lunes, 19 de junio de 2017

El “heroísmo” del padre del violinista de Trump








.Orlando Guevara Núñez

Esta foto fue publicada en Santiago de Cuba, en los primeros días de enero de 1959. Otras muchas páginas dieron a conocer los rostros o cadáveres de hombre, mujeres, jóvenes casi niños, asesinados por la tiranía batistiana en esta ciudad, donde uno de los criminales, el comandante  Bonifacio Haza-padre del  mediocre  violinista de Donald Trump, era el jefe la policía.
Ese individuo, célebre por la persecución a los revolucionarios, por los crímenes, torturas y desaparición de santiagueros, participó  en el asesinato del  héroe de la lucha clandestina en esta ciudad, Frank País García y el también luchador clandestino Raúl Pujol, el 30 de julio de 1957. Para esa fecha, el esbirro era solo capitán.
La historia de la “víctima” del gobierno cubano, tergiversada por el presidente de los Estados Unidos, tiene detalles que deben conocerse por quienes a él lo escucharon en su reciente discurso anticubano.
En los momentos del asesinato de Frank País, quien con solo 22 años de edad era el máximo jefe del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en el llano, estaba destacado en Santiago de Cuba el esbirro José María Salas Cañizares, conocido por los santiagueros y cubanos como “masacre”. A su cargo estaba la persecución de Frank.
En su libro Frank, entre el sol y la montaña, el también combatiente clandestino y del Ejército Rebelde, general de brigada William Gálvez Rodríguez, sintetiza aquel trágico momento.
“Masacre” a uno de su jauría:   “Yo me estaré moviendo alrededor de la zona y cualquier cosa me llaman por el carro, si no estoy, llaman a Haza, que también irá con nosotros. El nos espera en el Gobierno Provincial. Pero escuchan bien: a la más mínima señal de resistencia o fuga, la orden es fuego contra quien sea. Luego veremos”.
Después, el asesino, acompañado de otros dos de su misma calaña, se dirigió  a recoger a otro de su misma especie, Bonifacio Haza. En el trayecto, “Masacre”  pregunta al capitán si ya escogió las casas que serán registradas.  Haza le responde afirmativamente. Comenzaba la operación; faltaban pocos minutos para las 4 de la tarde.
Ya totalmente cercados, Frank y Pujol deciden salir, tratando de pasar inadvertidos, pero son interceptados por un soldado. Al ser registrados, a Frank se le ocupa una pistola 38. Los dos son llevados ante los jefes. Y un delator, que había estudiado junto a Frank, lo identifica. De inmediato, el atropello. El cadáver de Frank País, presentaba 38 heridas de bala. A su lado, la pistola, para hacer creer a la opinión pública que se había rebelado y agredido a la autoridad. Era la justificación para el bárbaro asesinato. Mariano Randich, el delator, fue ajusticiado poco después.

