miércoles, 26 de julio de 2017

Vigencia de un himno de combate








 .Orlando Guevara Núñez



Agustín Díaz Cartaya
La  Marcha del 26 de Julio, ese himno que los cubanos cantamos como símbolo de combate,  surgió apenas una semana antes de la mañana gloriosa de la Santa Ana, cuando los jóvenes de la Generación del Centenario vinieron a Santiago de Cuba a ofrendar su sangre y su vida para que Martí siguiera viviendo en el alma de la Patria.
Agustín Díaz Cartaya, su autor - en entrevista concedida al diario Granma, el 26 de julio de 2003 - afirma que escribir ese himno ha sido la petición más importante recibida en su vida: crear un himno de combate que identificara el patriótico movimiento. Se la hizo el entonces joven revolucionario y jefe de la acción del Moncada y del Carlos Manuel de Céspedes, Fidel Castro. Y en sólo tres días la misión fue cumplida.
Cartaya escribió la letra y la melodía, las que a su propio decir: “me vinieron a la mente juntas, salieron de mi alma”.
Afirma el autor que  durante la noche del 23 de julio de 1953, en La Habana, en ocasión de Fidel preguntarle si había cumplido con la encomienda,  entonó la creación, que fue aprobada. En ese momento, su título fue Marcha de la Libertad. Era ese el ideal que llamaba a los jóvenes revolucionarios al combate abierto contra la tiranía batistiana. Pocas horas después, marcharon hacia Santiago de Cuba.
Entre los asaltantes al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, estaría Agustín Díaz Cartaya, quien, luego de la acción, lograría escapar y regresar a La Habana. Hecho prisionero más tarde,  y torturado, fue juzgado en la causa 37, seguida contra los participantes en los hechos del 26 de julio y condenado a   10 años de prisión. El triunfo de la Revolución lo encontró como guerrillero en el Frente de Occidente.
En su versión original la Marcha de la Libertad expresaba:

