miércoles, 31 de diciembre de 2025

 

Cuando la dignidad se impuso ante el oprobio

 

.Orlando Guevara Núñez  

 

La fecha del 1ro. de enero marca, en distintos tiempos, un hito en las relaciones Estados Unidos-Cuba. Ese día de 1899, se materializó una larga aspiración imperial, al quedar instaurado en Cuba un gobierno interventor militar norteamericano.

Tras haber declarado la guerra a España cuando esa potencia no estaba ya en condiciones de mantener su dominio sobre Cuba,  y participar en una contienda cuyo verdadero objetivo era posesionarse de éste y otros territorios, los Estados Unidos asumieron el poder en Cuba  mediante  la contienda calificada por Vladimir Ilich Lenin como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad.

Ese acontecimiento marcó el paso de Cuba, de colonia de España,  a neocolonia de los Estados Unidos.

El destino cubano quedó supeditado a las órdenes militares imperiales y a medidas como el desarme general de la población y del Ejército Libertador, junto a las de desactivación del Partido Revolucionario Cubano y del periódico Patria, fundados por José Martí, así como la disolución de la Asamblea de Representantes. El camino quedaba libre para la imposición de la Enmienda Platt

El propio general Leonardo Wood, jefe del gobierno interventor en 1900, definiría la esencia de las intenciones norteamericanas en relación con nuestro país.

“Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt (…) todo lo cual es evidente que está en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay ningún gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el control, que pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. Creo que es una adquisición muy deseable para los Estados Unidos. La Isla se norteamericanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo.

Vendría luego la integración de un gobierno cubano que garantizaba el dominio de los Estados Unidos sobre Cuba, sin mantener la ocupación militar.

Pero el 1ro. de enero de 1959 –exactamente 60 años después de la ocupación militar norteamericana en Cuba- se produjo el triunfo de la Revolución cubana. Si en Santiago de Cuba tuvo lugar la batalla decisiva que marcó la derrota final española, en esta ocasión el triunfo del pueblo , proclamado en Santiago de Cuba, marcaría el inicio del derrumbe del dominio neocolonial norteamericano sobre nuestro país.

Con mucha razón, afirmaría ese histórico día el Comandante en Jefe Fidel Castro:

“Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder.  No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto.  Intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García que había peleado durante 30 años, no quisieron que entrara en Santiago de Cuba.  No será como en el 33 que cuando el pueblo empezó a creer que una Revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la Revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años.  No será como en el 44, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones.  Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas.  ¡Esta vez sí que es la Revolución!”

 

Y esta es la Revolución patriótica, democrática y socialista, de los humildes, por los humildes y para los humildes, que continúa hoy victoriosa, solidaria, internacionalista y antiimperialista.

El 1ro. de enero de 1899 lo recordamos como símbolo de un pasado que jamás podrá volver a Cuba. El 1ro. de enero de 1959 es día de regocijo nacional, de recuento patrio y de renovados compromisos para un presente y un futuro que nos pertenecen como únicos y legítimos dueños.

 

 










