La
ley de la esclavitud
.Orlando
Guevara Núñez
Razón
total tuvo nuestro General de Ejército, Raúl Castro, cuando en el 2004 calificó
a la Ley Helms-Burton, engendro norteamericano aprobado ese año para derrotar a
la Revolución, destruir nuestra independencia y convertirnos en un apéndice
yanqui.
En
un mamotreto de 458 páginas, más un anexo secreto que según ellos no publicaron
por cuestiones de seguridad nacional, se detallan todas las medidas para lograr
sus objetivos, en clara y desvergonzada violación de los derechos
internacionales.
Así,
en nombre de la democracia, la libertad y los derechos humanos, actúa el
gobierno más violador de esos principios en el mundo. Por eso es útil conocer
las aspiraciones, con plena vigencia, plasmados en esa Ley de la Esclavitud.
Lo
primero es derrotar a la Revolución, dar paso a un proceso de transición y
“actuar de manera ágil y decisiva” para impedir la sucesión del poder en Cuba,
es decir, de Raúl a Fidel y de otros cuadros a Raúl. Se plantean un cambio de
régimen. Ese proceso sería dirigido por un Coordinador norteamericano,
designado por el Departamento de Estado yanqui.
Una
primera medida sería recuperar las propiedades norteamericanas nacionalizadas
por la Revolución y que fue ese país el único que no aceptó cobrarlas, como
establece el derecho internacional.
Tal
medida, así lo reconocen, restablecería los latifundios, disolvería las
cooperativas agrícolas y traería consigo el desalojo campesino; se recuperarían
las viviendas, desalojando a quienes las habitaran y no pudieran pagar los
alquileres; eso bajo el estricto control yanqui.
Otra
prioridad sería la privatización total de la economía, incluyendo la salud y la
educación. La medicina volvería a ser una mercancía y los pacientes simples
clientes; especifican que quienes no tengan recursos para pagar ese servicio,
tendrán que buscarlo en la caridad pública . Eso lo plantea un país donde más de
40 millones de personas no cuentan con seguro médico y es, entre las naciones
ricas, donde más caras son las medicinas.
A a
las escuelas privadas tendrían acceso quienes pudieran pagarlas. Quieren que
seamos como ellos, que cuentan con más de 40 millones de personas que apenas
saben leer y escribir y donde las leyes no reconocen la educación como derecho
de todos.
Esa
Ley macabra, así lo asegura, aboliría la seguridad social, incluyendo, por inmerecidas,
las pensiones de los jubilados, a quienes organizarían en una Comisión Nacional
para darles trabajo en la construcción a los que pudieran realizarlo.
Una
cosa reconocen: esas medidas encontrarían resistencia en la población, por lo cual
habrían muchos muertos. Como respuesta, crearían un servicio
de adopción de niños que quedarían huérfanos. Y, desde luego, las adopciones
serían de personas norteamericanas.
Otra
medida rápida ansiada sería la eliminación total de los centros de
investigación científica, argumentando que un país pobre no debe hacer ese tipo
de gasto. Eso lo afirma un país que durante la epidemia de Covid-19 tuvo más de 1,239 000 fallecidos, mientras
que Cuba, por las vacunas que creó, tuvo unos 8,500. Por cada 145 fallecidos en
ese país, Cuba tuvo 1.
Hay
otras muchas cosas que para abordarlas se necesitarían varios artículos como
este. Pero no faltará el intento. Vale hacerlo como contribución a que los
cubanos conozcamos mejor la esencia estranguladora de esa Ley que ellos, con
hipocresía denominan de libertad y solidaridad democrática cubana, siendo todo
lo contrario.
En
la actualidad, los crímenes imperiales contra Cuba se multiplican, La descabellada
política de bloqueo crece. Pero esta Ley,
de la Esclavitud, adoptada hace 24 años, tiene ya su lugar en la historia de los
fracasos yanquis contra la libertad, la independencia y la soberanía de nuestro
pueblo.