viernes, 25 de mayo de 2018

Operación Carlota: Gloria imperecedera




El 25 de mayo de 1991, con el regreso de los últimos 500 militares cubanos que permanecían en la República Popular de Angola, llegó a su fin la Operación Carlota. Se cerraba así uno de los capítulos más brillantes en la historia del internacionalismo proletario a escala universal.
En enero de 1975, Portugal, incapaz de mantener su dominio colonial sobre Angola, había pactado con organizaciones de ese país otorgarle su independencia a fines de año. Mientras, se integraría un gobierno provisional integrado por el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) dirigido por Agosthino Neto, principal representante del pueblo angolano; el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), encabezado por Holden Roberto, un conocido agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) liderada por Jonnas Savimbi, un personaje ligado a los círculos económicos dominantes y al régimen sudafricano.
El FNLA y la UNITA, se confabularon desde el inicio contra el MPLA para impedir la verdadera independencia de Angola, apoyados por gobiernos imperiales, en primer lugar los Estados Unidos, además de Francia, Inglaterra, y la complicidad de Zaire y Sudáfrica.
La fecha fijada para la independencia de Angola había sido el 11 de noviembre de 1975. Pero las fuerzas reaccionarias violando ese acuerdo, habían organizado, financiado, armado y entrenado a las tropas encargadas de evitar el inminente ascenso del MPLA al poder, a través de las elecciones anunciadas.
Ante el peligro real, el presidente del MPLA, Agosthino Neto, pidió a Cuba ayuda militar para preservar su independencia. Desde inicios de 1965, luego de un encuentro del Che con representantes de esta organización, efectuado en El Congo, Cuba se había comprometido a prestar ayuda a los guerrilleros contra el colonialismo portugués.
A inicios de agosto de 1975, el Primer Comandante cubano, Raúl Díaz Argüelles, inició contactos con el MPLA para concretar la ayuda militar, que al inicio consistió en instructores para cuatro centros de instrucción angolanos que organizarían, prepararían y armarían a unas cincuenta unidades de las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA).
Pero las potencias agresoras se daban prisa en su objetivo de impedir la independencia. Por el Norte y por el Sur, tropas agresoras se dirigían ya hacia Luanda, la capital, para el zarpazo.
Ante el inminente golpe que hubiese aniquilado a las fuerzas revolucionarias, Cuba decidió enviar tropas regulares y armamento apropiado para enfrentar y derrotar a los agresores. Así surgió la Operación Carlota, nombre tomado de una esclava libertaria africana que el 5 de noviembre de 1843, encabezó una rebelión en el ingenio Triunvirato, de Matanzas, contra los esclavistas españoles, siendo salvajemente asesinada, atado su cuerpo a caballos que tiraban de forma contraria, hasta descuartizarla.
El 10 de noviembre de 1975, cuando ya las tropas enemigas se preparaban para entrar al día siguiente a Luanda, se produce el combate de Quifangondo, donde fuerzas cubanas y de las FAPLA asestan una rotunda derrota a los agresores, salvando la integridad del país. Al día siguiente, 11 de noviembre, Agosthino Neto proclamaba la independencia y el nacimiento de la República Popular de Angola.
Por el Norte, las tropas agresoras retrocedieron luego de la derrota, pero quedaba la misión de establecer una línea de defensa contra las fuerzas sudafricanas y de la UNITA que avanzaban por el Sur. En esa tarea, el 10 de diciembre del mismo año, caía el jefe de la Misión Cubana, Raúl Díaz Argüelles, al ser alcanzado su vehículo por una mina antitanque.
La guerra fue dura y sin tregua. En el mes de marzo, unos 36 000 cubanos combatían junto a los angolanos para salvar su independencia. Hasta que el 27 de marzo de 1976, los últimos militares sudafricanos trascendían el río Cunene y se internaban en territorio de Namibia, país entonces dominado por el régimen del apartheid.
Sudáfrica había claudicado. La guerra parecía haber llegado a su fin. Cuba, de acuerdo con el gobierno angolano, se trazó el propósito de permanecer un tiempo más en ese país, con el objetivo de ayudar a consolidar la independencia y preparar las fuerzas angolanas encargadas de hacerlo.
Pero las potencias agresoras no se dieron por vencidas y reorganizaron la lucha que costó largos años de sacrificio altruista. Vendrían nuevas epopeyas gloriosas, entre éstas la decisiva de Cuito Cuanavale. Sudáfrica otra vez derrotada, la independencia de Angola había sido preservada, la de Namibia se había alcanzado, y el apartheid quedaba definitivamente destrozado.
La Operación Carlota, proseguiría, hasta el 25 de mayo de 1991. Ya desde 1976, el hoy General de Ejército Raúl Castro había dicho que “De Angola nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.
Así, el 7 de diciembre de 1989, fueron traídos a la Patria, cargados en hombros del pueblo y sepultados en la tierra que honraron, los restos de los cubanos caídos en esa y otras misiones internacionalistas.
Una información del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, publicada en el periódico Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, ofrecía detalles sobre quienes ofrendaron su vida en misiones militares y civiles en la República Popular de Angola, Etiopía y otros países.
Los datos, tomados de esa información, merecen recordarse hoy.
En Angola ofrendaron su vida 2 016 hermanos nuestros, de ellos 787 en acciones combativas, 524 por enfermedades y 705 por accidentes; en Etiopía murieron 160: 39 en combates, 46 por enfermedades y 75 en accidentes. En otros países, los fallecidos fueron 113, correspondiendo 37 a los caídos en combate, 27 por enfermedades y 49 por accidentes.
Del total de 2 289 cubanos que con su sangre y su vida suscribieron la gloria y la victoria en Angola y otros países, 2 085 cumplían misiones militares y 204 estaban en tareas civiles. Ellos formaron parte de los más de 400 000 cubanos que durante esos años marcharon a otros pueblos hermanos, como combatientes y colaboradores.
La sangre de la esclava Carlota, se había unido en la historia a la de los cubanos que de ella heredaron la rebeldía y la convirtieron en arma para su libertad y en sentimiento solidario con otros pueblos del mundo.
Con sobradas razones, expresaría Raúl al término de la Operación Carlota: “La gloria y el mérito supremo pertenecen al pueblo cubano, protagonista verdadero de esa epopeya que corresponderá a la historia aquilatar en su más profunda y perdurable trascendencia”.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Hay dos clases de triunfo: el uno aparente, brillante y temporal; el otro, esencial, invisible y perdurable José Martí



