viernes, 23 de febrero de 2018

Juan Taquechel López: raíz fecunda de las glorias presentes






.Orlando Guevara Núñez
Nuestro Héroe Nacional, José, Martí, afirmó queDe amar las glorias pasadas, se sacan fuerzas para adquirir las glorias nuevas. Con esa verdad, convertida en convicción, los santiagueros debemos recordar, en el aniversario 110 de su natalicio, a Juan Taquechel López.
Y es que Santiago de Cuba ganó su condición de Héroe de la República de Cuba, no por sus casas, edificios, calles, sus parques u otros  lugares que identifican a la ciudad. Los héroes han sido sus hijos, sus hombres y mujeres, los forjadores de su historia.
Juan Taquechel López nació en esta ciudad, el 23 de febrero de 1908,  en humilde cuna. Un día le escuché decir que había venido al mundo con dos desgracias: ser  pobre y negro en una sociedad capitalista. Y a ellas se sumaron en su juventud otros dos motivos para ser despreciado y perseguido por los gobiernos capitalistas: ser rebelde y comunista.
De la enseñanza primaria, solo guardó un recuerdo: el de sus lágrimas al no poder pasar del cuarto grado, porque su padre no podía pagar ese derecho tan humano, inalcanzable en el capitalismo  para  tantos humanos sin derechos. Pero se graduó en la universidad de la vida.
La edad de 14 años los encontró ya trabajando. Aprendiz y operario en un taller de fundición; operador de equipo de impresión, vendedor ambulante, comprador de botellas, carretillero, cocedor y estibador. En la lucha por la supervivencia fue peón, tractorista, camionero, operador de planta de asfalto, bracero. En muchas de esas labores dejó su sudor en los puertos de Santiago de Cuba, Boquerón, Manzanillo, y otros centros de Holguín, Palma Soriano, Las Tunas, Cauto Cristo, la Carretera Central…
Pero ese duro bregar, siempre con míseros salarios, forjó en el joven Taquechel la conciencia de que el capitalismo era un sistema brutal que era necesario erradicar, como única opción para dignificar la vida de los trabajadores y de toda la sociedad.
De rebelde ascendió a revolucionario. De revolucionario ascendió a comunista. A los 24 años, militó en las filas del Partido de los comunistas cubanos, con la misión concreta de trabajar en el movimiento sindical. Bajo la tiranía de Gerardo Machado, fundó el Comité Gestor del Gremio de Braceros y Peones de Almacenes en el Puerto de Santiago de Cuba, enfrentándose a los sindicalistas reformistas que le hacían el juego a los explotadores. Aquí fue secretario general de la primera célula comunista.
Fue fundador del Sindicato de Mineros de El Cobre y tuvo protagonismo en la organización sindical de los obreros de la industria y la agricultura  cañeras.
Organizó huelgas, exigió derechos, arriesgó su vida para defender la de los demás. En ocho ocasiones sufrió prisión y vejámenes que, lejos de menguar, fortalecieron su voluntad y su convicción sobre la victoria futura.
Al frente en los combates obreros y comunistas en Santiago de Cuba. El 1ro. de agosto de 1933, durante una manifestación obrera y estudiantil contra el imperialismo y el embajador yanqui, y por las demandas de los desocupados, recogió en sus brazos a América Lavadí Arce, joven comunista asesinada ese día por la represión policial.
En 1937 es fundador de la  Federación General de Trabajadores de Oriente,  de la cual fue Secretario General. Un escalón hacia la constitución de la Confederación de Trabajadores de Cuba, en 1939, que lo tuvo también como creador.
Su prestigio lo condujo a ser Representante del Parlamento por la provincia oriental, desde donde, en nombre de los socialistas, defendió los intereses de los obreros y de la sociedad frente a la burguesía. Compañero  de lucha de Jesús Menéndez y de Lázaro Peña.
A partir del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, por su actividad y filiación política, Juan Taquechel tuvo que sumirse en la clandestinidad, sin dejar nunca de combatir. Para preservar su vida, el Partido Socialista Popular decidió llevarlo a trabajar a su Dirección Nacional, en La Habana, donde permaneció hasta el triunfo de la Revolución, cuando regresó a Santiago de Cuba, reincorporándose a la labor sindical. Asumió responsabilidades en el movimiento obrero como organizador y Secretario General en Oriente.
Su larga historia después del triunfo revolucionario  no cabe en un artículo periodístico. Siempre trabajando, siempre combatiendo, siempre con la honestidad y la austeridad como estandarte. Laboró durante varios años en el Comité Provincial del Partido. Delegado a los dos primeros congresos del Partido, e invitado a los dos siguientes.
Desde 1975 trabajó como sustituto jefe en Construcciones Militares en Santiago de Cuba, donde permaneció hasta su desaparición física, ocurrida el 2 de junio de 2002, a los 94 años de edad. Ese día, al luto y el dolor del pueblo santiaguero, en las honras fúnebres  efectuadas en la sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular, se sumaron ofrendas florales dedicadas por Fidel, Raúl, Almeida, Vilma y otros dirigentes de la Revolución.
En ese mismo recinto, Juan Taquechel López, junto a la destacada revolucionaria santiaguera Gloria Cuadras de la Cruz, había tenido el honor de develar la estrella de Ciudad Héroe y la Orden Antonio Maceo, entregadas por el Consejo de Estado, por mediación de Fidel, a Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1984.
Por estas razones, Juan Taquechel está entre los hombres que no deben ser nunca sepultados en el olvido. Falleció siendo Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Pertenece a la legión de héroes que deben recordarse, más que por el dolor de su muerte, por la obra de su vida. Su  más de una veintena de condecoraciones laborales, militares y políticas avala su limpia trayectoria.
Aún recordamos  un histórico día, el 1ro. de Mayo de 1959. Ese día habló al pueblo de Santiago de Cuba el Guerrillero Heroico, Comandante Ernesto Che Guevara. También habló Juan Taquechel López, quien nos legó un mensaje con fuerza de presencia: 
“Aquí estamos reunidos con los trabajadores, los campesinos y estudiantes, significando esto que marcharemos unidos en futuras luchas. Hemos marchado por las calles con el Ejército Rebelde y las compañías armadas, en un acto de unidad. La Revolución es un golpe profundo que ha tocado a los grandes intereses y contra esos intereses hay que estar alertas”.
A él, en el aniversario 110 de su natalicio, es de justicia decirle:
Juan Taquechel López: Los santiagueros seguimos marchando unidos y  siempre alertas frente a los enemigos. Y seguiremos construyendo y defendiendo la Revolución que fue el sentido de tu vida.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Ser culto es el único modo de ser libre




