A 67 años de vida, ni vencidos ni cansados
.Orlando Guevara Núñez
La Revolución cubana, desde el mismo día del triunfo, se trazó la tarea de iniciar el proceso transformador que, además de la libertad, le diera al pueblo la posibilidad de erradicar los males políticos, económicos y sociales que lo agobiaban.
Pero las adversidades no se limitaban a los escasos recursos financieros existentes, a lo que se sumaban la carencia de personal calificado, la inadecuada estructura económica y la dependencia de los monopolios extranjeros.
Muy pronto se levantó frente a la Revolución un obstáculo mayor. El gobierno de los Estados Unidos se propuso destruirla por cualquier vía. Y no fueron intenciones ocultas. El maridaje entre ese gobierno y los explotadores y asesinos expulsados de Cuba el 1ro. de enero de 1959, no se hizo esperar.
El 3 de enero de 1961 el gobierno de los Estados Unidos rompió sus relaciones con Cuba. Y el 3 de febrero de 1962, el entonces presidente Kennedy oficializó, con su firma, el bloqueo a Cuba.
Desde allá hasta aquí, han pasado 14 administraciones yanquis, desde Eisenhower hasta Trump, demócratas y republicanas, y todas han sido los mismos perros con los mismos collares, y aunque algunas han ladrado menos, todas han mordido igual.
Una de las armas que creyeron infalible para ese propósito fue el bloqueo económico, financiero y comercial. En fecha tan tempana como el 17 de marzo de 1960 se propuso por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y se aprobó por el presidente Eisenhower, el titulado Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro.
Ellos mismos definieron el propósito: “ Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para los Estados Unidos (…) En esencia, el método para lograr este fin consistirá en incitar y apoyar, y en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba (…) Antes de que el programa de acción encubierta haya cumplido su objetivo, se hará todo lo posible por ejecutarlo de tal forma que la capacidad de actuación de los Estados Unidos aumente progresivamente en caso de una crisis”.
Al mes siguiente de esa aprobación, el Subsecretario de Estado Adjunto para los Asuntos Interamericanos, Lester Dewitrt Mallory, expresaría en una reunión encabezada por el Presidente: “El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución, es a través del desencanto y el desaliento, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas (…) Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba (…) Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Con esas sucias cartas jugaron. El problema era matar al pueblo cubano de hambre o enfermedades, o rendirlo por temor. Esa aspiración criminal está cumpliendo también cinco décadas y media. Y todos los gobiernos estadounidenses, desde Eisenhower hasta Obama, junto a la mafia contrarrevolucionaria allí concentrada y apoyada, siguen albergando el mismo sueño, aunque sigan siendo eternos canes ladrándole a la Luna.
Poco a poco, pero de forma ininterrumpida, se fueron implantando las medidas de ese bloqueo ilegal, criminal y violatorio de todas las normas morales y jurídicas relacionadas con este tema. Eliminación de la cuota azucarera –principal renglón cubano de exportación entonces-; suspensión del petróleo; prohibición del comercio. No pocos analistas norteamericanos calcularon que bastarían esas medidas para que el Gobierno Revolucionario cubano durara apenas unas semanas.
Pero el pueblo cubano resistió. Y no solo resistió, sino que continuó avanzando en su empeño de desarrollar la economía y resolver los graves problemas en que lo habían sumido los gobiernos anteriores.
Esta guerra, el enemigo la llevó no solo al terreno económico. En marzo de 1960, por ejemplo, se produjo la explosión en La Habana, del vapor francés La Coubre, que traía armas para que el pueblo pudiera defenderse. Ese sabotaje imperialista costó a Cuba más de un centenar de vidas. En 1961, se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón, organizada, financiada, entrenada y dirigida por el gobierno norteamericano y derrotada en menos de 72 horas. Y durante la Crisis de Octubre de 1962, frente a una amenaza de exterminio nuclear, nuestro pueblo fue capaz de preservar su vida precisamente fue capaz de arriesgarla.
Entre 1961 y 1965, mediante idéntico apoyo, crearon y financiaron 299 bandas contrarrevolucionarias armadas, con unos 3 000 mercenarios, derrotados también por el pueblo cubano.
El bloqueo sigue hoy vigente y, además, recrudecido. La Asamblea General de las Naciones Unidas, hace pocos días, volvió a condenar esa arbitraria medida unilateral del gobierno de los Estados Unidos, acompañado por su copia Israel y unos pocos sumisos que no resistieron las amenazas imperiales.
Los daños a nuestro pueblo han sido cuantiosos. El sufrimiento del pueblo ha sido grande y lo sigue siendo. En lo que se equivocaron y se siguen equivocando los imperialistas y sus cómplices, es en creer que ese sufrimiento y esas carencias provocarían el debilitamiento del apoyo del pueblo a la Revolución y la derrota de su gobierno revolucionario.
Hoy, 67 años de la victoria del 1ro. de enero de 1959, Cuba se yergue victoriosa y navega hacia un futuro mejor, construido y defendido por su pueblo. Y quienes pretendieron eliminarnos, nos siguen mirando con odio, pero seguros de que una agresión a nuestro país, tendría para ellos un costo, sencillamente, impagable.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
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