.Orlando Guevara Núñez
En un extenso análisis sobre la victoria del partido Demócrata contra el Republicano, en  1885, escribió Martí este pensamiento. El trabajo, publicado el 9 de mayo de ese año en el diario argentino La Nación, desentraña la esencia de las elecciones en Estados Unidos.

“Es recia, y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos. Desde mayo, antes de que cada partido elija sus candidatos, la contienda empieza. Los políticos de oficio, puestos a echar los sucesos por donde más les aprovechen, no buscan para candidatos a la Presidencia aquel hombre ilustre cuya virtud sea de premiar, o de cuyos talentos pueda haber bien el país, sino el que por maña o fortuna o condiciones especiales pueda, aunque esté maculado, asegurar más votos al partido, y más influjo en la administración a los que contribuyen a nombrarlo y  sacarle victorioso”
Otro párrafo del escrito martiano expone la descomposición moral del sistema electoral en los Estados Unidos.
“Una vez nombrados en las Convenciones los candidatos, el cieno sube hasta los arzones de las sillas. Las barbas blancas de los diarios olvidan el pudor de la vejez. Se vuelcan cubas de lodo  sobre las cabezas. Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso. Se juzgan emancipados, aún los hombres eminentes, de los deberes más triviales del honor. (…) Es un hábito brutal que curará el tiempo. En vano se leen con ansias en esos meses los periódicos de opiniones más opuestas. Un observador de buena fe no sabe cómo analizar una batalla en que todos creen lícito campear de mala fe. De plano niega un diario lo que de plano afirma  el otro. De propósito cercena cada uno cuanto honre al candidato adversario. Desconocen, en esos días, el placer de honrar.
Por eso se refiere Martí a los distintos tipos de triunfo, porque no es solo ganar el gobierno, sino lo que viene después y el destino del país y de los humildes.
Han pasado  más de 130  años de aquel  análisis martiano. Y podríamos preguntarnos, ¿Ha cambiado la esencia de las elecciones en los Estados Unidos?  Juzgue el lector.

sábado, 19 de mayo de 2018

20 de mayo de 1902 Cuba, ¿República independiente o neocolonia de Estados Unidos?





