viernes, 27 de agosto de 2021

No hay que pensar mucho sobre las cosas que solo tienen una salida


Orlando Guevara Núñez

 

Con estas palabras le expresa José Martí a su compatriota Juan Gualberto Gómez, su preocupación ante una respuesta pendiente, y necesaria para sus acciones inmediatas.  La carta tiene fecha 29 de enero de 1895.    Es conocida la intensa labor del Héroe Nacional cubano en esos días, en los preparativos  finales de la guerra contra el poder colonial español.

De forma muy directa expone  a Juan Gualberto que de no recibir comunicación rápida, estará obligado a hacer un viaje, y necesitaría saber a qué atenerse, para arreglar  su acción a la de él y a la de los demás.

Es evidente  que quiere Martí, para sus impostergables decisiones, contar con la opinión de sus compañeros de lucha. Así lo deja explícito: “De aquí, nada puedo resolver, ni moverme, dada la reciente alarma. No se es solo, ni solo puede ser, en las cosas de un pueblo, ni estamos a lo que haría yo, sino a lo que los demás desean, y a como los demás desean hacer”.

Reiterándole la preocupación por  no recibir la información necesaria, le plantea a Juan Gualberto que, ante la imposibilidad de enviarla a tiempo, le comunique vía cable una palabra clave: venda, con lo cual se irá más tranquilo.

Del contenido de la carta se deduce que el viaje aludido por Martí es hacia Montecristi, Santo domingo, pues a ese lugar llega el  7 de febrero, para su encuentro con el General Máximo Gómez Báez.

 


La prensa es el can guardador de la casa patria

 


 

Orlando Guevara Núñez

 


Esta afirmación martiana está contenida en una carta al director del diario argentino  La Nación,  fechada  el  28 de marzo de 1884.   El tema de la misiva es  las maniobras electorales entre los partidos Demócrata y Republicano en  Nueva York. Es una denuncia de cómo los políticos establecen los resortes para apropiarse de los votos de los electores, y se reparten cargos y puestos donde se gana el doble de lo que aportaron en la contienda.

Habla sobre la corrupción en los puestos públicos “Verdad es que los diputados se venden y se compran” dice Martí. “Pero hay ocasiones en que no se atreven a venderse”.

Es en ese contexto que se refiere al papel de la prensa, afirmando que: “La prensa, aún en medio de sus cobardías, está de centinela. Y agrega a continuación: “Cave  canem” estaba escrito para guarda de los visitantes en  las casas de Pompeya. La prensa es el can guardador de la casa patria, y en todos los oídos debe resonar siempre el grito saludable: “Cave canem”.

Está evocando  Martí un relato sobre la ciudad citada –Pompeya- en Italia donde en muchas casas, para su protección, se situaba impresa las palabras Cave canem, es decir: cuidado con el perro, advirtiendo que quien entrara lo hacía bajo su responsabilidad. Se incluía la imagen de un perro grande, de color negro, en posición de atacar al intruso.

De  La casa del poeta trágico, también La casa homérica o La casa de la Ilíada,  descrita como una típica vivienda romana del siglo II  A.C., descubierta entre las ruinas de Pompeya en 1824, se conserva un mosaico con la mencionada inscripción.

 

Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá

 


Orlando Guevara Núñez

 


En un extenso artículo de José Martí, titulado El cisma de los católicos en Nueva York, está contenida esta afirmación, ampliamente argumentada.

Se trata de un conflicto entre la Iglesia, como institución, y los creyentes. Los choques, señala Martí, son reveladores de las entrañas de las cosas. La contradicción está entre la iglesia ligada al poder, con riquezas, que oprime. Y los católicos sinceros que sufren la opresión.

Afirma que, como siempre, son los humildes los más perjudicados, los descalzos, los desamparados, los pescadores; y son los que se juntan frente a la iniquidad, hombro a hombro y echan a volar, con sus alas de plata encendida, el Evangelio. ¡La verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen!, dice.

Analiza el carácter de la religión “falsa siempre como dogma a la luz de un alto juicio”  aunque  “eternamente verdadera como poesía”. Pero más que en el aspecto filosófico, se centra en la función de la Iglesia en esos momentos en Nueva York, y las contradicciones que la estremecen.