Ya  a mediados de abril de 1956,  el  “héroe de Trump” había reprimido  a tiros a un grupo de estudiantes que, ante la Audiencia, pedían la libertad de sus compañeros juzgados. En esa ocasión, fue el asesino del Moncada, coronel Chaviano, quien dio la orden de represión. “Si usted lo ordena, así será”, contestó Haza. Y así lo hizo.
Dos estudiantes estaban heridos de gravedad. Y  ante el regocijo de otro esbirro por el  crimen, exclamaría Haza: “Brindemos por la mano fuerte del general Batista en Oriente, por nuestro querido coronel y futuro general Alberto del Río Chaviano”.
Ante la agresión a los estudiantes, la respuesta de los revolucionarios fue el combate, bajo la dirección de Frank País. El día 20 de abril de ese 1956, caían heridos Carlos Díaz y Orlando Carvajal. Recluidos en un hospital, fueron sacados y conducidos ante  un grupo de  militares asesinos, entre ellos Bonifacio Haza. Y los dos jóvenes fueron asesinados, luego de bárbaras torturas, entre éstas aplicación de alcohol puro en las heridas y pinchazos con punzones.
Luego, Bonifacio Haza, siguió su carrera y acrecentó su historial de torturas y crímenes. Hasta que llegó el triunfo de la Revolución.
Hace algún tiempo, entrevisté a un combatiente clandestino de Santiago de Cuba,  quien, rememorando el primer día de la victoria, se refirió a su encuentro, en plena calle, con Bonifacio Haza, aún armado. Su indignación fue tal, que se dirigió al esbirro para detenerlo. Sin embargo, Haza le replicó que los acuerdos de El Escandel, donde el mando militar del Moncada se había rendido ante el Comandante en Jefe Fidel Castro, establecía que los oficiales quedaban libres y armados.
Campos Miguel, aunque no podía entender esa libertad para quienes horas antes asesinaban a los revolucionarios y a la población, no lo tomó prisionero, pero lo despojó del arma. Confió en la justicia revolucionaria, anunciadora de que quienes no  eran responsables de ningún crimen, quedarían libres, pero los criminales serían juzgados y sancionados por los tribunales.
Los revolucionarios y el  pueblo actuaron con serenidad y ética. Y en esos primeros días de enero de 1959, el comandante Bonifacio Haza fue juzgado por un Tribunal Revolucionario y pagó por sus crímenes. Fue fusilado, junto a otros connotados asesinos.
No creo que el presidente de los Estados Unidos esté totalmente de espaldas a la historia de éste, uno de sus “héroes”  cubanos, padre de su violinista, catalogado también como víctima. El hijo no fue culpable de los crímenes de su padre, pero la verdad no puede falsificarse  y mucho menos en ara de intereses mezquinos.
En Cuba, muchos hijos de militares o civiles que fueron castigados por sus crímenes, han gozado y gozan de todos los derechos y beneficios de la Revolución. Incluso  los familiares de los militares que murieron en combate contra los revolucionarios. Ese principio lo expresó Fidel desde el 16 de octubre de 1953, ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de julio de ese año.
Así afirmó  Fidel: “Cuando Cuba sea libre, debe respetar, amparar y ayudar también a las mujeres y los hijos de los valientes que cayeron frente a nosotros. Ellos son inocentes de las desgracias de Cuba, ellos son otras tantas  víctimas de esta nefasta situación”. Y eso ha sido totalmente cumplido. Si el hijo de Bonifacio Haza viviese en Cuba, seguro no sería una excepción. Y sería, por lo menos, mejor violinista.
Nada, que el presidente yanqui sigue la tradición de sus antecesores, en su manía de fabricar “héroes”  cubanos, de escoger las peores materias primas. Bonifacio Haza es un claro ejemplo de ese fracaso.
No es toda la historia de este personaje, pero en algo se ayuda a conocerlo tal como fue.

domingo, 18 de junio de 2017

LA HISTORIA NO CONTADA DEL AGENTE “MERCY” DE LA SEGURIDAD CUBANA.

No es usual, en mi blog, incluir trabajos de otros autores. Pero el valor patriótico y humano de éste, firmado por Percy Francisco Alvarado Godoy, me conduce a la excepción. De heroísmos como los de su padre- y de él mismo- están cimentados el heroísmo y el internacionalismo del pueblo cubano. Gracias, Percy, por esta conmovedora lección.

 

 


Mi padre junto al comandante Piñeiro
Por estos días varios blogs contrarrevolucionarios como Nueva Acción Cubana y Superpolítico, así  como varios mercenarios anticubanos en la Red Social Facebook, no se han contentado con amenazarme reiteradamente, al igual que a mi familia. En sus ataques han tomado a la figura de mi padre, sencillo y anónimo revolucionario latinoamericano, para falsear su honestidad y entrega a la Revolución Cubana.

Carlos Alvarado Marín, el agente "Mercy", fue en realidad tal vez el primer colaborador en la historia de la Seguridad Cubana en trabajar en el exterior. Toda su vida la entregó sin pedir honor a cambio. Por ello retomo este pasado artículo, escrito por mí hace algún tiempo, para vindicar  a su persona y a su entrega incondicional a la lucha de nuestros pueblos y, particularmente, a su Cuba amada.

Quien trata de ofenderme, denigrándolo, pierde su tiempo. Él vive en mí como ejemplo. Cada acto mío es para honrarlo aún más, aunque ya no pueda expresárselo directamente.

