lunes, 27 de noviembre de 2017

Cuando se muere en brazos De la patria agradecida. La muerte acaba, la prisión se rompe; ¡Empieza al fin con el morir, la vida!



 .Orlando Guevara Núñez

Este legado martiano, forma parte de su poema A mis hermanos muertos el 27 de noviembre, escrito en 1872 en España, 30  a donde había sido deportado el año anterior, como castigo a su osadía de desafiar al colonialismo  y  defender las ideas independentistas.
Martí tenía entonces solo 19 años de edad. Y expresó en su canto el dolor inmenso por los ocho estudiantes que, siendo inocentes, pasaron a formar parte del martirologio cubano.
Lloré, lloré de espanto y amargura:
Cuando el amor o el entusiasmo llora,
Se siente a Dios, y se idolatra y se ora,
¡Cuando se llora como yo, se jura!
El poema, luego de transformar el dolor en compromiso con los caídos, cierra
   con un reto de Martí a los asesinos:
¡Déspota, mira  aquí como tu ciego
Anhelo ansioso contra ti conspira:
Mira tu afán y tu impotencia, y luego
Ese cadáver que venciste mira,
Que murió con un himno en la garganta,
Que entre tus brazos, mutilado expira
Y en brazos de la gloria se levanta!
No te pare el que gime y el que llora:
¡Mata, déspota, mata!
¡Para el que muere a tu furor impío,
El cielo se abre, el mundo se dilata!
Durante el juicio por los hechos del 26 de julio de 1953, el joven revolucionario Fidel Castro afirmó que José Martí era el verdadero autor intelectual del asalto. Y una confirmación de la presencia allí de nuestro Héroe Nacional, es que en se alegato de auto defensa La historia me absolverá, entre las varias citas martianas, al referirse a sus hermanos caídos – seis en combate y 55 asesinados- Fidel  toma dos partes de ese poema.
Uno, el ya citado Cuando se muere en brazos de la patria agradecida… Otro, el inicial:
Cadáveres amados los que un día,
Ensueños fuisteis de la patria mía,
Arrojad, arrojad sobre mi frente
Polvo de vuestros huesos carcomidos!
¡Tocad mi corazón con vuestras manos!
¡Gemid a mis oídos!
¡Cada uno a de ser de mis gemidos
Lágrimas de uno más de los tiranos!
¡Andad a mi redor; vagad en tanto
Que mi ser vuestro espíritu recibe,
Y dadme de las tumbas el espanto,
Que es poco ya para llorar el llanto
Cuando en infame esclavitud se vive!
El mismo sentimiento de Martí y de Fidel ante los hermanos caídos. En ambos, los mártires como fuerza alimentadora de la lucha.
Al evocar Fidel a los caídos en el Moncada citó otro pensamiento martiano conocido por los cubanos
(…) Hay un límite al llanto sobre las sepulturas de los muertos, y es el amor infinito a la patria y la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate, ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.
Esas palabras martianas fueron escritas por Martí en Madrid, España, el 27 de noviembre de 1872 y fueron reproducidas  en hojas sueltas, pegadas en lugares cercanos a la Corte española y comentadas favorablemente por varios periódicos, según testimonio de Fermín Valdés Domínguez, amigo del Apóstol de la independencia cubana.

domingo, 26 de noviembre de 2017

¡Comenzó la votación!