Marchando, vamos hacia un ideal
sabiendo que hemos de triunfar
en aras de paz y prosperidad
lucharemos todos por la libertad.
Adelante, cubanos,
que Cuba  premiará nuestro heroísmo,
pues somos soldados
que vamos a la Patria a liberar,
limpiando con fuego
que arrase con esa plaga infernal
de gobernantes indeseables
y de tiranos insaciables
que a Cuba
han hundido en el mal.
La sangre que en Oriente se derramó
nosotros no debemos de olvidar
por eso unidos hemos de estar
recordando a aquellos
que muertos están.
La muerte es victoria y gloria que al fin
la historia por siempre recordará
la antorcha que airosa alumbrando va
nuestros ideales por la libertad.
El pueblo de Cuba
sumido en su dolor se siente herido
y se ha decidido
a hallar sin tregua una solución
que sirva de ejemplo
a esos que no tienen compasión
y arriesgaremos decididos
por esta causa hasta la vida
¡Qué viva la Revolución!
Recluidos en la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba, los combatientes del 26 de julio de 1953 cantaron y  aprendieron este himno, cuya letra y melodía fortalecían sus convicciones de lucha y su voluntad de hacer revolución.
En esos días, Cartaya recibió un mensaje de Fidel, en el cual  le sugería una modificación que reflejara la sangre derramada y el sacrificio de la acción del 26 de Julio.
Fue entonces que la Marcha de la Libertad, cambió su nombre por el de Marcha del 26 de Julio.  En lugar de La sangre que en Oriente se derramó,  se escribió  La sangre que en Cuba se derramó.  Y fue suprimida la estrofa  La muerte es victoria y gloria que al fin/ la historia por siempre recordará/ la antorcha que airosa alumbrando va/ nuestros ideales por la libertad.
Y quedó así, para hoy y para todos los tiempos, la letra de la Marcha del 26 de Julio. Cuenta el autor que en la prisión de Boniato ese himno, además de los asaltantes,  hasta los presos comunes lo cantaban y que  “Cuando los soldados venían como fieras a vernos, nos poníamos de pie y lo entonábamos con más fuerza”.
Poco tiempo después de estar  cumpliendo condena en la prisión de Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud)  los moncadistas  le dieron una sorpresa al tirano  Fulgencio Batista en persona: le cantaron la Marcha del 26 de Julio.
El sanguinario dictador había asistido al penal a inaugurar una planta eléctrica. Enterado de la visita,  Fidel ideó el plan. Y cuando Batista pasó cerca, de las patrióticas gargantas brotaron, vibrantes, la notas de la Marcha. Al inicio, acostumbrado a los halagos y adulaciones, el tirano pensó en una loa a su visita. Pero pronto se dio cuenta de la verdad. Y a la sorpresa se unieron entonces la ira y la impotencia. Y más cuando la palabra ¡asesino! – repetida-  se unió al canto.
Ese hecho tuvo lugar el 12 de febrero de 1954. De inicio, todo parecía normal, pero cuatro días después  apareció  la represión. En su libro ¡Atención! ¡Recuento!  el Comandante de la Revolución Juan Almeida relata los hechos:
“Al cuarto día llega el oficial de espejuelos oscuros con una lista, anuncia los nombres de los compañeros que tienen visita de sus familiares y dice que nos arreglemos que pasará en media hora a recogernos. Los compañeros se bañan, se afeitan, se cambian de ropa, salen al patio con rapidez y marchan  con el oficial. ¡Qué ajenos estaban a que se iba a materializar ahora el castigo por haber cantado el himno y haberle gritado ¡Asesino! al tirano!”
Agrega Almeida que fueron castigados los cinco nombrados en la lista, Fidel y los que estimaron más responsables. Al autor del himno, Díaz Cartaya, “Por  la madrugada lo condujeron a una celda solitaria y lo golpearon brutalmente hasta dejarlo inconsciente”. (…) A Fidel lo encerraron y los separaron de nosotros. Los demás, Ramirito, Tizol, Tápanes y Alcalde, fueron encerrados en celdas individuales y maltratados moral y físicamente”.
Iniciada la lucha guerrillera en las montañas de la Sierra Maestra – en fecha temprana como fue el 15 de febrero de 1957, se realiza una grabación de esta Marcha, difundida luego, para todo el pueblo,  a través de la emisora Radio Rebelde, desde la Comandancia de La Plata.
Ahora  la Marcha del 26 de Julio forma parte del patrimonio de todo el pueblo, que la siente y la canta, suscribiendo en su cotidiano quehacer la misma disposición de los moncadistas: Arriesgaremos  decididos por esta causa hasta la vida ¡Qué viva la Revolución!

martes, 25 de julio de 2017

Dr. Mario Muñoz Monroy: Una misma fecha: natalicio,muerte y entrada a la historia