Sirva esta nota para honrar también al entrañable amigo, José Gómez Abad (Pepe), a quien le fallé en su momento final y no pude acompañarle en el momento de su deceso, pues el dolor de verlo terminar su fructífera vida era una carga muy pesada para mí.

Remembranzas sobre mi padre.

Percy Francisco Alvarado Godoy
11 de noviembre de 2010.

La muerte sorprendió a mi padre, Carlos Conrado de Jesús Alvarado Marín, un infausto día de noviembre de 1997, cerrando ese día una larga y provechosa vida. Luchador infatigable, enfrentó a la parca con el pecho desnudo, como lo hacen los hombres, y de esa manera se nos fue, combatiendo aún por la liberación de nuestra América y siempre fiel a su Cuba amada, a la que defendió durante 37 años en el más absoluto anonimato.

La muerte precipitada, cuando aún combatía por su amada Guatemala como sencillo combatiente del Ejército Guerrillero de los Pobres, con sus 75 años a cuestas, no nos dejó, sin embargo, con las manos vacías. Nos legó su historia llena de heroicos pasajes que lo hicieron ser un participante activo en las luchas de su tiempo, aunque mucho de lo que hizo deba permanecer aún en el más absoluto silencio. Ese largo avatar, iniciado desde la más profunda pobreza, le llevó un día a ser uno de los pocos hombres, de los últimos, que combatieron a las hordas mercenarias que derrocaron salvajemente al gobierno de Jacobo Árbenz.

Luego vendría el exilio en la Argentina en que reforzaría sus convicciones revolucionarias junto a un valioso grupo de compañeros que, posteriormente, como Luis de la Puente Uceda y muchos más, le encaminarían al bello camino en que el humanismo y la solidaridad mueven cada parte de nuestros corazones. Por ese entonces, ya había conocido a Ernesto Guevara de la Serna, el  futuro Guerrillero Heroico, con el que trabó una inolvidable amistad.

Fue, sin embargo, un hombre de privilegios. La lucha lo llevó a conocer a hombres y mujeres como el propio Che, como a Manuel Piñeiro Lozada, como Bernardo Alvarado Monzón, Manuel Galich, Tamara Bunke Bider (Tania)  y otros, con los que combatió en unos casos y en otros les sirvió de sostén en sus luchas. Tuvo también el privilegio de ser uno de los primeros hombres de la Seguridad cubana que marchó al exterior a defender al maravilloso y amado pueblo que lo recibió como a un hijo. Fue quien comunico a la heroica guerrillera las principales tareas asignadas a ella para cumplir su misión en Bolivia y le dio el entrenamiento necesario en sus nuevas condiciones de trabajo.

La enorme modestia que lo caracterizó le impidió hablar a sus hijos, que lo veían irse y desaparecer durante largos años, sobre el combate anónimo que libraba. Para sus compañeros fue leal y modesto, sencillo y tenaz, y, sobre todo, capaz de crecerse ante las adversidades y cualquier error cometido.

Muchas ciudades del mundo lo vieron deambular usando múltiples identidades, aunque sus compañeros solían nombrarlo con seudónimos como Mercy, Juan, el Don, el Doctor, el Viejo, el Maestro, Felipe y muchas denominaciones de acuerdo con la ocasión. Su vocación esencial, empero, a pesar de ser un internacionalista por convicción, fue siempre amar a Cuba, a Fidel y, particularmente, al Che.

Uno de sus compañeros, José Gómez Abad, lo caracterizó en las páginas de un libro titulado “Cómo el Che burló a la CIA”, editado por la Editorial Capitán San Luis no hace mucho, con las siguientes palabras, en relación con su ingreso a la Seguridad en 1963: “En ese momento, al llevarse a cabo el acto de proposición y aceptación como colaborador de los órganos de la Seguridad del Estado (reclutamiento), se produjo el eterno abrazo internacionalista de Carlos Alvarado Marín, Mercy, con la causa de la Revolución Cubana, mediante la defensa de la misma de las agresiones de sus enemigos internos y externos y el apoyo solidario a la lucha de los pueblos explotados de América Latina”.

