lunes, 18 de mayo de 2026

 

Para  Martí, el homenaje por él deseado 

 

.Orlando Guevara Núñez

Este 19 de mayo, se cumplen 131 años de la caída en combate del Héroe Nacional cubano, José Martí Pérez. Aquí, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, se atesoran sus restos.

Hoy el homenaje cubano adquiere dimensión de pueblo. Porque se resume el tributo de todos  los días. Ahora, cuando visitamos su Mausoleo, sentimos la satisfacción de haber cumplido bien dos deseos por él expresados para después de su muerte.

En uno de sus Versos Sencillos, pidió: Yo quiero cuando me muera/ sin patria, pero sin amo/ tener en mi losa un ramo/ de flores y una bandera. Desde el mismo triunfo de la Revolución, los cubanos tenemos patria y no tenemos amo. Y allí, sobre la urna que le sirve de honroso lecho, permanece una bandera cubana y nunca le faltan las flores.

Pero hay otro  sueño martiano también cumplido con creces. En 1894 él escribió sobre un poeta nicaragüense, José María Mayorga Rivas, devenido héroe que cayó defendiendo la libertad de Honduras, Y yo envidio esa abnegación sublime de dar la propia vida porque vivan libres y felices  los demás”.

Le escribe a Román Mayorga que sobre la tumba de su hermano” Han debido plantar no un ciprés, sino una bandera, y al pie de la bandera, laureles, muchos laureles, porque eso piden  y requieren las tumbas de los héroes que mueren en el campo de batalla peleando por la libertad”.

 “Y  yo quisiera – afirmó - merecer para la  tumba mía, eso: la bandera de mi estrella solitaria; pero no los laureles, sino rotas al pie del asta enhiesta, las cadenas coloniales, tan infamantes y aborrecidas”.

Y así es. Allí, junto a su bandera, la Revolución le ofrendó, rotas, las cadenas coloniales. Y mucho más: rotas las cadenas neocoloniales. Y le ganó, con su sacrificio y con su sangre, la república libre e independiente que él quería, con todos y para el bien de todos.

domingo, 17 de mayo de 2026

 

Reforma Agraria cubana, más allá de las cifras

 

.Orlando Guevara Núñez

Este 17 de mayo, al  cumplirse el aniversario 67 de la Ley de Reforma Agraria en Cuba, varias publicaciones reflejan  las cifras de campesinos que antes padecían la explotación de los latifundistas, las estructura de la propiedad de la tierra, y las calamidades sufridas por los pobladores de los campos cubanos. Mencionan  la realidad de los tiempos antes y después de tan justiciera Ley, aspiración de generaciones de campesinos cubanos.

Pero hay un testimonio que retrata en toda su dimensión aquella tragedia, sin mencionar una sola cifra. Lo encontré en el libro La Sierra Maestra y más allá, del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque. Se trata de un recorrido de reconocimiento que hizo  por el territorio campo de operaciones del Tercer Frente Oriental Dr. Mario Muñoz Monroy, en la Sierra Maestra, del cual fue su jefe desde su apertura, el 6 de marzo de 1958.

Así describe el jefe guerrillero el drama campesino:

“Muchos de estos hombres han luchado por la posesión de sus tierras, reclamando sus derechos a ellas, y al no obtenerlas, las ocupan, luego son desalojados a plan de machete por los rurales y destruidos sus bohíos halándolos con yuntas de bueyes o quemándolos, un despojo brutal. Vuelven a ocuparlas y de nuevo son sacados, así una y otra vez, en lucha constante, que trasladan de unos a otros, de padres a hijos. Así son estos hombres”.

Con su proverbial sensibilidad, Almeida describe la belleza de la Sierra Maestra, de su naturaleza. Y junto a esas bondades, las crueldades sociales, la miseria que justifica el sacrificio de la lucha guerrillera para erradicarlas.

“En nuestro avance por estos parajes escuchamos, confundidos entre sí, el golpe del pilón y del hacha del leñador. Hay gente que vive en ´vara en tierra´, ranchos destartalados. Hombres desocupados buscando qué hacer, qué alimento llevar al hijo, mientras otro toma de la hamaca al niño enfermo y los lleva en brazos para la playa a esperar allí la goleta que los llevará al médico en el hospital de la ciudad, Santiago de Cuba, Pilón o Manzanillo, si no muere antes y entonces lo entierra en el cementerio de la costa, donde yacen los que así han terminado la agonía de su vida. Así es esta parte sur de la Sierra: atraso, miseria, hambre, explotación, atropello y abuso”. (…)

Aún hoy, en esta costa mencionada por Almeida, como mudos y acusadores testigos de aquella tragedia, existen 22 pequeños cementerios, donde fueron enterrados personas de todas las edades que hasta allí fueron traídos desde las montañas, en busca de un auxilio que nunca llegó.

“En el patio del batey niños flacos, desgreñados, mocosos, barrigones de cargar parásitos por andar descalzos  y comer tierra; raída la ropa o desnudos. Uno mayor, pálido el rostro, delgado, lleva una vara al hombro y en cada extremo una lata con agua que trae del río, cuesta arriba”

Otras muchas cosas describe Almeida, que son, ahora, solo símbolos de un pasado que a Cuba no podrá jamás volver.

A ese pasado es al cual quiere regresarnos el gobierno imperialista de los Estados Unidos. Lo han intentado desde Eisenhower  hasta Trump. Y seguirán luchando por el mismo propósito; pero con el mismo resultado: el fracaso. Porque, en este caso de los campesinos, que es el que tratamos, hoy tienen, además de la tierra y la libertad, la disposición, y las armas para defenderlas.

 

sábado, 16 de mayo de 2026

 

José Martí:  Sobre la amistad

.Orlando Guevara  Núñez

Fue la amistad uno de los valores humanos más defendidos y practicados por José Martí. Muchos ejemplos lo demuestran.

“Para todas las penas la amistad es remedio seguro”,  afirmó,  escribiendo también:  “Solo hay una cosa comparable al placer de hallar un amigo: el dolor de perderlo”.  Y otro razonamiento comprobado:  “La familia unida por la semejanza de las almas es más sólida, y es más querida que la familia unida por las comunidades de la sangre”. Así lo  sintió.

En otra ocasión manifestó que “La amistad es tan hermosa como el amor. Es el amor mismo, desprovisto de las encantadoras volubilidades de la mujer”.  Y definió al mejor amigo de los hombres a aquel que los pone delante de su deber.

“Los pueblos todos  -dijo - deben reunirse en amistad, y con la mayor frecuencia   dable para ir reemplazando, con el sistema de acercamiento universal, sobre la lengua de los istmos y la barrera de los mares, el sistema, muerto para siempre, de dinastías y de grupos”.

Opinó que: “Tiempo es ya de que el afecto reemplace en la ley del mundo al odio.

En sus Versos Sencillos definió Martí el valor que concedía a la amistad. Léanse dos ejemplos: Tiene el leopardo su abrigo/ en un monte seco y pardo; yo tengo más que el leopardo/ porque tengo un buen amigo.  Si dicen que del joyero/ tome la joya mejor/ tomo a un amigo sincero/ y pongo a un lado el amor.