viernes, 24 de diciembre de 2021

El respeto a lo que lo merece honra al que sabe respetar


Orlando Guevara Núñez

 


Otra vez responde Martí a falsedades e imprecisiones del periódico español  La Colonia. En esta ocasión, su  réplica, enviada a esa publicación,  tuvo espacio en la Revista Universal, de México, el 27 de mayo de 1875.  

La Colonia había hecho referencia a una afirmación de Martí.  Así lo hizo: “Pretendiendo abrumarnos con su inagotable vena y vengarse de la bromita que le hemos dado, dice nuestro colega que los españoles han cometido crímenes en Cuba y que los cubanos insurrectos han hecho un prodigio defendiéndose contra España”. 

Aclara Martí, en primer lugar, que él no escribió en tono de chiste, sino que, al proponer España  exageradas indemnizaciones  a los cubanos, escribió que le parecían pocas, “si con ella había de pagar cada indio muerto de la raza primitiva absoluta y radicalmente extinguida en los primeros años de la conquista”. Y agregó: que la indemnización era todavía pequeña “para pagar la vida de tanto cubano asesinado en las calles, fusilado sin causa en las ciudades, y muerto a palos en los presidios españoles”. Y argumentó: “Yo he visto matar así: yo he estado en presidio”.

Escribe que nada contesta La Colonia sobre esto. Y pasa a relatar los horrorosos crímenes, torturas, bárbaros castigos  y abusos en las Canteras de San Lázaro, en La Habana, donde estuvo preso.  “Ábranse  las arcas del gobierno español; viértanse todas, vuélvanse a llenar  para volverse a verter; todavía no repararán las crueldades  que en mi patria ha hecho”.

En otro aspecto dice: “Sobre el prodigio que los cubanos hacen defendiéndose de los españoles, hacen uno que España no puede hacer: avanzar venciendo a los cubanos”.

Se refiere a otras desafortunadas y erróneas afirmaciones de la publicación española. Elogia la virtud de la generación de cubanos de ese momento. Dice que es una generación que se sacrifica porque otra generación viva respetada, noble y libre. Y plantea que ante esta heroicidad, se calla, pues el respeto a lo que lo merece honra al que sabe respetar.

Aborda lo relacionado con la muerte a los prisioneros de guerra. Argumenta que, en los inicios, los insurrectos cubanos no mataban a los prisioneros. Pero eso cambió por diversas razones. Una fue que el ejército español asesinaba a los prisioneros y a los sitieros en el campo, fusilaba a  cubanos pacíficos en las ciudades, y rechazaba todas las gestiones para humanizar la guerra. Argumenta  que era improcedente, si los españoles fusilaban a los cubanos prisioneros, que los cubanos no fusilaran a los españoles. Y comenzaron  a hacerlo. Explicó que duele mucho escribir esto; pero esas son las dolorosísimas  leyes de la guerra.

Y asegura que, en muchos casos, los rebeldes no mataron a los prisioneros. Y señala ejemplos, entre éstos, el siguiente: “El mismo día en que en Santiago de Cuba una infame sed de sangre que subleva toda mi prudencia, asesinó criminalmente a sesenta soldados-soldados- del  Virginius, un jefe insurrecto – no podía conocer todavía este hecho-  ponía en libertad completa a un número mayor de prisioneros españoles que tenía en su poder. Ahí están los diarios españoles: ellos no pudieron ocultar esta humillante verdad”.

Combate la acusación de incendiarios a los mambises. Dice que no son incendiarios, que queman como un medio de guerra, no por maldad ni por placer. Argumenta que queman los campos que han de producir a sus enemigos dinero para continuar la lucha contra ellos.

Dice que La Colonia, se burla del hambre que pasan los soldados cubanos en la manigua.”Hambre gloriosa –apunta- si la pasan, que no ha de tener de recompensa las comodidades de la vida, la seguridad completa de su próximo triunfo, todo lo que halaga y hace entender los heroísmos humanos”

Un párrafo siguiente es digno de conocer por todos: El que se respeta, se honra tanto como el respetado: júzguese como plazca de la razón política de la revolución, pero respétese y admírese a los hombres a quienes un hambre de cinco años no ha bastado para cejar un instante en la defensa de una causa que ningún premio le ofrece en la vida, más que la posibilidad  de una muerte oscura, sin tumba acaso en que se vaya a llorar y amar a los héroes”.

Sin embargo, rebate que esa sea la realidad cubana en ese momento que escribe. Era mayo de 1875.

 

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