianos y civiles”.

Relata que cuando llegaron al Australia y los recibió el Comandante en Jefe, “conocimos que el entonces teniente López Cuba había entrado en combate y su tanque había sido averiado y herido él en una mano. Al marchar hacia Girón, los milicianos se montaron sobre los tanques y al pasar cerca del equipo averiado de López Cuba, en Playa Larga, fuimos bombardeados por la aviación enemiga”.

Los recuerdos trágicos afloran. “Fueron incendiadas las guaguas que transportaban a nuestros milicianos y en ese momento al SAU-100 conducido por Rafael Rodríguez, una bomba de NAPALM le arrancó la estera izquierda, recibiendo él un golpe en la cabeza, con pérdida de conocimiento”.

“Mi tanque venía atrás y me vi obligado a realizar un giro violento para evitar un choque que habría sido fatal. Me salí de la carretera, hacia el manglar. Nos detuvimos, salimos del tanque bajo el bombardeo para socorrer a los compañeros.

“Bajo las bombas comenzamos a armas la estera rota y en ese instante llegaron tres Cuatro Bocas, manejadas por jóvenes rebeldes de 15 y 16 años de edad, quienes tumbaron dos aviones mercenarios pintados con insignias cubanas. Eran como las 7:00 de la noche del día 17 de abril.

“En una curva hacia Playa Girón, entablamos combate con los invasores, quienes contaban con cinco tanques Sherman, morteros, bazucas, cañones sin retroceso, otros armamentos modernos y la aviación”.

Entre los muchos acontecimientos, el conductor del SAU-100 rememora que el 18 de abril continuaron los feroces combates y su tanque y el de Ángel Labrada Díaz abrieron fuego contra un navío que intentaba desembarcar mercenarios.

“Nuestros tanques iban en dos columnas, a la derecha e izquierda de la carretera”. Evoca el recuerdo de un tanque incendiado, compañeros saliendo por la escotilla, otro estaba muerto. La aviación enemiga lanzando paracaidistas, otro SAU-100 impactado por una bazuca…”

La memoria de Víctor guarda un hecho de particular emoción. “Estando ya en Playa Girón, se recibió una orden de Fidel pidiendo tres tanques para Playa Larga, donde un destroyer, cercano a la costa, estaba disparando y había matado a un compañero”. “Salimos a las tres de la tarde para allá, donde estaba Fidel con las columnas 1 y 2 del Ejército Rebelde”.

Para Víctor, se mantiene fresca la imagen del Comandante en Jefe disparando desde un tanque T-34, tratando de persuadir al enemigo ocupante del navío Houston, buscando que se rindiera, lo cual no se consiguió.

El jefe de la Revolución pasa entonces al SAU-100 de Fermín Tobar, con Víctor como conductor, desde el cual abre fuego sobre la embarcación, impactándola e incendiándola hasta hacerla sucumbir.

Afirma Víctor que la foto de Fidel bajándose de un tanque, fue en su descenso del T-34, no del SAU-100 con el cual hundió al Houston.

El testimonio de Víctor Carreras Hernández no cabe en este espacio periodístico, ni tampoco su historia revolucionaria que comenzó cuando casi adolescente se unió  a la Columna 18 del II Frente Oriental Frank País y después de la victoria de Playa Girón alcanzó los grados de teniente.

La trayectoria de este valioso joven creció luego con su participación en misiones internacionalistas, como combatiente o cooperante- en Viet Nam, Angola, Guinea Conakry, Sierra Leona y Nicaragua. Al momento de su muerte, era militante del Partido Comunista de Cuba y un firme defensor de la Revolución. En Angola tuve el honor de tenerlo como jefe.

Sirva este momento para el homenaje al muchacho que tuvo el honor de conducir el Tanque de la Victoria, símbolo de la primera derrota militar del imperialismo en América y que marcó un hito importante en la historia de la Revolución cubana y en este continente.

