miércoles, 22 de febrero de 2017

De la prédica martiana: La fórmula del amor triunfante



.Orlando Guevara Núñez

El 26 de noviembre de 1891  nuestro Héroe Nacional, José Martí, pronunció en el Liceo Cubano de Tampa, Cayo Hueso, un discurso donde legó a los cubanos de ahora- y de todos los tiempos- enseñanzas que forman parte de una doctrina política que guió a este pueblo a la lucha por su liberación primero, y después  a la edificación y defensa de una obra en la cual están plasmados sus sueños de independencia y de justicia.
El propio título que identifica ese memorable discurso, fue objetivo revolucionario antes del triunfo del 1ro. de enero de 1959 y práctica consecuente  a partir de esa fecha: Con todos y para el bien de todos.
Así, la unidad  de los cubanos ha sido decisiva. Todos  hemos luchado por una misma causa. Todos por el bien de todos. Es ese un pilar fundamental que sostiene a la nación.  De Martí seguimos el camino:
“Su derecho de hombres es lo que buscan los cubanos en su independencia; y la independencia se ha de buscar con alma entera de hombre”.
La Ley Suprema cubana, la Constitución, está inspirada y refrenda un ideal martiano plasmado en su discurso en el Liceo Cubano de Tampa:
 “Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.
En cuanto a los deberes con la Patria, los cubanos hemos demostrado, antes y después de la victoria de enero, la fidelidad a otro principio expresado por nuestro Apóstol en la ocasión citada:
“De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella”. Ese sentimiento se ha extendido más allá de nuestras fronteras, asimilando otra enseñanza del Maestro aquel 26 de noviembre de 1891:   “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”.
Con esa prédica, convertida en práctica, los cubanos hemos marchado a disímiles latitudes del mundo a ofrendar nuestra sangre, a salvar vidas, a aliviar y prevenir males, a  combatir el analfabetismo, y a contribuir a que la dignidad plena del hombre se transforme de quimera en realidad para millones de seres humanos, aunque no hayan nacido ni vivan en nuestro suelo.
“O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”.  Siguiendo ese precepto martiano, nuestra República se sostiene, libre y soberana, por el decoro de sus hijos.
Hemos  alcanzado la justicia para todos y es un objetivo elevar cada día a un sitial más alto esa justicia. Así cumplimos con el sueño del Maestro:
¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!
“(…) Alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: "Con todos, y para el bien de todos".
Esa es y seguirá siendo por siempre, la fórmula del amor triunfante de la Revolución cubana.

