sábado, 26 de diciembre de 2020

El pasado que no vamos a olvidar ( II )

 

 

 


 

.Orlando Guevara Núñez

 

 Esto es parte del “paraíso”  que teníamos los cubanos antes del triunfo de la Revolución. Es lo que quieren devolvernos el imperio y la contrarrevolución. Para eso mienten, pagan mercenarios. Pero aquí estamos, de pie, defendiendo  y engrandeciendo nuestra obra.

 

Había en Cuba 200 000 bohíos y chozas; 400 000 familias del campo y de la ciudad vivían hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud.

. Unas 2 200 000 personas de la  población urbana pagaban  alquileres que absorbían entre un quinto y un tercio de sus ingresos; y  2 800 000 de nuestra población rural y suburbana carecían de luz eléctrica.

. En  1953, cifras ofrecidas por el Censo Nacional, sólo  el 13% de las viviendas estaban conceptuadas como buenas; el 20% fueron catalogadas como aceptables, mientras que la categoría de regular abarcó al 21%; las clasificadas como malas llegaron al 32%,  y el resto, casi un 15% fueron declaradas en estado ruinoso.

. Había  600 000 cubanos sin empleo a quienes se unían los 500 000 mil obreros del campo que solo trabajaban tres o cuatro meses al año, pasando el resto sin tener donde ganar su sustento.

. A la falta de empleo se unían los bajos salarios, los sistemas arbitrarios de pago en muchos casos basados en papeles que sustituían al dinero, al tiempo que la discriminación racial y de sexo marginaban y perjudicaban a cientos de miles de cubanos.

. Cada  año llegaban a la edad del empleo unos 100 000 jóvenes, para los cuales no existían fuentes de trabajo. Así, en 1958, último año de la tiranía en el poder, más de 700 000 cubanos, una tercera parte de la población laboral, más del 45 por ciento en las zonas rurales,  no tenía empleo permanente.

. La mujer era particularmente discriminada. En 1958, por ejemplo, solo estaban empleadas 194 000 de ellas, el 70 por ciento en labores domésticas.  Cien mil mujeres tenían que ejercer  la prostitución como medio de subsistencia.

.Antes del triunfo de la Revolución, sólo 37 900 trabajadores incrementaban la cifra de empleados cada año; en los primeros 17 años posteriores a 1958, el promedio fue de 82 300. En la primera década de la Revolución, casi un millón de cubanos encontró nuevos empleos.

Los causantes de estos males, salieron huyendo del país, con la esperanza de volver a recuperar sus privilegios. En Estados Unidos encontraron refugio y apoyo del gobierno. Ellos son parte del fracaso. Allá siguen esperando. En una  espera que no terminará nunca.

 

viernes, 25 de diciembre de 2020

El pasado que no vamos a olvidar ( I )

 

.Orlando Guevara Núñez

 

Faltan pocos días para la celebración del aniversario 62 del  triunfo de la Revolución. Los enemigos de la Revolución cubana, en su empeño de destruirla, repiten la mentira de que en la  época anterior  vivíamos en un país rico y próspero. Hasta llegan a elogiar al tirano Fulgencio Batista.

He aquí algunas realidades que los cubanos no debemos olvidar, para saber de dónde venimos, donde estamos,  hacia dónde vamos  y reafirmar nuestra decisión de que permanezcan en el pasado y no tengan ni presente ni futuro en nuestra Patria.

El 85 por ciento de los pequeños agricultores cubanos pagaba renta y vivían   amenazados  del desalojo. Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas estaba en manos extranjeras.

.Doscientas mil familias campesinas  no tenían tierra donde sembrar y, en cambio, estaban sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca 300 000 caballerías de tierras productivas.

. El 20% de los propietarios tenía menos del 1 % de las tierras. El 1 %, tenía el 46% de ese medio vital para la vida en el campo. En solo 13 latifundios norteamericanos asentados en la economía azucarera, se concentraba la impresionante cifra de 1 173 000 hectáreas, extensión  superior a la poseída por 101 278  fincas pequeñas, mientras que más de 100 000 campesinos trabajaban la tierra sin ser dueños de éstas, y sólo el 30 por ciento de quienes trabajaban el agro eran propietarios. En 894 personas  se monopolizaba  la tercera parte del área dedicada a la agricultura.