Un homenaje también a todos los tanquistas cubanos, este 18 de abril, en su día.

viernes, 17 de abril de 2026

 

Playa Girón: el día de la victoria

 

.Orlando Guevara Núñez

 

El 19 de abril de 1961 fue un día de indescriptible júbilo para los cubanos. Ese día,  a las 5:30 de la tarde –  fue tomado el último reducto enemigo durante la invasión mercenaria de Playa Girón. Rotunda victoria del pueblo agredido; aplastante y bochornosa derrota para los agresores, la CIA y el gobierno imperialista de los Estados Unidos. El parte oficial Nro. 4, del Comandante en Jefe Fidel Castro, ofrecido al día siguiente, así lo informaba.

Las imágenes de la victoria recorrieron el mundo entero. Era el pueblo miliciano, obrero y campesino que había salvado su suelo de las botas imperiales. Se había hecho trizas  el propósito de los Estados Unidos de intervenir militarmente en Cuba.  Las imágenes de la derrota fueron conocidas también: mercenarios prisioneros, desmoralizados; esbirros y asesinos, latifundistas y otros explotadores, con la amargura de ver escapar la oportunidad de regresar a Cuba al capitalismo salvaje que el pueblo había decidido cambiar para siempre por el socialismo.

La primera reacción de la CIA fue tratar de ocultar la verdad sobre la agresión, haciéndola aparecer como una operación de apoyo a las bandas alzadas. Pero la mentira duró muy poco tiempo. El propio presidente de los Estados Unidos tuvo que reconocer la paternidad de la agresión.

Estábamos ante un hecho de trascendencia histórica mucho más allá de las fronteras cubanas. Se había producido la primera derrota militar del imperialismo norteamericano en América.

Las armas enemigas nada pudieron frente a la moral, el patriotismo y la valentía de los cubanos.

Algunos datos demuestran el descalabro de los invasores: fueron muertos 89 y hechos  prisioneros  1 197; un total de 12 aviones B-26 fueron derribados; los cinco tanques Sherman,  arrebatados al enemigo; un inmenso arsenal de armas modernas ocupadas. Algunos mercenarios habían reembarcado, huyendo de forma desorganizada. Se comprobó una vez más que el mercenario pelea hasta donde vea en peligro su vida.

Después, las presentaciones públicas, televisadas, de los mercenarios. Sus declaraciones de que vinieron “embarcados” o sea, engañados; otros, como cocineros; tres falsos sacerdotes invocaron a Dios para santificar el crimen. Connotados criminales durante la tiranía, enfrentaban ahora la justicia revolucionaria, la justicia del pueblo.

Muchos de los mercenarios se asombraron ante la presencia de Fidel en las comparecencias televisivas. Ellos, desde el mismo momento del desembarco, llegaron matando. Ahora, el propio Fidel les preguntaba cómo habían sido tratados luego de ser prisioneros. Ninguno pudo hablar de maltrato, ni de vejaciones. Los heridos habían sido curados, todos estaban bien atendidos. La ética que se había forjado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas desde el mismo inicio de la lucha, se prolongaba ahora ante un enemigo criminal que venía a destruir a la Revolución, había segado la vida de 157 cubanos y herido a centenares.

La agresión imperialista demostró también que Cuba no estaba sola. En muchos países hermanos de América Latina, cientos de manifestantes se lanzaron a las calles en defensa del país agredido. Hubo decenas de heridos, detenidos, y en algunos casos, muertos que el pueblo cubano suma hoy a sus muertos gloriosos.

Muchos expresaron su deseo de venir a combatir, a defender a Cuba. En Europa,  los Estados Unidos y Asia, también la solidaridad se puso de manifiesto.

Las agresiones imperiales, hasta hoy, no han cesado. Han pasado de un gobierno a otro, se han recrudecido bajo otras formas, pero están ahí, sin que haya cambiado en nada el objetivo de destruir a la Revolución cubana.

Los cubanos, sin embargo, hemos resistido y continuaremos resistiendo, convencidos de que como en Playa Girón, la victoria será siempre de nuestro pueblo.

Ahora somos mucho más fuertes. Nuestra fortaleza y nuestra unidad nos hacen invencibles, aunque las mentiras sigan siendo un arma utilizada sin escrúpulos contra la Revolución. Cuba continuará siendo lo que ha sido en estos años de constante batallar: un ejemplo de la capacidad de los pueblos, por pequeños que sean, para defender su dignidad, su decoro, su independencia y su derecho a escoger su propio destino. Esa fue una hermosa lección de la victoria de Playa Girón.