martes, 25 de noviembre de 2014

Santiago de Cuba en el corazón de Fidel




. Orlando Guevara Núñez
Santiago de Cuba tiene ganado un lugar muy honroso en el corazón del Comandante en Jefe Fidel Castro. En múltiples ocasiones, antes y después del triunfo revolucionario, el máximo dirigente de la Revolución cubana ha expresado sus sentimientos de admiración y cariño hacia esta ciudad.
Luego del asalto al Cuartel Moncada, los personeros de la dictadura batistiana difundieron la infamia de que Santiago de Cuba no había apoyado esa acción. Fidel, en su alegato de autodefensa  La historia me absolverá, el 16 de octubre de 1953, afirmaría desbaratando esa mentira:
Santiago de Cuba creyó que era una lucha entre soldados, y no tuvo conocimiento de lo que ocurría hasta muchas horas después. ¿Quién duda del valor, el civismo y el coraje sin límites del rebelde y patriótico pueblo de Santiago de Cuba? Si el Moncada hubiera caído en nuestras manos, ¡hasta las mujeres de Santiago de Cuba habrían empuñado las armas! ¡Muchos fusiles se los cargaron a los combatientes las enfermeras del Hospital Civil! Ellas también pelearon. Eso no lo olvidaremos jamás!”
Ya a las puertas del triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959, el Comandante en Jefe se dirigió al pueblo santiaguero, desde la ciudad de Palma Soriano.
Santiago de Cuba: serás libre, porque tú lo mereces más que ninguna, porque es indigno que por tus calles se paseen todavía los defensores de la tiranía”.
El mismo día de la victoria, desde el balcón del Ayuntamiento, frente al Parque Céspedes, Fidel expresaría estas palabras que entrañaban  un reconocimiento a la ciudad  heroica.
(…)”Además, yo iba a estar en la capital de la República, o sea, en la nueva capital de la República, porque Santiago de Cuba será, de acuerdo con el deseo del presidente provisional, de acuerdo con el deseo del Ejército Rebelde y de acuerdo con el deseo del pueblo de Santiago de Cuba, que bien se lo merece, la capital.  ¡Santiago de Cuba será la capital provisional de la República!” (…)  Cuando hacemos a Santiago de Cuba capital provisional de la República sabemos por qué lo hacemos.  No se trata de halagar demagógicamente a una localidad determinada, se trata, sencillamente, de que Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución”. (…) En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas!”
El 11 de marzo de 1959, Fidel  regresó  a Santiago de Cuba y, en la Avenida   Michelsen,  ante el público allí congregado, argumentó,  a quienes le señalaban su amor por esta región oriental.
“En primer lugar, porque soy oriental; en segundo lugar, porque aquí se inició la lucha revolucionaria en el cuartel Moncada; en tercer lugar, porque de niño caminé por estas calles y estudié aquí en Santiago y viví aquí en Santiago; porque cuando el machadato yo tenía 5 ó 6 años y vivía en una casita muy humilde de una maestra a donde me habían  mandado, y ahí viví dos o tres años y sentí las bombas y viví todo eso.  Y he vivido el dolor y he vivido el sentimiento y he vivido la tradición y he vivido la historia de Santiago”  (…)   Hablo así aquí como no he hablado nunca en ningún otro lugar.  He hablado de estos sentimientos y es justo que lo haga, porque mi corazón, mi vida, está unida a esta tierra, está unida a esta provincia, está unida a esta ciudad (…)
(…)” Un especial sentimiento me invade cuando estoy aquí; una especial emoción me invade cuando estoy aquí entre los santiagueros. 
 El 30 de julio de 1959, en el segundo aniversario de la caída de Frank País, Fidel habló en el Instituto de Santiago de Cuba:
“Quiso el Gobierno Revolucionario instituir el día de hoy como el Día de los Mártires de la Revolución Cubana, es decir, en recuerdo de todos los caídos. Y escogió esta fecha del 30 de julio, porque ha sido este mes y ha sido especialmente este día como un día símbolo de los sacrificios que hizo nuestro pueblo por conquistar su libertad”.
Aquí, en estas calles de Santiago de Cuba, cayeron los primeros combatientes revolucionarios. En estas calles de Santiago de Cuba se perpetraron los primeros actos de salvaje represión contra los revolucionarios y contra la población civil. En este cementerio de Santiago de Cuba y en los alrededores de Santiago de Cuba, fueron sepultados los hombres que constituyeron la primera legión de mártires combatiendo contra la tiranía “.