martes, 21 de febrero de 2017

24 de febrero de 1895 Heraldo del presente cubano



.Orlando Guevara Núñez
El  24 de febrero de 1895 se inserta con luz inextinguible en la historia cubana del siglo XIX, con vigencia para los tiempos siguientes, los presentes y los que están por venir. Fue la demostración  de que en Baraguá, el 15 de marzo de 1878,  no se apagó  la llama de la rebeldía, y de que, en lugar del cese de la lucha, El Zanjón fue solo una tregua para reiniciarla con mayores bríos y superiores proyecciones.
La revolución iniciada el 10 de octubre de 1868, después de una paciente  preparación, entraba en un nuevo período de guerra. Así lo proclamó el Manifiesto de Montecristi, firmado por José Martí y Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895, víspera de su partida hacia la tierra cubana.
Casi 17 años habían esperado los patriotas cubanos para reiniciar la gesta independentista. Intensa había sido la labor del máximo organizador de esa contienda, José Martí, en la emigración, para unir en igual voluntad a los veteranos luchadores, a la nueva generación  y a todos los cubanos dispuestos al combate, sin importar posición social o política. La lucha contra las corrientes anexionistas, autonomistas,  por sentar las bases de la nueva república, y la previsión ante el peligro de ésta frente a la voracidad del naciente imperialismo norteamericano, formaron parte de la nueva estrategia revolucionaria.
En su prédica constante, Martí  censuraba el derramamiento de sangre si era inútil; pero reconocía  la guerra como única forma de lograr um fin: la independencia y fundar, con ella, la nueva república con todos y para el bien de todos.
La guerra se reiniciaba ahora  bajo la dirección del Partido Revolucionario Cubano, con proyecciones que trascendían  las fronteras de la nación cubana. Para bien de América y del mundo, era anunciada en el Manifiesto de Montecristi. Y ese mismo día, con visión de futuro, escribiría Martí a su amigo dominicano Federico Henríquez  y Carvajal: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.
Con precarios recursos se lanzaron  los cubanos aquel 24 de febrero a la manigua. Fue la zona oriental cubana el escenario más importante de los alzamientos, no solo por su magnitud, sino, sobre todo, por su permanencia y desarrollo. Aquel episodio lo conocemos los cubanos como el Grito de Baire. En ese nombre, sin embargo, se resume la hazaña de Bayate, en Manzanillo, bajo el mando del patriota Bartolomé Masó; de Guantánamo, capitaneado por Pedro Pérez (Periquito); y de otros muchos escenarios del indómito Oriente. En el occidente, Juan Gualberto Gómez se sumaba a la lucha, pero con efímera supervivencia del alzamiento.
Una figura de gran valía fue la del santiaguero  Guillermón Moncada, cuyos dotes de patriota y de jefe fueron alma de la rebelión en Oriente y otras regiones. Diezmada su salud por la tuberculosis, Guillermón murió el 5 de abril de 1895,  tan solo 6 días  antes de que Martí y Gómez desembarcaran por Playita de Cajobabo.
El 1ro. de abril, habían llegado,  por Duaba, Baracoa, Antonio Maceo, su hermano José y Flor Crombet, caído en combate el 10 del propio mes. Transcurridas pocas semanas, el General Antonio  logró nuclear a unos 3 000 cubanos alistados para la lucha. La guerra alcanzó dimensiones incontenibles. Los jefes revolucionarios habían desembarcado en pequeño número de hombres y armas, pero aquí se nutrirían de combatientes  provenientes del pueblo y de armas arrebatadas al ejército español.
Las experiencias de la primera guerra de independencia fueron aprovechadas por los cubanos en  la conducciön de la iniciada en febrero de 1895. No fue un proceso exento de dificultades y de contradicciones, pero la unidad se impuso como garantía de la victoria.
Esta vez, la insurrección independentista se extendió a todo el país. La invasión de Oriente a Occidente, con Máximo Gómez y Antonio Maceo al frente, socavó la fortaleza del ejército español y marcó el final del colonialismo hispano en Cuba.
Las más gloriosas páginas de heroísmo, de grandeza y de entrega, fueron escritas por los cubanos en aquellos más de tres años de guerra. José Martí cayó el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos; Antonio Maceo perdió la vida en el holocausto de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896. Pero la lucha independentista continúó su avance hasta lograr que España no fuera capaz desde el punto de vista militar, económico, ni moral, de sostener la contienda.
Fue entonces que se consumó el peligro  alertado por José Martí: la intervención del gobierno de los Estados Unidos en una guerra ya perdida por España en Cuba. Aquella intromisión, catalogada por Vladimir Lenin como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad, despojó a los cubanos de una victoria por la cual habían luchado desde el amanecer glorioso de La Demajagua el 10 de octubre de 1868.
Cuba dejaba de ser colonia de España, pero pasaba a otra condición humillante: la de neocolonia de los Estados Unidos. Por ironía de la historia, el 1ro. de enero de 1899 se instauró en Cuba el gobierno militar interventor norteamericano, que extinguía el dominio español sobre Cuba. Y exactamente  60 años después, el 1ro. de enero de 1959, en Santiago de Cuba, Fidel Castro poclamaba el triunfo de la Revolución, que ponía fin al dominio neocolonial de Estados Unidos en nuestro país.
Cada 24 de febrero vienen a la mente de los cubanos muchos nombres de patriotas gloriosos. Aquella gesta fue un emporio de héroes. En José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, se sintetizan y simbolizan  todos. . El grito de ¡Independencia o Muerte!  de  La Demajagua, tuvo su continuación en el de ¡Libertad o Muerte! de 1895. Y en ellos tiene sus raíces y la savia que lo alimenta el ¡Patria o Muerte!  y el ¡Venceremos! que encarnan  la decisión del pueblo cubano.
Esa fecha de patriotismo, de independentismo, de sacrificio y de combate, fue simiente, presagio, heraldo del presente cubano.

