martes, 31 de marzo de 2026

 

 

José Martí: Los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra

 

.Orlando Guevara Núñez

Cuando el 16 de octubre de 1953, ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de Julio de ese año, Fidel Castro, hablando sobre sus compañeros  caídos, recordó este pensamiento de José Martí, lo hacía con el mismo dolor sentido por nuestro Apóstol ante el asesinato de los ocho estudiantes de medicina, en La Habana, el 27 de noviembre de 1871.

A un año exacto de aquel crimen del ejército colonial español, circuló en Madrid un escrito de José Martí, en el cual se refería al abominable hecho. Algunos periódicos se hicieron eco del mensaje.

Un párrafo decía textualmente: “Y cuando las cabezas han rodado y sonreían al rodar, al par que la sonrisa, se han  alzado las manos de los cadáveres para decirnos que no lloremos demasiado, porque hay un límite al llanto sobre la sepultura de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra”

A continuación de esa cita, el jefe del asalto al Moncada evocó  unos versos de José Martí, también dedicados  a los estudiantes asesinados: (…)  Cuando se muere/ en brazos de la patria agradecida/ la muerte acaba, la prisión se rompe/ ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!

Aquel escrito de Martí comienza aseverando que “No graba cincel alguno como la muerte los dolores en el alma: no olvida nunca el espíritu oprimido el día tremendo en que el cielo robó ocho hijos a la tierra, y un pueblo lloró sobre la tumba de ocho mártires”.

Martí habla de lágrimas por los caídos, pero descarta el olvido. Dice  amar  más cada día a los hermanos caídos y no desear paz para sus restos, porque ellos viven en las agitaciones excelsas de la gloria. Y concluye diciendo: ¡Lloren todos los que sientan! ¡Sufran con nosotros todos los que amen!  ¡Póstrense de hinojos en la tierra, tiemblen de remordimiento, giman de pavor todos los que en aquel tremendo día ayudaron a matar!

Como se aclara en las Obras Completas de Martí, este escrito apareció firmado por Fermín Valdés Domínguez y Pedro J. de la Torre, condenados a seis años de prisión por la misma causa. Sería el primero de ellos quien testificó, luego, la autoría de José Martí.

sábado, 28 de marzo de 2026

 

27 de marzo de 1976: victoria de la independencia angolana

.Orlando Guevara Núñez

El  27 de marzo de 1976, fueron  retirados de la República Popular de Angola los últimos soldados sudafricanos que habían invadido el país para cercenar la independencia ganada por los combatientes angolanos y defendida también por los internacionalistas cubanos.

Recuerdo bien ese día. Los cubanos estábamos allí, frente a frente a los sudafricanos. La decisión cubana era que si ese día ellos no se retiraban, nuestras fuerzas comenzarían una ofensiva hasta expulsarlos.

Los minutos pasaban lentamente. El plazo fijaba como hora límite las 9 de la mañana de ese día. Sabíamos que si era necesario el combate, el precio de la victoria sería caro, pero la lograríamos.

Esperábamos con tensión, pero con decisión. Y cuando llegó la hora cero, solo  necesitábamos  las órdenes de nuestros jefes. Pero todo permaneció en calma. Y desde entonces tuvimos la certeza de que la única explicación era que el enemigo había abandonado sus posiciones.

En esos momentos, unos 36 000 cubanos combatíamos  junto a los angolanos para salvar su independencia. Hasta que aquel  27 de marzo de 1976, los últimos militares sudafricanos trascendían el río Cunene  y se internaban en territorio de Namibia, país entonces dominado por el régimen del apartheid. Sudáfrica había claudicado

Pensamos que aquel sería el fin de la guerra en Angola. Pero no fue así.

Cuba y Angola habían acordado la permanencia un tiempo más de las tropas cubanas en ese país, con el fin de contribuir a consolidar la independencia y ayudar a la preparación de los angolanos para asumir esa misión. La decisión fue acertada, pues las fuerzas reaccionarias reorganizaron la lucha, y fueron necesarios nuevos, grandes y decisivos combates donde la sangre de patriotas de ambos países se mezclaron en ese hermano suelo, hasta la victoria final.

Vendrían nuevas epopeyas gloriosas, entre éstas la  de Cuito Cuanavale. Sudáfrica otra vez derrotada, la independencia de Angola había sido preservada, la de Namibia se había alcanzado, y el apartheid quedaba definitivamente destrozado

La Operación Carlota,  nombre de esa misión cubana en Angola, proseguiría  hasta el 25 de mayo de 1991. Ya desde 1976, el hoy General de Ejército Raúl Castro había dicho que “De Angola nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.

