miércoles, 29 de julio de 2026

 

José Martí: Nada piden los cubanos al mundo sino el conocimiento y respeto de sus sacrificios, y dan al universo su sangre

Orlando Guevara Núñez 

Cuando José Martí escribió esta afirmación, estaba ya en la manigua cubana. Fue el 2 de mayo de 1895, en carta dirigida al director del periódico The New York Herald. La misiva aparece también con la firma del Generalísimo Máximo Gómez Báez.2. Este órgano de prensa había ofrecido su espacio a la Revolución  para  la publicidad, lo cual calificó Martí como un gesto noble.

Y aprovecha la ocasión  para “ expresar de modo sumario al pueblo de los Estados Unidos y al mundo las razones, composiciones y fines de la Revolución que Cuba empezó desde principio de siglo, que se mantuvo en armas con reconocido heroísmo de 1868 a 1878, y se reanuda hoy por el esfuerzo ordenado de los hijos del país dentro y fuera de la Isla, para fundar, con el valor experto y carácter maduro del cubano, un pueblo independiente, digno y capaz del gobierno que abre la riqueza estancada de la Isla de Cuba, en la paz que solo puede asegurar el decoro satisfecho del hombre, al trabajo libre de sus habitantes y al paso franco del Universo”.

En el referido documento se  expone  la política cubana sobre la contienda iniciada el 24 de febrero en Baire, y las proyecciones de la República. Se mencionan las contradicciones  entre la España colonial y la Cuba colonizada.

Se dice que  “es lícito desear que Cuba emplee en su desarrollo, con ventaja patente de los pueblos que la rodean, los caudales que paga para mantener sobre sí el gobierno que la corrompe, y acoger en su tierra propia, con

exclusión forzosa de sus hijos, al español necesitado que huye a barcadas de su pueblo miserable para desalojar al cubano en Cuba de su mesa de artesano y de la propiedad de su suelo”.

Se explica que la Revolución se había venido preparando de forma ordenada, con el Partido Revolucionario Cubano al frente, con bases republicanas, para llegado el momento de la insurrección. Y se afirma que las armas no serán envainadas hasta el triunfo de la República.

En relación con los cubanos, dice la carta: “Plenamente conocedor de sus obligaciones con América y con el mundo, el pueblo de Cuba sangra hoy a la bala española, por la empresa de abrir a los tres continentes en una tierra de hombres, la república independiente que ha de ofrecer casa amiga y comercio libre al género humano” La política, posición ante el mundo, en la firma de Martí y Gómez, queda plasmada  en una magistral síntesis:

“A los pueblos de la América española no pedimos aquí ayuda, porque firmará su deshonra  aquel que nos la niegue. Al pueblo de los Estados Unidos mostramos en silencio, para que haga lo que deba, estas legiones de hombres que pelean por lo que pelearon ellos ayer, y marchan sin ayuda a la conquista de la libertad que ha de abrir a los Estados Unidos la Isla que hoy le cierra el interés español. Y al mundo peguntamos, seguros de la respuesta, si el sacrificio de un pueblo generoso, que se inmola por abrirse a él, hallará indiferente o impía a la humanidad por quién se hace”. Es curioso que en su última carta a Manuel Mercado, el 18 de mayo de 1895, Martí haga  referencia a un encuentro, en la manigua, con un corresponsal, del Herald, nombrado Eugenio Bryson.

 

lunes, 27 de julio de 2026

 

José Martí:   Las elecciones en Estados Unidos

.Orlando Guevara Núñez

Bien de cerca presenció nuestro Martí los procesos eleccionarios presidenciales en los Estados Unidos. Y dedicó varios espacios periodísticos a su análisis.

En uno de estos artículos, expresó:  “Es recia, y nauseabunda una campaña  presidencial en los Estados Unidos. Desde mayo, antes de que cada partido elija sus candidatos, la contienda empieza. Los políticos de oficio, puestos a echar los sucesos por donde más les aprovechen, no buscan para candidatos a la presidencia aquel hombre ilustre cuya virtud sea de premiar o de cuyos talentos pueda haber bien el país, sino el que por su maña o fortuna o condiciones especiales pueda, aunque esté maculado, asegurar más votos al partido, y más influjo en la administración a los que contribuyen  a nombrarlo y sacarle victorioso¨.