domingo, 19 de febrero de 2017

CUBA E IRLANDA: PASAJES DEL PASADO Y DE HOY





Wilkie Delgado Correa

Las Termópilas  no fueron sino un esfuerzo pasajero de una hora; mientras que el heroísmo de los cubanos ha sido constante y se ha desplegado en cien campos de batalla… Toda la historia humana no puede suministrar un ejemplo más elocuente de propósito heroico.” James J. O’Kelly

En estos días se encuentra de visita oficial en Cuba el presidente de Irlanda, Michael D. Higgins, primera de un mandatario de ese país en la historia, quien además de los encuentros oficiales propios de su cargo, y en particular con el Presidente Raúl Castro, ha incluido en su agenda una conferencia magistral en el Aula Magna del Colegio de San Gerónimo, de la Universidad de La Habana, la visita al Instituto de Medicina Tropical Pedro Kouri (IPK) y su presencia en  la sede, en la fortaleza de La Cabaña, de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Como una demostración adicional de su contacto directo con el pueblo cubano y de su carisma popular, el jefe de estado irlandés presentó en ese sitio el libro El crimen del Estrella del Mar, de su  compatriota Joseph P’Connor, a quien calificó como “uno de los grandes diplomáticos irlandeses, por la calidad de su prosa y la agudeza de los temas que trata”. Higgins recalcó también que la obra es “la primera de un autor irlandés publicada en Cuba desde Ulyses, de James Joyce”.

Sobre la República de Irlanda, o simplemente Irlanda, debe precisarse que se trata de una isla ubicada al noroeste de Europa.  Este Estado tiene como capital Dublín y ocupa aproximadamente las cinco sextas partes del territorio, o sea, 70 280 km², que representa el 83 % de la isla. Por tanto, su superficie es 15,3 veces menor que la de Cuba. Obtuvo su independencia efectiva del Reino Unido en 1922, tras una guerra de independencia cuyos orígenes se remontaban al siglo XIX.  El resto del territorio de la isla, Irlanda del Norte, pertenece al Reino Unido de Gran Bretaña. Y la aspiración y lucha  tradicionalmente presentes en sectores de la población de esta región, dividida entre nacionalistas y unionistas, por lograr una independencia total e integración  o mantener el actual estado ha sido sangrienta y es un capítulo histórico pendiente.

Durante el siglo XIX sufrió los embates de una hambruna colosal entre 1845 y 1849 que redujo, por muerte y emigración hacia todas partes, la población de entonces de 8 millones de personas a niveles de 4,5 millones. Con oscilaciones en distintos periodos, su población actual es aproximadamente esta, con una gran concentración en la capital.

De manera que si bien el país se ha caracterizado por la impronta de la emigración irlandesa y su asentamiento desde Australia hasta Estados Unidos, hay que enfatizar los aportes irlandeses, por ejemplo, a la literatura universal, ya que cuenta con cuatro Premios Nobel (George Bernard Shaw, Wiliam. B. Yeats, Samuel Beckett y Seamus Heaney) y otros muchos escritores con renombre mundial. Además, goza de buen estándar de vida.

Son varias las referencias de José Martí sobre Irlanda y los irlandeses en los Estados Unidos, entre las que cito, por su relación con los ideales independentistas, la siguiente, correspondiente a 1883: “Apretados en amplio salón los irlandeses, proponen que todo irlandés jure que no ha de llevar a la boca, ni tocar con su mano, ni poner sobre su cuerpo durante un año objeto de comer, beber, trabajar, o vestir que haya salido  del suelo o de los talleres de Inglaterra.”

Durante el siglo XIX fueron muchos los personajes de  origen irlandés que formaron parte de la sociedad cubana de la época, ya en altos cargos del gobierno español o como miembros de la clase adinerada. Sin embargo, el nexo más trascendente y auténtico se produjo en el periodo de 1872 a 1873, con la llegada a Cuba de James J. O’Kelly, corresponsal del periódico New York Herald, para informar sobre la guerra de independencia en Cuba y entrevistarse con Carlos Manuel de Céspedes, entonces presidente de la República de Cuba en Armas. Sus peripecias, los hechos, descripciones, juicios y valoraciones del viaje y el contacto directo con los jefes y soldados mambises y con las autoridades españolas, además de ser publicados en la prensa, fueron recogidos brillantemente en el libro titulado La Tierra del Mambí.

