sábado, 14 de octubre de 2017

La vivienda en Cuba: ni hipotecas ni desahucios





. Orlando Guevara Núñez

Entre los graves problemas que afectaban a los cubanos en 1953 –señalados por Fidel en su alegato de autodefensa  La historia me absolverá- estuvo el de la vivienda. Así lo definiría en su valiente denuncia:

Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud; dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos; y dos millones ochocientas mil de nuestra población rural y suburbana carecen de luz eléctrica”.
Otros datos grafican con igual elocuencia la situación. En ese mismo año 1953 - cifras ofrecidas por el Censo Nacional de esa fecha  - sólo  el 13 por ciento  de las viviendas estaban conceptuadas como buenas; el 20 por ciento  fueron catalogadas como aceptables, mientras que la categoría de regular abarcó al 21 por ciento; las clasificadas como malas llegaron al 32 por ciento,  y el resto, casi un 15 por ciento fueron declaradas en estado ruinoso.
Varios casatenientes – dueños de  cientos y miles de viviendas- vivían de los altos alquileres, y no vacilaban en desahuciar a las familias pobres que no podían pagar las mensualidades por no contar con los ingresos suficientes.
Los inversionistas en la construcción de viviendas, edificaban teniendo en cuenta no las necesidades de la población, sino sus ganancias.
Pero los planteamientos de Fidel, además de denuncia, se convirtieron en programa para cuando triunfara la Revolución. Por eso, en fecha tan temprana como el 6 de marzo de 1959, fue dictada una Ley que rebajaba en hasta un 50 por ciento  los alquileres a la población; y el 14 de octubre de 1960, se dictó la Ley de Reforma Urbana, que convirtió en dueños de la vivienda a quienes las habitaban.
La Revolución comenzó a construir viviendas en los campos, para obreros agrícolas y campesinos organizados en Cooperativas. Otros programas fueron dirigidos a las ciudades. Mediante éstos, surgieron centenares de nuevos asentamientos rurales y urbanos, decenas de miles de edificios multifamiliares para las familias más necesitadas.
El problema de la vivienda, pese a todo el esfuerzo constructivo, continúa siendo una dificultad para el Estado cubano, y ha sido ésta una de las actividades más golpeadas por las limitaciones derivadas del bloqueo norteamericano contra nuestro país. Pero los programas constructivos no se detienen y el fondo habitacional crece en número y calidad, pese a los desastres naturales que en los últimos años han destruido  de forma total o dañado parcialmente cientos de miles de hogares cubanos. Aún así, ningún cubano a sido abandonado a su suerte.
Es una conquista sin precedentes que más del 85 por ciento de las familias cubanas son dueñas de la vivienda que habitan y no pagan impuesto alguno por poseerla, al tiempo que el restante 15 por ciento abona mensualmente una suma de alrededor de una décima parte  de sus ingresos y las familias se convierten en dueñas en el momento que saldan los bajos precios de este inmueble en Cuba. Las hipotecas y los desahucios son parte de un pasado que en Cuba no tendrá ni presente ni futuro.
El servicio eléctrico llega ya a alrededor del 98 por ciento de los hogares cubanos, e incluso en lugares intrincados de las zonas rurales, donde no ha penetrado el Sistema Electroenergético  Nacional, se han introducido otros sistemas, como las celdas fotovoltaicas alimentadas por la energía solar, instalaciones mini hidroeléctricas y grupos electrógenos que benefician a miles de personas y objetivos económicos y sociales, entre éstos escuelas, unidades productivas y  comerciales, Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, Salas de Televisión y otras.
Como parte de ese programa constructivo se rehabilita ahora la Industria de Materiales de la Construcción y se facilita a personas necesitadas, en la medida de las posibilidades, los elementos constructivos y asesoría técnica para que ellos edifiquen sus propias viviendas.
En Santiago de Cuba, puede afirmarse que más del 50 por ciento de las viviendas existentes fueron construidas a partir de 1959, al tiempo que otras miles han sido rehabilitadas o reconstruidas tras el paso de diversos huracanes.
Queda mucho por hacer en esta dirección de trabajo, pero la Revolución no ha dejado de hacer ingentes esfuerzos para mejorar las condiciones del fondo habitacional, distinto en mucho a las calamidades de la fecha en que se produjo el asalto glorioso del 26 de julio de 1953.

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