lunes, 5 de septiembre de 2016

Santiago de Cuba y su historia, palabras de Juan Almeida Bosque










.Orlando Guevara Núñez
Santiago de Cuba es la única ciudad cubana distinguida con el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo. Muchos dirigentes de la Revolución, escritores, periodistas, historiadores, y otras personalidades, han hablado o escrito sobre esa hermosa historia. Uno de ellos fue el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque,un ardiente admirador de Santiago de Cuba.  Más que admirarla, la amó. Con breves y   sentidas palabras, exteriorizó  ese sentimiento en varias ocasiones.
Durante una entrevista con este autor,  en ocasión del aniversario 40 del Moncada, expresaría:
“Aunque no nací en Santiago, es una tierra querida donde estuve dispuesto a dar la vida. Por los santiagueros y los orientales siento, además de cariño, respeto y admiración; y no es solo por las páginas que en la historia les corresponden desde 1953 hasta los días de hoy, también porque Oriente ha sido cuna de héroes y escenario de heroísmo y dignidad patria, como ahora lo es todo nuestro pueblo”.
En su libro ¡Atención! ¡Recuento! –página 13-  recordando su paso, como prisionero después del asalto al Moncada por el Paseo de Martí, Almeida apunta:” Por aquí, por esta misma avenida, según nos contaron, fueron llevados al cementerio Santa Ifigenia los restos de nuestros compañeros torturados y asesinados por los soldados de la tiranía, manchando con la sangre de tanto crimen aquel amanecer y los días que siguieron. Nos dijeron que sacaron  la caravana mortuoria con varios cientos de soldados armados y equipados fuertemente; y la policía motorizada ordenaba a la gente despejar las calles y cerrar las puertas y ventanas de las casas”.

( 7 )  Juan Almeida Bosque. Combatiente del Moncada, expedicionario del Granma, Comandante del Ejército Rebelde y Jefe del Tercer Frente Oriental Dr. Mario Muñoz Monroy. Comandante de la Revolución.  Fallecido el  11 de septiembre de 2009.
“No obstante, no pudieron evitar que muchos vieran los dos camiones donde llevaban  apiladas las cajas de madera con los restos de nuestros compañeros. Eran cajas rústicas, endebles, mal hechas, y el peso de las de arriba rompió muchas de las de abajo, por lo que aquí asomaba una cabeza, allá una pierna, en otra colgaba una mano. El espectáculo era terrible. Los bárbaros oficiales, clases, soldados y policías, sepultaron los cadáveres en un sitio casi oculto del cementerio”.
“Empezaba el temor, el horror, y nacía el valor del pueblo contra la tiranía. Pronto aparecieron flores sobre la tumba donde habían sido enterrados los jóvenes combatientes, y en las paredes y muros letreros de “¡Asesinos! ¡Abajo la tiranía! ¡Que se vayan los que nos quitaron la libertad!” Aquí en esta ciudad eso fue un desafío al régimen ante tanta brutalidad, dolor y pena”.
“Esto crece- nos decían los que nos visitaban”.
En otra de sus obras  literarias La aurora de los héroes- página 32, refiriéndose a los hechos del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, señala Almeida:
“Fue admirable la posición vertical y el valor heroico de aquellos jóvenes frente al ejército, para desafiar a  un mayor  número de hombres, armas y medios, y lo hacían vestidos de verde olivo, con brazalete rojo y negro, identificándose así como el Ejército del Pueblo”.
“Los ojos curiosos de la gente vieron los movimientos de los jóvenes enfrentados a los soldados de la tiranía, tiros contra tiros. El pueblo, como lo hizo el 26 de Julio cuando los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, protegió y escondió a sus hijos, en peligro de muerte, poniéndolos a salvo”.
“No faltó la inspiración, el valor y el entusiasmo de la mujer en estas acciones, entre ellas Yeyé, María Antonia, Gloria Cuadras, Vilma, Asela y otras más que ponían su quehacer y amor a la causa revolucionaria”.
“Cayeron abatidos por la tiranía tres luchadores, valientes, cumplidores del deber, que desde los primeros momentos abrazaron la causa sagrada de la patria y el sacrificio por el pueblo. Se  destacó Casto Amador, el joven santiaguero que por estos hechos guardó prisión en el Reclusorio de Isla de Pinos hasta el triunfo revolucionario”.
Entre sus múltiples canciones, no faltó un lugar, ni una inspiración, para Santiago de Cuba:
A Santiago:
Mi Santiago,
tu Santiago,
nuestro Santiago,
un pedacito de Cuba es.
Las estrellas más brillantes en sus noches,
y de día más caliente sale el sol.
Sus mujeres son palmeras que se mueven
al conjuro de la brisa tropical.
Si te miran unos ojos, ten cuidado,
porque besan al mirar.
Si me dicen que estás triste,
no te creo.
Cuando quieras tu tristezas disipar,
ven conmigo a Santiago,
a mi Santiago,
nuestro Santiago,
en festival.
Un testimonio de José Camejo Acosta, combatiente y dirigente del Partido en esta provincia, quien durante muchos años trabajó  muy ligado a Almeida, refleja  una  afirmación del Comandante de la Revolución, en la cual queda plasmada su devoción por Santiago de Cuba:   Yo soy como los santiagueros, que dan vueltas y vueltas y regresan a su Santiago”.

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