domingo, 28 de noviembre de 2021

Fragua de símbolos patrios

.Orlando Guevara Núñez

 

En  la  épica mañana de aquel 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba, el heroísmo, el patriotismo y los disparos rebeldes, unidos, se  transformaron en fragua de símbolos  patrios con inextinguible fuerza de presencia.

La ciudad se vistió de verde olivo, color que  desde la lucha guerrillera  acompaña a nuestras instituciones armadas en la defensa de la Revolución y el cumplimiento de gloriosas misiones internacionalistas. Símbolo de un ejército que es pueblo y de un pueblo que es ejército.

El color rojinegro de los brazaletes, se convirtió en símbolo del Ejército Rebelde y de los luchadores clandestinos del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Símbolo asumido por el pueblo que lo convirtió en banderas insurrectas.

Y otro símbolo que aquel día le nació a la patria: los nombres y el ejemplo de José  Tey Saint Blancard, Antonio  Alomá  Serrano y Otto Parellada  Echeverría.

Pepito: el joven a  quien le faltaban solo dos días para cumplir  24 años de edad, entrañable compañero de Frank País, pilar en la organización de la acción armada. El joven que ante los sucesos del Moncada dijo con visión de futuro: Lo de hoy no ha sido un fracaso, ha sido un triunfo enorme. La pelea ha comenzado con esta acción heroica y deseamos secundarla. El maestro, deportista, con natural don para el mando.

Tony : quien con sus 29 años de vida se reveló ante la decisión de que él no fuera al combate, teniendo en cuenta que estaba a punto de ser padre. Y que discutió hasta revocarse la humanitaria orden. El mismo que, al despedirse de su esposa le recordó el legado martiano de que  más vale morir de pie que vivir de rodillas. Y murió sin conocer a su hija. El primero que cayó en combate

 Otto: Con  28 años de nacido. Dueño de un  pródigo historial de lucha contra la tiranía, lo que le costó persecución y prisión. El jefe que a pocos minutos de su muerte emitió a sus compañeros una orden expresiva de su valentía y determinación: Si caigo en la acción, continúen combatiendo con más valentía”.

De aquel combate emergió Frank  País como símbolo del combate clandestino. Y Santiago de Cuba engrandeció su condición de ciudad heroica.  Ciudad sin Cerrojos, la bautizó la heroína Vilma Espín al observarla, en el fragor del combate, como en la poesía de Guillén, abrir o cerrar sus puertas y ventanas, según tocaran en ella los revolucionarios o los enemigos. De fragua y crisol, la calificó Raúl. Como capital moral de la Revolución la definió Fidel.

Hoy puede decirse  que el simbolismo de Santiago de Cuba como Ciudad distinguida con el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo, tiene, entre las columnas que lo sostienen, la valerosa acción- calificada así por Frank- del 30 de noviembre de 1956.

Esos símbolos, a 65 años de nacidos, siguen siendo raíces que se multiplican en la conciencia de nuestro pueblo. Símbolos del patriotismo, de la entrega, de la valentía, de la fidelidad al martirologio. Y de la decisión de lucha, como nos planteara Raúl, con la fe inconmovible en la victoria.

 

 

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