martes, 20 de marzo de 2018

Versos Sencillos de José Martí




 .Orlando Guevara Núñez

Versos profundos, podría decirse. Fueron publicados en Nueva York, en el año 1891  El propio Martí, en el prólogo, explica  cuáles motivos  los inspiraron. 
“Fue aquel  invierno de angustia en que por ignorancia, o por fe fanática, o   por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblos hispanoamericanos”
Martí veía, en ese convite, un peligro para los pueblos de nuestra América y para Cuba. Y llama a estos  versos “sencillez, escrita como jugando”.
Se imprimen estos versos porque el afecto con que los acogieron, en una noche de poesía y amistad, algunas almas buenas, los ha hecho ya públicos. Y porque amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras.
Los Versos  Sencillos  fueron dedicados por José Martí a sus amigos Manuel Mercado, mexicano, y a Enrique   Estrázulas, uruguayo.
He aquí algunos de esos versos, tan conocidos por los cubanos.
.  Yo soy un hombre sincero- de donde crece  la palma- y antes de morirme quiero- echar mis versos del alma.
.  Yo he visto al águila herida/ volar al azul sereno, y morir en su guarida la víbora del veneno.
. Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar: el arroyo de la sierra me complace más que el mar.
. Si ves un monte de espuma, es mi verso lo que ves; mi verso es un monte y es/ un abanico de plumas.
. Mi verso es de un verde claro y de un carmín encendido: mi verso es un ciervo herido que busca en el monte amparo.
. No me pongan en lo oscuro a morir como un traidor: ¡yo soy bueno, y como bueno, moriré de cara al sol!
. Yo pienso cuando me alegro/ como un escolar sencillo, en el canario amarillo, ¡Qué tiene el ojo tan negro!
. Yo quiero cuando me muera/ sin patria, pero sin amo, tener en mi losa un ramo/ de flores, 1y una bandera!.
. Rojo, como en el desierto, salió el sol al horizonte: / y alumbró a un esclavo  muerte/ colgado a un ceibo del monte.

.  Vamos, pues, hijo viril: / vamos los dos, si yo muero/ me besas, si tú … ¡prefiero/ verte muerto a verte vil!
.  Yo sé de un pesar profundo/ entre las penas sin nombres:/ ¡La esclavitud de los hombres/ es la gran pena del mundo!
. ¿Del tirano?  Del tirano/ dí todo, ¡dí más; y clava/ con furia de mano esclava/ sobre su oprobio al tirano.
. Cultivo una rosa  blanca,/ en julio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca.
 Tiene el leopardo su abrigo/ en un monte seco y pardo: /Yo tengo más que el leopardo/ porque tengo un buen amigo.
. ¡Verso, nos hablan de un Dios/ a donde van los difuntos:/ verso o nos condenan juntos/ o nos salvamos los dos!
A esta colección pertenecen dos joyas de la poesía martiana: La niña de Guatemala  y La bailarina española.

lunes, 19 de marzo de 2018

La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla



 Orlando Guevara Núñez

Esta afirmación martiana, muy utilizada entre los trabajadores de la prensa cubana  fue hecha por José Martí en un artículo publicado en el periódico Patria,  titulado Ciegos y desleales.  Ese día, 28 de enero de 1893, cumplía cuarenta años de edad.
Martí  fustiga  a quienes, en nombre de la política, mienten en momento tan crucial para la patria. Por eso comienza diciendo que “la política es la verdad”. Y más adelante señala que “el mérito es de la verdad, no de quien la dice”
Una afirmación es clara en boca del Apóstol de la independencia cubana: “Cuando se habla en nombre del país, o se dice lo que de veras dice el país, o se calla”.
La cobardía, dijo, no es la única ciencia. La ciencia está en conocer la oportunidad y aprovecharla; en hacer lo que conviene a nuestro pueblo, con sacrificio de nuestras personas; y no en hacer lo que conviene a nuestras personas con sacrificio de nuestro pueblo O se habla lo que está en el país, o se deja al país que hable”.
Marca a quienes reconocen la incapacidad de España para resolver los problemas de Cuba, pero defienden esa falsa esperanza, y abogan por unas elecciones  cuya ley califica de burlona.
A esos, y a  quienes desdeñan el empeño cubano de lograr la independencia y aceptan una política sin porvenir para la nación, política sin seguridad y sin honor, de quiebros y de bofetadas, los califica de desleales. Pero asevera que es de suponer que en nuestra tierra son más  los ciegos que los desleales.

domingo, 18 de marzo de 2018

La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.




