jueves, 16 de enero de 2014

Sobre las cenizas de La Plata



. Orlando Guevara Núñez

La Plata, primer combate victorioso del naciente  Ejército Rebelde, el 17 de enero de 1957, marcó  un  hito importante en el ulterior desarrollo de la guerra revolucionaria hasta el triunfo final contra la sangrienta tiranía que durante siete años hundió al país en el oprobio y el crimen.
Era la época en que todavía se contaba con más hombres que armas, pues éstas sumaban sólo 24, mientras que los hombres eran 29.
Para el ataque, fueron formados  cuatro pequeños grupos, integrados de la forma siguiente: Fidel Castro, el máximo jefe guerrillero, con  Ernesto Guevara (Che), Calixto García, Manuel Fajardo Sotomayor, Luis Crespo y Universo Sánchez. Otro grupo estuvo encabezado por Raúl Castro y lo integraron Ciro Redondo, Efigenio Aimejeiras, Armando Rodríguez y José Morán (luego traidor).
Juan Almeida Bosque, tuvo a su mando a Guillermo García, Crecencio Pérez, Manuel Acuña, Ignacio Pérez, Sergio Acuña y Sergio Pérez. Y otro grupo fue dirigido por Julito Díaz e integrado por Camilo Cienfuegos, Calixto Morales y Reynaldo Benítez.
Cuatro combatientes recibieron la misión de custodiar al chivato Chicho Osorio y a otros detenidos civiles. Ellos fueron: Daniel Motolà, Julio Zenón, Yayo Castillo y Nango Rey.
 Una ráfaga disparada por Fidel, inició el combate alrededor de las 2:00 de la madrugada, extendiéndose durante unos 40 minutos. El pequeño cuartel, ubicado en la zona costera, estaba ocupado por cinco soldados y cinco marineros, bajo el mando de un sargento.
El saldo final fue de dos muertos y cinco heridos por parte del enemigo. De los heridos, tres fallecieron después. Nueve fusiles y una ametralladora pasaron a manos de los rebeldes, quienes, por primera vez, contaban con más armas que hombres. La guerrilla no tuvo ni muertos ni heridos. La victoria había sido total.
La victoria de La Plata, demostró que la guerrilla existía, que no había sido aniquilada como lo  informaba la dictadura batistiana.. Fue, además, un factor importante para el crecimiento del apoyo campesino y de los luchadores clandestinos a la guerra revolucionaria recién iniciada.
Se iniciaba con esa acción, el método de lucha guerrillera, obligando a las fuerzas de la tiranía a combatir de una forma en la cual no estaban preparadas, ni podrían tener éxito durante toda la guerra.
Dos aspectos que caracterizaron al Ejército Rebelde hasta el mismo triunfo revolucionario, estuvieron presentes en La Plata. El primero, arrebatarles las armas al enemigo. Segundo, la ética, el respeto a los vencidos.
En los apuntes de su diario, el hoy General de Ejército Raúl Castro señaló sobre el combate de La Plata. “Le prendí fuego al cuartel, la única casa que quedaba sin arder y después de colocar los heridos distantes del fuego, nos marchamos. El herido que me regaló el cuchillo, creyendo que nos íbamos, empezó a gritar lastimosamente: ´No me dejen solo que me muero´. El ignoraba que momentos después volverían tres de sus compañeros con medicinas nuestras para curarlos”.
En otra parte de sus notas, Raúl plasma con nitidez los principios del naciente Ejército Rebelde: “Tomamos rumbo hacia el campamento. Me puse al lado de un prisionero y echándole un brazo por arriba de los hombros, así fui hablando con él de la ideología de nuestra lucha, del engaño de que eran víctimas ellos por parte del  gobierno y todo lo concerniente al tema que el tiempo y lo corto del camino nos permitió. El me pidió que anotara su nombre y que en el futuro no me olvidara de él, ya que era pobre, que mantenía a su mamá, y él no sabía lo que iba a pasar. Nos despedimos de los prisioneros con un abrazo, soltamos a los civiles presos. Unos de ellos nos serviría de guía” (…)
Al conmemorar otro aniversario de la histórica victoria de La Plata,  primer triunfo que abrió el camino hacia el 1ro. de enero de 1959, se cumple con creces el vaticinio hecho por Raúl cuando los guerrilleros regresaban a las montañas luego de terminado el combate: “Desde lo lejos, se veían arder sobre los cuarteles de la opresión, las llamas de la libertad. Algún día no lejano, sobre esas cenizas levantaremos escuelas”.
Hoy, la Patria toda es una gigantesca escuela. Y las llamas de La Plata, continúan iluminando el camino de la Revolución.

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