.Orlando Guevara Núñez


Certera definición  de José Martí que forma parte del pensamiento de la Revolución cubana llevado a la práctica desde los días iniciales de la victoria de enero de 1959.
Esta máxima martiana fue   publicada en la revista La América, de  Nueva York, en mayo de 1884,   en artículo titulado Maestros Ambulantes.
En este trabajo responde Martí a un dominicano que le pregunta cómo establecería él el sistema de maestros ambulantes, del  cual había hablado en número anterior de la revista. Le argumentan que nunca, en libro alguno, habían visto mencionar  ese tema.
En su escrito, Martí explica la necesidad que tienen los hombres de educarse. Pero no solo de la educación como instrucción sino como formadora de conciencia del bien. Por eso, al pensamiento arriba señalado antecede otro: Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Opina que el hombre debe conocer la Naturaleza, porque necesitan de ella. “La cruzada se debe emprender ahora –dice-  para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles con el conocimiento de la ciencia llana y práctica la independencia personal que fortalece que fortalece la bondad y fomenta el decoro de ser criatura amable y cosa  viviente en el magno universo”.
Y es eso lo que precisamente deben llevar los maestros por los campos, asegura. No sólo las aplicaciones agrícolas e instrumentos mecánicos, sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien al hombre. Asegura que ·los hombres son todavía máquinas de comer, y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre una antorcha.
La escuela ambulante es la única que puede remediar la ignorancia campesina. Por eso plantea la urgencia de abrir escuelas normales de maestros prácticos, para  regarlos por montes, valles y rincones.

martes, 20 de febrero de 2018

¿Cambios yanquis para Cuba? ¡A otro con ese cuento!



