miércoles, 6 de julio de 2016

Nuestro Fidel de siempre: Derrota de la muerte

.Orlando Guevara Núñez.- Fidel tiene la virtud de ser el hombre más querido por su pueblo y millones de personas en el mundo, y más odiado por los enemigos de la Revolución. Virtud de ser odiado digo, porque ese odio es otra expresión de su grandeza como hombre y como dirigente revolucionario. Frente a esos enemigos, antes y después del triunfo de enero, Fidel ha expuesto su vida defendiendo la libertad, el honor, la dignidad y los principios de la nación cubana. El odio de los enemigos no ha sido sólo expresado a través de las más groseras calumnias. Se cuentan por centenares los intentos de asesinarlo. La muerte ha estado cerca tambiën muchas veces por su valentía y su cualidad de estar siempre al frente de los combates por él convocados. Desde su vida estudiantil, trataron de asesinarlo. Durante el asalto al Cuartel Moncada, al ordenar la retirada, se quedó cubriendo la retirada de sus compañeros; y llegó a estar solo, hasta que un auto de los asaltantes lo recogió y sacó del escenario del combate. Salvó su vida de forma asombrosa. Al ser hecho prisionero, el 1ro. de agosto de 1953, ya en las montañas de La Gran Piedra, después del asalto, los soldados estuvieron a punto de asesinarlo, hecho que impidió el entonces teniente Pedro Sarría, jefe de la patrulla que lo perseguía. En ese momento fueron pronunciadas por este militar las palabras que le salvaron la vida: ¡Bajen esos fusiles, que las ideas no se matan! En el trayecto desde el lugar de la detención hasta Santiago de Cuba, un comandante de la dictadura quiso arrebatarle a Sarría los prisioneros, entre ellos a Fidel, con el fin de asesinarlos. Otra vez el honor se impuso al crimen. Estando preso en la Cárcel de Boniato, se frustró la orden de envenenarlo, resultado en el que influyó la vigilancia de los presos comunes de esa penal. El 7 de julio de 1955, tras la amnistía, por presión popular, del 15 de mayo de ese año, tuvo que marchar hacia el exilio en México, pues no solo carecía de condiciones para proseguir la lucha, sino que también su vida estaba en peligro. Ya en el país azteca, pistoleros al servicio de la dictadura batistiana no pudieron cumplir su misión de asesinarlo. A partir del 5 de diciembre de 1956, a solo tres días del desembarco del Granma, estuvo muy cerca de perder la vida. Junto al también expedicionario Faustino Pérez, tuvo que permanecer más de otros tres días acostado en el suelo, cubierto con paja de caña, protegiéndose contra la presencia de los soldados enemigos, los bombardeos aéreos y la metralla. Cuenta Faustino que durante esa odisea, Fidel le hablaba sobre los plane futuros de la Revolución. Y permanecía con el cañón de su fusil apoyado en la barbilla, dispuesto a morir antes que rendirse. Ya en la Sierra Maestra, en una ocasión durmió, tapado con una misma manta, junto a un traidor portador de una pistola lista para asesinarlo. El valor no le alcanzó al desertor para cumplir su misión pactada con los esbirros batistianos. Una vez llegó a la Sierra Maestra un expolicía batistiano, quien había estado en México con la tarea de eliminar a Fidel. Ahora llegó hasta donde estaba el jefe revolucionario,con idéntica misión; pero la perspicacia del jefe guerrillero lo descubrió. Durante sus visitas a Chile, Venezuela y Panamá, por solo citar tres ejemplos, fueron frustrados intentos de asesinato contra el lider revolucionario cubano. En el primero de estos casos, una pistola oculta en una cámara de televisión, no fue accionada por la mano del encargado de ejecutar el crimen. El