jueves, 2 de septiembre de 2021

El hombre lleva en sí lo que lo pierde, que es el interés, y lo que lo redime, que es el sentimiento

 


 

 .Orlando Guevara Núñez

 


Al escribir esta máxima, estaba José Martí  comentando un hecho protagonizado por el entonces presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, mandatario durante el período 1885-1889. El artículo fue titulado; Cleveland, el incidente de las banderas, publicado en el periódico argentino La Nación, el 16 de agosto de 1887. Había sido escrito el 8 de julio anterior. 

El hecho es que Cleveland decidió devolver a los estados de la Confederación, las banderas que el Norte le había arrebatado en contiendas. Esa decisión causó gran malestar entre sus adictos, sobre todo entre los militares. Sus adversarios aprovecharon el descontento para sus fines de oposición.

Al final, la posición del mandatario es  aceptada, lo que hace expresar a Martí que “el que al fin triunfa, no es el que enciende y desata las pasiones, sino el que sabe reprimirlas”. Analiza la forma serena y correcta en la que Cleveland actuó, lo que trajo buenos dividendos  para su imagen ante los vencidos del Sur  y en su propio país.

Anota entonces la reacción de los militares y de la población, ante los argumentos del presidente, quien expone sus razones contra el odio y dice al final que “la cuenta de mi administración está siempre pronta para ser presentada  a mis conciudadanos”.

Expresa nuestro Apóstol, que los presidentes son para unir, no para dividir y opina que Cleveland será, en las siguientes elecciones, difícil de vencer, porque ha dominado el odio.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

2 de septiembre de 1960: Primera Declaración de La Habana, realidad y vigencia de sus principios

 

Pero el imperio del Norte no estaba dispuesto a permitir que en nuestro continente existiera un país dispuesto a dirigir su propio destino. Ya las agresiones económicas se hacían sentir, al tiempo que los sabotajes y apoyo a la contrarrevolución, mediante grupos que impunemente actuaban desde territorio norteamericano, costaban vidas y recursos al pueblo cubano.

En ese contexto, del 22 al 29 de agosto de 1960 sesionó, en San José de Costa Rica, la VII Reunión de Consulta de los Cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) instrumentada por el gobierno de los Estados Unidos para condenar y aislar a Cuba, como parte de la preparación del escenario para la agresión - ya programada- que se produjo el 17 de abril de 1961, mediante la invasión mercenaria de Playa Girón, con el objetivo de destruir a la Revolución. No se equivocó el Comandante en Jefe Fidel Castro cuando ese 2 de septiembre afirmó, refiriéndose a la reunión anticubana, que "se estaba afilando allí el puñal que en el corazón de la Patria cubana quiere clavar la mano criminal del imperialismo yanqui".

La respuesta del pueblo fue contundente. En la Plaza Cívica de la capital, un millón de cubanos se reunieron y, en representación de toda la nación se constituyeron en Asamblea General del Pueblo de Cuba. Nuestro país levantó su voz no solo en nombre propio, sino también de todos los pueblos de América.

Y sus pronunciamientos fueron claros, precisos y contundentes.

Esa Asamblea proclamó el derecho de los campesinos a la tierra; del obrero al fruto de su trabajo; de los niños a la educación; de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; de los jóvenes al trabajo; de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica.

Para Cuba y más allá de sus fronteras, la Asamblea General proclamó también el derecho de los negros y del indio a la dignidad plena del hombre; de la mujer a la igualdad civil, social y política; del anciano a una vejez segura; de los intelectuales, artistas y científicos a luchar con sus obras por un mundo mejor.

Y sumó a sus postulados el derecho de los Estados a nacionalizar los monopolios imperialistas, rescatando así sus riquezas y recursos nacionales; de los países al comercio libre con todos los pueblos del mundo y de las naciones a su plena soberanía.

Otro derecho defendido por el pueblo cubano en aquella histórica jornada, fue el de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas y armar a sus obreros, a sus campesinos, a sus estudiantes, a sus intelectuales, al negro, al indio, a la mujer, al joven, al anciano, a todos los oprimidos y explotados para que defendieran por sí mismos sus derechos y sus destinos.

Aquella gigantesca Asamblea del pueblo, postuló el deber de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes, de los negros, de los indios, de los jóvenes, de la mujer y de los ancianos, de luchar por sus reivindicaciones económicas, políticas y sociales, así como también de las naciones oprimidas y explotadas a luchar por su liberación.

Proclamó, además, el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que éstos se encuentren y las distancias geográficas que los separen.