Por eso es lógico que el 30 de julio se venga a conmemorar a Santiago de Cuba y que los 30 de julio se conmemoren principalmente en Santiago de Cuba, porque el Día de los Mártires es también el día de la ciudad mártir de Cuba; de la ciudad que a lo largo de la historia, desde la lucha por la independencia, ha demostrado la más extraordinaria dote de patriotismo, la ciudad entusiasta, la ciudad que ha estado a la cabeza, junto con las demás ciudades de la provincia. (…)
Por eso —repito— es día de meditación, porque aquí tenemos que venir todos los años a recordar a los muertos de la Revolución; pero tiene que ser como un examen de la conciencia y de la conducta de cada uno de nosotros, tiene que ser como un recuento de lo que se ha hecho, porque la antorcha moral, la llama de pureza que encendió nuestra Revolución, hay que mantenerla viva, hay que mantenerla limpia, hay que mantenerla encendida, puesto que no podemos permitir que se vuelva a apagar jamás la llama de las virtudes morales de nuestro pueblo”.
La noche del 2 de noviembre de 1976,  Santiago de Cuba fue escenario de un hecho histórico: la elección del Comandante en Jefe Fidel Castro como Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por este territorio.
Con palabras muy emotivas,  ante los delegados que lo eligieron, el máximo líder cubano relató impresiones suyas acerca Del Santiago heroico, desde la época del 68, del Santiago revolucionario, del Santiago siempre rebelde, del Santiago que fue cuna de estirpes como la de  los Maceo. Del Santiago en cuya tierra descansan los restos de Martí, del Santiago del 26 de julio, del 30 de noviembre, del 1ro. de  enero”
Y un sentimiento personal sobre esta ciudad afloró en Fidel: “Para nosotros, Santiago significa mucho. Personalmente, la primera ciudad que vi en mi vida fue Santiago,  todavía me recuerdo, no sé si tenía cuatro o cinco años.
“Santiago está vinculado estrechamente a nuestra vida revolucionaria. Primeramente por una especie de intuición política: siempre me pareció muy cívica, muy combativa, muy heroica. Después, cuando estudié la historia de Cuba, adquirí conciencia plena de lo que valía esta región del país y esta ciudad, y fue por ello, cuando los amargos y tristes días que siguieron al golpe de estado de 1952, que nosotros tuvimos la convicción de que si existía un escenario adecuado para iniciar la lucha  revolucionaria, ese escenario era Santiago de Cuba, y la historia lo confirmó en el apoyo al movimiento revolucionario de esta ciudad, aún en aquellos días en que el triunfo parecía tan distante”.
El 7 de noviembre de 1976, en  La Demajagua, de la  recién creada provincia de Granma,  refiriéndose a la nueva división político administrativa que transformaba a Oriente en cinco provincias, expresaría el Comandante en jefe: “Santiago es la cuna gloriosa de la Revolución, y seguirá siendo la capital moral de la antigua región de Oriente, y también capital moral de la Revolución (…)
En  disímiles ocasiones, Fidel ha expresado palabras de reconocimiento a este pedazo de tierra oriental y cubana. Pero uno de los momentos más especiales que mostró su devoción hacia esta ciudad, fue el 1ro. de enero de 1984, en el mismo lugar donde dos décadas y media atrás había proclamado el triunfo de la Revolución.
¡Santiago de Cuba, hemos vuelto ante ti al cumplirse el 25 aniversario con una Revolución  hecha realidad y todas las promesas cumplidas!
¡A ti te otorgamos hoy el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden "Antonio Maceo", aquel insigne hijo tuyo que nos enseñó que jamás un combatiente cesa en su lucha, que jamás puede haber pactos indignos con el enemigo, que jamás nadie podrá intentar apoderarse de Cuba sin perecer en la contienda!
“Tú nos acompañaste en los días más difíciles, aquí tuvimos nuestro Moncada, nuestro 30 de Noviembre, nuestro Primero de Enero. A ti te honramos especialmente hoy, y contigo a todo nuestro pueblo, que esta noche se simboliza en ti. ¡Que siempre sean ejemplo de todos los cubanos tu heroísmo, tu patriotismo y tu espíritu revolucionario! ¡Que siempre sea la consigna heroica de nuestro pueblo lo que aquí aprendimos: ¡Patria o Muerte!  ¡Que siempre nos espere lo que aquí conocimos aquel glorioso Primero de Enero: la victoria!
¡Gracias, Santiago!
Recuerdo ese momento colmado de emoción y patriotismo. El Parque Céspedes estaba repleto de pueblo. Un pueblo disciplinado y revolucionario como el de 25 años atrás. Un pueblo que al ¡Patria o Muerte! de su eterno jefe, respondió con un fuerte ¡Venceremos! y cuando el ¡Gracias, Santiago!  penetró en lo más profundo del corazón del pueblo  salió transformado y  multiplicado en miles de gargantas: ¡Gracias, Fidel!
Santiago de Cuba en el corazón de Fidel. Fidel en el corazón de Santiago de Cuba. Así ha sido hasta hoy. Siempre seguirá siendo así.