miedo se impuso. Datos publicados, pero no por todos conocidos, testifican que el maridaje gobiernos de Estados Unidos, Agencia Central de Inteligencia (CIA) y mafia contrarrevolucionaria, principalmente la radicada en Miami, han organizado, que se conozca, la tenebrosa cifra de 637 intentos de asesinato contra Fidel. El gobierno de Ronald Reagan, con 197 intentos, está señalado ante la historia como el presidente de Estados Unidos que más veces ha apañado el intento de matar a otro jefe de Estado, en este caso al nuestro. La “medalla de Plata”, en esta siniestra carrera, le pertenece a Richard Nixon, con 184. Bush (Padre) marca el último peldaño con 21 tentativas de asesinar a Fidel. La desvergüenza, de todas formas, está bastante repartida. Fidel expuso su vida durante su incursión por las bravías aguas de los ríos crecidos durante el ciclón Flora. Lo hizo durante la invasión mercenaria de Playa Girón, dirigiendo personalmente las operaciones, compartiendo con su pueblo la presencia en los lugares de mayor peligro. El imperialismo y sus cómplices han mentido infinidad de veces, publicando la falsa noticia sobre la muerte de Fidel. Engañoso y brutal consuelo, ante lo que no han podido convertir en verdad. El domingo 2 de diciembre de 1956, en ocasión de estarse celebrando en cuba la reunión anual de Estaciones CIA en América Latina, el jefe CIA para esta área se dirigió a los presentes: “Nuestro amigo, el presidente Batista, me acaba de llamar para informarme que una lancha en la que iba un grupo de hombres ha sido hundida en aguas de la provincia de Oriente cuando trataban de desembarcar.Los pocos supervivientes están siendo localizados por el ejército y la fuerza aérea” “Batista me ha dicho que el jefe del grupo expedicionrio es un antiguo agitador estudiantil de la Universidad de La Habana, llamado Fidel Castro, que se encuentra entre los muertos” El texto Lucharemos hasta el final, de Rolando Dávila, recoge ese testimonio. Pocos días después, la dictadura, tratando de “matar a un muerto”, cuyo deceso había publicado, emitía la siguiente nota para las zonas aledañas al desembarco: A todo el que pueda interesar Por este medio se hace saber que toda persona que facilite una información que conduzca al éxito de una operación contra cualquier núcleo rebelde comandado por Fidel Castro, Raúl Castro, Crescencio Pérez, Guillermo González o cualquier otro cabecilla, será gratificado de acuerdo con la importancia de la información, bien entendido que nunca será menor de $ 5 000 hasta $100 000 correspondiendo esta última cantidad o sea $100 000 por la cabeza de Fidel Castro. Nota: El nombre del informante no será nunca invocado. Evidentemente, al mencionar a Guillermo González se refieren a Guillermo García Frías, hoy Comandante de la Revolución. Ese llamado a la traición no pudo evitar que los revolucionarios recibieran la solidaridad y apoyo de los campesinos de la zona, quienes los buscaron, encontraron a muchos de ellos, los protegieron y los salvaron del crimen. Celia Sánchez Manduley, cumplió bien esa misión, encomendada por el héroe de la lucha clandestina, Frank País García. Fidel llegará, este 13 de agosto, a los 90 años de vida. Una vida que el crimen no ha podido segar. Porque ni la propia muerte podrá hacerlo. Fidel es un símbolo de derrota de la muerte. Nadie mejor que nuestro Héroe Nacional, José Martí, para definir ese hecho: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida; truécase en polvo el cráneo pensador, pero viven perpetuamente, y fructifican, las ideas que en él se elaboraron”. Ese es nuestro Fidel de siempre.

