domingo, 7 de julio de 2024

 

7 de julio de 1955:

Del exilio, al combate y la victoria

Orlando Guevara Núñez

En la tarde del 7 de julio de 1955, tras ser amnistiado el 15 de mayo de ese mismo año, el jefe del asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro Ruz, partió hacia el exilio en México. Estaba convencido de que frente a la tiranía batistiana la única forma válida de lucha era la de las armas. Y con esa intención salió para la tierra azteca.

“Difícil explicarles cuán amargo ha sido para mi persona el paso necesario y útil de salir de Cuba. Casi lloré al tomar el avión”  Así escribiría el joven revolucionario- 29 años de edad- a sus compañeros del recién creado Movimiento Revolucionario 26 de Julio, a solo una semana de estancia en México.

Comenzaría entonces el camino lleno de escollos para organizar y entrenar hombres, adquirir recursos, armas y medios para el regreso a la Patria. Su infinito amor y entrega a su nación, a su pueblo y a la lucha revolucionaria, son visibles en la carta que el 28 de julio de ese mismo 1955 dirige también a sus compañeros en Cuba: (…)  “Parece que lo destruyen a uno en mil pedazos cuando lo alejan de la Patria a la que solo se puede volver honrosamente, o no volver nunca más. Sería necesario comprender toda la firmeza de esta decisión para juzgar de nuestro ánimo. Yo ando recogiendo todavía los pedazos de mis sentimientos personales que son los de un hombre que por dignidad, ideal y deber todo lo ha renunciado en esta vida”.

Ese dolor, sin embargo, lejos de menguar el espíritu revolucionario, lo incentiva. La fe inquebrantable en el pueblo y en las posibilidades del triunfo se fortalece. El 2 de agosto del mismo año, escribe a sus compañeros que en Cuba aguardaban el momento para reiniciar la lucha armada. (…)  “Considero tan importante y delicado lo de afuera, que soporto con resignación la amargura de esta ausencia y convierto toda mi pena en impulso, en deseo ardiente de verme peleando cuanto antes en la tierra cubana. Vuelvo a reiterar mi promesa de que si lo que anhelamos no fuera posible, si nos quedáramos solos, me verían llegar en bote, a una playa cualquiera, con un fusil en la mano”.

Su posición inclaudicable se reitera en otra de sus misivas a sus compañeros de lucha: “En el más infortunado de los casos, de nosotros podrá decirse el día de mañana que supimos morir ante un imposible, pero nunca que se nos vio llorar de impotencia”

Pero no es solo la decisión de pelear para derrocar al sanguinario tirano Fulgencio Batista. Es la visión de construir una Patria nueva. En la citada carta del 2 de agosto de 1955 a sus compañeros, les dice: “Miren: yo tengo una gran fe; pero no es una fe religiosa, sino racional y lógica, porque en esta hora de tremenda confusión, somos los únicos que tenemos una línea, un programa y una meta. ¡Y decisión para alcanzarla o morir en el empeño! Pienso pronto dedicarme a la redacción de nuestro programa completo y someterlo a la consideración de ustedes. Será un mensaje de esperanza en un mundo mejor al pueblo de Cuba y una promesa de buscarlo con nuestra vida y nuestra sangre”.

El siguiente año de su estancia en México, transcurre en medio de una febril actividad organizativa, enfrentando dificultades económicas y estrecha vigilancia enemiga que implicó, incluso, la prisión.

Así se reclutaron, organizaron y entrenaron los futuros expedicionarios del yate Granma. En el 56 seremos libres o seremos mártires, declaró entonces el máximo representante de la rebeldía cubana. Y expresó una convicción corroborada tiempos después por la historia: Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo.

Con 81 compañeros bajo su mando, Fidel salió de Tuxpan, México, el 25 de noviembre de 1956. Llegó y entró a Cuba una semana después, el 2 de diciembre, por un lugar cercano a Playa Las Coloradas, Niquero, entonces provincia de Oriente. Y luego de una guerra revolucionaria, derrocó a la tiranía y proclamó el triunfo de la Revolución, el 1ro. de enero de 1959, en Santiago de Cuba, ciudad en la que cinco años, cinco meses y cinco días antes, había protagonizado el asalto heroico al Cuartel Moncada.

