lunes, 15 de junio de 2026

 

José Martí: Leña al horno, que va a necesitarse pronto el fuego

>Orlando Guevara Núñez

A su  queridísimo  hermano de luchas, Fermín Valdés Domínguez, está dirigida la carta en que Martí expone este aforismo. Está fechada en Nueva York, en mayo de 1894,

Se está refiriendo, sin duda, a la cercanía del inicio de la guerra por la independencia cubana. Le habla sobre la difícil vida de los cubanos en el exilio. Y le afirma que “por fortuna vivimos unos cuantos, que moriremos por  abrirles tierra”. Y más adelante: “Creo que ya vamos hasta por la cintura en la maravilla. Sudo muerte; pero vamos llegando. Y tengo una fe absoluta en mi pueblo, y mejor mientras más pobre: a ver si me falla. Esa sí que sería puñalada mortal”.

Le expresa a Fermín su alegría por la creación de un nuevo Club “Que no valdrá porque lleve nuestros nombres, sino por las virtudes que en nosotros creen ver sus fundadores, que con serlo, se revelan capaces de ellas”. Y se lamenta de que “Por ahí es por donde nuestra tierra está pecando: por los feos y escasos que andan, por ahí, el amor y la amistad”.

En esta misiva hace Martí una alusión a las ideas socialistas. Comienza celebrándole  a Fermín “el cariño con que tratas, y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquel, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo”. Se está refiriendo, precisamente, a los portadores  de esas ideas. Y a continuación expone: “por lo noble se ha de juzgar: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana”.

Y vierte un criterio: “Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas,  y el de la soberbia y rabia disimulada  de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros donde alzarse, frenéticos defensores de los desamparados”. Y ejemplifica con el caso de Marat, en Francia, y otros.

Sin embargo, le afirma a su amigo: “Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas y de menos claridad natural; explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla”

Como se sabe, al inicio, Martí objetó la prédica de los socialistas de utilizar la violencia contra los capitalistas para ganar sus derechos, así como también la aplicación en los Estados Unidos de las ideas de los anarquistas, surgidas en las condiciones de Europa, no de este país.  Y luego fustigó al capital por su explotación a los obreros. Y creó al Partido Revolucionario Cubano para dirigir la guerra, como única vía para la independencia, y fundar luego la república con todos y para el bien de todos.

Otra sentencia  en esta carta: “No hay sermón como el de la propia vida”

 

jueves, 11 de junio de 2026

 

José Martí: El cubano, antes que la libertad, se arranca la vida

.Orlando Guevara Núñez

Con el título  Persona y patria. El 1ro. de abril de 1893, publicó José Martí un

artículo en el periódico  Patria  en el cual escribe este pensamiento. 12 Enfatiza, en esta ocasión, el papel rector del Partido Revolucionario Cubano como organización de los cubanos, y puntualiza que el Delegado electo no es “la cabeza imperante e inamovible, de cuyo capricho o alucinación depende el sacudimiento y llamada a muerte del país en que nació”.

Analiza que puede hoy ser uno y mañana otro el Delegado. Y rebate y alerta sobre una campaña en Cuba para desacreditar su persona. Afirma que “El Partido Revolucionario Cubano es la unión de pensamiento y voluntad de todas las organizaciones cubanas y puertorriqueñas del destierro”

Reafirma su convicción de que el poder está en todos, no en una persona. Y  dice que para zares no es nuestra sangre. Sobre nuestro pueblo, escribe: “El cubano, indómito a veces por lujo de rebeldía, es tan áspero al despotismo como cortés con la razón”. El cubano es independiente, moderado y altivo. Es su dueño y no quiere dueños. Quien pretenda ensillarlo, será sacudido.

Se refirió a que en América había pueblos que estaban al caer, porque la libertad quedó en manos  de gente que no la amaba, o la entendía solo para su casta superior. Es cuando afirma: “Pero en nosotros hay una masa pública, que conoce y adora la libertad, que la habla y escribe, que la razona y la acomoda a lo verdadero, que la defenderá con las uñas y con los dientes; ¡allí estaremos todos, defendiéndola! ¡No hay placer como el de defenderla!: el cubano, antes que la libertad, se arranca la vida”.

Conoce los  obstáculos contra los que debe lucharse, pues la sociedad no es perfecta. Menciona a los indiferentes, egoístas,  viciosos, pero confía en que esa gente puede sumarse a la revolución. El Partido Revolucionario vive y triunfa, porque es la libertad, opina.

Volviendo sobre el tema de lo personal y la patria, puntualiza que “La persona hemos puesto de lado”; ¡bendita sea la patria! Hace una importante definición: la de que “La guerra que prevé y ayuda el Partido Revolucionario Cubano es la guerra de todos (…) y lo que no sea guerra de todos, y de seguro lleve la voz que ha de llevar, o no es verdad, o es la guerra de rincón”. Asevera que la idea de la persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo crítico y complejo que no se lanzará a un sacrificio estéril, sino por sus verdaderos intereses y su bienestar.

 

miércoles, 10 de junio de 2026

 

A los estribos de la Revolución

No les faltarán los pies del pueblo

.Orlando Guevara Núñez

Los aullidos de Narco Rubio y de su tutor, el presidente yanqui que si hubiese justicia en ese país estaría preso, no cesan en sus amenazas a Cuba. Entre mentiras, amenazas y sanciones, ninguno de los dos cuenta con tiempo para ocuparse de los graves problemas que hoy aquejan a ese país.

Son tan imbéciles que acuden a métodos ya fracasados para destruir a la Revolución. Y a esos métodos destinan millones de dólares que pagan los contribuyentes norteamericanos. Ni siquiera les importa el ridículo papel que desempeñan. 

Sueñan con destruir la unidad del gobierno y el pueblo cubano, socavar el prestigio de nuestros dirigentes y atemorizar al pueblo con el incremento del bloqueo. A esa farsa se suman los gusanos lamebotas que piden una agresión militar en la cual ellos, desde luego, no tendrían el coraje de venir.

La política cubana está bien clara y es la que les duele: la disposición para un diálogo basado en el respeto mutuo, nunca en la sumisión. Y si deciden agredirnos con la fuerza militar, encontrarán aquí una resistencia no con resignación a la derrota, sino, como nos han enseñado Fidel y Raúl –y ahora Díaz-Cnel-  con una fe inconmovible en la victoria.

Invadir a Cuba le costaría al imperio yanqui un precio impagable. Porque en suelo cubano ningún agresor tendría sosiego, ni seguridad, ni tregua, ni compasión. No sería una lucha contra una fuerza netamente militar, sería una lucha contra todo un pueblo armado. Ese es el fundamento de la guerra de todo el pueblo, donde no habrá equipo militar aéreo, naval o terrestre sin disparar, ni quedarán fusiles sin ajustar cuentas a los agresores.

Sería una contienda larga en la cual los muertos no estarían solo de la parte agredida. El pueblo norteamericano tendría que prepararse también para recibir a sus muertos, a los que vengan aquí no por una causa justa, sino solo para cumplir las locuras de sus dirigentes ineptos.

A los estribos de la Revolución, no les faltarán los pies del pueblo. Para que Cuba siga siendo, desde los gritos de ¡Independencia o Muerte! Y ¡Libertad o Muerte! de Céspedes y Martí, hasta el ¡Patria o Muerte! de Fidel y de Raúl, un bastión inexpugnable de libertad, de soberanía, de entereza y de dignidad.