jueves, 27 de febrero de 2014

Estrellas insurrectas


 
 .Orlando Guevara Núñez
El 27 de febrero de 1958, en un lugar cercano a San Lorenzo, en la Sierra Maestra, el Jefe del Ejército Rebelde, Fidel Castro, firmó el ascenso al grado de Comandante a los hasta entonces capitanes guerrilleros Raúl Castro Ruz y Juan Almeida Bosque.
Tanto Raúl como Almeida, habían combatido en el Moncada, sufrieron prisión después del asalto y luego de la amnistía lograda por la presión popular el 15 de mayo de 1955, marcharon al exilio en México, desde donde partieron  junto a Fidel como expedicionarios del yate Granma, desembarcando cerca de Playas Coloradas, en Niquero, el 2 de diciembre de 1956.
En la expedición, los dos venían como capitanes. Raúl como jefe del pelotón de retaguardia, mientras que Almeida tenía igual responsabilidad en el pelotón del centro. Ambos participaron en el combate de Alegría de Pío y luego de la dispersión tras la inicial derrota, se unieron de nuevo a Fidel para continuar la lucha guerrillera.
Cuando el máximo jefe de la Revolución logró reagrupar a una pequeña parte de los expedicionarios - un total de 18 - entre ellos estaban Raúl y Almeida. En los primeros 15 días, 21 de los 82 integrantes de la expedición habían caído
- tres en combate y 18 asesinados - , 22  habían sido hechos prisioneros y  21, evadiendo la feroz persecución, lograron salir de la zona de operaciones.
El 17 de enero de 1957, Raúl y Almeida participan en el combate de La Plata, primera victoria del naciente Ejército Rebelde sobre las fuerzas de la tiranía batistiana. Y cuando el 28 de mayo de ese mismo año se produce el combate de  El Uvero Che, allí están ellos, distinguiéndose entre los primeros. Entre los heridos figura Almeida.
Formados en la disciplina, fogueados en los combates y en las difíciles condiciones de la lucha guerrillera, los dos combatientes demuestran sus cualidades como jefes. Son así, sus méritos ganados, sus mejores avales no sólo para el ascenso al grado de Comandante, sino para recibir del máximo jefe rebelde la misión de conducir las columnas  que extenderían la lucha armada hacia otras zonas de la provincia oriental.
En la orden de ascenso a Raúl, apuntaría Fidel: “Se comunica por este medio que ha sido ascendido al grado de Comandante el Capitán Raúl Castro Ruz y se le nombra jefe de la Columna 6 que operará en el territorio montañoso situado al Norte de la provincia de Oriente, desde el Término Municipal de Mayarí al de Baracoa, quedando bajo su mando las patrullas rebeldes que operan en dicha zona” (…)
En el caso de Almeida, señala el Comandante en Jefe: “Se comunica por este medio que ha sido ascendido al grado de Comandante el Capitán Juan Almeida Bosque y se le nombra jefe de la Columna 3 que operará en el territorio de la Sierra Maestra, situado al este del poblado de María Tomasa, debiendo extender el campo de operaciones lo más lejos posible hacia esa dirección” (…)
Antes de Raúl y Almeida, el grado de Comandante del Ejército Rebelde, otorgado por el Comandante en Jefe, en la Sierra Maestra sólo lo poseía el Che, desde julio de 1957. Ernesto Guevara de la Serna, había venido en el Granma como Teniente jefe de Sanidad y comandó la Columna 4, primera que se desprendió de la Columna Uno José Martí, dirigida por Fidel.
Las columnas conducidas por Raúl y Almeida, dieron origen al Segundo Frente Oriental Frank País  y al Tercer Frente Oriental Dr. Mario Muñoz Monroy, los que cumplieron sus misiones y fueron un puntal decisivo en la victoria.
Hoy los patriotas cubanos nos sentimos orgullosos de que junto a Fidel, continuemos teniendo como conductor de nuestra obra a Raúl y también a Almeida, aún después de muerto. Al General de Ejército y al Comandante de la Revolución - Héroes de la República de Cuba - sobre cuyos hombros brillaron y brillan  ahora con más intensidad las estrellas martianas e insurrectas.
Estrellas sostenidas por quienes haciendo realidad los versos patrióticos de Raúl Gómez García al partir hacia el asalto al Moncada, sintieron en lo más hondo la sed enfebrecida de la Patria y pusieron en la cima del Turquino la Estrella Solitaria.
                                                                                                                                          