martes, 5 de julio de 2016

Tiempos de Revolución:Monguín

.Orlando Guevara Núñez.- Monguín era ese tipo de gente con el don de distinguirse entre los demás. Y no es que hable ahora sobre él atándome a la hipocresía conque a veces suele hablarse sobre los muertos. Pienso que las cualidades de alegre y profunda que para nuestra juventud deseó el Che, tuvieron en Monguín un fiel exponente. No por casualidad cuando en la zona se creó la Asociación de Jóvenes Rebeldes, su indiscutible presidente resultó este muchacho, aún desafiando la inconformidad de familiares allegados a quienes la propaganda enemiga había llevado a odiar tanto al comunismo salvador, como antes al capitalismo que eternamente los había esquilmado. Más concretamente puede hablarse de un familiar: su tía María. Lo recuerdo aún organizando el estudio político de algunos jóvenes rebeldes, ensayando discursos que después no decía - porque no tenía dónde- o averiguando el significado de palabras para nosotros entonces incomprensibles. Y también componiendo frases bonitas para adornar las cartas de amor. Una tarde, a inicios de 1961, Monguín me dijo que se iba de la zona, porque lo habían designado para cursar una escuela militar. Me entregó la dirección de la Brigada Juvenil de Trabajo Revolucionario de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, de la cual yo era el organizador. Le pregunté si le gustaba ser guardia y me respondió que le gustaba la Revolución. Al inicio, valorando su carácter sencillo y bonachón, pensé que había escogido un camino equivocado. Nos despedimos. Después llegué a la conclusión de que la equivocación me pertenecía por entero. Los trajines de la Revolución hicieron que durante unos tres años dejáramos de vernos. La primera vez que luego de su salida nos encontramos, lo primero que celebramos fue un acontecimiento: los dos militábamos en las filas del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, el Partido de los comunistas cubanos. El era subteniente e Instructor Político de las FAR; yo, secretario general del Partido en el Seccional de Cauto Embarcadero. Monguín tenía entonces 21 años de edad; yo tenía 20. Juntos trabajamos en la restauración de las heridas causadas por el ciclón Flora. Dos años más transcurrieron hasta un segundo encuentro. Él, Político de una Unidad Militar; yo continuaba en la dirección del Partido. La conversación fue larga y de muchas rememoraciones. El último encuentro fue también casual. En Baracoa lo encontré con el grado de Teniente y Político de una importante División de las FAR. Conversamos hasta la media noche. En esa ocasión me habló sobre sus intenciones de casarse con Julieta, una muchacha de nacionalidad mexicana que con su hermano vino a Cuba ya en la etapa de la guerra y luego se incorporó al Ejercito Rebelde. Ella residía en Santiago de Cuba. Con su característica risa burlona, se mofó ante la incongruencia de un cinto negro de cuero que sostenía mi pantalón de miliciano y me regaló uno verde olivo. A petición suya, nos retratamos juntos, alegando él, jocosamente, que si yo moría, deseaba tener un recuerdo mío. Esa vez quedé invitado para una boda que no llegó a celebrarse. Y al otro día nos despedimos, sin saber que sería para siempre. Prácticamente unas horas después, supe de una infiltración enemiga por un lugar de Baracoa. Y no tuve dudas de que en los escenarios del combate su presencia era segura. Así fue. Y allí, junto a otros compañeros, ofrendó su vida. Una orden firmada por Raúl Castro lo ascendió al grado de Primer Teniente. El duelo fue despedido por Fidel. La foto que nos hicimos juntos no llegó nunca a mis manos. Y, por ironía del destino, me llegó la última que a él le fue tomada, ya sin vida. La conservo no como un homenaje póstumo, sino como un recuerdo con el cual alimento mis convicciones. Es mi callado tributo. Fue así como Monguín, un humilde muchacho, obrero agrícola, recorrió el corto camino que pudo, sumado incondicionalmente a la Revolución que nos había dado la libertad, pero era muy joven todavía para brindarnos la obra que hoy tenemos. Cuando uno es muy joven, suele generar muchas fantasías, en las cuales tiene siempre un papel protagónico. En algunos casos, la vida y la lucha las convierten en realidad; en otros, quedan sólo en lo que son. Recuerdo que una de las fantasías de Monguín era la posibilidad de que él cayera combatiendo y que, como ha sido práctica revolucionaria desde 1959, una escuela o un centro de trabajo llegaran a adoptar su nombre. Le preocupaba cómo lo verían entonces los trabajadores o los niños de ese lugar. Y hablaba sobre eso no en tono de vanagloria personal, sino, incluso, con seriedad y alguna preocupación. Hace algún tiempo, supe que esa fantasía se había cumplido. Porque allá, en Baracoa, una clínica estomatológica lleva el nombre de Ramón Guevara Montano. Si a ese colectivo llegaran algún día estas líneas, deben saber que Monguín sentía un profundo respeto por los héroes caídos, los evocaba siempre y no sintió nunca temor de unirse a ellos. En lo demás, recuerdo que una de las cosas que más le gustaba repetir era que la Revolución nos había hecho gentes; para otros, esa sigue siendo una gran verdad; a Monguín, la Revolución lo transformó en un héroe.