    
 . Orlando Guevara Núñez
Dr. Mario Muñoz Monroy


-¿Ha llegado la Hora Cero?
- Sí, doctor, es la Hora Cero.
-Te felicito, ¡qué fecha escogiste! Hoy cumplo 41 años y los pongo en tus manos, que tienes 25.
Este diálogo tuvo lugar en las primeras horas del 26 de julio de 1953, en la Plaza de Marte, de Santiago de Cuba. La interrogante pertenece al doctor Mario Muñoz Monroy; la respuesta, al jefe de la acción de ese día, Fidel Castro Ruz.
Poco después,  en el mismo auto, partirían hacia la Granjita Siboney;   de ahí – en autos distintos- para el asalto al Cuartel Moncada. Fidel entraría por la Posta Tres; Mario Muñoz ocuparía su puesto, junto a Abel Santamaría, en el Hospital Civil.
Luego de concluir el combate y ser hecho prisionero, el doctor Muñoz sería  asesinado por  los esbirros de la tiranía. Así, murió el mismo día de su cumpleaños. .
Mario Muñoz Monroy había nacido en Colón, Matanzas, donde cursó sus primeros estudios. En 1942, se graduó de médico en la Universidad de La Habana. En la época de turbulencia política que le correspondió estudiar su carrera, se sumó a las luchas estudiantiles y al combate contra el tirano Gerardo Machado.
Ingresó al Directorio Estudiantil   Universitario. Participó en las demandas del estudiantado, como fueron  la autonomía universitaria, libertad de los presos políticos y solución técnica de los problemas de la segunda enseñanza y en el movimiento por el aumento de matrículas gratuitas.
En 1938 participó en dos huelgas universitarias,  la de enero,  por  la realización de exámenes parciales y la eliminación de los finales, y la de octubre-noviembre, que exigía el cumplimiento de 29 puntos, entre ellos la no rebaja del presupuesto universitario, la creación de una imprenta en el alto centro docente, la cesión de un local para la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), la apertura de la biblioteca general en horario nocturno y la reforma universitaria.
Ya graduado,  en su natal Colón, trabajó en una Casa de Socorros y como radiólogo en un hospital, pero renunció en ambos casos, negándose a los rejuegos politiqueros que utilizaban los servicios de salud para los fines electorales.
Buscando los caminos de la revolución que soñaba, ingresó  al Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) liderado por Eduardo Chibás. Pero, como otros jóvenes luchadores, comprendió  que desde ese partido no se podía aspirar a la verdadera liberación cubana. Por eso, luego del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, decidido a combatir contra el dictador Fulgencio Batista, identificó en Fidel al hombre capaz de conducir  la lucha y llevar a la victoria a una verdadera revolución.
El médico de tempranas inquietudes revolucionarias, encontró el tiempo, además, para su realización como piloto y radioaficionado.
Su  hogar se convirtió  en un centro de encuentro de los revolucionarios, entre ellos Fidel y Abel, primero y segundo jefes del asalto moncadista. Así se convertiría el joven médico en  uno de los asaltantes del 26 de julio de 1953.  En la Granjita, se vistió con el uniforme de los asaltantes, pero, por decisión de Fidel, tuvo que cambiarlo por el de médico. Sobre la salida para el combate, recordaría la heroína Melba Hernández:
“Salimos en el carro manejado por Mario Muñoz. En el asiento de alante, Muñoz con Julio Reyes Cairo, un muchacho de Colón; en el de atrás, Raúl Gómez García, Yeyé y yo. Y allí llevábamos las banderas, los himnos, el llamado al pueblo que se haría desde allí, porque habríamos tomado una estación de radio para informar al pueblo y hacerle un llamado.
“Pero yo necesito decir algo sobre el doctor Mario Muñoz. El fue hecho prisionero, como todos los que estábamos allí en el hospital. A él lo sacaron a pie, como a nosotros, poco antes que a nosotras dos, con un grupo de detenidos. Y cuando íbamos por una de las calles interiores del Cuartel Moncada, Mario discutía con dos militares que lo llevaban preso y vimos cómo uno de ellos…  lo empujaban, casi lo tumbaban, le decían de todas las cosas que ustedes saben que se dicen… a uno de ellos no le fue suficiente aquello y le tiró por la espalda. Y lo vimos caer de un solo tiro allí en la acera de aquella callecita interior.
“Esto queremos decirlo porque Mario fue un compañero muy entusiasta, de mucho optimismo, muy útil no sólo como médico, sino también como radioaficionado. Fue muy útil en todas las cosas”.
Reiniciada la lucha armada, luego del desembarco del Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, el nombre de Mario Muñoz Monroy se multiplicó en el combate, al  llevarlo el  Tercer  Frente Oriental, bajo el mando del Comandante Juan  Almeida Bosque, cuyo papel sería de marcada importancia para el triunfo del 1ro. de enero de 1959.
El 26 de julio, de esta forma, está ligado en  la figura de Mario Muñoz Monroy en tres momentos cumbres: su nacimiento, su muerte  y su entrada definitiva a la historia de la Revolución cubana, como uno de sus héroes gloriosos.