En su campamento situado dentro de un bosque espeso ocurrió el encuentro con Céspedes. Así se inició aquella entrevista entre Céspedes y O’Kelly.

O´Kelly le relató los principales incidentes ocurridos durante su viaje a través del territorio de la Isla, hasta que un agente del gobierno insurrecto le contactó. Y se comenzó el largo diálogo entre ambos personajes. En un momento posterior, O’Kelly aclaró a Céspedes, “le dije que era súbdito inglés, pero no soy inglés, sino irlandés”

–Entonces, quizás nos entendamos mejor, ¿no, señor O’Kelly? Ud. podrá comprender mejor la naturaleza de nuestra lucha.

–Sin duda, señor. Sé lo que es la aspiración de libertad de un pueblo, tanto del suyo como del mío –dijo O’Kelly con una franqueza absoluta ante aquella alma gemela que lo había impresionado tan hondo que le estremecía sus sentimientos patrióticos.

Finalmente, después de varias semanas de caminatas y estancias en los campamentos mambises, y largas conversaciones, llegó el día de despedida de O’Kelly.

Entre las anotaciones de Céspedes referidas a O’Kelly, resalta la  posible contribución de ambos en los planes de independencia respectivos. Esta es la cita:

“O’Kelly se presta a servir los intereses de Cuba. Ha formado una combinación para explotar el elemento irlandés. Si ayuda para alcanzar el reconocimiento de nuestra beligerancia por los Estados Unidos, la República de Cuba le dará 20 000 rifles y un vapor, cuando esté definitivamente establecida y reconocida por las naciones como tal. Ese individuo se compromete, de acuerdo con nuestro agente a ganar los demás elementos de los Estados Unidos incluso al Presidente. Si lo consigue, será acreedor a una recompensa.”

O’Kelly, a su vez, resumiría en un pasaje de su libro La Tierra del Mambí, sus impresiones y valoraciones de su estancia junto a Carlos Manuel.

“El modo de vivir de la compañía presidencial no tenía nada de agradable. Los sufrimientos y penalidades deben haber probado hasta el extremo la devoción y el patriotismo de los cubanos que la componían... Aunque se veían obligados a desplegar una incesante actividad tanto física como moral, se sometían a ella con la mejor voluntad, de manera que, a pesar de todos sus sufrimientos y fatigas, siempre estaban alegres y contentos.”

Como conclusión del encuentro de aquel patriota irlandés con Cuba, quedan para las páginas de la historia todo lo contenido en su libro, aunque puedan sintetizarse en unas líneas breves, como éstas:

“La tierra del mambí es un país  completamente desconocido, pues lo han desfigurado en sus narraciones, así sus amigos como sus detractores.” “¡Y de cuanta constancia nos da pruebas este pueblo en su lucha por la libertad! Toda la historia humana no puede suministrar un ejemplo más elocuente de propósito heroico.”

Como dijo un amigo político irlandés, “O’Kelly estuvo siempre por la libertad: “Constantemente, desde 1858, y hora tras hora, toda su vida soñó y laboró por Irlanda.“ Y en Cuba podemos decir que los cubanos estamos en deuda con muchos que ayudaron a Cuba libre, como lo hizo O’Kelly, y que merecerán siempre un homenaje y un gesto de gratitud

O’Kelly nació en Dublín, Irlanda en mayo de 1842, tenía treinta años cuando estuvo en Cuba, vivió en Irlanda dedicado a la política y murió el 22 de diciembre de 1916. Pudo conocer de la independencia de Cuba en 1902, pero no así el día de la independencia de su amada Irlanda.

sábado, 18 de febrero de 2017

Los capitalistas no puede existir sin los obreros, pero los obreros sí pueden existir sin los capitalistas



