jueves, 24 de julio de 2014

El maridaje asesino entre EE: UU e Israel


.Orlando Guevara Núñez
Muchos hoy en el mundo - unos con indignación, otros con preocupación, algunos con indiferencia y no faltan quienes con aprobación- siguen diariamente el desarrollo del genocidio israelí contra el pueblo palestino.
Hoy los despachos noticiosos hablaban de más de 740 muertos y unos 4 000 heridos. Mañana esas cifras tenebrosas quedarán atrás. Niños, mujeres, ancianos y otras víctimas son de la población civil. Hospitales, escuelas y otras instalaciones que nada tienen que ver con objetivos militares, son blanco de los bombardeos. Miles de palestinos están siendo obligados a abandonar sus hogares.
El gobierno imperialista de los Estados Unidos, desde iniciada la bárbara agresión a la Franja de Gaza, declaró su respaldo a Israel. Y ahora, ante la tragedia, más por tratar de engañar a la opinión pública que por sentir el dolor de los palestinos, ha anunciado la asignación de algunos millones de dólares para ayudar a los dañados.
La doble moral norteamericana se pone una vez más de manifiesto.Por cada dólar entregado para esa “ayuda” entrega cada año a Israel más de  cien para armar a los asesinos. Ambos gobiernos, el de Estados Unidos y el israelí, forman un perfecto maridaje del crimen.





El cumpleaños de Blas




 .Orlando Guevara Núñez

Conversando con un dirigente del Partido Socialista Popular (PSP) en aquella época, el compañero Walfrido La O  Estrada, me  refirió una historia poco conocida acerca de la forma en que algunos dirigentes de ese organismo fueron incluidos y procesados en la causa relacionada con los hechos del 26 de Julio de 1953.
 El 24 de julio de ese año, el entonces Secretario General del PSP en el país, Blas Roca Calderío, cumplió 45 años de edad. Con tal motivo, el Secretariado Nacional asignó a su Comité Provincial en Oriente  organizar ese día un homenaje al destacado dirigente, actividad que tendría lugar en Santiago de Cuba.
En esa propia fecha llegaron a la capital oriental Blas y varios dirigentes del PSP, entre ellos su Presidente, Juan Marinello Vidaurreta y Lázaro Peña, así como integrantes de las direcciones en municipios habaneros y otros de la región oriental.
En su aniversario 45, el maestro de la clase obrera recibiría un regalo aprobado por todas las organizaciones de base del Partido: estar al día en la cotización partidista y saldar todas las deudas del periódico  Noticias de Hoy - su órgano oficial - así como otros adeudos relacionados con ediciones de propaganda. Los simpatizantes del Partido, quienes hacían su aporte sin ser militantes, también estarían actualizados.
La otra parte del homenaje sería un almuerzo en el local del Gremio de Panaderos de Santiago de Cuba. Todo dentro de la modestia y de la austeridad que regían la vida de los comunistas cubanos, constantemente acosados por la tiranía batistiana.
Para el citado almuerzo, se contaba con el permiso del Gobernador Provincial. No obstante, el propio Blas Roca indicó a uno de los compañeros de la Dirección Provincial del PSP que fuera al cuartel Moncada y pusiera en conocimiento de Alberto del Río Chaviano, jefe de ese Regimiento Militar, la celebración de la actividad, pues conocía que este personaje se oponía a las reuniones de los comunistas.
El resultado de la gestión no pudo ser peor. El esbirro batistiano ni siquiera recibió al enviado del PSP. Delegó en su ayudante, cuya respuesta fue categórica: “Ni Chaviano ni yo autorizamos a los comunistas a reunirse”.
Al conocer la respuesta, Blas se encontraba, junto a otros dirigentes, en la casa natal de Antonio Maceo. Ante la imposibilidad de utilizar el local del Gremio de Panaderos, se plantea  efectuar el almuerzo en un kiosco del carnaval, propiedad del Partido. Fue entonces cuando “Fifí”  Maceo, descendiente de la heroica familia santiaguera, le expresó al Secretario General del PSP que Batista y Chaviano podrían impedir el almuerzo en el lugar donde se había programado, pero que en su casa seguía mandando el General Antonio y allí ellos no podrían entrar.
La misma “Fifí”  solicitó a Juan Marinello que pronunciara las palabras de homenaje a Blas. Y el Presidente del PSP habló sobre la vida ejemplar del obrero zapatero devenido en dirigente del proletariado, sobre su espíritu de superación, su fidelidad a la clase obrera y su ejemplo para el resto de los dirigentes y militantes comunistas.
Así transcurrió el onomástico 45 de Blas Roca. Pero vendrían entonces otras y más graves complicaciones.
En la mañana del 25 de julio, el homenajeado y Marinello partieron vía aérea hacia la capital del país, mientras que Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui lo hacían por carretera hacia Holguín, donde celebrarían una reunión. Los compañeros procedentes de los municipios habaneros fueron invitados a una noche de Carnaval, para partir luego, en ómnibus, a sus lugares de origen.
Así, cuando en la madrugada del 26 de Julio de 1953 se produce el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, teniendo  Chaviano conocimiento sobre la presencia de los dirigentes comunistas en esta ciudad, los relaciona de inmediato con la acción. Y comienza la cacería.
Romárico Cordero, miembro de la Dirección Nacional del PSP y dirigente agrario, avisa con rapidez a la dirección santiaguera para que saquen de su local a todos los compañeros, pues ya se comentaba que los comunistas estaban peleando en el Moncada y seguramente el lugar sería allanado.
Blas y Marinello, por haberse marchado antes, escapaban de la redada. Pero Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui fueron apresados en Holguín e involucrados en el proceso judicial por el asalto moncadista,  en el cual fueron absueltos. Un grupo de los habaneros resultaron detenidos en Camagüey, algunos de ellos fueron maltratados, golpeados y heridos.
Estos bochornosos acontecimientos hicieron del cumpleaños 45 de Blas Roca un episodio triste. Era la faceta real de un gobierno llamado democrático, donde ni siquiera para un homenaje a uno de sus líderes podían reunirse los comunistas.
La  figura  de Blas es hoy símbolo de todo un pueblo que lo recuerda con cariño. El fue un pilar para que a Cuba no regrese  jamás la ignominia del capitalismo. Fue, es y continuará siendo, fuente de inspiración para el pueblo cubano en su larga lucha por mantener la obra conquistada.



