lunes, 15 de diciembre de 2014

Operación Santiago Golpe mortal a la tiranía



                                                   
 .Orlando Guevara Núñez
A principios de noviembre de 1958, luego de haber propinado una aplastante derrota a la ofensiva de la tiranía batistiana, el Ejército Rebelde iniciaba la batalla decisiva en Oriente, cuyo punto final debía ser la ciudad de Santiago de Cuba.
Las columnas guerrilleras habían obligado al ejército opresor a replegarse hacia las madrigueras que creían seguras en las ciudades. El territorio rebelde crecía con cada acción, nuevos combatientes engrosaban  las filas insurrectas y el armamento arrebatado al enemigo incrementaba su capacidad para mayores acciones.
La noche del 12 de noviembre, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, a través de la emisora Radio Rebelde, se dirigía a todos los mandos de Frentes y Columnas y también a la población, trazando las indicaciones para asestar el golpe final a la dictadura.
En la extensa provincia de Oriente, debía ser paralizado el tránsito. Los accesos a las ciudades debían ser cerrados. A las columnas del  Segundo Frente Oriental Frank País, bajo el mando del Comandante Raúl Castro, les correspondería continuar su avance y rendir la mayor cantidad posible de cuarteles.
El Tercer Frente, con el Comandante Juan Almeida como jefe, tenía la misión de estrechar el cerco sobre la ciudad de Santiago de Cuba, al tiempo que participaba en otras importantes acciones compartidas con el Primer y Segundo  Frentes.
Las columnas invasoras de Camilo y el Che, desde el centro del país, tenían la encomienda de no dejar pasar al enemigo con refuerzos hacia la zona oriental, además de continuar su avance victorioso; e  igual misión correspondería, en los límites con Camagüey, al Cuarto  Frente Simón Bolívar.
Un eslabón principal de esta estrategia fue la Batalla de Guisa, dirigida personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro. Después de diez días de duros combates, Guisa caía en manos del Ejército Rebelde, el 30 de noviembre de 1958. Allí fueron  vencidas  no sólo las armas de esa guarnición, sino también los refuerzos procedentes de Bayamo, Manzanillo, Yara, Estrada Palma, Baire y otros puntos. La Operación Santiago ascendía un importante peldaño hacia su objetivo.
Las columnas del Segundo  Frente tradujeron en acciones concretas y rápidas las órdenes del máximo jefe del Ejército Rebelde. Mayarí, Cueto, San Luis, Alto Songo, La Maya, Sagua de Tánamo y otros puntos importantes eran cercados unos, asediados los demás.
El 27 de noviembre caía en manos rebeldes Alto Songo, quedando definitivamente como territorio liberado. El  7 de diciembre era liberada La Maya, tras entrar en acción, por primera vez, la Fuerza Aérea Rebelde. Era ésta la última posición del ejército enemigo entre Guantánamo y Santiago de Cuba.
Tras recios combates, el 8 de diciembre quedaba liberado San Luis. Luego serían tomados Caimanera, Sagua de Tánamo, Baracoa, Mayarí y otros puntos clave a todo lo largo del territorio del  Segundo  Frente  Oriental. Y para los días finales de ese mes y año las tropas de Raúl habían cumplido la misión de Fidel, tenían cercado a Guantánamo, combatían en otros escenarios y cerraban también el anillo rebelde sobre la capital oriental.
El Tercer  Frente, por su parte, mientras se acercaba cada vez más a la ciudad de Santiago de Cuba, combatía junto al Primer  Frente y lograba importantes victorias.
El 9 de diciembre es liberado Baire. El 17 es rendido El Cobre. El 19, en uno de los combates más encarnizados durante la guerra revolucionaria, es tomado Jiguaní. Allí los rebeldes tuvieron doce muertos y tres heridos, mientras que el enemigo sufría más de treinta muertos. En ese combate cayó heroicamente el capitán Ignacio Pérez Zamora, ascendido póstumamente al grado de Comandante del Ejército Rebelde.
Luego de cinco días de intensos combates, el 27 de diciembre, las fuerzas guerrilleras toman y liberan a la ciudad de Palma Soriano. Por primera vez combaten juntos los soldados y jefes del Primer, Segundo  y Tercer  Frentes, bajo el mando de Fidel, Raúl y Almeida.
El revés de Palma Soriano fue un golpe del cual no podría recuperarse ni militar, ni moral, ni sicológicamente el enemigo. Además de los muertos y heridos, eran hechos prisioneros 256 militares batistianos, mientras que 357 armas les habían sido arrebatadas.
A todo lo largo de la Carretera Central, desde Bayamo hasta Santiago de Cuba, quedaba un solo bastión enemigo: la fortaleza de Maffo, vencida después de veinte días de acciones. Allí ofrendaron su vida cuatro combatientes revolucionarios y veinte resultaron heridos. La fuerza enemiga sufrió cuantiosas pérdidas y el 30 de diciembre, a las 5:30 de la tarde, la fortaleza del BANFAIC era rendida.
La batalla de Santiago de Cuba comenzará de un momento a otro. Así lo afirmaría el Comandante en Jefe en el propio parte militar sobre la victoria en Maffo.
El cerco  total a la capital oriental era ya una realidad victoriosa para el Ejército Rebelde, aplastante y desalentadora para el enemigo.
El amanecer del Primero de Enero de 1959 llegaba junto a la noticia de la fuga del tirano Fulgencio Batista. Pero fuerzas reaccionarias en la capital del país, tras un fraudulento golpe de estado, pretendían boicotear el triunfo de la Revolución.
La decisión del Mando Rebelde, expresada por su Comandante en Jefe, sería invariable: Si a las 6:00 de la tarde de ese día la guarnición del Moncada, con unos cinco mil hombres, no había depuesto incondicionalmente las armas, las tropas rebeldes avanzarían sobre la ciudad y tomarían por asalto cada posición enemiga.
La situación de los militares allí refugiados les ofrecía sólo dos alternativas. Una era la rendición. La otra, una resistencia sangrienta e inútil. Pero ya su baja moral  no respaldaba ningún combate. El cerco a la ciudad los apretaba con una fuerza que los ahogaba. Y dentro de ella, más de cien combatientes clandestinos, bien armados, los acosaban y limitaban al estrecho espacio de sus madrigueras.
El Moncada se rendía antes del plazo fijado. La victoria del Ejército Rebelde era total. La Operación Santiago había terminado, sin la necesidad del último combate militar.
El definitivo triunfo rebelde se producía en el mismo lugar que cinco años, cinco meses y cinco días atrás, el mismo jefe revolucionario había iniciado la última etapa de lucha por la independencia verdadera de la Patria.

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