Posteriormente, escribió sobre mi padre: “Mercy o Juan, como operativamente lo llamábamos, con la perspectiva de los años transcurridos, resulta de admirar en él, cómo a pesar de duplicarnos en edad a la mayoría de los compañeros que con él trabajábamos, siempre mantuvo una relación de mucho respeto, siendo muy disciplinado y generando constantes iniciativas para perfeccionar el trabajo. En él se destacaba también su incondicionalidad militante con la Revolución Cubana y al Comandante en Jefe, su sentido autocrítico, laboriosidad, la relación abierta y sincera con los compañeros y su sagacidad operativa”.

Finalmente, Pepe Abad, ya fallecido, caracterizó a mi padre con emotivas palabras: “Ni los años, como tampoco los múltiples sinsabores y riesgos que afrontó en su larga y azarosa vida, habían hecho mella en su vitalidad excepcional y asombrosa lucidez. Hasta sus últimos momentos fue un enamorado de la vida y de todas sus bellezas”.

Por mi parte le recuerdo, con su tabaco siempre, rebuscando en su memoria tanto recuerdo, mientras se balaceaba en una mecedora de metal en el patio trasero de mi casa. Su mirada recaía en mí, con reprimida tristeza al verme pasar, pensando que su hijo, acomodado y con una actitud cuestionable ante la Revolución, traicionaba lo que más amaba. Le recuerdo también adolorido por sus errores, a él que siempre luchó por ser un hombre perfecto y cargaba sobre sí el peso tremendo de su propio sentido autocrítico.

Murió, como dije, tal como vivió: sencillo y anónimo, ajeno a las glorias y a los reconocimientos públicos. Aún recuerdo aquella noche triste en la funeraria de Calzada y K, cuando inexplicablemente para los presentes le fueron retiradas sus condecoraciones, algunas ofrendas de los líderes de nuestra Revolución y se decidió no hacerle la guardia de honor que se merecía. Muchos lloraron de rabia ante este sorprendente hecho, entre ellos mis hermanos y sus compañeros. El propio José Abad explicó el suceso en su libro: “Al fallecer, circunstancias que él también conocía, impidieron rendirle el público homenaje que se merecía y que el propio comandante Manuel Piñeiro Lozada quería hacerle. De haberse violado en ese momento esas limitaciones, se ponían en riesgo importantes trabajos de los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba y, sobre todo, la vida de personas que él mejor que nadie conocía y deseaba preservar” (…)”La circunstancia a que he hecho mención era que su hijo mayor, Percy  Francisco Alvarado Godoy, el Agente “Fraile” de la Seguridad de Cuba, se encontraba en esos momentos infiltrado dentro de las organizaciones terroristas en La Florida.”

Confieso que mi dolor se hizo mayor al saber que en parte era responsable de que mi padre no fuera acreedor del honor ganado en su largo batallar por la vida. Sin embargo, me reconfortaron las emocionadas palabras de Manuel Piñeiro que,  reprimiendo las lágrimas con toda la fuerza de su probada hombría, exclamó al despedir el duelo: “Hoy dejamos aquí a Carlos, con la certeza de que algún día los pioneros cubanos podrán conocer mejor la vida de este hombre, que fue modelo a seguir por todos los revolucionarios latinoamericanos. A todos nos queda el compromiso de hablar de él, cuando se pueda hacerlo, y decir quién fue este hombre en realidad”.

Hoy, padre mío, compañero mío de combate, cumplo con ese mandato del Comandante Piñeiro, para que  Cuba y el mundo te conozcan finalmente.

sábado, 17 de junio de 2017

Los “héroes” cubanos de Trump




. Orlando Guevara Núñez

Es  entendible que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tenga como “héroes”  a los mercenarios de Playa Girón. Gente de su misma calaña, con sus mismas aspiraciones y, desde luego, con sus mismas frustraciones respecto a Cuba.

Pocas veces, como lo hizo el presidente de los Estados Unidos al referirse a su política contra Cuba,  se han  utilizado tanto las palabras libertad y derechos humanos, siendo, a la vez, el representante del gobierno más violador de la libertad de su pueblo y de otros muchos en el mundo, y el mayor culpable de que habiten el planeta en que vivimos tantos  humanos sin derechos.