 .Orlando Guevara Núñez
Es uno de los aforismos martianos más conocidos y utilizados. . En realidad, hasta ahí está incompleto, pues Martí continuó  así: Truécase en polvo el cráneo pensador; pero viven perpetuamente y fructifican las ideas que en él se elaboraron.
Esas palabras inician una crónica martiana, publicada en el periódico mexicano El Federalista, edición literaria, publicada del 5 de marzo de 1876.   Bien podría pensarse  que están referidas  a la muerte por motivos épicos; pero no.
Honran la memoria de una afamada  teatrista española, fallecida, Pilar Belaval, durante un homenaje a ella dedicado por el Liceo Hidalgo, de México: “Mujer bella de cuerpo y elevada de talento, maestra en la interpretación  de la comedia, dueña y señora del drama (…) Dicen que no hubo nunca mayor gracia cómica, ni pasear más picaresco, ni más intencionado mirar que aquellos con que regocijaba a su auditorio Pilar Belaval”.
En esa crónica, Martí expresó que “es una manera de honrarse, y no la menos generosa, honrar a los demás”  y  agregó estas bellas palabras:  Se cumple el arte, despierta la fiera, llora el llanto, muévese  con más vigor dentro del pecho el ave inquieta y sorprendida. Estos triunfos alcanzó la Belaval, triunfos siempre pasajeros por injusticias de  la memoria o apetito de novedades, nunca saciado  en los humanos”.
Y no faltó, en la crónica, el sentimiento patriótico de Martí: “Arbusto solitario es el alma del hijo enamorado de la patria que lejos de su amada sufre sin consuelo;  manera de morirse es ésta de vivir alejado de la patria”.
Hoy  los cubanos  afirmamos que ese pensamiento martiano, es un fiel retrato de su propia vida, de su eterna vida, porque su muerte no será nunca verdad.

sábado, 17 de marzo de 2018

El que no sabe honrar a los grandes no es digno de descender de ellos. Honrar héroes, los hace.





 .Orlando Guevara Núñez

Este aforismo fue escrito por José Martí el  1ro. de mayo de 1883, y publicado en el periódico La Nación, Buenos Aires, los días 16 y 17 de junio de 1883.  El artículo está referido a Washington  Irving, un norteamericano  político, escritor, abogado, periodista, con una vasta obra literaria, nacido un siglo atrás y fallecido en noviembre de 1859.
Martí elogia la obra de este destacado escritor y afirma que su  centenario es el centenario de la independencia de la Literatura Americana. Y él dice que:  La frase coloreada y opulenta, como mañana de bosque continental a sol tranquilo, imponía majestad, y se deshacía en colores.
Se refirió al hombre que “tuvo siempre su alma en paz en medio de los furores de la guerra”   Y escribió estas sabias palabras: ¡No es grande el que se deja arrebatar, sino el que la doma! ¡No el que va, palpitante y rugiente,, por donde sus pasiones, o las ajenas, lo empujan, sino el que clava los pies en medio de la vía, y enfrena a los demás,  y a sí propio, y ve – como por sobre dosel- sus pasiones domadas!
Habla Martí sobre la grandeza de Washington Irving y sobre el homenaje que por esos días recibe en el campo de la literatura. Y escribe otras palabras que anteceden a las del título de este trabajo:  ¡Decid que está enfermo de muerte el pueblo que no cultiva filialmente los laureles que dan sombra  a la tumba de sus héroes!