.Orlando Guevara Núñez
Estoy en el Colegio Electoral Nro. 1, de la Circunscripción  20, Consejo Popular José Martí Sur, de Santiago de Cuba. A las 7 de la mañana, con las notas del Himno Nacional, comenzó la votación. Otra vez Fernando, un joven vecino de mi escalera, fue el primero en ejercer el voto. Es ciego. Pero desde las cuatro de la madrugada estaba en pie y estuvo presente antes que los integrantes de la mesa electoral.
El segundo en votar fue un joven capitán, Marcos Guerrero y la tercera Evangelina, ama de casa.
La bandera cubana y el escudo presiden el local. Un mural contiene una foto del Comandante en Jefe Fidel Castro y otra de Abel Santamaría Cuadrado, nombre del Comité de Defensa de la Revolución que aquí radica.
Dos pioneras, Melissa  Maura Orozeno y Jeniffer  Lahera  Hernández, custodian la urna donde son depositadas las boletas. La voz  de ¡Votó! se  escucha ante cada ejercicio de voto.
El Colegio Electoral está integrado totalmente por jóvenes todas mujeres: Beatriz  Izaguirre, Yamilka  Recio, Yaniset  Samada, Natalí Cabrera y Beatriz Clavel.
Otros electores esperan su turno. Repasan las biografías de los tres candidatos. Muchos miran su reloj y calculan el tiempo que tardarán en llegar a su trabajo. Otros, que obligatoriamente deben estar en sus puestos en horas tempranas, votarán por la tarde.

sábado, 25 de noviembre de 2017

En homenaje a Fidel: los niños convocaron a los adultos



Orlando Guevara Núñez

Hace solo unos minutos, en mi cuadra, hubo un hecho inusual: los niños convocaron a los adultos. Ellos mismos explicaron el motivo: un sencillo homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro, al conmemorarse hoy el primer aniversario de su desaparición física.
No hubo palabras de adultos. Una niña actuó como maestra de ceremonia. Al inicio, dos pequeñas declamaron el texto del concepto de Revolución, planteado por Fidel. Luego hubo canciones, poesías, citas de pensamientos del líder histórico de la Revolución.
Palabras  dedicadas “a nuestro Fidel”.  La  idea de que Fidel sigue vivo entre nosotros y la disposición de continuar  su obra.
Vanessa  y Valeria aún no están en preescolar. Pero se sumaron al homenaje.  Renato dijo una poesía de su autoría, dedicada a Fidel. La emoción de los presentes se transformó en aplausos. Al final, a coro, la canción Cabalgando con Fidel.
Bonito y sentido homenaje, demostrativo de que, como ellos dijeron, ¡Fidel sigue entre nosotros!

30 de noviembre de 1956: fragua de símbolos




.Orlando Guevara Núñez
El 30 de noviembre de 1956, con el alzamiento armado de la ciudad de Santiago de Cuba, bajo la dirección de Frank País García, como apoyo al desembarco del yate Granma, comandado por Fidel Castro, le nacieron a la patria cubana símbolos que ahora, a 61 años de aquella heroica acción, crecen en dimensión.
Ese día se vistió por primera vez el uniforme verde olivo que utilizaría después el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, que sigue identificando a nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, a nuestro Ministerio del Interior, y que se ha llenado de gloria en el combate contra el enemigo, tanto en la tierra cubana como en las misiones internacionalistas.
Se estrenó también el brazalete rojinegro del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, que llevó también el Ejército Rebelde hasta la victoria final contra la tiranía batistiana.
Y nació, como ejemplo de sacrificio y entrega para  aquella generación, para las siguientes, la presente y las que están por venir, un trío  de héroes mártires que con su sangre ayudaron a pagar el precio de nuestra libertad.
Ellos fueron  José Tey Saint-Blancard (Pepito), Antonio Alomá Serrano (Tony) y Otto Parellada Hechavarría. Los tres cayeron ese 30 de noviembre en la acción principal, el ataque a la Estación de Policía, en la Loma del Intendente, la cual, al no poderse tomar, fue incendiada por los revolucionarios.
Aquel  amanecer, fue la primera acción armada de la juventud cubana después del 26 de julio de 1953. Del empeño de aquellos jóvenes encabezados por Frank País, surgiría un decidido apoyo en hombres, armas y abastecimientos a los combatientes de la Sierra Maestra, factor decisivo para la subsistencia,  el desarrollo y fortalecimiento  de la guerrilla dirigida por Fidel. Muchos de ellos integraron el primer refuerzo que en marzo de 1957 escaló las montañas. Y de sus filas salieron numerosos héroes y mártires de la Revolución cubana.
Los símbolos que aquel día le nacieron a la patria , siguen nutriendo el espíritu patriótico y rebelde del pueblo santiaguero y de todos los revolucionarios cubanos.