Y prosiguió su análisis:  ”Una vez nombrados en las convenciones los candidatos, el cieno sube hasta los arzones de las sillas. Las barbas blancas de los diarios olvidan el pudor de la vejez. Se vuelcan cubas de lodo sobre las cabezas.  Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con  tal  que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso. Se juzgan dispensados, aún los hombres eminentes, de los deberes más triviales del honor. No concibe nuestra hidalguía latina tal desborde.  Todavía asoman, detrás de cada frase, las culatas de aquellas pistolas con que años atrás, y aún hoy de vez en cuando, se argumentaba acá en los diarios en épocas de elecciones. Es un hábito brutal que curará el tiempo. En vano se leen con ansia en esos meses, los periódicos de opiniones más opuestas. Un observador de buena fe no sabe cómo analizar  una batalla en que todos creen lícito campear de mala fe. De plano niega un diario lo que de plano afirma el otro. De propósito cercena cada uno cuanto honre al candidato adversario. Desconocen en esos días el placer de honrar¨.

(…)  Se ve aturdir, escamotear, comprar, falsear el voto¨.

 

 

domingo, 26 de julio de 2026

 

 

                            Los que asaltaron el cielo

 

..Orlando Guevara Núñez 

Personas humildes. Trabajadores, profesionales, campesinos, estudiantes, empleados. Algunos sin empleo. Esa era la procedencia de la inmensa mayoría de los jóvenes que el 26 de Julio de 1953 protagonizaron el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Esa composición social de los asaltantes desconcertó al enemigo, acostumbrado a luchas  entre los millonarios, entre los ladrones y arribistas cuyo motivo era el poder no para servir al pueblo, sino para robar más, mientras las masas  se empobrecían y eran oprimidas. Una nueva fuerza surgía en el escenario de la nación cubana.

Jóvenes procedentes, principalmente, de la Juventud Ortodoxa y del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), fundado por Eduardo R. Chibàs, cuyo lema político era Vergüenza contra dinero. Su único móvil era el patriotismo.

Por eso, desde el inicio, el propio dictador, Fulgencio Batista, mintió al afirmar que las acciones del 26 de Julio habían sido financiadas con un millón de pesos facilitados por Carlos Prío, el presidente que él mismo había derrocado con el traidor golpe de estado del  10 de marzo de l952.

Fidel demostraría después que  las armas y demás gastos habían sido costeadas con el aporte de los mismos combatientes revolucionarios, muchos de ellos despojándose de sus escasos bienes personales.

En los preparativos del asalto, 1 200 jóvenes habían sido entrenados y estaban dispuestos para el combate. Pero – cifra citada por Fidel Castro- para el asalto al Moncada y al Carlos Manuel de Céspedes, dispuso de 160 combatientes. Era lo que permitía la disponibilidad de armas.

Para las acciones en Santiago de Cuba, Fidel asignó 120 combatientes. El resto tendría su misión en Bayamo. Al Moncada irían 90, aunque en realidad fueron 78, pues dos autos extraviaron la ruta. Al Hospital Civil, bajo el mando de Abel Santamaría, segundo jefe de la acción, fueron 23, incluyendo a Haydèe Santamaría, Melba Hernández y el doctor Mario Muñoz Monroy. Al Palacio de Justicia concurrieron cinco que desde el inicio del combate fueron capitaneados por Raúl Castro. En Bayamo, en realidad la cifra fue de 25  participantes.

Fracasado el intento de tomar el Moncada, Fidel ordenó la retirada, con punto fijado en la Granjita Siboney, desde donde habían partido esa misma madrugada. De allí, rumbo a las montañas de la Gran Piedra, para proseguir la lucha armada. Un total de 18 combatientes lo siguieron, hasta ser hecho prisionero, el 1ro. de  agosto.

¿Cuál fue el destino de los moncadistas después del asalto? En las acciones de Santiago de Cuba sólo seis revolucionarios cayeron en combate. Pero  otros 45 fueron hechos prisioneros, torturados de forma salvaje y posteriormente asesinados. En Bayamo no hubo bajas rebeldes, aunque diez asaltantes detenidos resultaron también masacrados por los esbirros de la tiranía. En total, 61 muertos.

He aquí el nombre de esos héroes gloriosos de la Patria.