El Granma proa hacia la historia



.Orlando Guevara Núñez


El 25 de noviembre de 1956, salió desde Tuxpan, México,  el yate Granma, con 82 expedicionarios a bordo, rumbo a Cuba, para reiniciar la lucha armada contra la tiranía batistiana.
La embarcación, con capacidad real para unas 25 personas, luego de una travesía azarosa, llegó a Los Cayuelos, lugar cercano a Playa Las Coloradas, Niquero, al sur de la otrora provincia de Oriente, en la mañana del 2 de diciembre.
El desembarco fue aún más dificultoso, por tener que atravesar los expedicionarios un área cenagosa y cubierta de mangle y yerbas de cortadera, lo cual motivó que el Che calificara ese hecho, más que un desembarco, como un naufragio.
Tres días después de su llegada a tierra cubana, se produjo el bautizo de fuego del naciente ejército Rebelde, con su jefe al frente, Fidel Castro Ruz.
En la tarde del 5 de diciembre, se produjo el encuentro en el cual la tropa rebelde fue sorprendida y atacada con medios de guerra superiores a la que ésta poseía, incluyendo la aviación.
En combate, sin embargo, murieron solo tres expedicionarios. Se produjo una dispersión en varios grupos que fueron tenazmente perseguidos. En esos días, otros 18 revolucionarios fueron brutalmente asesinados, luego de ser hechos prisioneros. El último de ellos fue Juan Manuel Márquez, quien vino como segundo jefe de la expedición.
Después del cese de las matanzas, otros 21 prisioneros fueron mandados a prisión; 22 lograron evadir el cerco y salvaron la vida, mientras que el resto logró internarse en las estribaciones de la Sierra Maestra para unirse a Fidel y proseguir la lucha en las montañas.
En el salvamento y reagrupación de los expedicionarios, fue decisiva la labor de los grupos de apoyo creados por Celia Sánchez Manduley y Frank País García, y encabezados por valiosos colaboradores, como fueron Crecencio Pérez Montano y Guillermo García Frías, quienes posteriormente alcanzaron el grado de Comandante del Ejército Rebelde.
El 18 de diciembre, se produce el histórico encuentro entre Fidel y su hermano Raúl, quien vino con el grado de capitán y jefe del pelotón de retaguardia en la expedición. En el lugar conocido como Cinco Palmas, se realizó ese encuentro. Fue allí donde Fidel le preguntó a Raúl cuántas armas traía. Y al recibir la respuesta de que eran cinco, hizo una exclamación con visión de futuro: “Y dos que yo tengo son siete, ¡Ahora sí ganamos la guerra!”
Se emprendía una lucha contra un ejército profesional integrado por más de 40 000 efectivos, bien armado con aviación, artillería, tanques, aviones y fuerzas de marina de guerra.
El 17 de enero de 1957, a sólo mes y medio del desembarco, se produjo el ataque guerrillero al cuartel de La Plata, lugar situado en la misma costa sur oriental, justo entre el mar y las montañas, en el cual se obtuvo la primera victoria rebelde contra la tiranía batistiana.
Esa acción militar, desmintió las mentiras gubernamentales de que los expedicionarios, incluyendo a Fidel, habían sido exterminados, al tiempo que demostró la capacidad del naciente ejército rebelde para atacar y rendir guarniciones enemigas. Atrajo también el apoyo de la población campesina y el movimiento revolucionario en las ciudades a la lucha armada.
El 28 de mayo de 1957, tuvo lugar  el ataque al cuartel de El Uvero, también en la costa suroriental, con una aplastante victoria rebelde, que el Che catalogó como la acción donde la guerrilla alcanzó su mayoría de edad.
Luego vendría la adaptación de las guerrillas a la vida en las montañas, su incremento con combatientes obreros, campesinos, estudiantes. Había nacido el Ejército Rebelde, pilar primero de la lucha, el combate y la victoria que tuvo su escenario final el 1ro. de enero de 1959, cuando las tropas rebeldes, al mando de Fidel, entraron victoriosas a la ciudad de Santiago de Cuba.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Allá están las manos blancas ¡ puestas en el corazón!