El General José Maceo Más alto y hermoso en la historia de la Patria

.Orlando Guevara Núñez.- La gesta independentista iniciada el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua, contó de inmediato con un nutrido grupo de patriotas santiagueros que ya conspiraban contra el poder colonial español. Y entre ellos estaba José Maceo Grajales, un audaz joven de sólo 19 años de edad, quien iniciaba así su largo y útil expediente de servicio a la Patria, enriquecido por su participación en las tres guerras de ese siglo por la redención cubana. Había nacido en la finca Las Delicias, en Majaguabo, San Luis, del indómito Oriente, el 2 de febrero de 1849. Por sus venas corría la sangre rebelde de los Maceo y en su mente fructificaban las ideas libertarias opuestas a los grilletes coloniales. Apenas transcurridas 48 horas de su incorporación a las filas mambisas, junto a su hermano Antonio, José libraba su primer combate, en Tí Arriba. Su bravura, su lealtad y su pericia en las acciones militares, lo elevaron al sitial de Mayor General del Ejército Libertador cubano, grado concedido por José Martí, quien lo definió como un hombre “escogido por el Dios de la Guerra”. La gloria de su vida estuvo integrada también por duros avatares que contribuyeron a forjar su recio carácter. Destierro, prisiones, persecuciones, intrigas, discriminación por el color de su piel y su humilde procedencia. Dos veces evadió cárceles fuera del país, a las que había ido como consecuencia de la traición de autoridades españolas luego de concluida la llamada Guerra Chiquita. Pero nada impidió la continuidad de su lucha por la independencia cubana. El 1ro. de abril de 1895, José Maceo desembarca por Duaba, Baracoa, junto a su hermano Antonio y otro bravo general mambí, Flor Crombet, para reiniciar la guerra necesaria. Una obligada dispersión de esa fuerza, lo sume durante 13 días en una odisea soportable sólo por hombres de su temple. Hasta que logra incorporarse a las filas insurrectas. Acción tras acción, se forjan sus hazañas. Y cuando el 22 de octubre de 1895 parte Antonio Maceo con la invasión hacia Occidente, deja como Jefe del Departamento Oriental al ya legendario José Maceo, jefe del Primer Cuerpo del Ejército Libertador Cubano. Desde entonces, hasta su caída en combate el 5 de julio de 1896 en Loma del Gato, las fuerzas españolas no tuvieron tregua en el territorio por él dirigido. Una bala en el pecho extinguió la existencia del jefe mambí, del León de Oriente, del hombre que acostumbraba siempre a marchar, en los combates, por delante de la vanguardia. La bala enemiga que lo mató, sin embargo, fue impotente ante la figura del bravo guerrero, la cual se convirtió en símbolo y paradigma que trascendieron el hecho fatal y protagonizan los tiempos presentes. Porque el Mayor General José Maceo pertenece a la pléyade de quienes son recordados no por el hecho de su muerte, sino por la obra de su vida. De este héroe nacido de las entrañas del pueblo, diría el doctor Fermín Valdés Domínguez, antes del holocausto de Loma del Gato: “Todo su cuerpo está marcado por las balas. Cuenta con 18 heridas”. Pero hay un grande de la Patria, el Generalísimo, Máximo Gómez, que con sus apreciaciones retrata al León de Oriente en toda su dimensión. En carta de duelo escrita a su esposa, Bernarda Toro, expresa con hondo sentimiento: “Pocos cubanos he conocido más libre, más trabajador y más valiente; y más resuelto, ninguno. Puedo decirte que la Patria ha perdido en él a uno de sus mejores y más decididos y probados servidores (…) Ha muerto el General José Maceo, la verdad, como moriremos muchos, pero su memoria no puede ser olvidada; y guarda tú estas líneas que desde estos campos, donde retumba el cañón, te escribo, porque ellas significan mi duelo de guerrero por la pérdida del compañero y del amigo; que él murió en su puesto, derribado de su caballo de batalla para aparecer más alto y hermoso en la historia de tu Patria”. La predicción de Gómez es hoy realidad, porque la figura de José Maceo vive ahí, en lo más alto y hermoso de la Patria que lo recuerda agradecida y continúa la obra por él iniciada.