. Unos 33 000 agricultores eran aparceros, es decir, trabajaban una parcela sin ser dueños y tenían que pagar a sus propietarios, mientras que 13 000 eran precaristas, quienes se asentaban en tierras del Estado, sin proceder legal alguno. Otros 46 000 trabajaban como arrendatarios y 6 987 como subarrendatarios.

. En nuestros campos, antes de 1959, más de 200 mil familias vivían en bohíos miserables, sólo el 9 % disfrutaba del servicio eléctrico, 96 de cada 100 familias no consumía carne habitualmente, menos del 1 % comía pescado, apenas el 2 % tenía el huevo en su alimentación y  un  89 % no contaba con un decisivo recurso dietético como lo es la leche.

. Datos ofrecidos por una encuesta de una organización juvenil católica, en 1957, afirman que una familia campesina cubana, como promedio, tenía un ingreso de 46 pesos al mes para los gastos de alimentación, ropa, medicinas y transporte,  contabilizado el valor de los alimentos que ella misma producía.

Ese pasado infame fue totalmente borrado por la Revolución.  Esa es la verdadera razón del imperio yanqui para tratar de destruir el socialismo cubano.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Tiene el mundo dos razas: parecida a los insectos la una, la de los egoístas; resplandeciente, como si en sí llevara luz la otra, la de los generosos

 

 

.Orlando Guevara Núñez

A estas palabras, agrega Martí que “los  unos los sacrifican todo: patria, amistad, estimación, hasta estimación de sí mismos a su beneficio y  contentamiento”  Y sobre los  generosos  afirma que “aunque en las horas de sosiego puedan pagar tributo a los apetitos y flaquezas de la naturaleza humana, cuando la hora del atrevimiento y de la grandeza suena; cuando el honor humano o el honor patrio están en peligro (…)  se arrojan apretadamente a la pelea, camino de la luz”

Este análisis martiano aparece en unas notas para un discurso en elogio a Santo Domingo, pieza oratoria que no existe constancia de que la haya pronunciado. Se   hacía  un recordatorio  a  Gregorio Luperón Olazábal, un patriota dominicano de amplia trayectoria militar y política en ese país. El convite lo había hecho Francisco  Gregorio Billini, primo de Máximo Gómez, quien, como Luperón fue Presidente de ese hermano país.

Habla Martí de la grandeza de este hombre que sintió admiración por la causa cubana, que honró a Ignacio Agramonte cuando su caída y denegó a España un pedido de extradición de Antonio Maceo. Que no ambicionó cargos, pero estuvo siempre presto al combate por la libertad y bienestar de su pueblo.

 “Yo no sé qué simpático atractivo y no sé qué  fraternales impulsos, me llevan a mirar como mías propias las bravuras, padecimientos y esperanzas de la tierra dominicana”, escribe. Y a continuación afirma que “Hija favorecida me parece América, que no escribe poemas, pero los hace. Luego se refiere a la identidad entre Santo Domingo y Cuba. Y sobre Luperón dice que es mucho más grande que un tirano quien no ha querido serlo. Y que la luz de la libertad lo viste.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

José Martí los mencionó por su nombre despectivo: yanquis

 



. Orlando Guevara Núñez

 


En su constante denuncia a los Estados Unidos por su política de saqueo y ansias de sometimiento  sobre  los pueblos de nuestra América, José Martí también los mencionó por su mote despectivo: yanquis. En varios tomos de sus Obras Completas encontré ese calificativo. Pero hay una ocasión muy ilustrativa y fue el 16 de junio de 1890, en un discurso por la fiesta del Club de los Independientes, en Hardman Hall, publicado el 21 de ese mes en el periódico El Porvenir, de Nueva York.

(…) Todos, los de aquí y los de allá, sin capas españolas ni botas yanquis, trabajando a una, a compás y a golpe, por sobre la tierra y por debajo de la tierra, para lograr, con el respeto duradero de los hombres libres, la independencia absoluta y democrática de la patria (…).

Tras esa afirmación, un análisis realista: “Pero no todo es triunfo o causa de congratulaciones, porque la vida es como el pan, que agrada al sabor después de hecho, pero se hace con levadura agria”.

Se refiere a las distintas posiciones  nacidas de “la confianza injustificada, como solución actual de un problema actual, de la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.

Afirma que en unos casos esa confianza obedece al honrado deseo de que Cuba sea libre sin sangre; en otros, por el odio legítimo a la tiranía española y “adoración rudimentaria por lo exterior y aparente de un progreso que nos echa de su carro y nos proclama indignos de entrar en él, aunque nosotros nos empeñemos en subir al carro de donde nos echan”.