Aborda el caso del cura McGlynn – sobre él escribiría varios trabajos-  el nombrado “cura de los pobres”, el que durante veintidós años “ha repartido entre los infelices su herencia y su sueldo, el que no les ha seducido sus mujeres, ni iniciado en torpezas a sus hijas” y les ha alzado en su barrio pobre una iglesia con los brazos siempre abiertos, el que no utilizó nunca la fe para intimidar el alma, ni oscurecer los pensamientos (…)

Y el caso es que este sacerdote fue echado de su casa y de su templo por el Arzobispo y llamado por el Papa a Roma. En otros escritos de Martí, se sabe que fue excomulgado. Su posición alarmó a los ricos que utilizaban  la iglesia para oponerse a la justicia de los pobres.

Denuncia los insanos intereses de la Iglesia, unida a los poderosos y políticos que de ella se valen para mantener su poder. Fustiga el hecho de que un Arzobispo deponga a un sacerdote por haber apoyado la política de las clases llanas, pero al mismo tiempo emite una circular a sus párrocos para que apoyen la política de los logreros y rufianes. Solo McGlynn se opuso.

Plantea Martí una interrogante, ¿Y de qué parte estará la santidad, de los que se ligan con los poderosos para sofocar el derecho de los infelices, o de los que, desafiando la ira de los poderosos, y estando sobre todos ellos en inteligencia y virtud, dan con el pie a la púrpura y van a sentarse entre los que padecen?

Juzga la situación con bellas palabras: “A las poesías del alma nadie podrá cortar las alas, y siempre habrá ese magnífico desasosiego, y esa mirada ansiosa hacia las nubes. Pero lo que quiera permanecer ha de conciliarse con el espíritu de libertad, o de darse por muerto. Cuanto  abata o reduzca al hombre, será abatido”.

Como epílogo de su artículo, nuestro Martí, dirigiéndose a Jesús, le pregunta dónde hubiera estado en esta lucha, si apoyando al ladrón rico o al cura McGlynn.

La madurez en el pensar debe ir seguida de la rapidez en el obrar

 


.Orlando Guevara Núñez

 


La situación política de la Francia de 1881 no escapó al análisis de José Martí. El tema de las elecciones y los cambios que en ese momento caracterizaban al país, fueron percibidos y expuestos en una carta dirigida al director del diario venezolano  La 0pinión Nacional, donde fue publicada el 17 de septiembre del citado año.  

Habla sobre la rivalidad y turbulencia en unas elecciones distritales y sobre  la calma y efectividad de ese proceso en el resto de Francia.

Del éxito de esas elecciones dice que “Esta es la conquista del hombre moderno: ser mano y no masa; ser jinete y no corcel; ser su rey y su sacerdote; regirse por sí propio.

Califica esas elecciones de proceso sin violencia ni acusaciones de fraude. Dice que la lucha es mortal, pero honrada y que desde que Francia no tiene rey, este pueblo es en verdad un pueblo rey.

Pero no está ajeno a los peligros que acechan al gobierno electo, pues considera que los políticos de estos tiempos han de tener dos  épocas, la de “derrumbe valeroso de lo innecesario” y la otra de “elaboración paciente de la sociedad futura con los residuos del derrumbe”

Considera superior las elecciones francesas a las de los Estados Unidos. Menciona propósitos y obstáculos de planes opositores, y señala la necesidad de adelantárseles.

Por eso plantea lo de la rapidez en el obrar, argumentando que “como toda marcha, no es posible reposar en el camino, si se quiere marchar a la cabeza o a la par de todo”.

jueves, 26 de agosto de 2021

Otro abrazo entre las ideas martianas y las de Fidel

 


.Orlando Guevara Núñez

Hay hechos que, similares en su forma y esencia, sucedidos en distintas épocas, se abrazan en una misma fecha, o muy cercanos unos a otros. A veces en la misma geografía.

Este es el caso de un episodio relatado por nuestro Héroe Nacional, José Martí, y otro protagonizado por nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, separados en el tiempo por  82 años; pero ambos sobre hechos idénticos.