lunes, 4 de julio de 2016

Nuestro Fidel de siempre: Ante el peligro y el dolor, junto a su pueblo

.Orlando Guevara Núñez.- Tal como lo hizo durante la guerra, Fidel ha estado siempre al lado de su pueblo – y el pueblo al lado de su Fidel- en los momentos más cruciales de la Revolución. Siempre al frente. Siempre orientando, ayudando a mitigar un dolor, trazando un camino. Lo recordamos cuando los cubanos sentimos en lo más profundo la pérdida del Comandante Camilo Cienfuegos. Y no aceptamos esa muerte hasta que él la confirmó. Fue un dolor compartido. Entonces surgió aquella afirmación aún vigente: En el pueblo hay muchos Camilos. Y el ejemplo del Señor de la Vanguardia inspiró a millones de cubanos. Las lágrimas se convirtieron no solo en tributo de gratitud, sino, sobre todo, en compromiso renovado y multiplicado de ser más dignos del héroe. El 4 de marzo de 1960, un atentado terrorista cobró la vida de más de un centener de personas en La Habana. El vapor francés La Coubre, que traía armas belgas para defender nuestra soberanía, fue víctima de una explosión cuando era descargado. Otra vez dolor y lágrimas de pueblo. Pero ahí estaba Fidel. Y en esa ocasión, al día siguiente, en el entierro de los muertos, nuestro Comandante en Jefe expresó unas palabras que han presidido desde entonces nuestras luchas: ¡Patria o Muerte! El 7 de junio de ese propio año, en asamblea con trabajadores de barberías y peluquerías, en La Habana, a esa consigna se sumaría otra palabra expresada por Fidel: ¡Venceremos! Pocas veces como esta, palabras dichas por un hombre han ganado tal dimensión de pueblo y permanente fuerza de presencia. El 15 de abril de 1961, fueron bombardeadas, por aviones de los Estados Unidos, salidos desde Nicaragua, el aeropuerto de Santiago de Cuba y las instalaciones similares de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños. Varios cubanos resultaron muertos o heridos. Era el preludio de la invasión mercenaria de Playa Girón. El día 16, durante el entierro de las víctimas, la estatura de Fidel elevó su tamaño. De nuevo trazando el camino: proclamó el carácter socialista de la Revolución. Y llamó a defender esa Revolución patriótica, democrática y socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes, al precio que fuera necesario. La Patria toda se convirtió en trinchera. Y el pueblo, con los fusiles en alto, defendió esas ideas. Al siguiente día se produjo la invasión. Y allí, en el escenario del combate, en primera línea, estuvo Fidel. Y en menos de 72 horas, el imperio yanqui sufrió su primera derrota militar en América. Tal fue la trascendencia de aquel 16 de abril, que hoy esa fecha marca para los cubanos el Día del Miliciano y la fundación del Partido Comunista de Cuba. Al año siguiente –octubre de 1962- el pueblo cubano sufrió la amenaza de un holocausto nuclear. Creo que si conservamos la vida fue porque estuvimos dispuestos a sacrificarla antes que claudicar ante el enemigo o renuncias a nuestros principios. Una vez más, Fidel al frente de su pueblo; otra vez el pueblo junto a su Fidel. Es imposible olvidar aquellas emotivas palabras de nuestro máximo dirigente en momentos tan dramáticos: “Hoy, más que nunca, me siento orgulloso de ser hijo de este pueblo”. Para esa fecha, otros acontecimientos habían marcado la historia de resistencia del pueblo cubano: La ruptura de relaciones del gobierno de los Estados con Cuba; primero la condena de la OEA y luego la expulsión de nuestro país de esa organización, bautizada por el Canciller de la Dignidad cubano, Raúl Roa García, como Ministerio de Colonias Yanquis. El 3 de febrero de 1962, el presidente norteamericano, Kennedy, había decretado, con su firma, el bloqueo económico, comercial y financiero todavía vigente, contra Cuba. Recordamos que cuando la condena de la OEA, Fidel proclamó, el 2 de septiembre de 1960, la Primera Declaración de La Habana; cuando la expulsión, el propio Fidel proclamó, el 4 de febrero de 1962, la Segunda Declaración de La Habana. No hubo agresión o amenaza enemiga que quedara sin respuesta. En octubre de 1963, un desastre natural, el ciclón Flora, devastó un amplio territorio de la región oriental del país. Más de mil muertos, miles de viviendas arrasadas o dañadas. Y allí, en medio de las lluvias torrenciales y las inundaciones, arriesgando su vida- estuvo a punto de perderla cuando su carro anfibio sufrió un desperfecto- estuvo Fidel. Me correspondió vivir aquel desastre en su escenario principal: la llanura del Cauto. Para esa fecha, me desempeñaba como Secretario General del Partido en Cauto Embarcadero. Los muertos, en el territorio que dirigía, fueron 257. El drama era impresionante; la destrucción aplastante; recuerdo que el entonces organizador del Partido en Oriente, Jorge Risquet Valdés, dijo que yo era un secretario del Partido sin territorio. Pero Fidel no dejó margen para el desaliento, ni para el quietismo. “Reconstruiremos todo lo perdido y haremos mucho más”. Y así fue. Dijo también que nadie quedaría desamparado. Y también se cumplió. Pero algo más: a raíz de ese desastre, Fidel ideó, orientó y puso en marcha un programa que recordamos con el nombre de Voluntad Hidráulica, encaminado a represar ríos con el objetivo de aprovechar las aguas para la vida, quitándoles su poder de muerte. Hoy ese programa sobre pasa en mucho sus expectativas iniciales. Asi ha sido Fidel. Nuestro Fidel. Por eso lo seguimos y lo queremos. NUESTRO FIDEL DE SIEMPRE.