Los cubanos, como respuesta a la declaración de San José de Costa Rica, que calificaba a Cuba no compatible con el sistema democrático de este continente y la conminaba a plegarse a los dictámenes del gobierno norteamericano, no sólo condenamos ese documento dictado por los Estados Unidos, sino también que denunciamos las intervenciones yanquis contra los pueblos de México, Nicaragua, Haití, Santo Domingo, Cuba y otros, escudándose en su superioridad militar, los Tratados desiguales y la sumisión de gobiernos traidores a sus pueblos. Así, frente al panamericanismo hipócrita en aras del dominio imperial, Cuba proclamó el latinoamericanismo liberador y solidario.

Uno de los más cínicos argumentos del gobierno de los Estados Unidos, compartidos por la OEA, para condenar a Cuba, era el peligro que representaban para este continente las relaciones de nuestro país con los gobiernos de la Unión Soviética y China. Cuba no sólo no cedió un ápice en sus principios, sino que fortaleció la amistad con ambos países y, en el caso de la República Popular China, reconoció a ese gobierno como único representante legal del pueblo chino, quedando de esa forma establecidas las relaciones que cada día son más fuertes.

Durante los días posteriores a la proclamación de la Declaración de La Habana, el pueblo, en sus respetivos territorios, en masivas concentraciones, apoyó su contenido y luego firmó el documento de forma individual. En la entonces provincia de Oriente - actuales provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo, Holguín, Granma y Las Tunas- un millón de personas participaron en las concentraciones.

La Asamblea General del Pueblo de Cuba, del 2 de septiembre de 1960, fue una genuina demostración de democracia que rompió esquemas tradicionales. Sobre ese tema, plantearía el Comandante en Jefe Fidel Castro que la democracia no puede consistir solo en el ejercicio de un voto electoral, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir su propio destino.

Las agresiones y amenazas contra Cuba, provenientes del Norte revuelto y brutal que nos desprecia, al decir de José Martí, siguen su loca carrera. Nuestro país, sin embargo, con su sacrificio, su sudor y su sangre, ha hecho valer los principios proclamados aquel día.

El aislamiento fracasó, el intento de doblegarnos por el temor, falló; el intento de vencernos por la fuerza, por hambre y enfermedades, fracasó. Cuba, en esa ocasión, prometió a los pueblos que no les fallaría, y no les ha fallado.

En ese mismo septiembre, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó, en nombre de todos los cubanos, que nuestro país tenía un recurso: resistir cuando la ONU y la OEA no garantizaran nuestros derechos. Hemos resistido, hemos vencido y seguiremos venciendo.

Los principios de aquella épica jornada, proclamados por nuestro pueblo, mantienen no solo su validez histórica, sino también su plena vigencia para los tiempos presentes y los que están por venir.

En la garganta y el corazón del pueblo cubano, una consigna se convirtió en convicción, fuerza y acción:  ¡Con OEA o sin OEA, ganaremos la pelea!  Y la ganamos sin la OEA.

Hoy, ante la misma sumisión de ese desprestigiado organismo y la agresión a otro pueblo hermano, Venezuela, valdría que su actual lacayo, Almagro, recordara aquel bochornoso episodio. Y que, saliendo de su torpeza, comprendiera que los venezolanos, como los cubanos, con OEA o sin OEA, ganarán la pelea.

Lo primero es ser bueno; y lo demás, para que la bondad sea útil, es que los demás sepan dónde está

 


Orlando Guevara Núñez

 


La cualidad de bueno, es exaltada por Martí en varios momentos. Pero no la utiliza por gusto, ni por lisonja inmerecida. Para él, es una esencia necesaria en el ser humano.

Ahora le está hablando a un estimado amigo suyo y patriota cubano, Rafael Serra. La carta está fechada  en 1890.  A él le dice: “Y el agradecimiento que le tengo a usted es tan grande, y de tantos quilates es el oro en su corazón, que la respuesta a lo que ha dicho de mí, y a lo mismo que me dice ahora, no se la he de dar en una carta vacía, sino en actos difíciles y útiles, y esa será respuesta digna del cariño de usted y de sus cartas”.

Hace referencia, en Serra, al ejercicio valeroso y constante de la virtud. Y dice que no hay otros placeres en el mundo, fuera del que nace de  ellos, y es el cariño firme y deleitoso de los pocos hombres de verdad.” Los demás no cuentan”. Afirma que en el mundo se ha de vivir como viven los médicos en los hospitales. En una referencia a los españoles, anota Martí a Serra: “Lo de  los españoles está en razón; pero no me los espante.  Los españoles buenos, son cubanos.   “A los pícaros, les pondremos la lanza por delante, como el centurión en el cuadro de Jesús”.