Razones para un Moncada: El problema de la salud del pueblo





 .Orlando Guevara Núñez


El abandono sanitario del pueblo cubano, con particular ensañamiento en los campos, fue una de las razones expuestas por el joven revolucionario Fidel Castro ante el Tribunal que los juzgaba por los hechos del 26 de julio de 1953, para justificar la rebelión contra la dictadura impuesta al país el 10 de marzo de 1952, mediante un golpe de estado.
Su denuncia fue contundente. “La sociedad se conmueve ante la noticia del secuestro o el asesinato de una criatura, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta de recursos, agonizando entre los estertores del dolor y cuyos ojos inocentes, ya en ellos el brillo de la muerte, parecen mirar hacia lo infinito como pidiendo perdón para el egoísmo humano y que no caiga sobre los hombres la maldición de Dios (…) El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siendo igual, o peor”.
El presupuesto asignado a la salud  era realmente una vergüenza. Unos 25 millones de pesos, de los cuales políticos y funcionarios corrompidos se robaban gran parte, era lo que el gobierno destinaba a la salud del pueblo. La mayoría de esos recursos se concentraban en la capital, cuya población representando el 22 por ciento del total del país, contaba con el 61 por ciento de las camas.
En la zona oriental la situación era más trágica. La Región Oriente Sur de Salud Pública, que abarcaba las actuales provincias de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, contaba con un presupuesto de sólo 1 300 000 pesos. Hoy sólo Santiago de Cuba sobrepasa los 400 000 000.
La mortalidad infantil cubana superaba la tasa de 60 por cada mil nacidos vivos, aún cuando muchos niños no eran siquiera registrados en su nacimiento por residir en lugares rurales donde la asistencia médica no llegó nunca durante la etapa pre revolucionaria.
Miles de niños y adultos morían cada año víctimas de enfermedades curables. Por la poliomielitis fallecían anualmente o quedaban inválidas unas 300 personas; el paludismo atacaba a unas 3 000; de la difteria eran presa unos 600 niños, mientras que la gastroenteritis causaba estragos en la propia ciudad de Santiago de Cuba. Incluso en 1957, se conoce el doloroso episodio del Valle de Mayarí Arriba, zona rural donde ese año murió el 80 por ciento de los niños menores de un año, como consecuencia de esa enfermedad.
En el propio año 1953, una epidemia de gastroenteritis mataba dos niños cada día en Santiago de Cuba. Las autoridades achacaron la enfermedad a la mala calidad del agua y los alimentos, pidieron apoyo al país, y como respuesta recibieron unas pocas camas y cuatro cajas de medicamentos, lo que ni siquiera contribuyó a aliviar el mal.
La tuberculosis, el tétanos y otras enfermedades infecciosas, sembraban también la muerte en muchos hogares cubanos, principalmente los pobres.
Ese derecho humano, el de la vida, estaba garantizado sólo para unos pocos que podían pagarlo. El hambre, la desnutrición y falta de trabajo preventivo, agravaban la situación.
La salud era un negocio privado. Y la medicina, una mercancía. El 70 por ciento del mercado de medicamentos estaba en manos de empresas norteamericanas y la población tenía que adquirirlos mediante precios que multiplicaban su costo. El servicio médico rural no existía. El país contaba con unos 6 000 médicos, la mayoría en la capital cubana y otras grandes ciudades, mientras que gran parte de ellos ejercía la medicina privada. Las 131 casas de socorro existentes en el país, eran realmente una grotesca caricatura de atención sanitaria, y una gran mayoría de quienes recibían asistencia médica, se quedaban con las recetas en los bolsillos, al no poder comprarlas por falta de recursos. La atención estomatológica era ínfima. Una intervención quirúrgica era un lujo que pocos podían satisfacer. Eso explica que, en esa época, la expectativa de vida de la población anduviera por los 55 años.
