miércoles, 6 de diciembre de 2017

Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos .



Orlando Guevara Núñez

Certero pensamiento del Apóstol de la independencia cubana, evocado cuando de solidaridad con nuestro pueblo se trata, frene al mismo enemigo que, en su nacimiento, caracterizó y denunció José Martí: el imperialismo norteamericano.
Esas palabras fueron publicadas en el periódico Patria, el 17 de abril de 1894, con motivo del aniversario tercero de la fundación del Partido Revolucionario Cubano.. Su título: El  alma de la Revolución y el deber de Cuba en América. Así está escrito:  “Un error en Cuba es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos. Ella, la santa patria, impone singular reflexión;  y su servicio, en hora tan gloriosa y difícil, llena de dignidad y majestad (…) Martí  se está refiriendo al papel del Partido Revolucionario Cubano, consciente de que está forjando una obra trascendente más allá de nuestras fronteras.
Declara, por eso su convicción de que  “La independencia de Cuba y Puerto Rico no es solo el medio único de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada  de la 
América libre y la dignidad de la república norteamericana. Otro pensamiento, sobre este tema, aborda el artículo, cuando afirma que  en el fiel de América están Las Antillas, si esclavas mero pontón de la guerra de una república imperial, y si libres,  garantía de equilibrio en el continente y para la independencia de la América española, aún amenazada. Alerta sobre el peligro, de ser dominadas por la república del Norte, ésta abriría una inhumana pelea contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.
Presente está en esa prédica martiana el peligro que acecha a la libertad cubana y los criterios fundacionales de la república  preconizados por el Partido Revolucionario Cubano.
Un postulado muy conocido por los cubanos, cierra ese escrito de José Martí:
¡Los flojos, respeten! los grandes. Adelante! Esta es tarea de grandes.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Alegría de Pío: Del revés a la victoria




