jueves, 7 de julio de 2022

El pasado que no debemos olvidar

.Orlando Guevara Núñez

 

Los enemigos de la Revolución cubana, en su empeño de destruirla, repiten la mentira de que antes del triunfo revolucionario de enero de 1959, vivíamos en un país rico y próspero. Hasta llegan a elogiar al tirano Fulgencio Batista.

He aquí algunas realidades que los cubanos no debemos olvidar, para saber de dónde venimos, donde estamos,  hacia dónde vamos  y reafirmar nuestra decisión de que permanezcan en el pasado y no tengan ni presente ni futuro en nuestra Patria.

El 85 por ciento de los pequeños agricultores cubanos pagaba renta y vivían   amenazados  del desalojo. Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas estaba en manos extranjeras.

.Doscientas mil familias campesinas  no tenían tierra donde sembrar y, en cambio, estaban sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca 300 000 caballerías de tierras productivas.

. El 20% de los propietarios tenía menos del 1 % de las tierras. El 1 %, tenía el 46% de ese medio vital para la vida en el campo. En solo 13 latifundios norteamericanos asentados en la economía azucarera, se concentraba la impresionante cifra de 1 173 000 hectáreas, extensión  superior a la poseída por 101 278  fincas pequeñas, mientras que más de 100 000 campesinos trabajaban la tierra sin ser dueños de éstas, y sólo el 30 por ciento de quienes trabajaban el agro eran propietarios. En 894 personas  se monopolizaba  la tercera parte del área dedicada a la agricultura.

. Unos 33 000 agricultores eran aparceros, es decir, trabajaban una parcela sin ser dueños y tenían que pagar a sus propietarios, mientras que 13 000 eran precaristas, quienes se asentaban en tierras del Estado, sin proceder legal alguno. Otros 46 000 trabajaban como arrendatarios y 6 987 como subarrendatarios.

. En nuestros campos, antes de 1959, más de 200 mil familias vivían en bohíos miserables, sólo el 9 % disfrutaba del servicio eléctrico, 96 de cada 100 familias no consumía carne habitualmente, menos del 1 % comía pescado, apenas el 2 % tenía el huevo en su alimentación y  un  89 % no contaba con un decisivo recurso dietético como lo es la leche.

. Datos ofrecidos por una encuesta de una organización juvenil católica, en 1957, afirman que una familia campesina cubana, como promedio, tenía un ingreso de 46 pesos al mes para los gastos de alimentación, ropa, medicinas y transporte,  contabilizado el valor de los alimentos que ella misma producía.

 Había en Cuba 200 000 bohíos y chozas; 400 000 familias del campo y de la ciudad vivían hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud. 

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