. Orlando Guevara Núñez



Los capitalistas no pueden existir sin los obreros, Pero los obreros sí pueden existir sin los capitalistas. Esa verdad dicha hace mucho tiempo, gana vigencia en los tiempos presentes.
Los creadores de las riquezas son los trabajadores, Pero en el sistema capitalista esas riquezas no son de quienes las crean, sino de personas que se apropian de los bienes creados por los productores.
En el mundo de hoy, verdad también dicha hace mucho tiempo, las riquezas se concentran cada vez en menos manos, mientras que la pobreza se distribuye entre más personas.
Los ideólogos del capitalismo, dueños de los principales medios de comunicación, se esfuerzan por magnificar su sistema, presentándolo como un mundo de oportunidades para todos, entendiendo por oportunidad  la de llegar a ser capitalista. Es una carrera del hombre contra el hombre, en la cual solo puede llegarse a la meta a costa del holocausto de los demás.
En ese oprobioso sistema, incluyendo a los países desarrollados, crecen por minutos los índices de pobreza, los  hambrientos, los analfabetos, los desempleados, los enfermos sin medicinas. Ese drama se agudiza en los países pobres, cuyas riquezas están en manos de monopolios nacionales o extranjeros. Sin esas desgracias, no podría existir el capitalismo, porque ellas son su sustento.
En la Cuba socialista fue erradicado ese brutal sistema social. Ahora lo que produce el pueblo es enteramente suyo. Aquí se demuestra la verdad de que lo más importante no son las riquezas existentes en un país, sino la forma en que están distribuidas.
Cuba bloqueada, agredida, calumniada, sin muchos recursos naturales, es la prueba más evidente de que los obreros sí pueden vivir sin los capitalistas. Este país erradicó el analfabetismo y tiene el mejor índice mundial de docentes por alumnos, con la enseñanza, enteramente gratis, para todos sus ciudadanos.
Cuba tiene una tasa de mortalidad infantil mejor que la de Estados Unidos, ha erradicado enfermedades aún presentes en muchos países desarrollados, tiene una esperanza de vida entre las primeras del mundo, es la de mayor cantidad de médicos por habitantes  y el sistema de salud llega a todos los cubanos, enteramente gratis.
La Revolución cubana- sus obreros y su pueblo sin capitalistas- han hecho de este país un lugar donde ninguna persona queda desvalida ni abandonada a su suerte, donde fueron erradicados los flagelos del desempleo, de la discriminación racial, de las drogas y de la explotación del hombre por el hombre.
Haciendo una comparación entre lo logrado por Cuba y lo que sufren hoy muchos pueblos en nuestro propio Continente, se puede con facilidad llegar a la conclusión de que es el sistema capitalista y no el socialista el que ha fracasado.
Con mucha insistencia los voceros del capitalismo pregonan que las actuales limitaciones económicas de Cuba no se deben al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto hace 55  años a este país, sino a deficiencias del sistema socialista.
Hace algún tiempo escuché una afirmación del presidente ecuatoriano Rafael Correa, que desbarata magistralmente esa tergiversación: decir que los problemas económicos de Cuba no se deben al bloqueo sino a deficiencias de su sistema, es como coger a una persona, atarle al cuello un piedra, tirarla al mar y después decir que se ahogó porque no sabía nadar.
Y no se trata de negar la existencia de deficiencias, de las cuales el magisterio de Fidel y de Raúl ha sido un alerta constante y un llamado a combatirlas. Pero siempre para fortalecer el socialismo, no para debilitarlo. Por eso en Cuba no han dejado de hacerse nunca cambios y se siguen haciendo; los cambios que convienen al país, al pueblo, a la Revolución, no los que quieren imponer los enemigos.
El  capitalismo es un sistema salvaje. El socialismo es el único sistema que puede resolver los graves problemas de la humanidad. Quien quiera una demostración palpable de esa verdad, más que entrar en disquisiciones teóricas, que estudie la realidad de la Revolución cubana. Y que compare. Verá, sin dudas, las ventajas de un país con obreros sin capitalistas, a la de aquellos donde existen capitalistas y obreros, es decir, donde viven bien los capitalistas y malviven los obreros.