domingo, 3 de julio de 2016

Nuestro Fidel de siempre: en el exilio

Orlando Guevara Núñez.- Los difíciles días del presidio quedaron atrás el 15 de mayo de 1955 cuando, como consecuencia de la presión popular, Fidel y sus compañeros moncadistas fueron amnistiados. Otras jornadas heroicas se sumarían a la lucha revolucionaria. Pocos días pudo estar en Cuba el joven rebelde. El camino de la vía electoral estaba cerrado por la dictadura batistiana y los partídos políticos opositores que no estaban dispuestos a la lucha por la verdadera libertad e independencia de la nación cubana. La opresión, la corrupción y el oportunismo se imponían. Así, el 7 de julio de ese mismo año, Fidel parte hacia el exilio en México. Pero no se marcha derrotado. Busca la forma de poder organizar la continuidad del combate armado. A los pocos días de llegar a la hermana nación azteca, escribe a sus compañeros: “Considero tan importante y delicado lo de afuera, que soporto con resignación la amargura de esta ausencia y convierto toda mi pena en impulso, en deseo ardiente de verme peleando cuanto antes en la tierra cubana. Vuelvo a reiterar mi promesa de que si lo que anhelamos no fuera posible, si nos quedáramos solos, me verían llegar en bote, a una playa cualquiera, con un fusil en la mano”. Otra vez forjando y uniendo voluntades, sembrando esperanzas, creyendo en lo que muchos pensaban imposible. Allí, privado de recursos, vigilado y perseguido, sufriendo incluso prisión, cada adversidad era doblegada por el espíritu de redención de la patria. En la citada misiva a sus compañeros, fechada el 2 de agosto de 1955, expresa: “En el más infortunado de los casos, de nosotros podrá decirse el día de mañana que supimos morir ante un imposible, pero nunca que se nos vio llorar de impotencia” Y agrega: “Miren: yo tengo una gran fe; pero no es una fe religiosa, sino racional y lógica, porque en esta hora de tremenda confusión, somos los únicos que tenemos una línea, un programa y una meta. ¡Y decisión para alcanzarla o morir en el empeño! Pienso pronto dedicarme a la redacción de nuestro programa completo y someterlo a la consideración de ustedes. Será un mensaje de esperanza en un mundo mejor al pueblo de Cuba y una promesa de buscarlo con nuestra vida y nuestra sangre”. Antes de salir para México había dejado constituida la Dirección del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Y allá, durante el exilio, sostuvo dos encuentros (en agosto y octubre de 1956) con el joven revolucionario Frank País García, con el objetivo de preparar en Cuba el apoyo a la futura expedición. También se entrevistó allí con el líder estudiantil José Antonio Echeverría, donde quedó pactada la convergencia de ambos en los objetivos de la lucha revolucionaria. No eran muchos los que entonces creían en las posibilidades de la lucha planteada por Fidel; pero, poco a poco, cada día, eran más. Ya dijimos que en cada momento Fidel ha tenido la virtud de expresar una idea que luego se ha convertido en fuerza de sus compañeros y de su pueblo. Así sucedió durante su exilio en México. Cuando muchos dudaban de su regreso a Cuba para reiniciar la lucha armada, él sintetizó esa decisión en pocas