                   







Carlos Manuel de Céspedes, símbolo de rebeldía e independencia



.Orlando Guevara Núñez
El 27 de febrero de 1874 cayó en desigual combate  contra el ejército colonial español, Carlos Manuel de Céspedes, máximo jefe de la primera Guerra de Independencia cubana, iniciada el 10 de octubre de 1868, en su ingenio Demajagua, en la actual provincia de Granma.
 Abogado de profesión, Céspedes, nacido en Bayamo el 18 de abril de 1819, al encabezar esa insurrección le dio la libertad a sus esclavos y proclamó ese día que el enemigo nos parecía grande porque nos habíamos acostumbrado a mirarlo de rodillas.
¡Independencia o Muerte!  fue el grito de guerra que presidió el alzamiento patriótico contra el coloniaje español, el cual perseguía, al mismo tiempo, la abolición de la esclavitud.
Aquella contienda, crisol de la nacionalidad cubana, terminó diez años después sin alcanzar sus objetivos no por la fuerza de las armas de España, sino por la falta de unidad entre las fuerzas cubanas.
Al momento de su muerte, Carlos Manuel de Céspedes, reconocido como el Padre de la Patria cubana, había sido despojado de sus potestades al frente de la Revolución y había marchado, completamente solo, hacia San Lorenzo, pequeña localidad de la Sierra Maestra, actual territorio de Santiago de Cuba, donde enseñaba a leer y escribir a los pobladores de esa zona  cuando  fue sorprendido y atacado por los españoles.
Su honor patriótico lo condujo a morir antes que rendirse. Así, con solo un revólver, enfrentó a la fusilería española hasta caer abatido. Los restos de tan insigne patriota cubano, reposan en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, donde recibe el homenaje perenne del pueblo al hombre que sigue simbolizando el espíritu de rebeldía e independencia de todos los cubanos.

miércoles, 12 de febrero de 2014

16 de febrero de 1903: Una ilegalidad mantenida aún por el gobierno norteamericano




