jueves, 26 de febrero de 2026

 

 

La “aceleración”  yanqui contra Cuba,

fracaso pasado, presente y futuro

.Orlando Guevara Núñez

Los  emperadores sin corona de Estados Unidos, en su demencial  delirio de acabar con la Revolución cubana, no se cansan de predicar su  cercano fin. Hablan de acelerar el llamado proceso de transición, una vez derrumbado el gobierno revolucionario.

Eso lo vienen haciendo desde que nació la Revolución. El mismo Trump  ha reconocido el esfuerzo y el fracaso. Pero hay un momento en que esa ¨aceleración¨ tuvo un impulso que, aunque grande, engrandeció el fracaso imperial. Fue el del 12 de marzo de 1996, con la Ley Helms-Burton, todavía vigente y reforzada con el Plan Bush, emitido en el 2004.

En esa ocasión  el gobierno yanqui trazó seis medidas para la nombrada “aceleración” del proceso para destruir a Cuba como nación independiente: el desarrollo de la actividad subversiva dentro del territorio nacional; el fortalecimiento de la “oposición”, partiendo de su promoción, entrenamiento  e incremento de su financiamiento; impedir la continuidad de la dirección revolucionaria cubana; recrudecer el bloqueo para impedir la entrada de divisas al país; desarrollar una amplia campaña de desinformación en el exterior y provocar el aislamiento de nuestro país.

Todo ese engendro se puso en práctica. Y aquí está Cuba, libre y soberana. Sueños yanquis convertidos en pesadillas. Pero no han aprendido la lección.

Una vez destruida la Revolución, el  gobierno de los Estados Unidos designaría un llamado Coordinador de la Transición, bajo su mando, quien sería el encargado de aplicar todas las medidas para el regreso del pasado oprobioso eliminado desde el Primero de Enero de 1959.

Cada una de esas medidas está desglosada en otras para cercenar la obra revolucionaria y convertir a nuestro país en un estado subordinado al mandato yanqui. Es lo que no han logrado hacer. Ni podrán lograrlo nunca.

Así, la llamada “aceleración” en lugar de avanzar, está y estará siempre estancada. Dejemos, pues, que los perros le sigan ladrando a la Luna, que los emperadores sin corona y su pandilla de mercenarios y gusanos sigan revolcándose  en su propio estiércol y -mientras tanto- continuemos nosotros, con la unidad como escudo infranqueable, engrandeciendo y defendiendo nuestra Revolución.

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