Su discurso, claro está, no se lo elaboraron para el pueblo cubano. Está diseñado para satisfacer mezquinos intereses de grupúsculos contrarrevolucionarios amamantados aún en Estados Unidos  y, según opinión de muchos analistas, para tratar de cubrirse la espalda frente a graves acusaciones que debe enfrentar en su propio país, sin la certeza de salir ileso.

Los cubanos conocemos bien a los amigos cubanos de Trump. A los que él les ha prometido acompañar en su lucha por la “libertad”  cubana. Si a alguien le quedan dudas sobre el “patriotismo” de esos “héroes”, bastaría recordar algunas cifras de quienes integraron la invasión mercenaria de Playa Girón, en abril de 1961.

He aquí algunos de esos “libertadores” de procedencia cubana. Juzgue el lector.

Entre los  1 500  mercenarios se enrolaron en la invasión 194 ex militares y esbirros que habían formado parte de la tiranía batistiana. Muchos de ellos con numerosos crímenes pese a los que  fueron  protegidos  por  las autoridades norteamericanas. Venían a restablecer los órganos represivos, de tortura y asesinatos.

Vinieron l00 latifundistas, 112 grandes comerciantes y 35 magnates industriales, con el propósito no de liberar a los cubanos, sino de arrebatarles las propiedades que les había devuelto la Revolución. Venían  a quitarles la tierra a los campesinos, a explotar a los  obreros, a sumir de nuevo a los cubanos en la miseria y la explotación.

Entre los “libertadores” formaron parte de la invasión mercenaria 67 casatenientes, 24 grandes propietarios, 179 personas acomodadas económicamente. Y un elemento que no podía faltar, los lumpens, 112, que no trabajaban, y pretendían volver a vivir en Cuba a costa del sudor del pueblo. Era esa la “flamante” Brigada 2506 a la que el presidente norteamericano le rinde culto.

Era esa la avanzada que debía crear una cabeza de playa y proclamar un gobierno provisional que pediría ayuda al gobierno norteamericano, el cual  intervendría  a su favor para regresar a Cuba al pasado capitalista y de oprobio, para efectuar los cambios que todos los gobiernos yanquis, desde Eisenhower hasta Trump, han querido para el pueblo cubano.

La ignorancia del presidente yanqui, alimentada por la prepotencia, desconoce la historia de lucha y el heroísmo del pueblo cubano. Quizás le convenga que sus asesores  se la enseñen un poco, si es que acaso tienen alguna noción sobre ella.
Mientras tanto, vale recordarle el legado fidelista, asumido por todo nuestro pueblo,  de que vivimos en un país libre que nos legaron nuestros padres y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie.