En Angola perdieron la vida 2016 cubanos, entre ellos 787 en acciones combativas, y el resto en accidentes o por enfermedades. Un hecho que retrata en toda su dimensión  el espíritu internacionalista del pueblo cubano, es que la participación en esa misión fue enteramente voluntaria. El 7 de diciembre de 1989, tuvo lugar en Cuba la Operación Tributo, ocasión en que fueron  traídos a su querida tierra los restos de los combatientes caídos en esa y otras misiones internacionalistas. Y en hombros del pueblo, aquí fueron sembrados.

 

José Martí: Nada hay tan imprudente como perturbar la paz en pueblo ajeno

 

.Orlando Guevara Núñez

He aquí la forma textual en la que Martí pronunció estas palabras: “Nada hay tan Imprudente como perturbar con propios rencores- ya que hay infortunados que los tengan- la paz en pueblo ajeno; nada hay más justo, en cambio, que dejar en punto de verdad las cosas de la historia, ya que en tanto que consigamos los hijos de Cuba nuestras libertades, la limpidez de nuestra historia y la bondad de los hombres son la única patria que tenemos”.

Está respondiendo Martí  a un trabajo publicado por el periódico  español La Colonia, en el cual se tergiversa un hecho considerado como histórico. Cuba había sido invitada a una procesión por  el Centenario de Nueva York, como agrupación política. Y al reseñarlo, Martí había afirmado que la bandera cubana había sido  saludada con entusiastas vítores en todo el curso del cortejo. Su respuesta fue publicada por la Revista Universal, de México, el 8 de septiembre de 1876.   Y  La Colonia lo niega.  

Afirma este órgano de prensa que los cubanos tienen establecida en Nueva York una sociedad benéfica y que  el  Comité americano invitó a todas las sociedades establecidas en el país, sin distinción alguna. Publica que es todo lo contrario de lo afirmado por Martí. Y asevera que si hubiesen sido los cubanos invitados como agrupación  política, el ministro español habría sabido pedir una explicación al gobierno americano.

En su réplica, el Apóstol cubano escribe que  “El ministro español es en este caso perfectamente inútil”. Y argumenta que  “La libertad obliga a la prudencia: los mutuos deberes al respeto: no es el país de las garantías una colonia en América, y el ministro español se habría limitado, esta como otras veces, a ejercer su derecho contemplando, como los demás lo ejercen, de la manera que en la procesión ondeaba la bandera de España cercana a la de Cuba, hecho innegable sobre el que el ministro español no ha reclamado”

Y argumenta: “Si como afirma La Colonia, los cubanos fueron invitados como sociedad Benéfica, ¿cómo llevaban, no un estandarte de beneficencia, sino la bandera de un pueblo que combate? Admitida la enseña, se admitía con ella al pueblo batallador que representa”.

Habla sobre los vítores recibidos por los cubanos en la procesión. Pero advierte ¿Que nos hacemos ilusiones? Ilusiones se hacen los que niegan a los hombres el hermoso derecho de conmoverse y admirar. Y aclara: “Np deduzco yo de los vítores que sean reconocidos por los Estados Unidos los derechos cubanos: tengo fe en que el martirio se impone, y en que lo heroico vence. Ni esperamos su reconocimiento, ni lo necesitamos para vencer”.

Pero reconoce: “Sé por mi parte que invitar como agrupación política, no es lo mismo que como a nación; pero es fuerza convenir que implica amor y respeto al pueblo cubano el deseo de que como pueblo figure en la fiesta de la independencia americana”.

Analizando el contenido de los vítores a los cubanos, Martí señala  que si los gobiernos se hacen egoístas, y los pueblos ricos se apegan a su riqueza y obran como avaros viejos, la humanidad es en cambio perpetuamente joven. El entusiasmo no ha tenido nunca canas, puntualiza. Agrega otras palabras de gran valía: “Podrán los gobiernos desconocernos: los pueblos tendrán siempre que amarnos y admirarnos”.

“Las cosas patrias están siempre rebozando en el alma, y hablan demasiado cuando comienzan a hablar”.  Y ante la despectiva palabra de banderita, con la que La Colonia se refiere a nuestra Enseña Nacional, Martí responde: “No banderita; ¡bandera!   No pueblo imbécil que soporta un yugo más imbécil que él; pueblo altísimo que impone a los valientes, amigos o enemigos, respeto, amor y asombro. Y el tema de la bandera lo enardece: “Dignísima bandera que cobija a un pueblo que cuenta siete años de grandeza; que tiene héroes activos y mártires errantes; a la que sobran brazos que la empuñen; que para ser más respetada es más infortunada; que para durar más tiempo tarda más tiempo en desplegarse. Honrar honra”.

Por  último, afirma Martí: “La justicia no menoscaba el valor; antes lo enaltece. Admirar lo admirable  no quita mérito a la defensa de una causa. Negar lo cierto, no la hace más justa”.