jueves, 24 de septiembre de 2026

 

José Martí: Los malos solo se abren camino por entre las divisiones de los buenos

.Orlando Guevara Núñez

Prolífera fue la obra periodística de nuestro Héroe Nacional en Estados Unidos. Allí, y en otros muchos países, escribió en importantes periódicos y revistas. Así, vio la luz, en La Nación, de Argentina, el 2 de diciembre de 1890, un artículo suyo, escrito el 11 de octubre anterior, en el cual aparece el aforismo aquí citado.

Un acápite del escrito, el  último, está dedicado a las elecciones de Estados Unidos, con la obligada referencia a la enconada lucha por el poder entre los demócratas y los republicanos.

Y ya, como epílogo, habla de una agrupación de Partidos, la Liga Municipal del Pueblo, con la esperanzas de vencer en Nueva York y elegir allí a su corregidor. Cataloga de hermoso ver en el mismo estrado a un orador de los obreros, junto a un brillante orador americano.

Dice que aspiran al triunfo ahora en las próximas elecciones, porque “el empuje de un pueblo irritado solo lo detienen sus propios errores. Y a continuación, el juicio de que los malos solo se abren camino por entre las divisiones de los buenos.

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

 

José Martí: Atienda a lo justo en tiempo el que no quiera que lo justo lo devore

 .Orlando Guevara Núñez  

Una vez más, sobre los Estados Unidos habla Martí. Está abordando temas relacionados con la sociedad.  Habla sobre el voto de una enmienda de la Constitución, que prohíbe la fabricación y venta de licores, sobre el apego de la población al consumo de esos licores, sobre el carácter del voto, Su artículo fue publicado en el periódico La Opinión Pública, de Montevideo, Uruguay, en 1889.

Menciona  otra reforma en la que están juntando esfuerzos tanto Demócratas como Republicanos: la del voto libre y secreto, de manera que el que lo quiera comprar no pueda impedir que el elector sobornado ejerza su derecho y vote por quien quiera, sin que pueda ser descubierto por quien lo sobornó. Dice, sobre esto, que el mismo hombre vil no tiene gusto mayor que el de burlarse de quien lo envilece.

Opina  que el voto, aún violado, es útil, porque el que lo viola queda tachado de ladrón. Y dice que en las repúblicas es un deber ejercitar todos los derechos.

Aborda otros temas relacionados con la desigualdad social, las luchas políticas y los derechos de los hombres a pensar. Afirma que “En Nueva York cazan a los socialistas por las calles o poco menos; pero en Boston se juntan los pensadores a meditar sobre los males públicos, y una reunión de gente rica y aristocrática declara que las relaciones actuales entre los hombres son bárbaras y temibles, y que es preciso que los ricos de Boston estudien el modo de distribuir mejor la riqueza nacional, porque sobre pilas de votos comprados va mal la república, y no se ha de acabar por levantar aquí los dos montes que se han ido haciendo en todos los pueblos, uno de oro, y otro de cólera. Es necesario, dicen de Boston, que lo que es de todos por la naturaleza, no pase a ser propiedad de unos pocos”.

A continuación expone su punto de vista sobre este tema: “Las riquezas injustas; las riquezas que se arman contra la libertad, y la corrompen; las riquezas que excitan  la ira de los necesitados, de los defraudados, vienen siempre del goce de un privilegio sobre las propiedades naturales, sobre los elementos, sobre el agua y la tierra, que solo pueden pertenecer, a modo de depósito, al que saque mayor provecho de ellos para el  bienestar común”. Y  afirma: “Con el trabajo honrado jamás se acumulan esas fortunas insolentes”.