                                     


.Orlando Guevara Núñez


Cuando antes del triunfo de la Revolución los cubanos padecíamos una feroz dictadura, Estados Unidos decía que éramos un país democrático. Vale recordar algunos datos frutos de aquella “democracia” solo en uno de los sectores que hoy el gobierno yanqui dice querer ayudar.

Ochenta y cinco de cada cien pequeños agricultores tenían que pagar renta por la tierra que poseían y con frecuencia eran desalojados por los voraces latifundios.
Más de la mitad de las mejores tierras de cultivo estaban en manos de latifundios extranjeros, mientras que más de doscientas mil familias del campo no tenían una pulgada de tierra donde sembrar alimentos.
El 20% de los propietarios tenían menos del 1 por ciento de la tierra, mientras el 1 por ciento de ellos acaparaba el 46 por ciento de ese medio vital para la vida.
En solo 13 latifundios norteamericanos asentados en la economía azucarera, se concentraba la impresionante cifra de 1  173  000 hectáreas, extensión  superior a la poseída por 101  278  fincas pequeñas, mientras que más de 100 000 campesinos trabajaban la tierra sin ser dueños de éstas, y sólo el 30 por ciento de quienes trabajaban el agro eran propietarios.
En 894 personas  se monopolizaba  la tercera parte del área dedicada a la agricultura.
Unos 33 000 agricultores eran aparceros, es decir, trabajaban una parcela sin ser dueños y tenían que pagar a sus propietarios, mientras que 13 000 eran precaristas, quienes se asentaban en tierras del Estado, sin proceder legal alguno. Unos y otros, eran objeto constante de extorsiones, abusos,  desalojos y crímenes en una sociedad donde la tierra no era de quienes la trabajaban. Otros 46 000 trabajaban como arrendatarios y 6 987 como subarrendatarios.
Esa situación era causante de que en nuestros campos, antes de 1959, más de 200 000 familias vivieran en bohíos miserables, sólo el 9 por ciento disfrutara del servicio eléctrico, 96 de cada 100 familias no consumieran carne habitualmente, menos del uno por ciento comiera pescado, apenas el dos por ciento tuvieran el huevo en su alimentación y  un  89 por ciento no contara con un decisivo recurso dietético como lo es la leche.
El drama de la alta mortalidad infantil –más de 60 por cada mil nacidos vivos- los desalojos, los atropellos y asesinatos, el analfabetismo y el abandono, se nutrían entonces de los campesinos y obreros agrícolas cubanos.
Datos ofrecidos por una encuesta de una organización juvenil católica, en 1957, afirman que una familia campesina cubana, como promedio, tenía un ingreso de 46 pesos al mes para los gastos de alimentación, ropa, medicinas y transporte,  contabilizado el valor de los alimentos que ella misma producía.
Pero entonces Cuba no era atacada por Estados Unidos. Al contrario,  la dictadura batistiana recibía  armas y asesoría para perpetuar aquella “democracia” y aquellos “derechos humanos”.
Al llegar la Revolución al poder, instrumentó de inmediato una Ley de Reforma Agraria profunda, la cual fue promulgada el 17 de mayo de ese mismo año 1959. El latifundio fue erradicado para siempre, más de 100 000 productores recibieron la propiedad de la tierra que laboraban, se acabaron los desalojos y comenzaron las radicales transformaciones en beneficio de las familias del campo, ahora dueñas de sus tierras, con créditos, ayuda técnica y un mercado seguro, con precios justos, para sus productos. Nuestros  campos fueron sembrados de cooperativas. El abandono rural fue erradicado para siempre en la nación cubana.
Y desde entonces comenzaron las agresiones. Quien conozca bien esta realidad cubana, comprenderá mejor la ridiculez de las mendaces campañas norteamericanas contra  nuestro país. ¿ A qué  campesino cubano lograrían engañar o confundir?
Los cambios que pretenden para Cuba son los del viraje hacia  el capitalismo para regresarnos a un pasado que en Cuba no volverá jamás a ser presente ni futuro. Como bien reza un  excelente programa humorístico cubano: ¡A otro con ese cuento!

