miércoles, 5 de marzo de 2014

Como ayer, como hoy y como Siempre: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!



.Orlando Guevara Núñez

El 5 de marzo de 1960, durante el sepelio del más de un centenar de víctimas del sabotaje al vapor francés La Coubre, perpetrado el día anterior en La Habana, el Comandante en Jefe Fidel Castro pronunció, por primera vez, la consigna de ¡Patria o Muerte! que hoy sigue siendo grito de guerra, bandera de combate y símbolo de victoria de todo el pueblo cubano.
La embarcación traía armas adquiridas por el gobierno revolucionario cubano para armar al pueblo y defender las conquistas de la Revolución y su derecho a construir su futuro. Las  manos de la CIA y del gobierno norteamericano, que desde el triunfo de enero de 1959, fueron los responsables de tan abominable crimen que, junto al centenar de cubanos fallecidos, sumó la muerte de seis marinos franceses.
Ese sabotaje no fue un hecho aislado. Fueron los tiempos de las acciones criminales contra la economía, como los sabotajes a la industria, la quema de cañaverales, seguidos por la creación de bandas mercenarias organizadas, entrenadas, armadas, financiadas y dirigidas por la CIA, causantes de asesinatos a obreros, campesinos, maestros y hombres y mujeres humildes de nuestro pueblo.
En el año siguiente, abril de 1961, se produciría la invasión mercenaria de Playa Girón.  Por eso estaban interesados en que Cuba no tuviera armas para defenderse, lo que corrobora, además, el hecho de que la primera acción que precedió a esa invasión fue el bombardeo a los aeropuertos de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, en La Habana, y Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, tratando de destruir en tierra los pocos aviones de combate de nuestras jóvenes Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Más de 1 500 mercenarios, también organizados, entrenados y armados  por el gobierno de los Estados Unidos,  fueron aniquilados en menos de 72 horas. Y precisamente, las primeras palabras que en territorio cubano escucharon  esos mercenarios, fue el grito de ¡Patria o Muerte!
Con esa consigna, nuestros milicianos, hermanados con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, aniquilaron las bandas contrarrevolucionarias. Con esa consigna, enfrentamos los días difíciles de la Crisis de Octubre de 1962, cuando bajo la amenaza  norteamericana de un exterminio nuclear, salvamos la vida porque fuimos capaces de arriesgarla antes que plegarnos  ante los intentos de destruirnos.
Con el ¡Patria o Muerte! en los labios y en el corazón, en muchas ocasiones marchamos a las trincheras, nos enfrentamos a los sabotajes, cumplimos heroicas misiones internacionalistas y hemos vencido el criminal bloqueo  que dura ya más de medio siglo.
El 7 de junio de ese mismo año, 1960, en otro de sus discursos, el Comandante en Jefe Fidel Castro, refiriéndose al papel de los revolucionarios cubanos en Cuba y más allá, expresó:
(…) ¡Esa trinchera se mantendrá firme e invencible!, porque los que estamos en ella, los que tenemos el privilegio de estar en esa trinchera, no la perderemos; los que tenemos el privilegio de jugar este rol que Cuba está jugando en la historia de este continente, sabremos estar a la altura de las circunstancias, con la seguridad de que venceremos, vencerá nuestro pueblo; ¡cueste lo que cueste, vencerá nuestro pueblo!  Porque sus hijos están decididos a defenderlo, porque sus hijos tienen el valor, el patriotismo y la unión que en una hora como esta se necesita, porque sus hijos han dicho:  ¡Patria o Muerte!   Y han dicho ¡Patria o Muerte!, porque esa es la consigna de cada cubano.  Para cada uno de nosotros, individualmente, la consigna es: ¡Patria o Muerte!, pero para el pueblo, que a la larga saldrá victorioso, la consigna es: ¡Venceremos!
Desde entonces ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!  es un escudo protector de la libertad, independencia soberanía y la dignidad de un pueblo que no solo proclama esa consigna, sino que es capaz de aplicarla en su cotidiano quehacer, frente a sus tareas políticas, económicas y sociales, como frente a los enemigos de la Revolución.

domingo, 2 de marzo de 2014

Por aquí pasó Chávez… ¡y se quedó!