 Otros muchos compañeros de lucha, entre ellos Raúl Castro Ruz, compartieron la amargura de la ausencia involuntaria de la Patria. Pero el sacrificio no fue en vano. Del exilio, regresaron al combate y del combate marcharon hacia la victoria. La victoria de un pueblo que hoy la sostiene inspirado en el valor de los héroes del Moncada y del Granma.

 

jueves, 4 de julio de 2024

 

José Maceo: Escogido por el Dios de la Guerra

 

 

 

 

 

 

.Orlando Guevara Núñez

 

 

La gesta independentista iniciada el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua, contó de inmediato con un nutrido grupo de patriotas santiagueros que ya conspiraban contra el poder colonial español. Y entre ellos estaba José Maceo Grajales, un audaz joven de sólo 19 años de edad, quien iniciaba así su largo y útil expediente de servicio a la Patria, enriquecido por su participación en las tres guerras de ese siglo por la redención cubana.

Había nacido en la finca Las Delicias, en Majaguabo, San Luis, del indómito Oriente, el 2 de febrero de 1849. Por sus venas corría la sangre rebelde de los Maceo y en su mente fructificaban las ideas libertarias opuestas a los grilletes coloniales.

Apenas transcurridas 48 horas de su incorporación a las filas mambisas, junto a su hermano Antonio, José libraba su primer combate, en Tí Arriba. Su bravura, su lealtad y su pericia en las acciones militares, lo elevaron al sitial de Mayor General del Ejército Libertador cubano, grado concedido por José Martí, quien lo definió como un hombre “escogido por el Dios de la Guerra”.

La gloria de su vida estuvo integrada también por duros avatares que contribuyeron a forjar su recio carácter. Destierro, prisiones, persecuciones,  intrigas, discriminación por el color de su piel y su humilde procedencia. Dos veces evadió cárceles fuera del país, a las que había ido como consecuencia de la traición de autoridades españolas luego de concluida  la llamada Guerra Chiquita. Pero nada impidió la continuidad de su lucha por la independencia cubana.

El 1ro. de abril de 1895, José Maceo desembarca  por Duaba, Baracoa, junto a su hermano Antonio y otro bravo general mambí, Flor Crombet, para reiniciar la guerra necesaria. Una obligada dispersión de esa fuerza, lo sume durante 13 días en una odisea soportable sólo por hombres de su  temple. Hasta que logra incorporarse a las filas insurrectas.

Acción tras acción, se forjan sus hazañas. Y cuando el 22 de octubre de 1895 parte Antonio Maceo con la invasión hacia Occidente, deja como Jefe del

Departamento Oriental al ya legendario José Maceo, jefe del Primer Cuerpo del Ejército Libertador Cubano. Desde entonces, hasta su caída en combate el 5 de julio de 1896 en Loma del Gato, las fuerzas españolas no tuvieron tregua en  el territorio por él dirigido. Una bala en el pecho extinguió la existencia del jefe mambí, del León de Oriente, del hombre que acostumbraba siempre a marchar, en los combates, por delante de la vanguardia.

La bala enemiga que lo mató, sin embargo, fue impotente ante la figura del bravo guerrero, la cual se convirtió en símbolo y paradigma que trascendieron el hecho fatal y protagonizan los tiempos presentes. Porque el Mayor General José Maceo pertenece a la pléyade de quienes son recordados no por  el hecho de su muerte, sino por la obra de su vida.

De este héroe nacido de las entrañas del pueblo, diría el doctor Fermín Valdés Domínguez,  antes del holocausto de Loma del Gato: “Todo su cuerpo está marcado por las balas. Cuenta con 18 heridas”.

Pero hay un grande de la Patria, el Generalísimo, Máximo Gómez, que con sus apreciaciones retrata al León de Oriente en toda su dimensión. En carta de duelo escrita a su esposa, Bernarda Toro, expresa con hondo sentimiento:

“Pocos cubanos he conocido más libre, más trabajador y más valiente;  y más resuelto, ninguno. Puedo decirte que la Patria ha perdido en él a uno de sus mejores y más decididos y probados servidores (…)   Ha muerto el General José Maceo, la verdad, como moriremos muchos, pero su memoria no puede ser olvidada; y guarda tú estas líneas que desde estos campos, donde retumba el cañón, te escribo, porque ellas significan mi duelo de guerrero por la pérdida del compañero y del amigo;  que él murió en su puesto, derribado de su caballo de batalla para aparecer más alto y hermoso en la historia de tu Patria”.