.Orlando Guevara Núñez

En tierras africanas, ya los médicos cubanos hacen crecer  su historia de solidaridad. Ellos están retratados en este Verso Sencillo de José Martí: Vino el médico amarillo/a darme su medicina/con una mano cetrina y la otra mano al bolsillo. Yo tengo allá en un rincón/ un médico que no manca/ con una mano muy blanca/ y otra mano al corazón.
Así, símbolos de la pureza, son las manos de nuestros profesionales de la salud, prestas siempre a salvar una vida, a curar, aliviar o prevenir un mal, en el lugar donde sean necesitados, aunque, como en este caso - la lucha contra el ébola-  ese empeño  ponga en juego su propia vida.
Así responden los representantes de nuestro sistema de salud  desde que en este pequeño archipiélago la medicina dejó de ser una mercancía y el enfermo un cliente. Desde que el derecho a la vida – el más humano de todos los derechos- es patrimonio de todos los cubanos.
Es más inmenso su altruismo en un mundo donde 1 200 millones de personas viven en pobreza extrema; 842 millones padecen de hambre crónica; donde el agua potable no llega a cientos de millones de personas; donde  millones de mujeres mueren cada año en el momento del parto y cifras espeluznantes de niños no llegan ni siquiera a estrenar un nombre.
Recuerdo la anécdota de un profesional santiaguero de la salud que, participando en un evento médico, en un país latinoamericano, visitó un hospital. En su recorrido, se detuvo frente a un enfermo, aquejado de una compleja enfermedad. Indagó por su estado clínico y por el tratamiento. Sin alejarse de la ética, comentó al directivo de esa institución que ese no era el tratamiento adecuado. Y la respuesta no pudo ser más ilustrativa: “Sabemos que no es el que necesita, pero es el que puede pagar”. La mano cetrina del verso de Martí, estaba allí presente.
El acto altruista de los cubanos que ahora han marchado hacia el Africa, no es aislado. La historia lo corrobora. En las últimas cinco décadas, 325 710 trabajadores de la salud han prestado sus servicios en 158 naciones. En Africa, el continente más preterido, 39 países han sido beneficiados con 76 744.
Hermosa historia la de este pueblo que cuando triunfó la Revolución se quedó con solo 3 000 médicos - porque una cifra igual abandonó el país - y tiene hoy 50 751 trabajdadores de este sector, entre ellos 25 412 médicos, distribuidos en 66 países, con las manos blancas puestas en el corazón, desafíando distancias, venciendo  privaciones, borrando incomunicaciones, devuelviendo  alegría a los sufridos y entonando cantos de vida sobre los lamentos de la muerte.
A esas manos se deben ya 1 207 000 000  de consultas médicas, la asistencia a 2 280 000 partos, 9 000 000   intervenciones quirúrgicas, más de 12 000 000  de niños y embarazadas inmunizados y los 2 800 000  personas que han recuperado la vista.
En disímiles ocasiones, a las noticias sobre desgracias humanas provocadas por terremotos, huracanes y otras calamidades, les ha seguido otra: la asistencia solidaria de los trabajadores cubanos de la salud. No han importado las latitudes, ni los peligros. Allí han estado las manos blancas, donde  muchas veces  las cetrinas no llegan.
Esta aleccionadora historia la enriquecen los 38 mil profesionales sanitarios formados gratuitamente por Cuba para  121  naciones, entre ellos 3 392 de 45 países africanos.
Aquí quedan muchos dispuestos también a prestar su ayuda en cualquier lugar del mundo que se les necesite. Son los mismos que día a día, noche a noche, sostienen la vitalidad de nuestro sistema de salud. Los mismos cuyas manos blancas se posan en el corazón de todos los cubanos. Una ejemplar prédica martiana.