domingo, 18 de febrero de 2018

Perucho Figueredo Cisneros: A dos siglos de su natalicio, vive porque murió por la patria





 Orlando Guevara Núñez
El 17 de agosto de 1870, fue fusilado en Santiago de Cuba, por las autoridades coloniales españolas, el Mayor General del Ejército Libertador Cubano, Pedro Figueredo Cisneros (Perucho), autor del Himno Nacional Cubano. Sus restos reposan en el cementerio Santa Ifigenia, de esta ciudad. Abogado, poeta, músico y patriota, Perucho formó parte, junto a Francisco Vicente Aguilera y Francisco Maceo Osorio, del Comité Revolucionario que en Bayamo apoyó el levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua, primera gran gesta independentista cubana contra el colonialismo hispano.

Pedro Figueredo y Cisneros, había nacido  en Bayamo el 18 de febrero de 1818, hace ahora dos siglos. Por sus méritos, llegó a ser Jefe del Estado Mayor y Subsecretario de Guerra de la República en Armas. Antes se había distinguido como antiesclavista y contrario al dominio de España en Cuba, actitud por la cual sufrió prisión.

Su vertical posición independentista, se puso de manifiesto cuando expresó su decisión de unirse a Carlos Manuel de Céspedes y marchar con él a la gloria o al cadalso. En la ciudad de Bayamo, montado sobre su caballo y en medio del fragor de la lucha, escribió las notas del Himno Nacional Cubano, estrenado el 20 de octubre de 1868 y el cual proclama que “Vivir en cadenas es vivir en afrenta y oprobio sumido” y que “Morir por la Patria es vivir”.

Durante la toma de Bayamo por los soldados del Ejército Libertador, la abanderada fue Candelaria Figueredo Vázquez, su hija, quien se sumó a la lucha en el monte y al ser hecha prisionera fue enviada hacia los Estados Unidos, donde permaneció hasta el cese del poder español en su tierra. De regreso a Cuba, falleció en enero de 1920.

Luego del incendio de Bayamo- ciudad incinerada por los patriotas antes que entregarla al poder colonial español- Perucho Figueredo marchó a la manigua. Allí enfermó de tifus y las lesiones en los pies le impedían caminar. En esas condiciones fue hecho prisionero y conducido luego a Santiago  de Cuba, donde fue juzgado, sancionado a pena de muerte y fusilado pocos días después de su apresamiento.

Recoge la historia que las autoridades españolas, para mancillar el honor del patriota, como él no podía caminar, lo condujeron hasta el lugar del fusilamiento montado en un asno. A tal ofensa, Perucho respondió diciendo que no era el primer patriota que montaba en ese tipo de cabalgadura.

Antes de la ejecución, las autoridades coloniales, desconociendo los valores de Perucho, le propusieron perdonarle la vida si hacía dejación de la lucha, lo cual fue rechazado con hidalguía por el insigne cubano, quien expresó que sentía la muerte “Sólo por no poder gozar con mis hermanos la gloriosa obra redentora que había imaginado y que se encuentra ya en sus comienzos". Y una sentencia suya fue confirmada por la historia: ¡España ha perdido a Cuba!

¡Morir por la Patria es vivir!, expresó en sus últimos instantes de existencia el patriota. Esas palabras, lejos de perecer acribilladas por las balas de los enemigos, resurgió con mayor fuerza y se multiplicó en los campos de batalla, como símbolo de una decisión que, generación tras generación, se hizo patrimonio de los cubanos hasta su libertad definitiva y adquiere hoy mayor dimensión ante las actuales amenazas, esta vez contra un enemigo más brutal y traicionero que trata por cualquier medio de destruirnos: el imperialismo norteamericano.