.Orlando Guevara Núñez

El 5 de diciembre de 1956, tres días después del desembarco del Granma, las tropas de la tiranía de Fulgencio Batista, pese al área reducida de la zona de operaciones y sus grandes recursos en hombres y medios, no habían podido hacer contacto con los expedicionarios.
En la mañana de ese día, los 82 hombres, con Fidel al frente, se disponían, pese agotamiento físico, el hambre y la sed,  a reanudar la marcha en dirección hacia la Sierra Maestra. Uno de los expedicionarios, Ernesto Guevara de la Serna –el Che- en su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria, describiría luego aquel momento: “En la madrugada del día 5, eran pocos los que podían dar un paso más; la gente desmayada, caminaba pequeñas distancias para pedir descansos prolongados. Debido a ello, se ordenó un alto a la orilla de un cañaveral, en un bosquecito ralo, relativamente cercano al monte firme. La mayoría de nosotros durmió aquella mañana”.
El lugar pertenecía a la colonia cañera de Alegría de Pío. Hasta allí habían llegado guiados por un campesino nombrado Laureano Noa Yang. El Che, afirmaría luego que “Al guía se le había dejado en libertad la noche anterior, cometiendo un error que repetiríamos algunas veces durante la lucha, hasta comprender que los elementos de la población civil, cuyos antecedentes se desconocen deben ser vigilados siempre que se esté en zonas de peligro. Nunca debimos permitirle irse a nuestro falso guía”.
Ese fue el delator que condujo a las fuerzas batistianas hacia el encuentro con los expedicionarios, pues sabía exactamente el lugar donde se encontraban. Su traición, la pagó con el ajusticiamiento en los mismos días de la lucha.
Así, cercados en un cañaveral al cual los enemigos prendieron fuego, ametrallados por tierra y aire, los expedicionarios tuvieron su primer combate. La sorpresa no les permitió organizarse, teniendo que salir en pequeños grupos, unos 15, en varias direcciones. El jefe de la expedición, Fidel Castro, quedaría con solo otros dos combatientes: Faustino Pérez Hernández y Universo Sánchez, quienes ganarían después el grado de Comandante del Ejército Rebelde.
No obstante las fuerzas y el poder de fuego concentrados contra ellos, los combatientes revolucionarios, en Alegría de Pío, tuvieron solo tres muertos: Israel Cabrera Rodríguez,  Humberto Lamothe Coronado y Oscar Rodríguez Delgado.
A partir del descalabro de Alegría de Pío, los expedicionarios sufrieron una tenaz persecución, una verdadera y sangrienta cacería humana. En los siguientes diez días, 18  cayeron prisioneros y  fueron y asesinados. Aquí sus nombres:  Luis Arcos Bergnes, René Bedia Morales, Miguel Cabañas Perojo, Noelia Capote Figueroa, Félix J. Elmuza Agaisse, Cándido González Morales, Santiago L. Hirtzel González, Antonio López Fernández, Andrés Luján Vázquez, José Ramòn Martínez Alvarez, Armando Mestre Martínez y René O. Reiné García. El último asesinado fue Juan Manuel Márquez Rodríguez, masacrado el 16 de diciembre. Había quedado solo. Juan Manuel, con grados de capitán, vino en el Granma como jefe de Estado Mayor y segundo al mando de la expedición.
Durantes esos días aciagos para los expedicionarios, 22 fueron hechos prisioneros y conducidos a la cárcel, 21 evadieron el cerco y pudieron escapar y, de momento, sólo 18 quedaron incorporados a la lucha en la Sierra Maestra, cifra que ascendería a 20 a finales de ese año de 1956.
Para esa fecha, había entrado en acción el apoyo organizado por Frank País García, Celia Sánchez Manduley, Crecencio Pérez Montano, Guillermo García Frías y otro grupo de campesinos que fueron el alma de la Revolución en aquellos cruciales momentos.
En el Granma vinieron cuatro combatientes de otras nacionalidades. El Che, argentino, caído luego como jefe de la guerrilla boliviana; el mexicano Alfonso Guillén Zelaya Alger , fallecido en Cuba; Ramón Mejías del Castillo (Pichirilo), dominicano, caído en 1965 combatiendo por la libertad de su país; y Gino Donne, italiano, residente en su país de origen, quien recientemente después visitó a Cuba y fue ferviente admirador de la Revolución cubana.
El 18 de diciembre, gracias a ese apoyo valioso e incondicional, se produjo  en Cinco Palmas, zona serrana, el encuentro entre Fidel y Raúl. Con ese abrazo, quedaba sellada la suerte de la tiranía batistiana en Cuba. De ahí en adelante, el revés de Alegría de Pío no volvería a repetirse. Y de victoria en victoria, se forjaría otro amanecer glorioso como el desembarco del Granma: el 1ro. de enero de 1959.
Se completaba así, la patriótica predicción de Fidel en México: Había salido, había llegado, había entrado y había triunfado.

A un año de la siembra de Fidel en el Santa Ifigenia












.Orlando Guevara Núñez

Hoy, 4 de diciembre, se cumple el primer aniversario del día en que las cenizas de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro llegaron a Santiago de Cuba, para ser atesoradas en el cementerio de Santa Ifigenia. La foto fue tomada justamente al lado del edificio donde vivo. La tomó, al paso del cortejo, mi nieto Ernesto, con un celular. El lugar está cercano a la necrópolis santiaguera. La bandera cubana pudiera parecer un montaje, pero no lo es. La portaba una persona, como las demás, situada en la acera. Fue un momento inolvidable. Ha pasado un año y la presencia de Fidel es permanente. El mismo edificio que se observa al fondo, desde su construcción hace varios años, se nombre "13 de Agosto", en homenaje al eterno Comandante en Jefe de la Revolución cubana. !Fidel sigue entre nosotros! Hoy asistiré, junto al pueblo santiaguero, a depositar una flor frente a su tumba que se yergue como un crecido grano de maíz, guardando en su interior una síntesis de toda la gloria, la dignidad y el patriotismo de la nación cubana.