lunes, 30 de junio de 2014

En el caso de los Cinco: No se pide perdón, se exige justicia



.Orlando Guevara Núñez
En el mundo, incluyendo a los Estados Unidos, se incrementan cada día las voces que reclaman la libertad para Gerardo, Ramón y Antonio, los tres antiterroristas cubanos que guardan aún prisión en ese país, víctimas de las arbitrariedades del sistema judicial norteamericano.
No es perdón lo que se pide, porque el perdón se concede a quienes han cometido un delito por el cual pagan una condena. Lo que se exige es justicia, porque ninguno de ellos cometió las violaciones por las cuales han sido condenados.
Desde su detención en septiembre de 1998, hasta su posterior condena, todo el proceso ha sido una farsa colmada de ilegalidades violatorias de las leyes y hasta de la propia Constitución de los Estados Unidos. Ninguno de los cargos graves, como fueron los de conspiración para cometer asesinato en primer grado, atribuido a Gerardo; conspiración para cometer espionaje, contra Gerardo, Ramón y Antonio; y conspiración para cometer delito contra los Estados Unidos, endilgado a los cinco, pudieron ser probados. Ninguno obtuvo ni trató de obtener información secreta sobre los Estados Unidos, ni representó una amenaza para ese país.
En realidad, la esencia de ese ilegal proceso, forma parte de la política del gobierno de los Estados Unidos de proteger a los verdaderos terroristas que desde ese país – con impunidad y apoyo- han actuado y actúan contra el pueblo de Cuba, con el objetivo de destruir a la Revolución.
No vaciló el gobierno norteamericano en violar sus propias normas jurídicas, sobornar a jueces, pagar a medios de prensa y a periodistas para engañar a la opiníón pública y justificar sus ilegalidades. En la persona de los CINCO fue condenada la dignidad de ellos y la entereza del pueblo cubano.
Desde el punto de vista judicial, el proceso ha sido cerrado. Queda ahora que el presidente de los Estados Unidos esté dispuesto a lavar la afrenta que pesa sobre su sistema judicial, liberando a Gerardo, Ramón y Antonio. Esa es la exigencia de millones de personas en el mundo, quienes se suman a la denuncia y piden el regreso a Cuba de los tres héroes antiterroristas.