.Orlando Guevara Núñez

El 16 de febrero de 1903, mediante un “convenio”, léase una imposición del gobierno de los Estados Unidos al sumiso presidente Tomás Estrada Palma, Cuba arrendaba a ese país tierras “para estaciones carboneras y navales”. Esa fue la génesis de la Base Naval norteamericana, territorio usurpado a nuestro país durante todo ese tiempo, y convertido hoy en una prisión donde la tortura y la muerte han sido un método brutal contra  prisioneros de varios países, acusados de terroristas, sin ni siquiera ser juzgados.
El apetito imperial iba mucho más allá. Pretendieron propiedades de este tipo, además de en Guantánamo, en Nipe, Cienfuegos y Bahía Honda. Solo la actitud viril de cubanos dignos opuestos a ese robo, impidió que el mal fuera mayor. Al inicio, Guantánamo y Bahía Honda fueron los territorios incluidos, quedando luego fuera el último y permaneciendo Guantánamo en calidad de arriendo, no de venta ni concesión.
El  artículo tercero de ese “convenio” estipulaba que “En tanto las dos partes contratantes no se pongan de acuerdo para la modificación o abrogación de las estipulaciones del Convenio firmado por el Presidente de la República de Cuba, el 16 de febrero de 1903, y por el Presidente de los Estados Unidos de América el 23 del mismo mes y año (…) seguirán en vigor las estipulaciones de ese Convenio en cuanto a la Estación Naval de Guantánamo”.
Han pasado más de un siglo y una década desde aquella imposición. Desde el mismo triunfo de la Revolución de enero de 1959, Cuba, en ejercicio de su soberanía, ha reclamado al gobierno de los Estados Unidos la devolución de ese pedazo de territorio, ilegalmente ocupado.
Todos los gobiernos imperialistas, desde esa fecha hasta hoy, no sólo se han negado a la devolución, sino que han convertido esa instalación militar en un medio para combatir a la Revolución. Sólo entre 1962 y 1994, desde esa posesión yanqui, fueron ejecutadas 13 498 provocaciones contra Cuba, entre éstas las que costaron la vida a los soldados cubanos Ramón López Peña y Luis Ramírez López.
Es conocido por el pueblo de Cuba que la cuota pagada por los Estados Unidos por ese territorio ascendió a unos 2 000 dólares al año. Y se conoce también que a partir de 1959 Cuba no ha hecho efectivo ninguno de esos cheques y los conserva para exponerlos algún día en un museo que recogerá la vergonzosa apropiación ilegal de una porción de nuestro territorio, cuando ésta regrese a su verdadero dueño: el pueblo cubano.
Los cubanos continuamos enarbolando la demanda sobre la devolución de la Base Naval de Guantánamo, convertida hoy en un centro de torturas en nombre del antiterrorismo, donde los verdaderos terroristas pisotean las propias leyes imperiales y se ensañan contra la dignidad y los derechos humanos.
Su mantenimiento por la fuerza, es una prueba más de la falta de seriedad del gobierno de los Estados Unidos, de su prepotencia, su naturaleza agresiva y su desprecio hacia las normas internacionales relacionadas con la soberanía de las naciones.