La Salud del pueblo, en correspondencia con el Programa del Moncada, fue una de las principales transformaciones encaradas por la Revolución desde sus primeros pasos, enfrentando no sólo las pésimas condiciones existentes, sino las impuestas por la contrarrevolución y los gobiernos norteamericanos.
De los 6 000  médicos existentes, unos 3 000 abandonaron el país; pero Cuba ha formado, en estos años de Revolución,  para sí y otros países, más de 100 000 médicos y una diversidad grande de profesionales que garantizan la atención gratis y cada vez de mayor calidad a toda la población, sin excepción de ningún tipo.
La medicina privada fue erradicada, así como la comercialización privada de los medicamentos. El sistema de salud cubano eliminó el vergonzoso status que convertía al paciente en un cliente y a la medicina en una mercancía.
El Estado cubano invierte hoy en la salud una cifra que no resiste comparación con la de esos años de antes de 1959. En Santiago de Cuba, por sólo citar un ejemplo, tres instituciones: el Hospital Provincial Saturnino Lora, el Hospital Clínico Quirúrgico Juan Bruno Zayas y el Instituto Superior de Ciencias Médicas –cada uno por separado- tienen un presupuesto que casi duplica el destinado a la salud en Cuba antes del triunfo de la Revolución.
En los más apartados parajes de nuestra geografía, existen los Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, que abarcan a toda la población.
Desde 1962 comenzó una campaña de vacunación para toda la población infantil. Y enfermedades como la poliomielitis, el paludismo, la difteria, gastroenteritis y otras infecciosas que causaban miles de muertes, fueron erradicadas desde los primeros años. Hoy, el programa de vacunación protege a la población infantil contra 13 enfermedades.
La mortalidad infantil tiene hoy en Cuba una tasa de 4,7 por cada mil nacidos vivos, con resultados grandes también en las tasas de mortalidad preescolar, escolar y materna, mientras que la expectativa de vida ronda los  78 años.
Una red de hospitales, Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, Policlínicos, Hogares Maternos y de Ancianos, Centros Especializados y de Investigación, sostienen un sistema que cuenta con  Universidades Médicas en 13  provincias,  de donde cada año egresan miles de profesionales en las carreras de medicina, enfermería, estomatología,  psicología y tecnología de la salud.
Cuba, además, comparte su obra de la salud con decenas de pueblos, principalmente los más pobres, tanto con el envío de personal calificado que ha atendido a millones de personas y salvado millones de vidas, como  la formación gratuita de profesionales en nuestro país.
Una cifra avala el avance: 38  000  profesionales de la salud se desempeñan como docentes. Eso indica que por cada médico que abandonó el país en los primeros años del triunfo revolucionario, la Revolución tiene como profesores a doce.
El equipamiento tecnológico más moderno, a un alto costo en divisas, es adquirido para nuestras instituciones de asistencia, docencia e investigaciones, todo en aras de la salud del pueblo.
El sistema cubano de salud, prioriza el nivel primario de atención, la prevención, la educación de la población, la búsqueda para la detección precoz de las enfermedades y su tratamiento oportuno, al tiempo que alerta sobre los malos hábitos de alimentación y otros que conspiran contra la salud.
Cuba se encuentra entre los primeros países del mundo donde la población vive más años después de haber cumplido los 60 de edad. Avances significativos en la lucha contra el cáncer y otros logros únicos en el mundo, hacen de Cuba una potencia médica innegable que comparte sus recursos y conocimientos con decenas de países, a donde van nuestros profesionales de la salud a salvar vidas, a curar, aliviar o prevenir males.

