sábado, 4 de enero de 2014

La solidaridad seguirá cercenando los barrotes



. Orlando Guevara Núñez
Otro año nuevo encuentra a cuatro antiterroristas cubanos prisioneros en los Estados Unidos. En ese país, los terroristas andan libres y protegidos, mientras que quienes luchan contra ellos sufren persecución y prisión. El sistema judicial norteamericano se ha sumido en el lodo, al condenar a inocentes mediante un proceso sustentado en la mentira y el engaño, donde la justicia ha cedido su lugar a la injusticia.
El gobierno norteamericano sabe muy bien que Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando están prisioneros –como lo estuvo René- por defender a su pueblo contra los grupos terroristas que desde allí operan impunemente. Ninguno de ellos es culpable de los hechos por los cuales fueron juzgados y condenados.
Ninguno de ellos obtuvo, ni trató de obtener, información secreta que pusiera en peligro la seguridad de los Estados Unidos. En el propio juicio quedó demostrado que ni una sola de las 20 000 páginas digitales que les fueron ocupadas evidenció ese delito. La acusación de conspiración para cometer espionaje fue una farsa para justificar la injusticia. Igual sucede con el cargo imputado de atentar contra la seguridad de ese país.
En el caso de Gerardo, la injusticia es más grande y reveladora de la carencia de moral y ética del sistema judicial en el país que se auto proclama campeón de los derechos humanos y de la democracia. También, ante la falta de pruebas, la comedia de “conspiración” para cometer asesinato. Los propios testigos norteamericanos expresaron en el juicio que no existían pruebas para declarar a Gerardo culpable de ese cargo. Caso insólito, donde sin acusación, se aplica una condena, además de injusta, desproporcionada.
Dos motivos están claros para esa actuación del gobierno norteamericano en ese juicio manipulado. Uno, la venganza contra el pueblo cubano, su odio visceral contra Cuba. Otro, satisfacer a los grupos contrarrevolucionarios y terroristas, cuyo maridaje con la Agencia Central de Inteligencia y el gobierno, alimenta el sueño de destruir la Revolución y regresar a nuestro país el sistema capitalista.
Sobre Gerardo pesa la condena de dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión. El colmo del desprestigio de la justicia norteamericana, además de la falacia de la condena, fue cuando a Antonio y Ramón se les suspendió la cadena perpetua por la acusación de conspiración para cometer espionaje, al considerar la carencia de pruebas. La misma acusación se le aplicaba a Gerardo, pero en este caso se argumentó, simplemente, que no se hacía nada con quitarle esa pena si ya él tenía otra igual. El cinismo, en este caso, se abrazó con la injusticia y la inmoralidad.
El gobierno de Obama, hasta ahora, no ha hecho nada para lavar el lodo que sepulta a su sistema judicial. El descrédito le es indiferente. La repulsa internacional crece cada día contra esa arbitrariedad. Un gobierno que paga a los medios de comunicación y a periodistas para que mientan y calumnien a personas inocentes; un juicio fraudulento, en una sede ilegal, con jueces amenazados o comprados; acusados y abogados defensores sin acceso a los principales documentos; leyes- y hasta la propia Constitución de los Estados Unidos-violadas para obtener la condena. Esas y otras muchas irregularidades, se inscriben en este proceso.
El propio presidente Barack Obama – que no fue el autor del fraude- pero lo ha adoptado como suyo, podría, con solo una firma, poner fin a esa injusticia. Buena oportunidad para un Premio Nobel de la Paz de hacer algo honesto a favor de  los antiterroristas cubanos y por el prestigio de la nación norteamericana. Buena oportunidad para un profesor de Derecho Constitucional para demostrar que ganó bien su título.
Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando continúan prisioneros de la injusticia y del odio. Pero cada vez más la solidaridad internacional cercena los barrotes, hasta el día en que los derrumbe. Su ejemplo de firmeza y de lealtad, trasciende sus celdas solitarias y alimenta la consigna que se agiganta en la conciencia de millones de personas en todo el mundo: ¡Libertad para los Cinco!

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