domingo, 9 de febrero de 2014

El Che Guevara: Ciudadano de Cuba y del mundo





.Orlando Guevara Núñez



El 9 de febrero de 1959, el Consejo de Ministros del Gobierno Revolucionario de Cuba acordó otorgar al Comandante Ernesto Guevara de la Serna (Che) la ciudadanía cubana. Esa condición la había ganado ya con creces por sus inestimables servicios a la Revolución.
En México el Che conoció a Raúl, a Fidel y a otros exiliados cubanos que preparaban el regreso a Cuba para reiniciar la lucha armada comenzada contra el tirano Fulgencio Batista el 26 de Julio de 1953 con los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes,  en Bayamo.
El Che se sumó a la gesta libertaria cubana. Y el 2 de diciembre de 1956 estaba entre los 82 expedicionarios que desembarcaron en Los Cayuelos, lugar cercano a Playas Coloradas, Niquero, entonces provincia de Oriente, ahora perteneciente a la provincia de Granma, nombre de la histórica embarcación que los condujo a nuestras costas, encabezados por el joven revolucionario Fidel Castro.
En esa expedición, el Che venía como Teniente, jefe de Sanidad. A los tres días del desembarco, en Alegría de Pío, zona de Niquero, al ser sorprendidos, los combatientes rebeldes se dispersan en varios grupos. Tres de ellos caen en combate. En los días posteriores, otros 18 hechos prisioneros mueren brutalmente asesinados. El Che resulta herido, pero logra sobrevivir e incorporarse días después a la Sierra Maestra, junto a Fidel, para proseguir la lucha.
El propio guerrillero cuenta que en esa ocasión, al emprender la marcha y tener ante sí una mochila con medicamentos y una caja de balas, pudiendo optar por una sola, tomó las balas. En aquellos momentos, el deber de soldado se imponía ante la profesión de médico.
Participó después en el combate de La Plata, litoral Sur de la Sierra Maestra, el 17 de enero de 1957, donde se forjó la primera victoria del naciente Ejército Rebelde contra las fuerzas armadas de la tiranía, que contaban entonces con más de 40 000 efectivos bien armados y asesorados por especialistas militares de los Estados Unidos.
El 28 de mayo de 1957 participó  en el combate de El  Uvero, también en la costa Sur de las montañas orientales. Allí tuvo lugar una de las más importantes victorias rebeldes, calificada por el propio Che como la obtención de la mayoría de edad de la guerrilla.
En estas acciones militares comenzó a ponerse a prueba la capacidad del futuro jefe. Así, en julio de ese mismo año de 1957, el Che es el primer combatiente  ascendido por Fidel en la Sierra Maestra al grado de Comandante del Ejército Rebelde. Y es nombrado también jefe de la Columna 4, primera que surgió de la Columna Uno José Martì, bajo el mando directo del máximo jefe revolucionario.
Su capacidad militar, demostrada en las múltiples  acciones que dirigió, así como también su talla política, le merecieron que en agosto de 1958, Fidel lo nombrara jefe de la Columna 8 Ciro Redondo, la que junto a la Columna 2 Antonio Maceo, dirigida por el Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, tendría la misión de conducir la Invasión hacia el Occidente del país, reeditando así la proeza militar que a finales del siglo XIX realizaran el Lugarteniente General del Ejército Libertador Cubano, Antonio Maceo Grajales y el Generalísimo Máximo Gómez Báez, contra el ejército colonial español.
Tanto las fuerzas del Che como las de Camilo, cumplieron su misión. Y en Santa Clara, actual provincia de Villa Clara, la Columna del Che desarrolló una de las acciones decisivas determinantes para el descabezamiento de la tiranía batistiana, al tomar la ciudad, descarrilar un tren blindado, incautar un gran número de armas, rendir las principales posiciones enemigas e imponer la victoria rebelde en ese territorio. En medio de esa acción, se produjo la huida del dictador y se logro la victoria definitiva de la Revolución.
Así, de guerrillero y jefe rebelde, el Che pasó a constructor de la nueva sociedad. Múltiples y fructíferas fueron sus ocupaciones en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al frente del Banco Nacional de Cuba, el Ministerio de Industrias y otras tareas, entre estas las relacionadas con la política exterior.
El Che fue el fundador del trabajo voluntario en Cuba y legó a los cubanos un profundo y verdadero sentimiento de internacionalismo proletario, al tiempo que su pensamiento revolucionario ahondó en el propósito de formar al hombre nuevo, al hombre del siglo XXI, despojado de las lacras y taras del sistema anterior y portador de un ser superior, capaz de los mayores sacrificios por su Patria y por la humanidad, sin pedirle nada a nadie, si explotar a nadie. Es por eso que hoy el lema de la Organización de Pioneros de Cuba, que lleva el nombre de nuestro Héroe Nacional, José Martì, expresa: Pioneros por el Comunismo, ¡Seremos como el Che!
Por esas razones, cuando se otorgó al Comandante Ernesto  Guevara de la Serna, el Che, la condición de ciudadano cubano, él ya lo era con sobradas razones, con el aval de los hechos.
Demostró su vocación internacionalista tierras africanas y al caer
 gloriosamente en Bolivia, herido el 8 de octubre de 1967 y asesinado el día 9, el Che había ganado un escalón más alto de ciudadanía: el de ciudadano del mundo.
Su imagen y su pensamiento recorren hoy muchas calles y parajes de nuestro Continente y de otras tierras del mundo que alzan sus puños y sus voces para conquistar o preservar sus derechos.
Por eso hoy su grito de guerra ¡Hasta la victoria siempre!, fructifica. Y en la nueva historia que nace, están presentes su memoria, su ejemplo y su fe inquebrantable en el triunfo que solo podrá alcanzarse con sacrificio, con lucha, frente al enemigo común e irreconciliable: el imperialismo norteamericano.