palabras: En el 56 seremos libres o seremos mártires. Se conoce, incluso, que durante la segunda visita de Frank País a México, el joven líder clandestino le pidió aplazar la fecha de la expedición, con el objetivo de preparar mejores condiciones para su respaldo; pero la palabra empeñada no admitía dilación. Otra afirmación de Fidel fue preludio de los resultados futuros de aquella epopeya libertaria: Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo. Salió desde Tuxpan, México, el 25 de noviembre de 1956; llegó a Los Cayuelos, cercano a Playa Las Coloradas, cerca de Niquero, otrora provincia de Oriente, el 2 de diciembre; entrö al territorio cubano, escaló la Sierra Maestra, desarrolló la guerra revolucionaria y triunfó el 1ro. de enero de 1959.

sábado, 2 de julio de 2016

Nuestro Fidel de siempre: la prisión

. Orlando Guevara Núñez.- Preso en el mal llamado Presidio Modelo,de Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, Fidel no perdió nunca su cualidad de forjador de esperanza. Al contrario, las multiplicó, cuando para muchos eran solo quimeras. La prisión fue continuidad de las ideas. Allí, el dolor por los 61 caídos en las acciones del 26 de julio (seis en combate y 55 asesinados) se convertía en mayores convicciones y en fuerza para concebir y preparar los combates por venir. La soledad ni el castigo lo amedrentaron. Un testimonio suyo es revelador de las condiciones del presidio: “Ya tengo luz; estuve cuarenta y cinco días ain ella y aprendí a conocer su valor. No lo olvidaré nunca, como no olvidaré la hiriente humillación de las sombras; contra ellas luché logrando arrebatarles casi doscientas horas con una lucecita de aceita pálido y tembloroso, los ojos ardientes, el corazón sangrando de indignación. De todas las barbaridades humanas, la que menos concibo es el absurdo”. En otra ocasión diría: “Hace cuatro meses y una semana que me tienen encerrado en esta celda solitaria. Habían dicho al principio que era por cuatro meses, pero en realidad tienen intenciones de dejarme así definitivamente”. Pero sus ideas no estaban presas. Trascendían los barrotes y penetraban en la mente de muchos cubanos dignos, preparándolos para la lucha futura. Desde la prisión, reelaboró su alegato La historia me absolvera, sacado clandestinamente, publicado y hecho llegar a manos de miles de cubanos. Su confianza en el pueblo se hace patente en carta a Haydée y Melba: “Considero que en estos momentos la propaganda es vital; sin propaganda no hay movimiento de masas; y sin movimiento de masas no hay revolución posible. Su visión sobre la lucha se amplía: (…) “Nuestra hora se acerca. Antes éramos un puñado, ahora tenemos que fundirnos con el pueblo(…) “No he perdido el tiempo en la prisión estudiando, observando, analizando, planeando, forjando hombres. Sé dónde está lo mejor de Cuba y cómo buscarlo. Cuando empecé, era yo solo; ahora somos muchos(…) Así, cuando pocos creían en la posibilidad de una revolución verdadera, Fidel no perdió nunca la confianza en ella. No dejó de luchar por ella. Pocas veces en nuestra historia se ha confirmado con mayor nitidez la sentencia de José Martí: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