. Orlando Guevara Núñez

 “Tenía que caminar aunque fuera una cuadra, una calle, una esquina. Sentir de cerca las manos, los rostros, el cariño de los santiagueros”. Ese fue el sentimiento expresado por  el Comandante  bolivariano Hugo Rafael Chávez Frías aquel histórico 22 de diciembre de 2007, cuando estuvo de visita en esta ciudad… ¡y aquí se quedó viviendo!
Lo vimos y lo admiramos junto al General de Ejército Raúl Castro. Ese día, no hubo visitantes, sino encuentro entre hermanos. Todos queríamos verlo desde cerca. Y él correspondía a esa admiración de pueblo. Se sintió uno más entre nosotros.
“Cuando veníamos, desde el aire miraba la Sierra Maestra y entonces uno se imaginaba haber sido soldado de la Sierra Maestra. Yo soy un soldado guerrillero de la Sierra Maestra, del Cuartel Moncada, de ahí venimos. ¿Santiago? Santiago sigue siendo lo que ha sido: Cuna y motor de la Revolución”.
Ese sueño, tuvo un simbólico momento de realización, cuando Raúl le mostró al seguidor de Bolívar  el fusil de mira telescópica con el cual combatió el Comandante en Jefe Fidel Castro en las montañas orientales. Chávez enarboló el histórico fusil, lo situó junto al brazo de Fidel, en la foto situada al fondo del escenario,  y luego lo llevó a su hombro, imaginando ser uno de los soldados de Fidel en nuestros combates por la libertad.
Su amplia y franca sonrisa, se espontaneidad, su facilidad de comunicación, sin protocolos, su familiaridad, lo fundieron con el pueblo santiaguero.  Y  también un atributo que mucho admiramos porque ha acompañado siempre a los principales dirigentes de la Revolución cubana: la modestia ante los honores recibidos.
“Estoy muy emocionado al recibir la Réplica del Machete del Titán de Bronce Antonio Maceo. Yo soy un soldado patriota de las huestes de Antonio Maceo, de Simón Bolívar, de Miranda, de Sucre, de esos grandes titanes de oro, de bronce, de granito (…) Uno hubiese querido ser soldado raso de la Sierra Maestra, de las tropas de Fidel, de la guerrilla revolucionaria de Fidel. Y ahora  me entregan ustedes la Réplica del  Machete de Antonio Maceo”.

Su cariño por esta ciudad, la misma que queremos los santiagueros, los orientales y todos los cubanos, lo expresó Chávez con palabras sencillas como él mismo.
 “¡Llegó el día de llegar a Santiago! He conocido hoy la otra mitad del mundo (…) Lo de hoy ha sido una avalancha de pueblo, de amor del bueno, como dice una canción (…)  Estamos de nuevo en la hora de los hornos. (…) Somos una sola nación. Esta no ha sido una reunión internacional. No nos separa el Caribe, nos une”.
Por aquí pasó Chávez. Y desde ese día, la figura del Comandante venezolano quedó más repartida, más compartida.
Al momento de la partida, fue despedido un amigo, un hermano, pero el recuerdo de Chávez, quedó aquí atesorado.
En su visita al otrora Cuartel Moncada, el Comandante Chávez dejó testimonio escrito de su admiración por esta ciudad y su historia: “Moncada: cuna, viento, alma profunda y sencilla y semilla de la Revolución martiana…y de la Revolución bolivariana. Nosotros, hijos de esta estela, te saludamos y rendimos armas tremolando banderas. ¡Patria, Socialismo o Muerte! ¡Venceremos!”
Hoy las banderas que hizo tremolar Chávez aquel día, en el lugar donde el 26 de Julio de 1953 flamearon las de la Generación del Centenario, con Fidel al frente, siguen enhiestas, como preludio de las nuevas victorias de Venezuela y de Cuba, como confirmación de que en la América nuestra, Bolívar y Martí continúan la obra truncada por los holocaustos de Santa Marta y de Dos Ríos.
Desde aquel día memorable, Santiago de Cuba fue más de Chávez y Chávez fue más de Santiago de Cuba.