Agrega que también hay quienes – de forma respetable y sincera, aunque errónea-  piensan  que sin la anexión no podría Cuba vivir libre con seguridad. Y una clasificación más, que dice son los menos: “ La costumbre del yugo, que no les deja vivir sin él, y necesitan ponerse uno cuando salen de otro o la soberbia de tener a los demás por incapaces, por sentirse incapaces ellos, o el miedo de aparecer ahora combatiendo una solución de que les pueda venir mañana autoridad y beneficio”.

Establece nuestro Apóstol una diferencia entre esas posiciones anexionistas y el patriotismo verdadero. Y afirma que no tiene el mérito tantos amigos, puesto que enemigos son los primeros que le salen. Y exalta la virtud de los patriotas frente a la adversidad, que son siempre pocos, pero cuando huele a triunfo “caen del cielo los patriotas”.

Refiriéndose al esfuerzo cubano por su independencia, afirma que de algún cielo ha de venir la ayuda salvadora, porque no todos los cielos son injustos, pero el que no muestra que se sabe ayudar por sí, no tiene derecho para pedir ayuda a los demás.

Ante la situación analizada, plantea que el que deja de hacer, en las cosas de la patria, todo lo que puede hacer, es traidor a la patria. Expone una sentencia con valor para todos los   tiempos: ¡Y hay que empezar a tener cuidado, porque por ahí anda, por el aire y por el cielo, el que lleva los libros, y va apuntando en la lista de las traiciones, al que puede hacer y no hace!

Buena lección martiana para los anexionistas de estos tiempos, tan condenados al fracaso como sus antecesores.

Estados Unidos trató de matar a la Revolución cubana antes de que naciera

 


 

.Orlando Guevara Núñez

 

Es una verdad comprobada que el gobierno de los Estados Unidos trató de ahogar a la Revolución cubana antes de que naciera. Pero sus maniobras fracasaron. La grandeza del Comandante en Jefe Fidel Castro redujo esas aspiraciones a una quimera que persiste aún.

El  9 de diciembre de 1958, un funcionario norteamericano visitó en La Habana al tirano Fulgencio Batista, enviado por el Departamento de Estado y con la anuencia del presidente Eisenhower con una  misión concreta: aconsejarlo para que renunciara y diera paso a una Junta Cívico Militar. Una previsión para evitar el triunfo de la Revolución.

Coincidentemente, ese 9 de diciembre Fidel, en respuesta a una información de la revista norteamericana  Times en la cual se expresaba la posibilidad de que los Estados Unidos intervinieran en los asuntos cubanos, a través de la OEA dejaría bien clara su posición:

“A buena hora se aparece esa gente con esas intenciones de intervención o de llamar a la Organización de Estados Americanos (OEA). Cuando aquí la dictadura estaba tronchando cabezas por decenas y por centenares, no se preocuparon absolutamente nada por eso. No tienen derecho a venir a preocuparse ahora…De ninguna manera aceptaremos ningún tipo de intervención en este conflicto (…) No aceptaremos nada que no sea la rendición incondicional de Batista y Columbia. Todo el que permanezca al lado de la dictadura, tendrá que rendirse. Ese es un problema que no hay ni que preocuparse. El  que venga a intervenir tendrá que entrar peleando (…)

 

El 17 de ese mismo mes, el embajador de Estados Unidos en Cuba, Earl Smith, le comunicaba al dictador que su gobierno le retiraba el apoyo  y  sugería   la conveniencia de su renuncia e inmediata salida del país. En realidad habían previsto que la victoria revolucionaria era un hecho inminente y se esforzaban para evitarlo.

Fidel, al mismo tiempo, desbarataba las maniobras externas e internas.

Percatado de que en la capital cubana se tramaba un golpe de Estado para entregar el gobierno a una Junta Militar y escamotearle el triunfo al Ejército Rebelde, no dio ni tiempo ni tregua a los golpistas. La única condición era que todas las fuerzas de la tiranía depusieran sus armas y se rindieran incondicionalmente.

Hasta que el tirano huyó. Y el pretendido golpe de estado fue el que murió al momento mismo de nacer.  Desde entonces- y por eso estamos aquí- los cubanos hemos sido capaces no solo de preservar la Revolución, sino, sobre todo, de  engrandecerla y defenderla. Pese a los gobiernos yanquis, pese a la OEA y la contrarrevolución, ¡Aquí estamos y estaremos por siempre!