sábado, 2 de diciembre de 2017

La medicina unida al patriotismo en Cuba




.Orlando Guevara Núñez

En   búsqueda de ejemplos de  abnegados y capaces profesionales de la medicina  cubana, quienes al ejercicio de su profesión  unieron la lucha por la libertad e independencia patria, desde las contiendas del  siglo XIX hasta la que concluyó con el triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959, encontramos un pequeño texto titulado Médicos combatientes, cuyo autor es el angiólogo  santiaguero  Roberto Fong Sorribes.
De  la primera etapa el citado texto reseña la vida de doctores como Miguel Bravo Sentíes, cirujano, quien fuera secretario y médico de Carlos Manuel de Céspedes. Combatió junto a Máximo Gómez. Fue general de brigada; Ramón Luis Miranda Torres, cirujano y forense, último médico de José Martí; Federico Icháustegui Cabrera, combatiente del 68 y del 95, general del Ejército Mambí.
Antonio L. Luaces Iraola, médico insurrecto, peleó junto a Ignacio Agramonte y Máximo Gómez, hecho prisionero, fusilado por los españoles, al no aceptar pasarse a ellos; Sebastián Amábile Correa, médico cirujano, se sumó en 1869 a la guerra, murió en combate ese mismo año. Sobre él escribió Martí: “Llame usted vil a quien no llore por Sebastián Amábile”; Eduardo Agramonte Piña, médico cirujano, se incorporó desde el inicio a la guerra del 68, instrumentó los toques de cornetas mambises,  cayó en combate en 1872, en Camagüey; Eusebio Hernández Pérez, gineco  obstetra combatió en la Guerra Chiquita y en la del 95.
En Médicos combatientes, Fong Sorribes inscribe también los nombres de  Fermín Valdés Domínguez Quintanó, médico cirujano, amigo entrañable de José Martí. En la guerra de 1895 combatió junto a José Maceo y Máximo Gómez, alcanzó los grados de coronel; Tomás Padró Sánchez Griñán, doctor en farmacia, combatió en las tres guerras de independencia, general de brigada, alcalde de Santiago de Cuba en 1900; Ambrosio Grillo Portuondo, patriota de larga trayectoria, fundó la primera Liga antituberculosa, gestor de varias obras sociales en Santiago de Cuba; Joaquín Castillo Duany, médico cirujano, peleó en la guerra de 1895, ayudó a organizar varias expediciones mambisas.
Otros médicos combatientes, Pedro Betancourt Dávalos, médico cirujano, combatió durante la gesta de 1895, fue jefe de una División en Matanzas, provincia de la cual fue gobernador después de concluir la guerra; Eugenio Molitet  Amorós, doctor en farmacia, fue a la manigua en 1895, peleó junto a Máximo Gómez, fue general de brigada; Eugenio Sánchez Agramonte, doctor en medicina, en 1895 se unió a  las fuerzas de Máximo Gómez, fue jefe de Sanidad Militar, general de brigada. Juan Bruno Zayas Alfonso, graduado en medicina, combatió en la guerra de 1895,junto a Gómez y de Maceo, quien lo propuso como general, cayó en combate el 30 de julio de 1896, a los 29 años de edad.
Se suman a los  mencionados en el libro de Fong Sorribes, Porfirio Valiente del Monte, cirujano, se incorporó, en 1895 a la tropa de José Maceo, luego a la de Calixto García; Manuel Alfonso Seijas, médico, peleó en la guerra de 1895, fue general de brigada; Hugo Roberts Fernández, médico personal y del Estado Mayor de Antonio Maceo en 1895, general de brigada; Oscar Primelles Cisneros, médico cirujano, cayó en combate en Camagüey, en diciembre de 1895, teniente coronel: Daniel Gispert García, médico cirujano, en 1895 peleó junto a Serafín Sánchez y otros jefes rebeldes ,coronel; Benigno Souza Rodríguez, de estudiante, conoce a Maceo y a Gómez en la manigua, con quienes su familia colabora, escribió valiosos textos sobre las luchas independentistas.