martes, 13 de marzo de 2018

Cuba, un eterno Baraguá






.Orlando Guevara Núñez


El 15 de marzo de 1878, la Protesta de Baraguá, protagonizada por el Titán de Bronce, Antonio Maceo, y un grupo de patriotas mambises, proclamó frente al gobierno colonial español que los cubanos no aceptaban la paz sin independencia y sin la abolición de la esclavitud, objetivos por los cuales habían luchado en la manigua durante diez años, en las más difíciles condiciones.
El vergonzoso Pacto del Zanjón, el 10 de febrero de ese año,  había desmovilizado a una parte importante de las fuerzas insurrectas. Algunos cansados de la lucha. Otros, arrastrados por las promesas de una  paz que salvaría el abismo existente entre la España colonial y la Cuba colonizada. Muchos depusieron las armas arrastrados por sus jefes. La falta de unidad fue un factor determinante para que Arsenio Martínez Campos, general español, obtuviera con esa paz lo que no hubiese podido lograr con la guerra.
Pero cuando parecía ya extinguida la llama de la rebeldía, se yergue en Baraguá el gesto maceísta, calificado por José Martí, como “de lo más glorioso de nuestra historia”. Frente a la claudicación zanjonera, Antonio Maceo y otros prestigiosos jefes mantenían viva esa llama y expresaban su decisión de continuar peleando.
España, sin embargo, sabiéndose incapaz de proseguir con éxito la guerra, se aferraba a las gestiones de pacificación. Conversaciones con los jefes acogidos a la rendición, propuesta de recuperación de los bienes incautados por el poder colonial a los insurrectos,  trato diferente a los prisioneros y sus familiares, además de la orientación a sus tropas de no responder a los ataques mambises, formaron parte de esa  política.
Los combatientes  del Ejército Libertador Cubano, mientras tanto, luchaban en las peores condiciones, carentes de armas, municiones y alimentos, al tiempo que debían enfrentarse a fuerzas superiores que habían quedado sin enemigos en otras partes del territorio cubano. Combatieron, sin embargo, hasta que las condiciones les mostraron el camino no de una claudicación, sino de una necesaria tregua para reiniciar la contienda independentista. Así, el patriotismo de Baraguá suplantaba para siempre la indignidad del Zanjón. Comenzaba entonces, al decir de José Martí, la tregua fecunda durante la cual se prepararía la guerra necesaria iniciada 17 años después, el 24 de febrero de 1895.
El 22 de octubre de ese mismo año, como hermoso simbolismo, desde el mismo Mangos de Baraguá, escenario de la Protesta, partiría  la invasión hacia Occidente, bajo la jefatura de Antonio Maceo, con el objetivo de extender la guerra a todo el territorio nacional y destruir las riquezas que servían de sostén al poder colonial.
La grandeza del General Antonio, forjada en el crisol de los combates y la altura de su pensamiento político, alcanzó con ese hecho militar un sitial cimero. Compartida con el Generalísimo Máximo Gómez Báez, dominicano- cubano, la gesta invasora ha sido calificada dentro y fuera de Cuba como una de las hazañas militares más brillantes de su tiempo.
Esta vez, España no podría resistir. La lucha del  Ejército Libertador Cubano había quebrantado el poderío militar y económico colonial, cuya fuerza política y moral, también  desmoronada, la conducía a una inminente derrota. Pero aquella gesta no concluyó tampoco con la victoria cubana.
José Martí, máximo jefe de la guerra, había caído en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. Antonio Maceo, luego de cumplir los objetivos de la invasión y llevarla hasta su final, caería también el 7 de diciembre de 1896. El escenario estaba listo para  la  intervención norteamericana de 1898, mediante la cual el gobierno de ese país cumpliría su añejo apetito de anexión. Tras esa contienda, calificada por Lenin como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad, Cuba pasaba, de colonia de España, a neocolonia de los Estados Unidos.
Tendrían que pasar 60 años para que el Ejército Rebelde, fundado, dirigido y conducido a la victoria por el Comandante en Jefe Fidel Castro, hiciera realidad los sueños independentistas por los cuales lucharon los mambises durante 30 años. Sólo la Revolución triunfante de enero de 1959, dignificó con su obra las ideas y la verticalidad del principal héroe de Baraguá, que hoy trascienden su época y se insertan en la nuestra con fuerza de presencia.
Por eso, el 19 de febrero del 2000, el escenario de la Protesta y del inicio de la Invasión hacia Occidente, lo fue también de otro hecho inspirado en el viril legado maceísta: El Juramento de Baraguá.
La unidad como arma principal de la victoria; la decisión de no concertar nunca pactos indignos con el enemigo, no rendirnos ni cansarnos en la lucha; defender la obra conquistada al precio de nuestra propia existencia; hacer que un ataque  a nuestro suelo tenga un precio impagable para el agresor, sin otra suerte para él que la expulsión tras un largo combate sin tregua y sin calma; mantener nuestra soberanía frente a todos los intentos anexionistas. Acrecentar  nuestra Batalla de Ideas. Baraguá siempre como bandera y escudo. Juramento de revolucionarios. Juramento de pueblo.
Así, en este nuevo aniversario de aquella Protesta, Cuba, con la frente cada día más alta, puede suscribir con Antonio Maceo, no sólo el  No nos entendemos del 15 de marzo de 1878, al reafirmarle a Martínez Campos que no aceptaba el pacto vergonzoso, sino también sus últimas palabras, durante el holocausto de San Pedro, el 7 de diciembre de 1896: ¡Esto va bien!