domingo, 29 de junio de 2014

Josué, Floro y Salvador: Nuestros fiscales supremos



                   

 .Orlando Guevara Núñez
En junio de 1957, la rebeldía del pueblo santiaguero y de todo el territorio oriental se había multiplicado. Luego de los días azarosos y funestos del desembarco del Granma, se había producido el primer combate victorioso del naciente Ejército Rebelde en La Plata, el 17 de enero, y un mes después la entrevista concedida por Fidel en la Sierra Maestra al periodista norteamericano Herbert Matthews. Ambos acontecimientos desmentían la patraña gubernamental de que los rebeldes estaban aniquilados y de que la paz reinaba en esta combativa provincia.
El 28 de mayo de 1957, el combate de El Uvero había reafirmado la verdad que el régimen batistiano y los medios de prensa querían silenciar. Ese mismo día, los esbirros de la tiranía asesinaron a 16 expedicionarios del Corynthia, que habían desembarcado por la costa norte de Oriente para combatir contra Batista. El heroico asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de ese año, reafirmaba la rebeldía de los cubanos en todo el país.
En Santiago de Cuba el pueblo se enfrentaba valerosamente a las fuerzas militares opresoras y muchos de sus hijos eran perseguidos, torturados y asesinados en las calles. En ese propio junio,  Herbert Matthews,  escribía en el diario The New York  Time sus impresiones  sobre la capital oriental.
Esta es una ciudad en revolución contra el presidente Fulgencio Batista. Ninguna otra descripción podría señalar el hecho de que virtualmente todo hombre, mujer y niño en Santiago de Cuba, excepto la policía y las autoridades militares, están luchando al costo de lo que ellos pueden para derribar a la dictadura militar en La Habana. Lo que se aplica a Santiago puede aplicarse a toda la provincia de Oriente, al extremo oriental de la Isla, la más densamente poblada y la más fértil región de Cuba y que tradicionalmente ha sido la cuna de la lucha por la libertad”.
Era ésa la realidad que pretendían ocultar el dictador y sus cómplices, quienes se empeñaban en  hacer creer a la opinión pública que en Santiago de Cuba y Oriente había estabilidad política y tranquilidad ciudadana. Con ese engañoso objetivo, personeros batistianos, entre ellos el asesino Rolando Masferrer, organizaron ese 30 de junio un llamado “mitin de la paz” que tendría lugar en el Parque Céspedes, ubicado en el mismo corazón de la ciudad.
Pero los jóvenes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, comandados por el héroe de la lucha clandestina, Frank País García, se aprestaron a demostrar lo contrario, con un audaz plan de acción. Una bomba de tiempo, colocada debajo de la tribuna, no llegó a explotar, fallando así el aviso para que tres pequeños grupos de revolucionarios salieran a la calle demostrando su presencia y  dispuestos al enfrentamiento con el enemigo. Faltó la señal, pero los jóvenes combatientes cumplieron la parte que les correspondía.
Entre los intrépidos muchachos estaban Josué País García, Floromiro Vistel Somodevilla y Salvador Pascual Salcedo. Impacientes por la ausencia de la explosión, Josué trató de comunicarse con Agustín Navarrete, responsabilizado con la acción, lo que no fue posible. Las palabras ofensivas y demagógicas de los personeros batistianos durante el mitin, enardecieron más a los jóvenes. “Estamos en esta tarde-dijo uno de los sicarios- librando en Santiago de Cuba la batalla por el futuro, por la tranquilidad, por la paz y el progreso de la nación. A la bomba, al petardo, oponemos el alma de nuestras mujeres, el pecho de nuestros hombres y la voluntad del pueblo, que quiere elecciones, que quiere paz, que quiere trabajo”.