viernes, 28 de febrero de 2014

Fernando, libre; la injusticia sigue en pie




 .Orlando Guevara Núñez

Fernando González Llort, uno de los cinco antiterroristas cubanos presos  en los Estados Unidos por el único delito de monitorear a grupos terroristas que en ese país actúan con impunidad y apoyo contra Cuba, acaba de ser liberado de su prisión, tras cumplir íntegramente su  injusta condena durante más de 15 años.
Su excarcelación no rectifica la injusticia. Ni él ni los otros cuatro: Gerardo, Ramón, Antonio y René, este último liberado el pasado año, cometieron los delitos por los cuales la mal llamada justicia norteamericana los condenó a penas, además de injustificadas, desproporcionadas.
Los cargos principales contra ellos: Conspiración para cometer asesinato en primer grado (en el caso de Gerardo); conspiración para cometer espionaje (atribuida a Gerardo, Ramón y Antonio)  y conspiración para cometer delitos contra Estados Unidos, atribuida a los Cinco, carecieron por completo de pruebas. Eso quedó probado en el propio juicio; pero la verdad fue opacada por la mentira, el odio venció a la razón y la injusticia se impuso a la justicia.
Muchos prestigiosos juristas norteamericanos se siente avergonzados del lodo que ha caído sobre el sistema judicial de su país, no solo por haber fabricado esta maniobra que viola hasta la propio Constitución de la potencia imperial que se auto proclama campeón de los derechos humanos y de la democracia en el mundo.
La injusticia continúa en pie. En prisión queda Gerardo, condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión; Ramón Labañino, con sanción de 30 años y Antonio Guerrero, con reclusión de 21 años con 10 meses.
Hoy la solidaridad internacional se intensifica, incluyendo la de muchas personas honestas en los Estados Unidos, para que se ponga fin a la arbitrariedad, y los cinco cubanos regresen al seno de su familia y de su pueblo.
En las manos del presidente Obama está la posibilidad de liberar a estos prisioneros. El no engendró  esa bochornosa patraña, pero la ha asumido o, al menos la ha permitido, posición que desdice de su Premio Nobel de la Paz y de categoría de Profesor en Derecho Constitucional.
Diversos medios de prensa se hacen eco hoy de la reciente liberación de Fernando, el que está ya en tierra cubana.  Y publican también el mensaje de Gerardo Hernández Nordelo por ese acontecimiento, el cual a continuación reproduzco, tomado de Cubadebate y acreditado al periódico Granma:
                 FERNANDO EL GIGANTE
A cada uno de los Cinco nos toca ser —obviamente— el más o el menos “algo” entre nosotros. De la misma manera en que Ramón es el más alto, seguido muy de cerca por René, a Fernando le tocó ser el de menos estatura física, mientras que el segundo lugar en esa categoría se lo quité a Tony por un pelo. (Aunque eso del pelo sea un decir). Ese “título” de Fernando le valió que, en parte por cariño, y también por la arraigada costumbre profesional de evitar los nombres, a veces, entre nosotros, le llamáramos “el pequeño”.
Lo anterior podría parecer inmaterial, y hasta algo frívolo, pero en estos días de alegría y ansiedad, cuando lo separan apenas unas horas de su libertad (y ojalá también de su regreso) mientras recuerdo tantas muestras de grandeza que ha dado nuestro hermano, he reparado en la ironía que encierra el llamar “pequeño” a ese gigante.
Cuando nos arrestaron, Fernando tenía razones extra para sentir angustia, dolor, frustración… En términos del béisbol que tanto le gusta: él lanzaba también juegos completos, pero su misión en Miami aquella vez, era de relevo corto. Debía regresar a Cuba pronto. Su boda estaba casi lista. La novia, esa Rosa guerrera que por él sacrificó todo en la vida, quedó casi vestida. Aun así, del gigante jamás escuchamos un lamento.
Presencié cuando su abogado del juicio, Joaquín Méndez, le advirtió con toda razón profesional que, dada la menor gravedad de los cargos que a él se le imputaban, cualquier defensor de respeto optaría por separarlo de los demás como estrategia. La respuesta de Fernando, como la de René ante similar sugerencia, fue tajante e inequívoca.
Quince años y medio después, Fernando, como René, saldrá de la prisión con la frente en alto. Tampoco a él le regalaron nada. Su sentencia fue la máxima posible, y el tiempo descontado por buena conducta se lo ganó, y por ley tenían que dárselo.
Quienes lo queremos y admiramos, hoy celebramos. Convencidos de que nuestra lucha se refuerza con otro abanderado, le hacemos llegar un fuerte abrazo, y le decimos:
¡Felicidades gigante!
¡Gracias por tu ejemplo!
Gerardo Hernández Nordelo
Prisión Federal de Victorville
California, Febrero 25, 2014.