Fidel: símbolo de victoria de la vida sobre la muerte





.Orlando Guevara  Núñez


¿Cuántas veces en su largo camino  de revolucionario, la muerte estuvo bien cerca de tronchar la vida de Fidel?  Se necesitaría un amplio volumen para reseñarlas todas en Cuba y fuera de ella. Y no se trata de que buscara el peligro, es que no renunció  nunca a ningún principio, a  ninguna idea, a ningún beneficio para su pueblo, por el temor a desafiarlo.
Desde su vida estudiantil, trataron de asesinarlo. Al terminar el combate del Moncada, se quedó cubriendo la retirada de sus compañeros;  luego, se desmontó del auto en que salía del lugar, para ceder su espacio  a un compañero herido, y llegó  a quedarse  solo, hasta que otro  auto de los asaltantes lo recogió y sacó del escenario del combate. Salvó su vida de forma asombrosa.
Al ser hecho prisionero, el 1ro. de agosto de 1953, ya en las montañas de La Gran Piedra, los soldados  de la tiranía estuvieron a punto de asesinarlo, hecho que impidió el entonces teniente Pedro Sarría, jefe de la patrulla que lo perseguía. En ese momento fueron pronunciadas por este militar las palabras que le salvaron la vida: ¡Bajen esos fusiles, que las ideas no se matan! En el trayecto desde el lugar de la detención hasta Santiago de Cuba, un comandante de la dictadura quiso arrebatarle a Sarría los prisioneros, entre ellos a Fidel, con el fin de asesinarlos. Otra vez  el honor se  impuso al crimen. Estando preso en la Cárcel de Boniato, se frustró  la orden de envenenarlo, resultado en el que influyó la vigilancia de los presos comunes de ese  penal.
El  7 de julio de 1955, tras la amnistía, por presión popular, del 15 de mayo de ese año, tuvo que marchar hacia el exilio en México, pues no solo carecía de condiciones para proseguir la lucha, sino que también su vida estaba en peligro.
Ya en el país azteca, pistoleros al servicio de la dictadura batistiana no pudieron cumplir su misión de asesinarlo. A partir del 5 de diciembre de 1956, a solo tres días del desembarco del Granma, estuvo muy cerca de perder la vida. Junto al también expedicionario Faustino Pérez, tuvo que permanecer más de otros tres días acostado en el suelo, cubierto con paja de caña, protegiéndose contra la presencia de los soldados enemigos, los bombardeos aéreos y la metralla. Cuenta Faustino que durante esa odisea, Fidel no pensó en la muerte, ni en la derrota, ni en la claudicación; le hablaba sobre los planes futuros de la Revolución. Y permanecía con el cañón de su fusil apoyado en la barbilla, dispuesto a morir antes que rendirse. Otra vez frustrados los intentos de la muerte.
El domingo 2 de diciembre de 1956, en ocasión de estarse celebrando en cuba la reunión  anual de Estaciones CIA en América Latina, el jefe CIA para esta área se dirigió a los presentes:
“Nuestro amigo, el presidente Batista, me acaba de llamar para informarme que una lancha en la que iba un grupo de hombres ha sido hundida en aguas de la provincia de Oriente cuando trataban de desembarcar. Los pocos supervivientes están siendo localizados por el ejército y la fuerza aérea”
“Batista me ha dicho que el jefe del grupo expedicionario  es un antiguo agitador estudiantil de la Universidad de La Habana, llamado Fidel Castro, que se encuentra entre los muertos”. 
Pocos días después, la dictadura, tratando de “matar a un muerto”, cuyo deceso había publicado, emitía una nota  que circuló en volantes para las zonas aledañas al desembarco, ofreciendo 100 000 pesos por la cabeza de Fidel Castro.