La predicción de Gómez es hoy realidad, porque la figura de José Maceo vive ahí, en lo más alto y hermoso de la Patria que lo recuerda agradecida y continúa la obra por él iniciada.

 

 

 

miércoles, 3 de julio de 2024

 

José Martí: Todo es gloria en julio

 

 

.Orlando Guevara Núñez

 

Todo es gloria en julio. Así  lo dijo nuestro Héroe Nacional, José Martí, en un artículo publicado en el periódico  El Partido Liberal, de México, el 27 de septiembre de 1889. Y argumentó: “Julio es mes de heroicos aniversarios para la República en Europa y en América”.

Apunta, en primer lugar, la  declaración de  libres  de los trece Estados Unidos del Norte, ocurrida el 4 de julio de 1776 También el 9 de julio de 1816, “cuando intimaron su independencia de España las Provincias Unidas del Río de la Plata”. Y el 14 de julio de 1789 cuando en Francia fue echada abajo la puerta de La Bastilla.

El 18 de julio de 1830- agrega-  promulgó su Constitución de pueblo nuevo el Estado Oriental del Uruguay  En otro julio, día 20 de 1810, “se proclamó dueño de sí el Virreinato de Bogotá” Y el 28 de julio de 1821- apunta- fue celebrado el Primer Congreso Nacional de la tierra de los Incas.

En otra ocasión, al referirse a este mes, afirmó nuestro José Martí:
Julio tiene casco de llamas.

 

La historia tiene a veces puntos coincidentes que más parecen continuidad que casualidad. Lejos estaba nuestro José Martí de imaginar que 64 años después de aquella afirmación suya, otro julio glorioso le nacería  a su idolatrada América. Y mucho menos podría vislumbrar que de esa nueva epopeya, en su propio pueblo, sería él su autor intelectual.

Hoy, el mes de julio es todo gloria para el pueblo cubano. Y esa gloria trasciende fronteras para insertarse en la historia americana y más allá. El 26 de julio de 1953, marcó el inicio de la última etapa de lucha de nuestro pueblo por su libertad e independencia. Y el triunfo de esa causa, signó una nueva época, en la América preterida, por su segunda independencia.

Pero  julio tiene otras glorias en nuestras tierras americanas, también coincidentes en días. El 26 de julio de 1822, en Guayaquil, Ecuador, se reunieron el Libertador, Simón Bolívar y el legendario José de San Martín para definir la estrategia que condujera a la victoria final sobre el poder colonial español.

El 28 de julio de 1881, tuvo José Martí que salir de Venezuela, por voluntad del gobierno de ese país, inconforme con sus ideas políticas. Y el 28 de julio de 1954, exactamente 73 años después, nació en Venezuela el Comandante Hugo Chávez Frías, patriota bolivariano que hizo también suyas las ideas martianas. El mejor amigo de Cuba, al decir de Fidel. Pareció un desagravio a una ignominia.

También, el 19 de julio de 1979, fue el triunfo de la Revolución sandinista en Nicaragua, con trascendencia en  toda nuestra América.

Para el pueblo cubano, y especialmente para el santiaguero, el mes de julio es, además de gloria, símbolo de combate y de victoria. Fidel, biológicamente, no nació en este mes. Pero nació como líder, como conductor de ideas convertidas en convicciones, en acciones y en obras.

 En Cuba nació otra gloria imperecedera en julio: el día 30, fecha que, con Frank País como símbolo, el pueblo le rinde tributo de admiración y respeto a todos los mártires caídos en la lucha contra la tiranía batistiana.

 Así, en este nuevo julio, nos corresponde a todos, hacerlo tan glorioso como lo consideró nuestro Apóstol y lo sembró en la historia  nuestro eterno Comandante en Jefe.