sábado, 18 de abril de 2015

Santiago de Cuba, del combate a la victoria (11)

 
                                              


 Arturo Duque de Estrada,
 más allá del telegrama
.Orlando Guevara Núñez 

El nombre de Arturo Duque de Estrada Riera está insertado en la historia de la Revolución cubana por un hecho trascendente. Fue el hombre que el 27 de noviembre de 1956 recibió en su hogar –San Fermín 358, en Santiago de Cuba- el telegrama procedente de México cuyo texto: Obra pedida agotada, y firmado por Editorial Divulgación,  anunciaba la salida del yate Granma hacia suelo cubano para reiniciar la lucha armada.
El propio Frank País García había dado al jefe de la Revolución, Fidel Castro, ese nombre y la dirección para el envío del mensaje. A Arturo sólo le diría: Vas a recibir un aviso de Fidel”.
El telegrama fue recibido por Duque de Estrada y entregado a Pepito Tey, quien lo hizo llegar a Frank. Tres días después, el 30 de noviembre de 1956, la  ciudad de Santiago de Cuba se levantaba en armas.
La historia revolucionaria de Duque, sin embargo, no comenzó ni concluyó con el recibo del esperado mensaje. Se inició desde sus días de estudiante y sólo fue truncada por su desaparición física, ocurrida el 5 de noviembre de 1994.
Manzanillero de nacimiento (19-8-1928) de procedencia humilde, trabajó como mecánico dental, cadenero de obras públicas en Santiago de Cuba, maestro en Las Bocas, localidad de la Sierra Maestra, profesor en el Colegio Dolores y maestro en una escuela primaria santiaguera.
Desde 1945 participa en huelgas estudiantiles, protestas y demandas. En una humilde escuelita rural serrana (1951-53) vierte sus inquietudes en beneficio de la comunidad. Imparte clases a adultos, lleva médicos y comadronas, propicia arreglo de caminos, facilita la proyección de películas. En 1952 resulta maestro más eficiente del Distrito de Bayamo, y el premio -100 pesos- lo dona para la escuela.
Es en 1949 que conoce a Frank País, en la Escuela Normal para Maestros de Oriente. En cuarto año él, Frank en el primero. Allí comenzó esa entrañable amistad. En 1954 ingresa a Acción Revolucionaria Oriental (ARO), fundada por Frank. Participa junto a Pepito Tey en protestas callejeras y denuncias a dirigentes corruptos en el sector ferrocarrilero.
En pleno auge de la lucha contra la tiranía batistiana, Frank lo escoge para trabajar junto a él. Se convierte en el Secretario del jefe clandestino. La oficina era su casa. Maneja toda la correspondencia interna  y externa, controla las direcciones de todos los responsables del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en municipios y provincias.
En su hogar –y él como participante- se planeó la acción del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba. Desde allí Frank, Pepito y Léster Rodríguez impartieron las órdenes a las distintas células y brigadas estudiantiles. Integra el Grupo Operativo del asalto y junto a Vilma Espín trabaja en la proyección de la organización, propaganda y acción.
Después del desembarco del Granma, por  indicación de su jefe, trabaja con Celia Sánchez Manduley en Manzanillo. Traslada mensajes y orientaciones relacionados con los refuerzos de combatientes clandestinos que en marzo y junio de 1957 nutrieron al naciente Ejército Rebelde. Se ocupa de tareas financieras y contribuye a la edición de los primeros bonos del 26 de Julio, y en 1958 apoya el avituallamiento del segundo  y Tercer Frentes Orientales, capitaneados por Raúl y Almeida.
Un episodio doloroso en la vida de Arturo Duque de Estrada ocurrió el 27 de junio de 1957. Un derrame cerebral lo mantuvo en estado grave varios días y hospitalizado un mes. Su regreso al hogar coincide con la muerte de Frank País. Fue cerca de su casa, él escuchó los disparos, pero en aras de su salud se le ocultó el hecho. Su intuición, sin embargo, lo condujo a la amarga realidad: “Yo sabía que a Frank le había pasado lo más grande”.
Refiriéndose a ese hecho, en carta fechada el 5 de julio de 1957, Frank le escribe a Fidel: “El hombre clave de nuestras comunicaciones y avisos enfermó gravemente con lo que  lucía una embolia, sin poder hablar ni escribir, los avisos para la orden nacional de sabotajes se dieron como pudimos (…).
Sobre los azarosos días de la clandestinidad y la personalidad de Arturo Duque de Estrada, la compañera Magali Martínez Riera, quien compartiera con él la lucha y el hogar, así lo recuerda: Una persona muy sensible, humana, inteligente, humilde, con un gran amor hacia la Patria y la historia.
El propio Arturo señalaría en una ocasión: “Una de mis motivaciones más fuertes era el recuerdo de los caídos en el Cuartel Moncada. Vi los cadáveres de muchos de los asesinados y juré pelear contra el crimen y la ignominia”.
Después de ocupar distintas responsabilidades a partir de 1959, la muerte lo encuentra de una forma inesperada, víctima de una dolencia que lo sorprende en su misma casa de San Fermín 358.
La personalidad del hombre clave, como lo definiera Frank, es recordada con más fuerza, sobre todo  cuando el pueblo santiaguero y de toda Cuba conmemoran  cada   aniversario de la gesta heroica del 30 de noviembre de 1956, ocasión primera en que el uniforme verde olivo vistió  de gloria a esta ciudad.
                                    
                                       

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