A 67 años de vida, ni vencidos ni cansados
.Orlando Guevara Núñez 
 La Revolución cubana, desde el mismo día del triunfo, se trazó la tarea de iniciar el proceso transformador que, además de la libertad,  le diera al pueblo la posibilidad de erradicar los males políticos, económicos y sociales que lo agobiaban.
Pero las adversidades no se limitaban a los escasos recursos  financieros existentes, a lo que se sumaban la carencia de personal calificado, la inadecuada estructura económica y la dependencia de los monopolios extranjeros.
Muy pronto se levantó frente a la Revolución un obstáculo mayor. El gobierno de los Estados Unidos se propuso destruirla por cualquier vía. Y no fueron intenciones ocultas. El maridaje entre ese gobierno y los explotadores y asesinos expulsados de Cuba el  1ro. de enero de 1959, no se hizo esperar.
El 3 de enero de 1961 el gobierno de los Estados Unidos rompió sus relaciones con Cuba. Y el 3 de febrero de 1962, el entonces presidente Kennedy oficializó, con su firma, el bloqueo a Cuba.
Desde allá hasta aquí, han pasado 14 administraciones yanquis, desde Eisenhower hasta Trump, demócratas y republicanas,  y todas han sido los mismos  perros con los mismos collares, y aunque algunas han ladrado menos, todas han mordido igual.
Una de las armas que creyeron infalible para ese propósito fue el bloqueo económico, financiero y comercial. En fecha tan tempana como el  17 de marzo de 1960 se propuso por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y se aprobó por el presidente Eisenhower, el titulado Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro.
Ellos mismos definieron el propósito: “ Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para los Estados Unidos (…)  En esencia, el método para lograr este fin consistirá en incitar y apoyar, y en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba (…)  Antes de que el programa de acción encubierta haya cumplido su objetivo, se hará todo lo posible por ejecutarlo de tal forma que la capacidad de actuación de los Estados Unidos aumente progresivamente en caso de una crisis”.
Al mes siguiente de esa aprobación, el  Subsecretario de Estado Adjunto para los Asuntos Interamericanos, Lester Dewitrt Mallory, expresaría en una reunión encabezada por el Presidente:  “El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución, es a través del desencanto y el desaliento, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas (…) Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba (…)  Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Con esas sucias cartas jugaron. El problema era matar al pueblo cubano de hambre o enfermedades, o rendirlo por temor. Esa aspiración criminal está cumpliendo también cinco décadas y media. Y  todos los gobiernos estadounidenses, desde Eisenhower hasta Obama, junto a la mafia contrarrevolucionaria allí concentrada y apoyada, siguen albergando el mismo sueño, aunque sigan siendo eternos canes  ladrándole a la Luna.
Poco a poco, pero de forma ininterrumpida, se fueron implantando las medidas de ese bloqueo ilegal, criminal y violatorio de todas las normas morales y jurídicas relacionadas con este tema. Eliminación de la cuota azucarera –principal  renglón cubano de exportación entonces-; suspensión del petróleo; prohibición del comercio. No pocos analistas norteamericanos calcularon que bastarían esas medidas para que el Gobierno Revolucionario cubano durara apenas unas semanas.
Pero el pueblo cubano resistió. Y no solo resistió, sino que continuó avanzando en su empeño de desarrollar la economía y resolver los graves problemas en que lo habían sumido los gobiernos anteriores.
Esta guerra, el enemigo la llevó no solo al terreno económico. En marzo de 1960, por ejemplo, se produjo la explosión en La Habana, del vapor francés La Coubre, que traía armas para que el pueblo pudiera defenderse. Ese sabotaje imperialista costó a Cuba más de un centenar de vidas. En 1961, se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón, organizada, financiada, entrenada y dirigida por el gobierno norteamericano y derrotada en menos de 72 horas. Y durante la Crisis de Octubre de 1962, frente a una amenaza de exterminio nuclear, nuestro pueblo fue capaz de preservar su vida precisamente fue capaz de arriesgarla.
Entre 1961 y 1965, mediante idéntico apoyo,   crearon y financiaron 299  bandas contrarrevolucionarias armadas, con unos 3 000 mercenarios, derrotados también por el pueblo cubano.
El bloqueo sigue hoy vigente y, además, recrudecido. La Asamblea General de las Naciones Unidas, hace pocos días, volvió a condenar esa arbitraria medida unilateral del gobierno de los Estados Unidos, acompañado  por su copia Israel y unos pocos sumisos que no resistieron las amenazas imperiales.
Los daños a nuestro pueblo han sido cuantiosos.  El sufrimiento del pueblo ha sido grande y lo sigue siendo. En lo que se equivocaron y se siguen equivocando los imperialistas y sus cómplices, es en creer que ese sufrimiento y esas carencias provocarían el debilitamiento del apoyo del pueblo a la Revolución y la derrota de su gobierno revolucionario.
Hoy,  67 años de la victoria del 1ro. de enero de 1959, Cuba se yergue victoriosa y navega hacia un futuro mejor, construido y defendido por su pueblo. Y quienes pretendieron eliminarnos, nos siguen  mirando con odio, pero seguros de que una agresión a nuestro país,  tendría para ellos un costo, sencillamente, impagable.



martes, 30 de diciembre de 2025

 

Más bandolero es quien roba honras que quien roba bolsas

 

 .Orlando Guevara Núñez 

En este pensamiento martiano queda claro un concepto: el valor de la honra es superior al valor del dinero. Y es severo  en el criterio sobre quienes actúan de forma opuesta a ese principio.

Lo argumenta: “Ciertas palabras se deben reservar fríamente  para marcar en el anca con ellas a los malvados que pretenden salvarse de los deberes del sacrificio necesario, o remendar la vanidad malherida, con calumnias de que suelen, con superior decoro, retraerse los salteadores de caminos”.

Junto al pensamiento citado, otro. “Más bandolero es aún quien roba honras útiles a la patria que quien roba honras privadas” “El más punible de los delitos es aquel que lastima, o trata de oscurecer, una fama o una pureza útil a la patria”.

Tanto hiere a Martí la conducta condenada, que vierte otro  criterio; “Acaso es el único delito que justifique, por la extensión del mal, la pena de muerte: el de deshonrar, o perturbar, las fuerzas útiles al rescate y purificación del pueblo en que nacimos. Estas palabras están contenidas en un artículo titulado Un bandolero, publicado en el periódico Patria, el 24 de noviembre de 1894. 8  Está desmintiendo a un individuo que en La Habana difundió la patraña de que

¨ ´El señor Martí lo fue a ver a Saratoga, y a pedirle dinero para la Revolución, que el señor Martí recibió de él la oferta de unos cientos de pesos, y le respondió que persona de su  caudal no debía dar cientos, sino miles; que airado el señor Martí, con su negativa, levantó la vista, anunciándole que le había de pesar”.