Flores Betancourt Rodríguez, Gildo Fleitas López, Renato Guitart Rosell, José de Jesús Madera Fernández, Pedro Marrero Aizpurúa, Carmelo Noa Gil, Pablo Agüero Guedes, Raúl de Aguiar Fernández, Reemberto Abad Alemán Rodríguez, Gerardo Álvarez Álvarez, Tomás Álvarez Breto, Juan Manuel Ameijeiras Delgado, Antonio Betancourt Flores, Hugo Camejo Valdés, Gregorio Careaga Medina, Pablo Cartas Rodríguez, Alfredo Corcho Cinta, Rigoberto Corcho López, Giraldo Córdova Cardìn, José Francisco Costa Velásquez, Fernando Chenard Piña, Juan Domínguez Díaz, Víctor Escalona Benítez, Rafael Freyre Torres, Jacinto García Espinosa, Raúl Gómez

García,  Manuel Gómez Reyes, Virginio Gómez Reyes, Luciano González Camejo, Guillermo Granados Lara, Angelo Guerra Díaz, Lázaro Hernández Arroyo, Emilio Hernández Cruz, Manuel Isla Pérez, José Antonio Labrador Díaz, Boris Luis Santa-Coloma, Marcos Martí Rodríguez, Mario Martínez Ararás, Horacio Matheu Orihuela, Wilfredo Matheu Orihuela, Roberto Mederos Rodríguez, Ramón Méndez Cabezòn, Mario Muñoz Monroy, Miguel Ángel Oramas Alfonso, Oscar Alberto Ortega Lora, Julio Reyes Cairo, Ismael Ricondo Fernández, Félix Rivero Vasallo, Manuel Rojo Pérez, Manuel Saìz Sánchez, Rolando San Román de las Llanas, Abel Santamaría Cuadrado, Osvaldo Socarràs Martínez, Elpidio Sosa González, José Luis Tasende de las Muñecas, José Testa Zaragoza, Julio Trigo López, Andrés Valdés Fuentes, Armando Valle López, Gilberto Varòn Martínez y Pedro Véliz Hernández.

Los restos venerados de 37 de esos compañeros, unidos a los de Haydèe Santamaría . Melba Hernández, Pedro Miret, y Léster Rodríguez Pérez, fallecidos después, reposan en el cementerio Santa Ifigenia, de esta ciudad santiagguera, encabezados, como en el combate, por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

Otros 32 moncadistas hechos prisioneros que lograron sobrevivir a la masacre, fueron juzgados y sancionados. Cuatro, entre ellos Raúl Castro, recibieron penas de 13 años de cárcel. A 10 años fueron condenados 22 combatientes, incluido Juan Almeida Bosque.

Tres recibieron sanción de tres años. Para dos –Haydèe Santamaría y Melba Hernández- el dictamen fue de siete meses. Y la sanción mayor, de 15 años, dictada el 16 de octubre de 1953, fue para el jefe del asalto, Fidel Castro. Otros 18 fueron absueltos por falta de pruebas y varios no fueron apresados.

Vinieron entonces los meses de prisión, durante los cuales no cesó la lucha. Luego, la  amnistía del 15 de mayo de 1955 y la partida hacia México donde se prepararía la expedición que a bordo del yate Granma llegó a Cuba el 2 de diciembre de 1956 para  reanudar la lucha armada contra la misma tiranía.

En esa nueva contienda, como expedicionarios, vendrían 21 combatientes del 26 de Julio de 1953. Entre ellos, Fidel Castro, Raúl Castro y los hoy Comandantes de la Revolución  Juan Almeida Bosque y Ramiro Valdés Menéndez. En los días del desembarco, fueron hechos prisioneros y asesinados los moncadistas Antonio López Fernández (Ñico), José Ramón Martínez Álvarez, Armando Mestre Martínez  y René Bedia Morales.

Otros dos valerosos combatientes del 26 de Julio y del Granma, Julio Díaz González y Ciro Redondo García, caerían gloriosamente en combate en la Sierra Maestra. El primero, el 28 de mayo de 1957, en El Uvero. El segundo, el 29 de noviembre de igual año en Mar Verde del  Turquino.

Varios de los que evadieron la feroz persecución después del asalto del 26 de Julio, protegidos en muchos casos por la población, se incorporaron luego a la lucha revolucionaria y hoy continúan siendo símbolos de la juventud cubana, aquella que con un  altruismo sin límites vino a esta heroica región oriental a ofrendar- como lo expresara Fidel- su vida y su sangre para que Martì siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Hoy  la Patria sigue contemplando orgullosa a aquella juventud martiana y fidelista. Ellos, los caídos y los que hoy viven, son los constructores y conductores de nuestra obra. Y con ellos, cada día, nuestro pueblo revolucionario  continúa asaltando el cielo.