viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Elecciones del pasado en Cuba? ¡Solavaya!



.Orlando Guevara Núñez

Cada vez que en Cuba hay un proceso eleccionario, no puedo evitar que a mi mente  acuda el recuerdo de José Cuevas Veranes. Porque él es un aleccionador  ejemplo de lo que eran las elecciones en Cuba antes del triunfo del 1ro. de enero de 1959. El fue víctima de aquel pasado que para los cubanos no podrá jamás ser presente, ni mucho menos futuro.
Está vivo aún. Y si alguien le pregunta cómo eran aquellas elecciones, seguro le responderá con  una palabra por él acuñada para esa ocasión: ¡Solavaya” , que en el argot cubano viene siendo algo así como: ¡Aléjate, mal!  O ¡No quiero saber de eso!
Una vez me contó que en la zona rural donde vivía, su padre se rebeló contra la Guardia Rural al servicio de los gobiernos opresores. Y lo apalearon, golpiza que lo llevó a la muerte. La madre y los nueve hijos quedaron abandonados en la más terrible miseria.
Recordó  que un día la  madre  vino para Santiago de Cuba con tres hijos enfermos y llegó al único hospitalito infantil que existía en la entonces capital de Oriente. Uno sufría de gastroenteritis, otro carente de vitaminas en el cuerpo, y el tercero con tifus. Pero no tenía dinero para el pago de la asistencia médica ni de las medicinas.
Fue entonces que un politiquero – a la caza de personas humildes con esa u otras desgracias- le ofreció la solución a cambio de que le entregara la cédula electoral de ella y de su familia. El pacto tuvo que hacerse.
En otra ocasión, murió el hermano mayor, pero no había dinero para el gasto de los funerales. Uno de esos buitres de las urnas, nutriéndose del dolor de la familia, le propuso que “Si todos se unen y dan su voto, lo demás es fácil”. La dignidad no permitió esta vez la afrenta. Fue necesario pactar un “tendido luctuoso a plazos” y cargar con la deuda durante cinco años.
Ante aquella situación, es comprensible que uno de los hermanos de José Cuevas muriera de viruela, dos de tifus, al tiempo que dos hermanas fallecieron durante el parto.
Eran los tiempos en que los politiqueros lucraban con las desgracias de los pobres. Y las elecciones eran meros fraudes que llevaban al poder a los ricos que de cada elección salían más ricos mientras los pobres salían más pobres.
Hoy  todo es distinto. Lo que valen son los méritos, la consagración incondicional a los intereses del pueblo. Por eso es el pueblo quien nomina a los candidatos y los elige. Las puertas están cerradas para los oportunistas. Decisión de pueblo que como José Cuevas Veranes, repetiría su conclusiva expresión ante quienes regresarnos a las elecciones del pasado en Cuba: ¡Solavaya!

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