.Orlando Guevara Núñez

Antes de 1959, en Cuba se celebraba el 20 de mayo como día de la independencia. Se nos decía en las escuelas que ese día había nacido la República independiente, que había cesado el dominio español y desde entonces teníamos la más plena libertad. Todo eso, se agregaba, gracias a la “generosa ayuda” del gobierno de los Estados Unidos, a quien debíamos  eterno agradecimiento.
Nuestra historia había sido totalmente falseada, en interés de los gobiernos de turno y de sus amos imperiales. La cruda verdad es que el 20 de mayo de 1902 Cuba dejó de ser colonia de España para convertirse en neocolonia de los Estados Unidos de América.
En 1898, después de 30 años de heroica lucha, el Ejército Libertador Cubano tenía virtualmente derrotado al ejército colonial español. Ya España no podía sostener la guerra desde el punto de vista militar, ni económico, ni político. La moral colonial se había desplomado ante el empuje del independentismo.
Fue ése el momento aprovechado por el gobierno de los Estados Unidos, tomando como pretexto la explosión del vapor El Maine, para satisfacer sus viejos deseos de intervenir en Cuba y materializar sus sueños de anexión. Sólo con el apoyo del Ejército Libertador Cubano (Mambì) pudieron lograr el objetivo de desembarcar y vencer en los postreros combates al ejército colonial. Esa, la llamada guerra hispano-cubano-norteamericana, sería calificada por el líder del proletariado mundial, Vladimir Ilich  Lenin, como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad.
Pero terminada la contienda bélica, ¿Fue Cuba verdaderamente libre? ¿Fue altruista o infame el gesto del gobierno de los Estados Unidos?
Una breve ojeada histórica demuestra todo lo contrario a lo que nos enseñaban en las escuelas, con pocas excepciones de educadores patriotas que se esforzaban por desentrañar la mentira.
El 10 de diciembre del mismo 1898, tiene lugar el Tratado de Paris, que ponía fin oficialmente al colonialismo español en Cuba. La primera gran injusticia y ofensa a la dignidad de los cubanos, fue su exclusión de esa negociación. Estados Unidos negoció una libertad que no había ganado y España “renunció”  a un derecho que había perdido frente a los cubanos.
Estados Unidos no estaba dispuesto a desarrollar una guerra armada contra el ejército revolucionario cubano que había derrotado a una potencia colonial después de tres décadas de cruentas luchas. Y preparó las condiciones para apropiarse de la Isla por una vía menos costosa en la cual debía ganar, además, el crédito de libertador.
Concluida la guerra, el ejército norteamericano mantuvo su ocupación y en sus manos y las del gobierno de ese país quedaban maniatadas la libertad y la independencia del pueblo cubano.
El 16 de junio de 1900, por la Orden Militar 164, norteamericana, se celebran las  primeras  elecciones de alcaldes, concejales, tesoreros, jueces municipales y correccionales. La llamada democracia norteamericana ponía de relieve su verdadera esencia. Podían votar sólo los hombres mayores de 21 años, no podían hacerlo las mujeres, había que saber leer y escribir, tener un capital de no menos de 250 pesos o haber servido en el Ejército Libertador, sin  “notas desfavorables” en su expediente.
Por esas y otras  restricciones impuestas, sólo el 14 por ciento de la población con edad para hacerlo ejerció el voto. No obstante, los resultados no fueron los esperados para la potencia imperial.
Iguales elecciones tuvieron lugar en junio de 190l. Pero con mayores limitaciones a las que se sumaron medidas coercitivas y fraudes para garantizar una mayoría de votos a favor de los candidatos que representaran los intereses yanquis.
Otra Orden Militar, esta vez la 91, rigió las reglas de esas elecciones. Los electores sólo podían elegir al 60 por ciento de los concejales. Se rechazaba la inscripción de personas con derecho a hacerlo. Se ocultaron las listas de electores a los votantes para que éstos no pudieran verificar si sus nombres figuraban en ellas. Se cambiaban nombres, lo que invalidaba luego el voto. Se utilizaron coacciones, se instrumentaron rejuegos en las mesas electorales y se negó el voto a los participantes  en las gestas independentistas contra España. De esa “lección democrática” aprendieron luego los sucesivos gobiernos cubanos amamantados por los Estados Unidos de América.
Al llegar las elecciones presidenciales de 1901, los atropellos a la nación cubana fueron mucho más allá. Tres candidatos hubo inicialmente para esos comicios. El Generalísimo Máximo Gómez Báez, héroe de las gestas independentistas cubanas, al ver los rejuegos que dominarían ese proceso, renunció a su candidatura. Igual lo hizo otro patriota, el Mayor General Bartolomé Masò, quien se opuso a acatar los designios norteamericanos para esas elecciones.
Siendo así, un solo aspirante quedó para las votaciones: Tomás Estrada Palma, quien había sucedido a José Martì como Delegado del Partido Revolucionario Cubano y para su aspirantura debió renunciar a la ciudadanía norteamericana, que poseía desde 26 años atrás. Este hombre, que había traicionado el ideal y la causa martiana y era incondicional al gobierno yanqui, accedía de esa forma al poder, en unas elecciones donde votó apenas el 7 por ciento de los cubanos con edad para hacerlo.
Pero eso no bastaba a los intereses norteamericanos en Cuba. Se necesitaba algo más seguro, más eficaz. Y surgió de esa forma la Enmienda Platt.
El 28 de febrero de 1901, el senador norteamericano Orville H. Platt, propuso una enmienda a la Ley de Gastos del Ejército, la cual, una vez aprobada por su país, debía anexarse a la Constitución cubana que regiría la nueva República. O aceptación de esa enmienda o se mantendría a Cuba bajo la ocupación militar. Esa fue la disyuntiva.
Fue una enmienda que ataba a Cuba en lo militar, lo político y lo económico, al designio de los Estados Unidos.
Uno de sus artículos, separó a  Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) de la jurisdicción cubana, afrenta que se mantuvo hasta 1925. Otro atribuía a Estados Unidos el derecho a las intervenciones militares en nuestro país, bajo el falso pretexto de conservar la independencia, mantener un gobierno adecuado, proteger vidas, propiedades y la libertad.
Cuba estaba obligada también al arrendamiento de servicios a Estados Unidos para que éste pudiera mantener la independencia y proteger la defensa de la Isla. De ese engendro nació la actual Base Naval de Guantánamo, que aún se mantiene contra la voluntad del pueblo cubano y es utilizada como centro internacional de torturas y crímenes por el gobierno norteamericano, pese a las reiteradas denuncias hechas en los más altos organismos internacionales.
Cuba, además, quedaba impedida de establecer tratados o convenios con otro poder, ni adquirir deudas públicas que no fueran con el gobierno imperial.
El propio Tomás Estrada Palma, disolvió el Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martì para hacer la Revolución y dirigir luego los destinos de la nación cubana. El Ejército Libertador había sido disuelto. ¿Cuál independencia y cuál libertad, les quedaba a los cubanos cuando el 20 de mayo de 1902 fue proclamada la República?  Después de 30 largos años de lucha, ¿República independiente o  neocolonia norteamericana?
El mismísimo gobernador militar estadounidense en Cuba durante la ocupación, Leonard Wood, dejó claros los resultados y las proyecciones a raíz de la aplicación de la Enmienda Platt. “Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es la anexión (…) Es bien evidente que está absolutamente en nuestras manos (…) Con el control, que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo (…) La Isla se norteamericanizarà gradualmente y a su debido tiempo contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo”.