martes, 11 de noviembre de 2014

Operación Carlota: Gloria imperecedera


El 25 de mayo de 1991, con el regreso de los últimos 500 militares cubanos que permanecían en la República Popular de Angola, llegó a su fin la Operación Carlota. Se cerraba así uno de los capítulos más brillantes en la historia del internacionalismo proletario a escala universal.
En enero de 1975, Portugal, incapaz de mantener su dominio colonial sobre Angola, había pactado con organizaciones de ese país otorgarle su independencia a fines de año. Mientras, se integraría un gobierno provisional integrado por el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) dirigido por Agosthino Neto, principal representante del pueblo angolano; el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), encabezado por Holden Roberto, un conocido agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) liderada por Jonnas Savimbi, un personaje ligado a los círculos económicos dominantes y al régimen sudafricano.
El FNLA y la UNITA, se confabularon desde el inicio contra el MPLA para impedir la verdadera independencia de Angola, apoyados por gobiernos imperiales, en primer lugar los Estados Unidos, además de Francia, Inglaterra, y la complicidad de Zaire y Sudáfrica.
La fecha fijada para la independencia de Angola había sido el 11 de noviembre de 1975. Pero las fuerzas reaccionarias violando ese acuerdo, habían organizado, financiado, armado y entrenado a las tropas encargadas de evitar el inminente ascenso del MPLA al poder, a través de las elecciones anunciadas.
Ante el peligro real, el presidente del MPLA, Agosthino Neto, pidió a Cuba ayuda militar para preservar su independencia. Desde inicios de 1965, luego de un encuentro del Che con representantes de esta organización, efectuado en El Congo, Cuba se había comprometido a prestar ayuda a los guerrilleros contra el colonialismo portugués.
A inicios de agosto de 1975, el Primer Comandante cubano, Raúl Díaz Argüelles, inició contactos con el MPLA para concretar la ayuda militar, que al inicio consistió en instructores para cuatro centros de instrucción angolanos que organizarían, prepararían y armarían a unas cincuenta unidades de las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA).
Pero las potencias agresoras se daban prisa en su objetivo de impedir la independencia. Por el Norte y por el Sur, tropas agresoras se dirigían ya hacia Luanda, la capital, para el zarpazo.
Ante el inminente golpe que hubiese aniquilado a las fuerzas revolucionarias, Cuba decidió enviar tropas regulares y armamento apropiado para enfrentar y derrotar a los agresores. Así surgió la Operación Carlota, nombre tomado de una esclava libertaria africana que el 5 de noviembre de 1843, encabezó una rebelión en el ingenio Triunvirato, de Matanzas, contra los esclavistas españoles, siendo salvajemente asesinada, atado su cuerpo a caballos que tiraban de forma contraria, hasta descuartizarla.
El 10 de noviembre de 1975, cuando ya las tropas enemigas se preparaban para entrar al día siguiente a Luanda, se produce el combate de Quifangondo, donde fuerzas cubanas y de las FAPLA asestan una rotunda derrota a los agresores, salvando la integridad del país. Al día siguiente, 11 de noviembre, Agosthino Neto proclamaba la independencia y el nacimiento de la República Popular de Angola.