Y es más categórico al opinar que el robo, el abuso, la inmoralidad están debajo de esas fortunas enormes.  Explica que los pudientes en Boston han dicho que hay que ordenar mejor el mundo, si no quieren que el mundo se les venga encima. Y con ese fin realizan estudios de reformas sociales. Reformas, desde luego, promovidas por los ricos para preservar su poder. Es el momento en que Martí afirma que Atienda a lo justo en tiempo el que no quiera que lo justo lo devore.

martes, 22 de septiembre de 2026

 

La ley de la esclavitud

.Orlando Guevara Núñez

Razón total tuvo nuestro General de Ejército, Raúl Castro, cuando en el 2004 calificó a la Ley Helms-Burton, engendro norteamericano aprobado ese año para derrotar a la Revolución, destruir nuestra independencia y convertirnos en un apéndice yanqui.

En un mamotreto de 458 páginas, más un anexo secreto que según ellos no publicaron por cuestiones de seguridad nacional, se detallan todas las medidas para lograr sus objetivos, en clara y desvergonzada violación de los derechos internacionales.

Así, en nombre de la democracia, la libertad y los derechos humanos, actúa el gobierno más violador de esos principios en el mundo. Por eso es útil conocer las aspiraciones, con plena vigencia, plasmados en esa Ley de la Esclavitud.

Lo primero es derrotar a la Revolución, dar paso a un proceso de transición y “actuar de manera ágil y decisiva” para impedir la sucesión del poder en Cuba, es decir, de Raúl a Fidel y de otros cuadros a Raúl. Se plantean un cambio de régimen. Ese proceso sería dirigido por un Coordinador norteamericano, designado por el Departamento de Estado yanqui.

Una primera medida sería recuperar las propiedades norteamericanas nacionalizadas por la Revolución y que fue ese país el único que no aceptó cobrarlas, como establece el derecho internacional.

Tal medida, así lo reconocen, restablecería los latifundios, disolvería las cooperativas agrícolas y traería consigo el desalojo campesino; se recuperarían las viviendas, desalojando a quienes las habitaran y no pudieran pagar los alquileres; eso bajo el estricto control yanqui.

Otra prioridad sería la privatización total de la economía, incluyendo la salud y la educación. La medicina volvería a ser una mercancía y los pacientes simples clientes; especifican que quienes no tengan recursos para pagar ese servicio, tendrán que buscarlo en la caridad  pública . Eso lo plantea un país donde más de 40 millones de personas no cuentan con seguro médico y es, entre las naciones ricas, donde más caras son las medicinas.

A a las escuelas privadas tendrían acceso quienes pudieran pagarlas. Quieren que seamos como ellos, que cuentan con más de 40 millones de personas que apenas saben leer y escribir y donde las leyes no reconocen la educación como derecho de todos.

Esa Ley macabra, así lo asegura, aboliría la seguridad social, incluyendo, por inmerecidas, las pensiones de los jubilados, a quienes organizarían en una Comisión Nacional para darles trabajo en la construcción a los que pudieran realizarlo.

Una cosa reconocen: esas medidas encontrarían resistencia en la población, por lo cual habrían  muchos  muertos. Como respuesta, crearían un servicio de adopción de niños que quedarían huérfanos. Y, desde luego, las adopciones serían de personas norteamericanas.

Otra medida rápida ansiada sería la eliminación total de los centros de investigación científica, argumentando que un país pobre no debe hacer ese tipo de gasto. Eso lo afirma un país que durante la epidemia de  Covid-19 tuvo más de 1,239 000 fallecidos, mientras que Cuba, por las vacunas que creó, tuvo unos 8,500. Por cada 145 fallecidos en ese país, Cuba tuvo 1.

Hay otras muchas cosas que para abordarlas se necesitarían varios artículos como este. Pero no faltará el intento. Vale hacerlo como contribución a que los cubanos conozcamos mejor la esencia estranguladora de esa Ley que ellos, con hipocresía denominan de libertad y solidaridad democrática cubana, siendo todo lo contrario.

En la actualidad, los crímenes imperiales contra Cuba se multiplican, La descabellada política de bloqueo crece.  Pero esta Ley, de la Esclavitud, adoptada hace 24 años,   tiene ya su lugar en la historia de los fracasos yanquis contra la libertad, la independencia y la soberanía de nuestro pueblo.