viernes, 1 de julio de 2016

Nuestro Fidel de siempre

.Orlando Guevara Núñez La palabra precisa en el momento preciso. La salvación de la esperanza. El camino señalado.El aliento ante las adversidades. El futuro vislumbrado. Palabras y frases con dimensión de pueblo. Ese ha sido y sigue siendo Fidel, el eterno Comandante en Jefe de la Revolución cubana. Aquí, en Santiago de Cuba, frente al tribunal que los juzgaba por los hechos del 26 de julio de 1953, rodeado de esbirros, de bayonetas, esposado con solo la excepción del momento del juicio, tras la derrota militar del Moncada, con la certeza de que sería enviado a prisión durante muchos años, unas pocas palabras fueron presagio de alborada: CONDENADME, NO IMPORTA, ¡LA HISTORIA ME ABSOLVERA! La esperanza quedó viva.La historia lo absolvió y lo elevó al sitial más alto de Cuba. Y su grandeza trascendió fronteras. Durante una sesión anterior del proceso judicial, un acusado, que nada tenía que ver con el asalto, ejercía su propia defensa.Y como parte de esta, le preguntó a Fidel si no era cierto que él no era autor intelectual de la Revolución. En su respuesta, otra gran definición de Fidel, con vigencia para todos los tiempos: NADIE DEBE PREOCUPARSE DE QUE LO ACUSEN DE SER AUTOR INTELECTUAL DE LA REVOLUCIÓN, PORQUE EL UNICO AUTOR INTELECTUAL DEL ASALTO AL MONCADA ES JOSE MARTI, EL APOSTOL DE NUESTRA INDEPENDENCIA. Los mármoles que aprisionaban a Martí, quebrados para siempre. En aquel día del juicio-16 de octubre de1953- Fidel inscribiría en la historia cubana otra afirmación, con fuerza de presencia: NACIMOS EN UN PAIS LIBRE QUE NOS LEGARON NUESTROS PADRES, Y PRIMERO SE HUNDIRA LA ISLA EN EL MAR ANTES QUE CONSINTAMOS EN SER ESCLAVOS DE NADIE. Un principio proclamado por un hombre que de allí saldría con una condena de 15 años de prisión, vislumbraba la solidaridad convertida hoy en ideología y práctica de todo un pueblo: SE DECLARABA,ADEMAS, QUE LA POLITICA CUBANA EN AMERICA SERIA DE ESTRECHA SOLIDARIDAD CON LOS PUEBLOS DEMOCRATICOS DEL CONTINENTE Y QUE LOS PERSEGUIDOS POLITICOS DE LAS SANGRIENTAS TIRANIAS QUE OPRIMEN A LAS NACIONES HERMANAS, ENCONTRARIAN EN LA PATRIA DE MARTI, NO COMO HOY, PERSECUCIÓN,HAMBRE Y TRAICION, SINO ASILO GENEROSO, HERMANDAD Y PAN.CUBA DEBIA SER BALUARTE DE LIBERTAD Y NO ESLABON VERGONZOSO DEL DESPOTISMO. Después del Moncada vendrían la prisión, el exilio, la epedición del Granma, la guerra revolucionaria, el triunfo, la lucha en la construcción de la nueva sociedad, el socialismo, el antimperialismo el internacionalismo, momentos de alegría y dolor, de victorias y reveses, de acontecimientos definitorios para los cubanos, que desbordan el límite de un artículo periodístico. Volveremos sobre el tema.