jueves, 5 de febrero de 2026

 

Nuestros muertos, alzando los brazos,

¡la sabrán defender todavía!

.Orlando Guevara Núñez

La lucha contra el colonialismo español, la esclavitud, el feudalismo, el  neocolonialismo norteamericano y las dictaduras de turno en Cuba, exigió un alto precio de sacrificio y sangre en todas las etapas.

El martirologio cubano está cimentado por Céspedes, Agramonte, Martí, Maceo y una legión de héroes en las contiendas de 1868 y 1895. A ellos se sumaron Mella, Guiteras, Menéndez y muchos otros, quienes confirmaron el pensamiento martiano de que los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre.

La última etapa de lucha por la independencia, fue para Cuba altamente costosa y elevó el martirologio a planos superiores. En la guerra iniciada en 1956 hasta el triunfo de enero de 1959, murieron más de 20 000 cubanos.

En el combate inicial, 26 de Julio de 1953, perdieron la vida  61 jóvenes, 6 en combate y 55 asesinados.  Allí cayó Abel, el segundo de Fidel.  Luego del desembarco del Granma, murieron 21 expedicionarios, tres en combate y 18 asesinados, entre ellos Juan Manuel, el segundo de Fidel.

Durante la lucha guerrillera y en la clandestinidad, cientos de combatientes fertilizaron con  su sangre gloriosa el suelo de la patria. Frank estuvo entre ellos.Otro  pensamiento de Martí se hizo realidad: “Al poder se sube casi siempre de rodillas, los que suben de pie son los que tienen derecho natural a él”. Y nuestro pueblo subió de pie.

Pero el triunfo alcanzado con sangre, continuó necesitando sangre para conservarse. Fue el precio impuesto por el gobierno imperialista de los Estados Unidos. Solo desde noviembre de 1961 hasta enero de 1963, un total de 3 478 cubanos murieron, víctimas de las 5 780 acciones terroristas organizadas, financiadas y ejecutadas por el gobierno imperial y su Agencia Central d Inteligencia.

Otros 549 cubanos pagaron con su vida la derrota de 299 bandas armadas, con unos 3 000 mercenarios, también organizadas y financiadas por los yanquis. A 101 ascendieron los fallecidos por el sabotaje al vapor francés La Coubre, el 4 de marzo de 1960, en La Habana, cuando traía armas para que  el pueblo defendiera sus conquistas.

El ataque imperialista por Playa Girón, aunque aniquilado en menos de 72 horas, costó a Cuba 176 vidas; 57 murieron víctimas del crimen de Barbados, el 6 de octubre de 1976, al ser saboteado un avión cubano; ocho muertes cubanas fueron provocadas por disparos desde la ilegal Base Naval de Guantánamo. Y 158 personas perdieron la vida, entre ellas 151 niños, por una epidemia de dengue introducida en Cuba por Estados Unidos.

Agréguese a estas cifras que, en su preparación para la defensa, 2  354 combatientes perdieron la vida. Y  que  otros 2 289 patriotas firmaron con su sangre las páginas más hermosas del internacionalismo proletario en África. En Bolivia, en 1967, junto a otro grupo de combatientes, cayó el Che, quien nos legó el grito rebelde de ¡Hasta laa victoria siempre!.

El 3 de enero pasado, sangre cubana, de 32 combatientes mártires, se derramó en Venezuela, en defensa de la soberanía de ese hermano país, contra el mismo enemigo, el imperio norteamericano.

En ese martirologio cubano, tiene un lugar cimero Santiago de Cuba. Así lo definió Fidel: “El Día de los Mártires es también el día de la ciudad mártir de Cuba; de la ciudad que a lo largo de la historia, desde la lucha por la independencia, ha demostrado la más extraordinaria dote de patriotismo”.Aquí, en estas calles de Santiago de Cuba, cayeron los primeros combatientes revolucionarios. En estas calles de Santiago de Cuba se perpetraron los primeros actos de salvaje represión contra los revolucionarios y contra la población civil”.

No es casualidad que en Santiago de Cuba naciera Antonio Maceo, cuya caída, el 7 de diciembre de 1896, marca el homenaje a todos los caídos en nuestras contiendas independentistas; y que aquí naciera también – como símbolo de continuidad – un 7 de diciembre, Frank País García, cuya caída, el 30 de julio de 1957, sintetiza el homenaje a todos los caídos en la última tapa de lucha por nuestra libertad e independencia.

Cedemos la palabra a Raúl, cuando afirmó en el cementerio Santa Ifigenia: “Encendemos esta llama, un día como hoy, en homenaje al aniversario 50 de la caída de Frank, y en honor a los que como él integran la infinita galería de nuestros héroes y mártires”. Esa llama es gratitud eterna a esta Ciudad Héroe, cuyo pueblo generoso y valiente salvó la vida de combatientes del ataque al cuartel Moncada, entregó a la lucha a muchos de sus hijos y en medio de dificultades, trabaja hoy con tesón por salir adelante; ante el cual, reiteramos, convencidos de que ¡Santiago sigue y seguirá siendo Santiago! “

Ante tanta sangre derramada y patriotas caídos, hoy, frente a las amenazas norteamericanas, vale entonces repetir los versos patrióticos de Bonifacio Byrne, una vez evocados por Camilo.   

Si deshecha en menudos pedazos/ Llega a ser mi bandera algún día,/

Nuestros muertos, alzando los brazos, ¡La sabrán defender todavía!.

 

 

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