Ese llamado a la traición no pudo evitar que los revolucionarios recibieran la solidaridad y apoyo de los campesinos de la zona, quienes los buscaron, encontraron a  muchos de ellos, los protegieron y los salvaron del crimen. Celia Sánchez Manduley, cumplió bien esa misión, encomendada por el héroe de la lucha clandestina, Frank País García.
Ya en la Sierra Maestra, en una ocasión durmió, tapado con una misma manta, junto a un traidor portador de  una pistola lista para asesinarlo. El valor no le alcanzó al desertor para cumplir su misión pactada con los esbirros batistianos. Luego,  llegó a la Sierra Maestra un ex policía batistiano, quien había estado en México con la tarea de eliminarlo. Ahora accedió, infiltrado,  hasta donde estaba el jefe revolucionario, con idéntica misión; pero la perspicacia del jefe guerrillero lo descubrió a tiempo. Y la muerte sació su sed con la vida del criminal.
Durante sus visitas a Chile, Venezuela y Panamá, por solo citar tres ejemplos, fueron frustrados intentos de asesinato contra el líder revolucionario cubano. En el primero de estos casos, una  pistola oculta en una cámara de televisión, no fue accionada por la mano del encargado de ejecutar el crimen. El miedo se impuso. En Panamá, los terroristas que planearon el crimen terminaron presos.
Datos publicados, pero no por todos conocidos, testifican que el maridaje gobiernos de Estados Unidos, Agencia Central de Inteligencia (CIA) y mafia contrarrevolucionaria, principalmente la radicada en Miami,  organizaron que se conozca, la tenebrosa cifra de 637 intentos de asesinato contra Fidel.
El  gobierno de Ronald Reagan, con 197 intentos,  está  señalado ante la historia como el presidente de Estados Unidos que más veces ha apañado el intento de matar a otro jefe de Estado, en este caso al nuestro. La “medalla de Plata”, en esta siniestra carrera, le pertenece  a Richard Nixon, con 184. Bush (Padre)  marca el último peldaño con 21 tentativas de asesinar a Fidel. La desvergüenza, de todas formas, está  bastante repartida. La muerte no se confabuló contra nuestro Comandante en Jefe, aunque estuvo muy cercana.
Fidel arriesgó su vida en Playa Girón, dirigiendo personalmente las operaciones contra la invasión. Y estuvo a la vista  de los  mercenarios, aún armados. Expuso su vida, junto a la de su pueblo, durante  la Crisis de Octubre de 1962, ocasión en que  los cubanos afrontamos el peligro de un holocausto nuclear. En octubre de 1963, estuvo a punto de perecer al accidentarse en un río crecido  el vehículo anfibio en el cual participaba en las labores de salvamento de la población frente al devastador ciclón Flora.
El imperialismo y sus cómplices  mintieron infinidad de veces, publicando la falsa noticia sobre la muerte de Fidel. Engañoso y brutal consuelo, al no poder, por sí mismos,   convertir en verdad sus frustrados deseos.
Fidel llegó,  13 de agosto de 2016, a los 90 años de vida. Una vida que el crimen no  pudo segar. Ni el 25 de noviembre de ese año la muerte pudo lograr su objetivo. Y es que Fidel es un símbolo de la derrota de la muerte y la victoria de la vida. La muerte lo sigue respetando. Y su pensamiento,  su obra y su ejemplo,  cada día, trascienden fronteras.
Ha transcurrido ya un año de su desaparición física. Y entre nosotros sigue viviendo Fidel. Este primer aniversario, iremos al cementerio de Santa Ifigenia. Y allí, al ofrendarle una flor, podríamos imaginar la piedra que atesora sus cenizas como un crecido grano de maíz albergando en sus entrañas  una síntesis de toda la gloria  y la historia de la patria cubana.