Otros profesionales de la medicina, cuya vida se sintetiza en Médicos combatientes, pero ya con el siglo XX como escenario, son Gustavo Aldereguía Lima, tisiólogo, militante revolucionario que luchó junto a Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena, de quien fue médico, publicó varias obras científicas, tras el triunfo de enero,  fue embajador cubano en Yugoslavia; Mario Muñoz Monroy,  revolucionario de larga trayectoria junto a Fidel Castro, asaltante al Cuartel Moncada, médico  del grupo atacante, primer asesinado el mismo 26 de julio de 1953, día en que cumplía 41 años de edad. Miguel D´Alexandro Bode, dermatólogo, revolucionario desde su juventud, militó en las filas del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, combatiente del 30 de noviembre, fundador de la Escuela de Medicina santiaguera. Vicente de la O Gutiérrez, se especializó en neumotisiología, combatiente del Ejército Rebelde, integró la Columna Invasora del Che, terminó la guerra con el grado de capitán,  luego  ascendido a Comandante.
Cierran la lista de médicos combatientes incluidos en el pequeño libro de Roberto Fong, Julio Martínez Páez, ortopédico, combatiente clandestino y del Ejército Rebelde como jefe de Sanidad Militar, comandante, Ministro de Salud Pública, escribió varios trabajos científicos. Carlos Mirabal Bahr, neumotisiólogo, combatiente del 30 de noviembre, fue Decano de la Facultad de Medicina, escribió varios trabajos científicos. Faustino Pérez Hernández, conocido revolucionario en la clandestinidad y en la Sierra Maestra, expedicionario del Granma, comandante del Ejército Rebelde, dedicó su vida a la Revolución hasta su muerte. René Vallejo Ortiz, médico revolucionario, comandante del Ejército Rebelde, laboró junto a Fidel varios años. Ernesto Guevara de la Serna, médico, jefe de Sanidad del Granma, primer ascendido a comandante por Fidel en la Sierra Maestra y jefe de la primera columna nacida de la Columna  1 de Fidel –la 4-, luego jefe de la Columna Invasora Nro. 8, “Ciro Redondo”. Ejemplar revolucionario cuya vida y obra se sintetiza en una sola palabra: Che. Manuel Fajardo Rivero, médico combatiente de la Sierra Maestra y del IV Frente Simón Bolívar. Comandante del Ejército Rebelde. Cayó el 30 de noviembre de 1960 combatiendo a las bandas contrarrevolucionarias.
Estos son los homenajeados en el pequeño libro Médicos combatientes, de Roberto Fong Sorribes. En otros dos textos publicados, el autor  hurga en la vida y obra de varios más.  En médicos ilustres de Santiago de Cuba aparecen 30, mientras que en Médicos latinoamericanos, se insertan  73. Muchos nombres faltan, sobre todo de la etapa republicana y de la gesta contra la dictadura batistiana. Un nuevo empeño del autor, se propone, en lo posible, saldar la deuda de divulgar la vida y obra de ellos, para que las nuevas generaciones, que aspiran a ascender su copa, desciendan   primero a sus raíces.