No hay país del mundo con más médicos por habitantes que Cuba. Pero no es sólo la cantidad, sino que todos, sin excepción, están al servicio del pueblo. La crítica situación de la salud, inspiró el combate del Moncada; ahora la salud en Cuba es una muestra de  que los sueños de ayer, son la realidad conquistada durante más de 50 años de lucha.
Es plena confirmación de las palabras de Fidel Castro en el histórico juicio, tras exponer las razones del Moncada y la confianza en el triunfo: “A los que me llamen por esto soñador, les digo como Martí: “El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

lunes, 24 de julio de 2017

24 de julio de 1953: El cumpleaños de Blas




 .Orlando Guevara Núñez


Blas Roca Calderío(Foto internet)
Conversando con un dirigente del Partido Socialista Popular (PSP) en aquella época, el compañero Walfrido La O  Estrada, me  refirió una historia poco conocida acerca de la forma en que algunos dirigentes de ese organismo fueron incluidos y procesados en la causa relacionada con los hechos del 26 de Julio de 1953.
 El 24 de julio de ese año, el entonces Secretario General del PSP en el país, Blas Roca Calderío, cumplió 45 años de edad. Con tal motivo, el Secretariado Nacional asignó a su Comité Provincial en Oriente  organizar ese día un homenaje al destacado dirigente, actividad que tendría lugar en Santiago de Cuba.
En esa propia fecha llegaron a la capital oriental Blas y varios dirigentes del PSP, entre ellos su Presidente, Juan Marinello Vidaurreta y Lázaro Peña, así como integrantes de las direcciones en municipios habaneros y otros de la región oriental.
En su aniversario 45, el maestro de la clase obrera recibiría un regalo aprobado por todas las organizaciones de base del Partido: estar al día en la cotización partidista y saldar todas las deudas del periódico  Noticias de Hoy - su órgano oficial - así como otros adeudos relacionados con ediciones de propaganda. Los simpatizantes del Partido, quienes hacían su aporte sin ser militantes, también estarían actualizados.
La otra parte del homenaje sería un almuerzo en el local del Gremio de Panaderos de Santiago de Cuba. Todo dentro de la modestia y de la austeridad que regían la vida de los comunistas cubanos, constantemente acosados por la tiranía batistiana.
Para el citado almuerzo, se contaba con el permiso del Gobernador Provincial. No obstante, el propio Blas Roca indicó a uno de los compañeros de la Dirección Provincial del PSP que fuera al Cuartel Moncada y pusiera en conocimiento de Alberto del Río Chaviano, jefe de ese Regimiento Militar, la celebración de la actividad, pues conocía que este personaje se oponía a las reuniones de los comunistas.
El resultado de la gestión no pudo ser peor. El esbirro batistiano ni siquiera recibió al enviado del PSP. Delegó en su ayudante, cuya respuesta fue categórica: “Ni Chaviano ni yo autorizamos a los comunistas a reunirse”.
Al conocer la respuesta, Blas se encontraba, junto a otros dirigentes, en la casa natal de Antonio Maceo. Ante la imposibilidad de utilizar el local del Gremio de Panaderos, se plantea  efectuar el almuerzo en un kiosco del carnaval, propiedad del Partido. Fue entonces cuando “Fifí”  Maceo, descendiente de la heroica familia santiaguera, le expresó al Secretario General del PSP que Batista y Chaviano podrían impedir el almuerzo en el lugar donde se había programado, pero que en su casa seguía mandando el General Antonio y allí ellos no podrían entrar.
La misma “Fifí”  solicitó a Juan Marinello que pronunciara las palabras de homenaje a Blas. Y el Presidente del PSP habló sobre la vida ejemplar del obrero zapatero devenido en dirigente del proletariado, sobre su espíritu de superación, su fidelidad a la clase obrera y su ejemplo para el resto de los dirigentes y militantes comunistas.
Así transcurrió el onomástico 45 de Blas Roca. Pero vendrían entonces otras y más graves complicaciones.
En la mañana del 25 de julio, el homenajeado y Marinello partieron vía aérea hacia la capital del país, mientras que Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui lo hacían por carretera hacia Holguín, donde celebrarían una reunión. Los compañeros procedentes de los municipios habaneros fueron invitados a una noche de Carnaval, para partir luego, en ómnibus, a sus lugares de origen.
Así, cuando en la madrugada del 26 de Julio de 1953 se produce el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, teniendo  Chaviano conocimiento sobre la presencia de los dirigentes comunistas en esta ciudad, los relaciona de inmediato con la acción. Y comienza la cacería.
Romárico Cordero, miembro de la Dirección Nacional del PSP y dirigente agrario, avisa con rapidez a la dirección santiaguera para que saquen de su local a todos los compañeros, pues ya se comentaba que los comunistas estaban peleando en el Moncada y seguramente el lugar sería allanado.
Blas y Marinello, por haberse marchado antes, escapaban de la redada. Pero Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui fueron apresados en Holguín e involucrados en el proceso judicial por el asalto moncadista,  en el cual fueron absueltos. Un grupo de los habaneros resultaron detenidos en Camagüey, algunos de ellos fueron maltratados, golpeados y heridos.
Estos bochornosos acontecimientos hicieron del cumpleaños 45 de Blas Roca un episodio triste. Era la faceta real de un gobierno llamado democrático, donde ni siquiera para un homenaje a uno de sus líderes podían reunirse los comunistas.
La  figura  de Blas es hoy símbolo de todo un pueblo que lo recuerda con cariño. El fue un pilar para que a Cuba no regrese  jamás la ignominia del capitalismo. Fue, es y continuará siendo, fuente de inspiración para el pueblo cubano en su larga lucha por mantener la obra conquistada.