domingo, 2 de febrero de 2014

El General José Maceo Más alto y hermoso en la historia de la Patria





.Orlando Guevara Núñez


La gesta independentista iniciada el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua, contó de inmediato con un nutrido grupo de patriotas santiagueros que ya conspiraban contra el poder colonial español. Y entre ellos estaba José Maceo Grajales, un audaz joven de sólo 19 años de edad, quien iniciaba así su largo y útil expediente de servicio a la Patria, enriquecido por su participación en las tres guerras de ese siglo por la redención cubana.
Había nacido en la finca Las Delicias, en Majaguabo, San Luis, del indómito Oriente, el 2 de febrero de 1849. Por sus venas corría la sangre rebelde de los Maceo y en su mente fructificaban las ideas libertarias opuestas a los grilletes coloniales.
Apenas transcurridas 48 horas de su incorporación a las filas mambisas, junto a su hermano Antonio, José libraba su primer combate, en Tí Arriba. Su bravura, su lealtad y su pericia en las acciones militares, lo elevaron al sitial de Mayor General del Ejército Libertador cubano, grado concedido por José Martí, quien lo definió como un hombre “escogido por el Dios de la Guerra”.
La gloria de su vida estuvo integrada también por duros avatares que contribuyeron a forjar su recio carácter. Destierro, prisiones, persecuciones,  intrigas,discriminación por el color de su piel y su humilde procedencia. Dos veces evadió cárceles fuera del país, a las que había ido como consecuencia de la traición de autoridades españolas luego de concluida  la llamada Guerra Chiquita. Pero nada impidió la continuidad de su lucha por la independencia cubana.
El 1ro. de abril de 1895, José Maceo desembarca  por Duaba, Baracoa, junto a su hermano Antonio y otro bravo general mambí, Flor Crombet, para reiniciar la guerra necesaria. Una obligada dispersión de esa fuerza, lo sume durante 13 días en una odisea soportable sólo por hombres de su  temple. Hasta que logra incorporarse a las filas insurrectas.
Acción tras acción, se forjan sus hazañas. Y cuando el 22 de octubre de 1895 parte Antonio Maceo con la invasión hacia Occidente, deja como Jefe del Departamento Oriental al ya legendario José Maceo, jefe del Primer Cuerpo del Ejército Libertador Cubano. Desde entonces, hasta su caída en combate el 5 de julio de 1896 en Loma del Gato, las fuerzas españolas no tuvieron tregua en  el territorio por él dirigido. Una bala en el pecho extinguió la existencia del jefe mambí, del León de Oriente, del hombre que acostumbraba siempre a marchar, en los combates, por delante de la vanguardia.
La bala enemiga que lo mató, sin embargo, fue impotente ante la figura del bravo guerrero, la cual se convirtió en símbolo y paradigma que trascendieron el hecho fatal y protagonizan los tiempos presentes. Porque el Mayor General José Maceo pertenece a la pléyade de quienes son recordados no por  el hecho de su muerte, sino por la obra de su vida.
De este héroe nacido de las entrañas del pueblo, diría el doctor Fermín Valdés Domínguez,  antes del holocausto de Loma del Gato: “Todo su cuerpo está marcado por las balas. Cuenta con 18 heridas”.
Pero hay un grande de la Patria, el Generalísimo, Máximo Gómez, que con sus apreciaciones retrata al León de Oriente en toda su dimensión. En carta de duelo escrita a su esposa, Bernarda Toro, expresa con hondo sentimiento:
“Pocos cubanos he conocido más libre, más trabajador y más valiente;  y más resuelto, ninguno. Puedo decirte que la Patria ha perdido en él a uno de sus mejores y más decididos y probados servidores (…)   Ha muerto el General José Maceo, la verdad, como moriremos muchos, pero su memoria no puede ser olvidada; y guarda tú estas líneas que desde estos campos, donde retumba el cañón, te escribo, porque ellas significan mi duelo de guerrero por la pérdida del compañero y del amigo;  que él murió en su puesto, derribado de su caballo de batalla para aparecer más alto y hermoso en la historia de tu Patria”.
La predicción de Gómez es hoy realidad, porque a 165 años de su natalicio, la figura de José Maceo vive ahí, en lo más alto y hermoso de la Patria que lo recuerda agradecida y continúa la obra por él iniciada.