Afirma nuestro Apóstol  que es falso el testimonio, que ni  él, ni el Partido Revolucionario Cubano han pedido dinero a nadie. El hombre miente, dijo.

lunes, 29 de diciembre de 2025

 

Los que se miran y ven flojos, todo lo tienen por flojo, lo mismo que ellos

 .Orlando Guevara Núñez 

 

Al escribir en Patria estas palabras, está hablando Martí sobre quienes subestiman el valor y la grandeza de los revolucionarios cubanos. Y sobre esos detractores, dice que no ven que  Cuba está ahíta de valor, y que un hombre callado, que hala con pena la pierna perezosa y es nimio

de cara, y de color tropical, fue el bravo que se irguió ayer, y que volverá e erguirse mañana”.

Menciona como ejemplo a un hombre, Manuel Batista, quien en su tienda gana el pan de forma sencilla, “que va y viene, sin pompa ni voces, y a mucho yanqui le parecerá un comino”. Sin embargo, es el mismo que “cargó el rifle en la guerra del Norte, llevó a Cuba sus ahorros, con ellos pagó su viaje a la revolución, y el de un amigo suyo, se vio la pierna deshecha de una bala,” ¡y aquí, veinte años después, detrás de mi mostrador, espero la hora!”

La publicación apareció el 3 de septiembre de 1892.

 

Nada piden los cubanos al mundo sino el conocimiento y respeto de sus sacrificios, y dan al universo su sangre

 

>Orlando Guevara Núñez    

Cuando José Martí escribió esta afirmación, estaba ya en la manigua cubana. Fue el 2 de mayo de 1895, en carta dirigida al director del periódico The New York Herald. La misiva aparece también con la firma del Generalísimo Máximo Gómez Báez.2. Este órgano de prensa había ofrecido su espacio a la Revolución  para  la publicidad, lo cual calificó Martí como un gesto noble.

Y aprovecha la ocasión  para “ expresar de modo sumario al pueblo de los Estados Unidos y al mundo las razones, composiciones y fines de la Revolución que Cuba empezó desde principio de siglo, que se mantuvo en armas con reconocido heroísmo de 1868 a 1878, y se reanuda hoy por el esfuerzo ordenado de los hijos del país dentro y fuera de la Isla, para fundar, con el valor experto y carácter maduro del cubano, un pueblo independiente, digno y capaz del gobierno que abre la riqueza estancada de la Isla de Cuba, en la paz que solo puede asegurar el decoro satisfecho del hombre, al trabajo libre de sus habitantes y al paso franco del Universo”.

En el referido documento se  expone  la política cubana sobre la contienda iniciada el 24 de febrero en Baire, y las proyecciones de la República. Se mencionan las contradicciones  entre la España colonial y la Cuba colonizada.

Se dice que  “es lícito desear que Cuba emplee en su desarrollo, con ventaja patente de los pueblos que la rodean, los caudales que paga para mantener sobre sí el gobierno que la corrompe, y acoger en su tierra propia, con exclusión forzosa de sus hijos, al español necesitado que huye a barcadas de su pueblo miserable para desalojar al cubano en Cuba de su mesa de artesano y de la propiedad de su suelo”.

Se explica que la Revolución se había venido preparando de forma ordenada, con el Partido Revolucionario Cubano al frente, con bases republicanas, para llegado el momento de la insurrección. Y se afirma que las armas no serán envainadas hasta el triunfo de la República.

En relación con los cubanos, dice la carta: “Plenamente conocedor de sus obligaciones con América y con el mundo, el pueblo de Cuba sangra hoy a la bala española, por la empresa de abrir a los tres continentes en una tierra de hombres, la república independiente que ha de ofrecer casa amiga y comercio libre al género humano” La política, posición ante el mundo, en la firma de Martí y Gómez, queda plasmada  en una magistral síntesis:

“A los pueblos de la América española no pedimos aquí ayuda, porque firmará su deshonra  aquel que nos la niegue. Al pueblo de los Estados Unidos mostramos en silencio, para que haga lo que deba, estas legiones de hombres que pelean por lo que pelearon ellos ayer, y marchan sin ayuda a la conquista de la libertad que ha de abrir a los Estados Unidos la Isla que hoy le cierra el interés español. Y al mundo peguntamos, seguros de la respuesta, si el sacrificio de un pueblo generoso, que se inmola por abrirse a él, hallará indiferente o impía a la humanidad por quién se hace”. Es curioso que en su última carta a Manuel Mercado, el 18 de mayo de 1895, Martí haga  referencia a un encuentro, en la manigua, con un corresponsal, del Herald, nombrado Eugenio Bryson.