Por el Norte, las tropas agresoras retrocedieron luego de la derrota, pero quedaba la misión de establecer una línea de defensa contra las fuerzas sudafricanas y de la UNITA que avanzaban por el Sur. En esa tarea, el 10 de diciembre del mismo año, caía el jefe de la Misión Cubana, Raúl Díaz Argüelles, al ser alcanzado su vehículo por una mina antitanque.
La guerra fue dura y sin tregua. En el mes de marzo, unos 36 000 cubanos combatían junto a los angolanos para salvar su independencia. Hasta que el 27 de marzo de 1976, los últimos militares sudafricanos trascendían el río Cunene y se internaban en territorio de Namibia, país entonces dominado por el régimen del apartheid.
Sudáfrica había claudicado. La guerra parecía haber llegado a su fin. Cuba, de acuerdo con el gobierno angolano, se trazó el propósito de permanecer un tiempo más en ese país, con el objetivo de ayudar a consolidar la independencia y preparar las fuerzas angolanas encargadas de hacerlo.
Pero las potencias agresoras no se dieron por vencidas y reorganizaron la lucha que costó largos años de sacrificio altruista. Vendrían nuevas epopeyas gloriosas, entre éstas la decisiva de Cuito Cuanavale. Sudáfrica otra vez derrotada, la independencia de Angola había sido preservada, la de Namibia se había alcanzado, y el apartheid quedaba definitivamente destrozado.
La Operación Carlota, proseguiría, hasta el 25 de mayo de 1991. Ya desde 1976, el hoy General de Ejército Raúl Castro había dicho que “De Angola nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.
Así, el 7 de diciembre de 1989, fueron traídos a la Patria, cargados en hombros del pueblo y sepultados en la tierra que honraron, los restos de los cubanos caídos en esa y otras misiones internacionalistas.
Una información del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, publicada en el periódico Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, ofrecía detalles sobre quienes ofrendaron su vida en misiones militares y civiles en la República Popular de Angola, Etiopía y otros países.
Los datos, tomados de esa información, merecen recordarse hoy, a dos décadas de aquel día memorable.

En Angola ofrendaron su vida 2 016 hermanos nuestros, de ellos 787 en acciones combativas, 524 por enfermedades y 705 por accidentes; en Etiopía murieron 160: 39 en combates, 46 por enfermedades y 75 en accidentes. En otros países, los fallecidos fueron 113, correspondiendo 37 a los caídos en combate, 27 por enfermedades y 49 por accidentes.
Del total de 2 289 cubanos que con su sangre y su vida suscribieron la gloria y la victoria en Angola y otros países, 2 085 cumplían misiones militares y 204 estaban en tareas civiles. Ellos formaron parte de los más de 400 000 cubanos que durante esos años marcharon a otros pueblos hermanos, como combatientes y colaboradores.
La sangre de la esclava Carlota, se había unido en la historia a la de los cubanos que de ella heredaron la rebeldía y la convirtieron en arma para su libertad y en sentimiento solidario con otros pueblos del mundo.
Con sobradas razones, expresaría Raúl al término de la Operación Carlota: “La gloria y el mérito supremo pertenecen al pueblo cubano, protagonista verdadero de esa epopeya que corresponderá a la historia aquilatar en su más profunda y perdurable trascendencia”.