El 27 de mayo de 1875, publicó José Martí, en la Revista Universal, de México, una respuesta a un artículo aparecido en el periódico español La Colonia, contentivo de groseros insultos al Ejército Libertador Cubano, y que hacía alusión a un trabajo antes firmado por el propio Martí.

El tema está relacionado con los prisioneros de guerra. La Colonia afirma que los prisioneros del ejército español  eran  asesinados. Martí, enumera varios crímenes de España contra los cubanos, comenzando por el exterminio de los aborígenes; y explica que, al inicio, los mambises respetaban la vida de todos los  prisioneros, pero los españoles no lo hacían. Y fue ley dolorosísima de la guerra también matar, aunque existían numerosos ejemplos de casos en que se perdonaba la vida, lo cual no hacían los colonialistas.

Uno de los ejemplos citados por Martí. “Otro hecho: el mismo día que en Santiago de Cuba una infame sed de sangre que subleva toda mi prudencia, asesinó criminalmente a 60 soldados –soldados- del Virginius, un jefe insurrecto- no podía conocer todavía este hecho- ponía en libertad completa a un número mayor de prisioneros españoles que tenía en su poder: Allí están los mismos diarios españoles: ellos no pudieron ocultar esta humillante verdad”.

El fusilamiento de los expedicionarios del Virginius se había producido en noviembre de 1873. Según testimonios posteriores se afirma que los fusilados fueron 53.

Y el 28 de mayo de 1957, a los 82 años con la diferencia de un día, luego del combate de El Uvero, en la Sierra Maestra, el Ejército Rebelde puso en libertad a todos los vencidos,  l9 heridos –luego de ser curados por el médico guerrillero Che Guevara- y otros 14 prisioneros.

Y ese mismo día, el ejército batistiano, en la costa norte de Oriente, asesinó a 16 expedicionarios del Corinthia, que había desembarcado para combatir a la tiranía batistiana. Se repetía el hecho de que los insurrectos cubanos, en un mismo día, ponían en libertad a más prisioneros que los asesinados por sus enemigos.

Otro  acontecimiento  curioso es que el Corinthia había tocado tierra cubana el 24 de mayo de 1957, es decir, exactamente 82 años después de que el periódico La Colonia publicara el citado  trabajo.

El comportamiento de los insurrectos cubanos y sus enemigos en relación con los prisioneros de guerra  fue siempre diametralmente opuesto. En el Moncada, por ejemplo, de los 61 revolucionarios que perdieron la vida, solo seis cayeron en combate, y 55 fueron asesinados después de caer prisioneros. Y luego del desembarco del Granma, de los 21 fallecidos en los primeros días, solo tres fueron en combate y 18 asesinados.

Durante toda la guerra fue así. Sobre otro hecho vandálico de la tiranía, asesinando a 11 prisioneros rebeldes después de una acción en Pino Tres, territorio camagüeyano, afirmaría Fidel:

Tal vez entre esos heridos rebeldes asesinados se  encuentren algunos de los compañeros que durante la Batalla de El Jigüe trasladaron enemigos desde la línea de fuego, a los sitios donde recibieron la primera atención en horas de la noche, escalando farallas casi inaccesibles......la falta de reciprocidad no puede ser más repugnante y cobarde”.

“Lo sucedido en Camagüey es doblemente indignante y absurdo primero porque todavía está fresca en la memoria de la ciudadanía los cientos de soldados que fueron devueltos a la Cruz Roja por los rebeldes sanos y salvos y segundo…..porque están perdiendo la guerra......¿qué sentido tiene...... asesinando rebeldes.......lanzar contra las fuerzas armadas, harto desprestigiadas ya, una mancha de sangre que muchas veces recordará la historia como una vergüenza infinita para cualquier soldado que hoy vista el uniforme infame y deshonrado del que no puede llamarse jamás Ejército de la República”.

Esa diferencia, entre el Ejército Rebelde y el de la tiranía batistiana, fue uno de los factores de la victoria del primero y la derrota del segundo. Una diferencia señalada por José Martí y aplicada, en todo su sentido humano, por Fidel.