viernes, 1 de diciembre de 2017

2 de diciembre de 1956: Desembarco del Granma y Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas




.Orlando Guevara Núñez

“Puedo informarles con toda responsabilidad que en el año 1956 seremos libres o seremos mártires. Esta lucha comenzó para nosotros el 10 de marzo, dura ya casi cuatro años y terminará con el último día de la dictadura o el último día nuestro”.
Esas palabras pronunciadas por el joven revolucionario Fidel Castro el 20 de octubre de 1955, en la ciudad de New York, ante unos 800 cubanos que allí vivían, obligados a salir de su país por la precaria situación económica y la persecución política de la tiranía batistiana, eran el preludio de la expedición del yate Granma, que llegaría a Cuba el 2 de diciembre de 1956, para reiniciar la lucha armada.
Fidel se encontraba en México, hacia donde había partido el 7 de julio de 1955, luego de haber sido amnistiado el 15 de mayo de igual año, cuando cumplía condena de 15 años de prisión por los hechos del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de julio de 1953.
Su presencia en los Estados Unidos tuvo como objetivo la recaudación de fondos y la propaganda revolucionaria, a la vez que una labor unitaria en torno al Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Sobre ese aspecto escribiría en noviembre de 1955 Juan Manuel Márquez, quien sería después el segundo al mando de la expedición: “En New York el recibimiento que le hicieron a Fidel fue emocionante por lo multitudinario y lo sincero. Y el acto del  Palm Garden colmó más allá de lo que nosotros pensábamos nuestras esperanzas. Por lo pronto se logró en torno al 26 de Julio, la unidad de grupos que habían sido irreconciliables (…).
Así, con fondos recogidos entre personas humildes y de los propios integrantes de la naciente organización revolucionaria, se recogieron centavo a centavo los fondos para preparar la expedición del Granma, incluyendo la compra de armas y del propio yate.
Durante el exilio en México hubo que enfrentar encarcelamientos, privaciones y organizar y adiestrar a los futuros combatientes en medio de las más difíciles condiciones.
Pero el 25 de noviembre de 1956, el Yate Granma saldría hacia Cuba, con 82 expedicionarios a bordo, encabezados por Fidel Castro. El Estado Mayor estaba integrado por Fidel como Comandante en Jefe y dos Jefes  de Estado Mayor: los capitanes Juan Manuel Márquez –segundo al mando- y Faustino Pérez. El Che, con grados de teniente, vendrá en la expedición como Jefe de Sanidad, mientras que los tres pelotones formados estaban bajo el mando de los capitanes José Smith Comas (Vanguardia), Juan Almeida Bosque (Centro) y Raúl Castro Ruz (Retaguardia).
El desembarco se produjo en las primeras horas de la mañana del 2 de diciembre, en un lugar conocido como Los Cayuelos, cercano a Playa Las Coloradas, en Niquero, otrora provincia de Oriente.
Los expedicionarios desembarcaron en condiciones muy difíciles, entre mangles, ciénaga y yerba de cortadera, por donde tuvieron que transitar con sus mochilas y armas hasta llegar a tierra firme.
Así comenzaron a avanzar buscando internarse en las montañas de la Sierra Maestra. Pero tres días después, el 5 de diciembre, fueron sorprendidos en el lugar conocido como Alegría de Pío. Por tierra, el fuego de  los fusiles enemigos; por el aire, los bombardeos y ametrallamientos de la aviación. Es el día en que surge un grito de guerra que, a 54 años de haberse producido, es enarbolado hoy por todo el pueblo: ¡Aquí no se rinde nadie! La exclamación salió de la garganta de Juan Almeida Bosque, como respuesta a la conminación enemiga de rendirse. Los expedicionarios del Granma tendrían ese día su bautizo de fuego.
Durante ese aciago día, tres expedicionarios cayeron en combate. Vendría entonces la dispersión en varios grupos, la tenaz persecución y los asesinatos. Hasta el día 16 de ese mes, 21 combatientes revolucionarios habían perdido la vida, 18 de ellos asesinados luego de ser hechos prisioneros.
Pero el Movimiento Revolucionario 26 de Julio había preparado condiciones en esa costa sur oriental para auxiliar a los expedicionarios. Las figuras de Frank País y Celia Sánchez Manduley fueron clave en la labor de búsqueda, localización, rescate y salvamento de los combatientes dispersos.
Entre los campesinos, formaban parte de los grupos de apoyo los campesinos Crescencio Pérez Montano y Guillermo García Frías. El primero, ya fallecido, ganó el grado de Comandante del Ejército Rebelde; el segundo obtuvo también ese grado durante la guerra y es hoy Comandante de la Revolución.
El 18 de diciembre de 1956, a 16 días del desembarco, con la ayuda de estos grupos, se produce en un lugar llamado Cinco Palmas, el reencuentro entre Fidel Castro y Raúl Castro. Es la ocasión en que el jefe de la Revolución, al comprobar que  están juntos ocho hombres con siete armas, exclama: ¡Ahora sí ganamos la guerra!
A partir de entonces, con una veintena de expedicionarios que se reincorporaron, más la temprana incorporación de campesinos y obreros a la guerrilla, el naciente Ejército Rebelde pone proa hacia la Sierra Maestra y comienza una lucha que haría realidad la predicción de Fidel de no cesar hasta derrocar al tirano.
Como homenaje a ese día glorioso del 2 de diciembre de 1956, la fecha señala el Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas, bastión hoy en la defensa de la Patria. Día en que  nuestro pueblo les rinde homenaje a los combatientes que siguen vistiendo el uniforme verde olivo estrenado en Santiago de Cuba el 30 de noviembre de ese mismo año por los combatientes clandestinos bajo el mando de Frank País para secundar el desembarco.
En Cuba es una realidad que el ejército es el pueblo y el pueblo es el ejército. Por eso este día es de júbilo popular, ocasión para estrechar con más fuerza esos  lazos indisolubles.