Ante esa y otras ofensas, los tres jóvenes decidieron iniciar la operación. Salieron a la calle, ocuparon un auto de alquiler y caminaron hasta ser interceptados en la calzada de Martì y Crombet por un vehículo militar que ya los perseguía, pues el dueño del auto ocupado había hecho la denuncia a las fuerzas represivas. Refuerzos de los asesinos acudieron de inmediato. Cercados y  atacados por los esbirros, los tres jóvenes prefirieron morir en desigual combate, antes que rendirse al enemigo.
Floro y Salvador, luego de responder al fuego contrario, murieron al instante, mientras que Josué, herido de gravedad, fue hecho prisionero, montado en un carro militar y – según testimonio de muchos – asesinado como respuesta a sus exclamaciones de ¡Viva la Revolución!
En un artículo del investigador histórico, combatiente y biógrafo de Josué País, Francis Velázquez Fuentes, donde se analizan los hechos de ese día, se expresa que otro de los grupos revolucionarios decidió también salir, pero al tratar de ocupar un auto fueron descubiertos y se enfrentaron a los sicarios, causándoles dos muertos y un herido, logrando ellos escapar ilesos.
El fracaso del mitin fue evidente. En carta fechada el 5 de julio de 1957, el propio Frank País le comunicaría al máximo jefe de la Revolución, Comandante Fidel Castro, la siguiente valoración:
“Tuvieron que dar el mitin apoyados en tanques de guerra, con 3 000 soldados sobre las armas y más de 200 apapipios de Masferrer (…) El pueblo se portó muy bien, nadie fue; había solamente unas 5 000 personas y eso que las trajeron de toda la República. Tal fue el fracaso que el gobierno ha trazado planes para Oriente (…)”
A este fracaso de los politiqueros hay que unir otro. El Movimiento Revolucionario 26 de Julio, como parte del plan, se había propuesto interferir la transmisión del mitin. Uno de sus militantes, Carlos Amat, empleado de la Cuban Telephone Company, era el encargado de las líneas telefónicas a través de las cuales la transmisión llegaría a varias emisoras nacionales. Y precisamente en el momento que le correspondía hablar al asesino Masferrer, lo que salieron al aire fueron las consignas revolucionarias de ¡Viva Fidel!, ¡Viva la Revolución!, ¡Abajo Batista!
Ese mismo 30 de junio, además de la caída de Josué, Floro y Salvador, el Movimiento sufrió otro duro golpe: el fracaso del intento de apertura de un segundo frente de combate, en la zona de Miranda,  actual municipio de Mella, en la provincia santiaguera. Como la “semana terrible”, bautizaría Frank País estos hechos al informar a Fidel sobre los acontecimientos.
Pero los combatientes clandestinos no se amilanaron. Fortalecieron su organización, golpearon con más fuerza a los esbirros de la tiranía y se convirtieron en un firme bastión de apoyo a los guerrilleros que en las montañas orientales también incrementaban sus acciones, en una lucha sin tregua cuyo colofón fue la victoria revolucionaria del 1ro. de enero de 1959.                                   
                                                     