jueves, 27 de febrero de 2014

El Padre de todos los cubanos



.Orlando Guevara Núñez



El 29 de mayo de 1870, fue fusilado por las tropas colonialistas españolas en Cuba, el patriota Oscar de Céspedes y Céspedes. Con 23 años de edad, había abandonado las aulas de la Universidad de La Habana, en la carrera de Derecho, para incorporarse a la gesta independentista iniciada el 10 de octubre de 1868.
Oscar, junto a otros patriotas, había sido hecho prisionero, junto a su esposa Manuela, tras un asalto español al campamento mambí de La Caridad, cercano al histórico poblado de Guáimaro.
El mando español, en esa ocasión, quiso utilizar el chantaje con el progenitor del joven Oscar, proponiendo la liberación del prisionero si el padre desistía de la lucha y abandonaba el país.
El padre de Oscar no era otro que Carlos Manuel de Céspedes, el máximo jefe del alzamiento revolucionario del 10 de Octubre, cuando dio libertad a sus esclavos y se lanzó a la lucha por la independencia cubana.
Siendo Presidente de la República, el máximo jefe independentista recibiò una carta del Mando español con la insultante propuesta. “En mi poder, prisionero por fuerzas a mi mando, su hijo, Oscar de Céspedes. En sus manos de usted queda su salvación, dígame por el punto que quiere embarcarse para darles absoluta garantía. Por el portador puede darme la contesta”.
Se ha dicho que, en realidad, esa proposición indigna se hizo cuando Oscar había sido fusilado. Una prueba más de la felonía colonial, que se había propuesto eliminar también al padre.
Entonces  la respuesta fue dada por la dignidad. “Primero perecerá toda mi familia y yo con ellos que traicionar a mi Patria. Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueren por nuestras libertades patrias”.
Fue ese el hecho de que hoy a Carlos Manuel de Céspedes se la conozca en Cuba como El Padre de la Patria. Oscar fue fusilado. Pero su padre ganó a millones de hijos que continúan venerándolo como el hombre que inició la Revolución continuada luego por José Martí y conducida al triunfo por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 1ro. de enero de 1959.
Los cubanos recordamos a Oscar y a Carlos Manuel como un símbolo del espíritu inclaudicable de la familia cubana, en defensa de su libertad e independencia.

El Padre de todos los cubanos



 .Orlando Guevara Núñez

El 29 de mayo de 1870, fue fusilado por las tropas colonialistas españolas en Cuba, el patriota Oscar de Céspedes y Céspedes. Con 23 años de edad, había abandonado las aulas de la Universidad de La Habana, en la carrera de Derecho, para incorporarse a la gesta independentista iniciada el 10 de octubre de 1868.
Oscar, junto a otros patriotas, había sido hecho prisionero, junto a su esposa Manuela, tras un asalto español al campamento mambí de La Caridad, cercano al histórico poblado de Guáimaro.
El mando español, en esa ocasión, quiso utilizar el chantaje con el progenitor del joven Oscar, proponiendo la liberación del prisionero si el padre desistía de la lucha y abandonaba el país.
El padre de Oscar no era otro que Carlos Manuel de Céspedes, el máximo jefe del alzamiento revolucionario del 10 de Octubre, cuando dio libertad a sus esclavos y se lanzó a la lucha por la independencia cubana.
Siendo Presidente de la República, el máximo jefe independentista recibiò una carta del Mando español con la insultante propuesta. “En mi poder, prisionero por fuerzas a mi mando, su hijo, Oscar de Céspedes. En sus manos de usted queda su salvación, dígame por el punto que quiere embarcarse para darles absoluta garantía. Por el portador puede darme la contesta”.
Se ha dicho que, en realidad, esa proposición indigna se hizo cuando Oscar había sido fusilado. Una prueba más de la felonía colonial, que se había propuesto eliminar también al padre.
Entonces  la respuesta fue dada por la dignidad. “Primero perecerá toda mi familia y yo con ellos que traicionar a mi Patria. Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueren por nuestras libertades patrias”.
Fue ese el hecho de que hoy a Carlos Manuel de Céspedes se la conozca en Cuba como El Padre de la Patria. Oscar fue fusilado. Pero su padre ganó a millones de hijos que continúan venerándolo como el hombre que inició la Revolución continuada luego por José Martí y conducida al triunfo por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 1ro. de enero de 1959.
Los cubanos recordamos a Oscar y a Carlos Manuel como un símbolo del espíritu inclaudicable de la familia cubana, en defensa de su libertad e independencia.