La verdadera independencia, libertad, soberanía y libre autodeterminación, tendría que esperar 60 años más, hasta que el primero de enero de 1959 fue proclamado por el Comandante en Jefe Fidel Castro el triunfo de la Revolución cubana.
En esa verdad histórica, reside el odio visceral de los gobiernos norteamericanos y los reaccionarios de origen cubano a nuestro proceso revolucionario. Por eso, para esa jauría de lobos, el 20 de mayo continúa siendo una “fecha patriótica”  utilizada  para reverdecer su rabia y sus histéricos  aullidos contra Cuba. 



Sentido homenaje a José Martí ante su tumba




.Orlando Guevara Núñez

Miles de santiagueros y santiagueras, de todas las edades, acudieron  temprano hoy al cementerio de Santa Ifigenia, a rendir homenaje al Héroe Nacional cubano, José Martí, en el aniversario 123 de su caída en combate, en Dos Ríos, frente al ejército colonial español.
El tributo comenzó con un depósito de ofrendas florales, junto a la urna que atesora los restos del Apóstol de la independencia cubana,  dedicadas por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; Miguel Díaz Canel Bermúdez, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y del pueblo de Cuba.
Encabezaron el homenaje Lázaro Expósito Canto, máximo dirigente del Partido en Santiago de Cuba y Beatriz Jhonson Urrutia, vicepresidenta del Consejo de Estado y presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, ambos integrantes del Comité Central del Partido.
Esta  mañana, el dolor en el Santa Ifigenia fue multiplicado. Un silencio impresionante o voces en susurro. Expresiones de condolencia por los fallecidos en el accidente aéreo de ayer en la capital cubana. Atención al discurso de homenaje al Maestro.
El recuerdo de nuestro José Martí tiene tanta fuerza de presencia, que uno palpa sus pensamientos materializados en la obra  de la Revolución. No  son ideas pasadas, sino motoras del presente y del futuro.
En este lugar sagrado de la patria, uno, en solo una mirada, abarca la historia gloriosa del pueblo cubano. Aquí está, como ceiba fecunda, Mariana Grajales Coello, La Madre de la Patria; al lado, el Padre de la Patria, el Hombre de Mármol; y, junto al Mausoleo Martiano, también Fidel Castro Ruz, el eterno Comandante en Jefe, de quien el pueblo cubano sigue recibiendo y cumpliendo `órdenes.
Abrazados en el homenaje, uniformes escolares y de jóvenes cadetes; combatientes de la Revolución, obreros, dirigentes políticos y de las organizaciones  de masas, junto a oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior. La historia convertida en pueblo.
Así, sencillo y profundo como él, fue el homenaje a José Martí en el Santa Ifigenia, donde, más que reposar, sus restos parecen  erguirse y romper los mármoles para fundirse, como constructores, con el pueblo cubano… y más allá.