viernes, 16 de junio de 2017

Trump seguirá cosechando derrotas, los cubanos seguiremos cimentando la victoria




.Orlando Guevara Núñez

El teatro que reunió al auditorio del presidente Trump para anunciar su largamente anunciada nueva política hacia Cuba, es todo un símbolo de la mente cavernícola del mandatario norteamericano. Lleva el nombre de Manuel Artime, uno de los artífices de la invasión mercenaria de Playa Girón. Y es que allí, en los Estados Unidos, los traidores, sin son cubanos, ascienden al pedestal de los héroes.
Según reportes de agencias de prensa, compartían el escenario veteranos de la Brigada 2506.Pocas veces se ha visto rendir tantos honores a quienes fueron tan vergonzosamente derrotados. Por lo menos, si de divulgar experiencias se trata, ellos podrían instruir bien a sus sucesores de cómo soltar las armas al suelo  y levantar bien las manos para que los revolucionarios cubanos no los exterminemos.
El presidente norteamericano hizo gala, una vez más, de su prepotencia y de su analfabetismo político. Sin dudas, su impopularidad en el país que por desgracia lo eligió, descenderá a niveles recordistas. Su maridaje con  tipejos como Díaz Balart y Marco Rubio, dando la espalda a la mayoría de su pueblo, no quedará impune.
No toma en cuenta el trasnochado mandatario que la emigración cubana en ese país no es la misma de los primeros años de la Revolución, cuando hacia allá partieron los asesinos, esbirros, ladrones, explotadores y otros de la peor calaña, expulsados del poder por el pueblo cubano, quienes fueron recibidos como héroes, apoyados, financiados y protegidos para organizar la contrarrevolución.
Los cubanos no estamos sorprendidos por esa decisión gubernamental yanqui. Ni nos amedrentamos ante las medidas anunciadas y las que están por venir. Si a las equivocaciones anteriores ahora se suman estas, llegará otra vez la ocasión en que mandatarios más cuerdos llegue a la conclusión de que ningún bloqueo, ninguna presión, podrá debilitar, ni mucho doblegar, la voluntad de los cubanos de mantener nuestra libertad e independencia.
El Comandante en Jefe Fidel Castro lo dijo hace mucho tiempo y Raúl lo ha ratificado en fechas más recientes:  estamos dispuestos al diálogo, dispuestos a discutir cualquier tema, pero siempre en plena igualdad de condiciones, sin sacrificar uno solo de nuestros principios, sin concesiones de ningún tipo.
Por lo visto,  en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, Trump y su pandilla seguirán poniendo el oprobio,  la injusticia, la prepotencia;  los cubanos seguiremos poniendo la dignidad, la moral y la defensa de nuestra libertad e independencia. Tenemos la seguridad de que Trump aportará a su país otra página de derrota. Los cubanos seguiremos cimentando la victoria definitiva.

Medidas de Trump contra Cuba bloquean a su propio pueblo



.Orlando Guevara Núñez
El presidente de los Estados Unidos con sus recién anunciadas medidas contra Cuba, está bloqueando a su propio pueblo. No ha tenido en cuenta que el 65 por ciento de los norteamericanos encuestados hace pocas horas se han pronunciado contra el retroceso en las relaciones iniciadas por el presidente Obama, luego de reconocer el fracaso del bloqueo. Basta que dos tipejos, como Díaz Balart y Marco Rubio le hayan adulado – y tal vez chantajeado- para desdeñar los sentimientos mayoritarios de los norteamericanos.
Resulta que ahora Trump limita de nuevo la visita de los norteamericanos a Cuba. Y los que vengan tendrán que rendirle cuenta al gobierno de cada paso y acción en nuestro país, lo cual no es nuevo. Recuerdo a un conocido que venía bajo esos requisitos. Estaba autorizado solo a visitar iglesias. Y de regreso, hasta un hago constar buscó, falso desde luego, emitido por una de esas instituciones la cual reconoció el fraude bajo la justificación del socorro piadoso a una persona cuyo único fin era ver a su familia.
Dijo el presidente que restringirá el turismo hacia nuestro país. Bueno, ya vendrán otros, de otros países. Si eso no es un bloqueo al pueblo de los Estados Unidos, que venga Lucifer y me lo discuta. Restricción para sus comerciantes que, según datos publicados, perderán más de  seis mil millones de dólares, al tiempo que se perderán unos doce mil empleos. Pero ninguna de esas dos cosas les interesan al mandatario yanqui, ni a la pandilla que lo asesora respecto a Cuba.
Cosa ridícula, que los norteamericanos sean castigados por su gobierno a no visitar a Cuba, y les prohíba  consumir su famoso ron, fumar sus inigualables tabacos y saborear su aromático café, además de gozar sus playas y tener contacto abierto con un pueblo que, tras más de medio siglo de bloqueado, ha aprendido a no odiarlos, identificando a los gobernantes como los únicos culpables de tales aberraciones.
Si alguien conoce en el mundo otro pueblo cuyo gobierno le imponga esas absurdas restricciones, valdría la pena señalarlo.
A eso noble pueblo no solo lo respetamos los cubanos, sino que en este momento, lo compadecemos por haber sentado en el poder a un irracional, creyente de que el mundo es una empresa, precisamente de las suyas. Los cubanos seguiremos luchando contra el criminal bloqueo. Y sin dudas, el propio pueblo estadounidense arreciará su lucha por el mismo objetivo.
Cuando escribo estas líneas, no tengo a manos la versión total del discurso de Trump. Por eso me refiero solo a una parte de los muchos disparates seguramente rumiados.