domingo, 30 de octubre de 2016

Muertes, torturas y daños que van también a la cuenta del imperio yanqui contra nuestro país







.Orlando Guevara Núñez

Anoche vi de nuevo el documental de Estela Bravo relacionado con los “Marielitos”. Escuché los aterradores testimonios de muchos de ellos, que fueron deportados a Cuba. Estaban presos en Estados Unidos, cumpliendo largas condenas por delitos mínimos. Y algo peor, en varios casos habían ya cumplido sus condenas y llevaban cinco o más años retenidos en infernales prisiones, en condiciones que poco tendrían que envidiarle al nazismo alemán.
Torturas físicas y psicológicas. Medicamentos que, con toda intención, los privaban de sus facultades mentales. Aislamiento de sus familiares. Negación de toda condición humana, sin derecho a reclamación. Todo eso en el país que se auto proclama  campeón de los derechos humanos, de la democracia y de la justicia en el mundo.
Esas muertes, torturas y daños hay que sumarlas también a la larga lista de crímenes del imperio norteamericano contra Cuba. Gran contradicción: a Estados Unidos han llegado de forma ilegal miles de cubanos que aquí fueron asesinos, ladrones, corruptos. Y allí fueron recibidos como “héroes”, como “patriotas anti castristas”. Algún día se sabrá toda la verdad por la cual el gobierno yanqui hizo esa enorme diferencia con los “Marielitos”.
En esencia, para la justicia norteamericana – si es que merece ese nombre- robar un avión, una nave marítima, con la agravante de matar, herir o secuestrar personas, si el hecho se produce desde Cuba hacia ese país, es un delito menor que robar 43 pesos, falsificar un documento o hurtar algo para saciar el hambre.
La misma propaganda enemiga les hizo pensar a quienes emigraron por esa vía, que iban para el paraíso. Y en realidad la ruta se desvió hacia el infierno. ¿Cuántos murieron? ¿Cuántos quedaron marcados psicológicamente para toda su vida? Además de los que testimoniaron en el documental de Estela Bravo, ¿cuántos no podrán hacerlo nunca?
Estados Unidos es culpable de esa tragedia no  solo por su sucia propaganda contra Cuba. Lo es  también por su hipócrita política de, por un lado, estimular la emigración desde Cuba, y por otro, incumplir, año por año,  los compromisos para que esa emigración sea ordenada, legal y segura.
¿Cuántos cubanos han perdido la vida en naufragios, o víctimas de los traficantes de personas, perdidos en las selvas, a merced de ladrones, asesinos y comerciantes que, como buitres, se alimentan  de los despojos humanos?
Aún con toda esa criminal historia, el gobierno de los Estados Unidos sigue manteniendo la asesina Ley de Ajuste Cubano. Y ha reiterado que no habrá cambios en su aplicación. Eso demuestra que para el poder imperial, la seguridad, la vida y el sufrimiento de los cubanos no les importan nada. Para ellos, ese es un negocio más, aún a costa de violar de forma descarada todas las normas internacionales sobre la emigración.
Lo asombroso es que Obama y su equipo sigan sosteniendo la mentira de desear el bienestar de los cubanos. Y sigan hablando de derechos humanos, mientras son los culpables de la emigración insegura, acumulando muertes, atracos y los sufrimientos que acompañan a esa aventura.

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