                                                   Los tres héroes

Josué País García era el hermano menor de Frank. Nació en Santiago de Cuba, el 28 de diciembre de 1937. Al morir contaba con sólo 19 años de edad. De conocida procedencia humilde, sus inquietudes revolucionarias lo habían integrado a la lucha estudiantil en el Instituto santiaguero. Formó parte del Bloque Estudiantil Martiano. Sus aspiraciones de estudiar ingeniería en la Universidad, quedaron truncas ante los requerimientos de su actividad revolucionaria.
Junto a los jóvenes que se rebelaron contra el golpe militar que el 10 de marzo de 1952 llevó al sanguinario Batista al poder, estaba Josué. Se suma de lleno a la lucha revolucionaria junto a Frank, Pepito Tey y otros destacados revolucionarios. El asalto al Cuartel Moncada, incentiva en el joven su ideal libertario. Es perseguido y detenido varias veces por los esbirros lo que, lejos de amedrentarlo, lo enardece. Ingresa al Movimiento Revolucionario 26 de Julio y figura entre los combatientes del 30 de noviembre de 1956.
Su muerte conmovió en lo más profundo a su hermano Frank, quien refiriéndose al trágico acontecimiento le escribe a Fidel: “Aquí perdimos tres compañeros más, sorprendidos cuando iban a realizar un trabajo delicado y que prefirieron morir peleando antes de dejarse detener, entre ellos el más pequeño que me ha dejado un vacío en el pecho y un dolor muy mío en el alma”.
Floromiro Vistel  Somodevilla nació en Santiago de Cuba, el 18 de mayo de 1934. No había cumplido los 23 años de edad cuando ofrendó su vida a la libertad de la Patria.
No tuvo oportunidad de continuar estudiando después de alcanzar el sexto grado, pues la necesidad lo obligó a trabajar desde muy joven para contribuir al sustento de su humilde hogar. Laboró como chofer en una fábrica de galletas en su ciudad natal.
Se integró al Movimiento Revolucionario 26 de Julio y sus principales actividades las desarrolló  en un grupo de acción, junto a Josué País y Salvador Pascual.
Participó en el Levantamiento Armado del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba y fue detenido el  2 de diciembre de ese año, permaneciendo en prisión hasta mayo de 1957, ocasión en que se reintegra a la lucha hasta su caída heroica pocos días después.
Salvador Pascual Salcedo tenía 23 años al caer en combate, el 30 de junio de 1957. Había nacido en Santiago de Cuba, el 8 de abril de 1934, en el seno de una humilde familia. Estudió Derecho Administrativo en la Universidad de La Habana, trabajando luego en las tiendas de ropas Luxor y La Francia, de la ciudad santiaguera.
Con sólo 18 años de edad, ya estaba vinculado a la lucha revolucionaria y bajo las órdenes de Pepito Tey cumplió diversas y riesgosas misiones clandestinas. Por estar cumpliendo una de ellas, en el antiguo central Río Cauto (hoy José Nemesio Figueredo, en la provincia de Granma) no participó en las acciones del 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba.
Al caer en combate su jefe, Pepito Tey, el joven revolucionario continúa cumpliendo misiones junto a Frank País, hasta su muerte heroica.
                                                   
                                              Presencia de los caídos
La muerte de los tres revolucionarios santiagueros, causó una profunda impresión entre  el pueblo de Santiago de Cuba y de los combatientes guerrilleros de la Sierra Maestra. Así, el 21 de julio de 1957, el Ejército Rebelde escribe a Frank País una carta de condolencia, la cual no llegó a las manos del jefe clandestino, por su también heroica muerte el día 30 de ese mismo mes.
En esa emotiva carta, un párrafo lo leemos hoy con impresionante fuerza de presencia.  “Si el destino nos lo permite, juntos iremos un día a su tumba para decirle a él y a toda esa legión de Niños Héroes, que hemos cumplido con la primera parte de esta lucha y que con la misma entereza y espíritu de sacrificio nos disponemos a culminar la obra de nuestra generación, teniéndolos a ellos como fiscales supremos de nuestros actos futuros”
Y para ti, hermano querido, - expresa la propia misiva- nada tenemos que añadirte, porque también es nuestro el dolor del joven águila caído.
Hoy el compromiso de culminar la obra de Josué, de Floro y de Salvador, la asume un pueblo entero que los continuará considerando, eternamente, fiscales supremos de nuestros actos presentes y futuros. Y el joven águila caído continúa elevando su vuelo para, junto a los Niños Héroes inmolados aquel 30 de junio y en otras fechas, continuar su ascenso hacia el sitial más alto de la Patria