Desde Céspedes hasta Fidel: Estados Unidos contra la independencia de Cuba

 


.Orlando Guevara  Núñez

 Los gobiernos de los Estados Unidos han estado siempre en contra de la independencia de Cuba. Desde Céspedes hasta Fidel.  Y desde mucho antes.  Conocida es, desde 1823, la nefasta política de la “fruta madura”,  elaborada  por John Quincy Adams, en ese momento Secretario de Estado, y  presidente norteamericano en los años 1825-1829. Vale recordarla.

“Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así  Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar, necesariamente, hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno”.

En el mismo año, el entonces  mandatario yanqui en la etapa  1817- 1825, James Monroe, entronizó la doctrina que lleva su apellido, con las mismas intenciones  de anexión. Ellos fueron los Trump y Pompeo de aquellos tiempos. Han pasado casi dos siglos, y los gobiernos norteamericanos se han detenido en el tiempo. Han perpetuado el fracaso, mientras que el ideal independentista cubano se fortaleció, se hizo realidad y está convertido en una fuerza invencible.

Iniciada la contienda independentista  cubana del 10 de octubre de 1868, su máximo inspirador, Carlos Manuel de Céspedes, solicitó a los  gobiernos de América que reconocieran ese derecho, al cual se negó el gobierno de los Estados Unidos.

“Nosotros nos proponemos proceder de completa buena fe con España, y cualesquiera que pudieran ser nuestras simpatías por un pueblo que, en cualquier parte del mundo luche por gozar de un gobierno más liberal, no deberíamos apartarnos de nuestro deber para con otros gobiernos amigos, ni apresurarnos a reconocer prematuramente un movimiento revolucionario antes de que haya manifestado capacidad de sostenerse por sí mismo y un cierto grado de estabilidad”.  Esa fue la posición norteamericana.

Ante esa política, replicó Céspedes, en carta al entonces presidente  de Estados Unidos, Ulises Simpson Grant

”Las ideas que defienden los cubanos y la forma de gobierno que han establecido, escrita en la Constitución, por ellos promulgada, hacen por lo menos obligatorio a los Estados Unidos, más que a algunas otras naciones civilizadas el inclinarse a su favor. Si por exigencias de humanidad y civilización todas las naciones están obligadas a interesarse por Cuba, pidiendo la regularización de la guerra que sostiene contra España, los Estados Unidos tienen el deber que le imponen los principios políticos que profesan, proclaman y difunden”.

En realidad, ese gobierno no solo apoyó moral y políticamente al gobierno colonial español, sino que continuó suministrándole armas para impedir la independencia cubana. La respuesta a la carta de Céspedes no llegó nunca.  Pero el jefe revolucionario cubano para esa fecha, había llegado a una importante conclusión:   “Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez esté equivocado, pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; éste es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces o desinteresados”.

“No era posible que por más tiempo soportásemos el desprecio con que nos trata el gobierno de los Estados Unidos, desprecio que iba en aumento mientras más sufridos nos mostrábamos nosotros. Bastante tiempo hemos hecho el papel del pordiosero a quien se niega repetidamente la limosna y en cuyos hocicos por último se cierra con insolencia la puerta. El caso del Pioneer ha venido a llenar la medida de nuestra paciencia: no por débiles y desgraciados debemos dejar de tener dignidad”  Había ordenado el cierre de la representación diplomática del Gobierno de la República de Cuba en Armas en Estados Unidos.

Otra sentencia cespediana:  A la imparcial historia tocará juzgar si el gobierno de la República ha estado a la altura de su pueblo y de la misión que representa en América; no ya permaneciendo espectador indiferente de las barbaridades y crueldades ejecutadas a su propia vista por una potencia europea monárquica contra su colonia… sino prestando apoyo indirecto moral al opresor contra el oprimido, al fuerte contra el débil, a la monarquía contra la República, al esclavista recalcitrante contra el libertador de miles de esclavos”

La historia le ha dado la razón al Padre de la Patria cubana. Y los Estados Unidos siguen siendo el mismo enemigo de nuestra independencia. Intentos de comprar   Cuba a España, propósitos de anexión, intervenciones militares, Enmienda Platt, agresiones, bloqueo, enmienda Helms-Burton, leyes injerencistas para ahogar a la Revolución cubana.

Pero en toda esta historia, los gobiernos yanquis han puesto la agresión, la derrota y  la deshonra; Cuba, la resistencia, el patriotismo, la dignidad y la victoria.

El vanidoso mira a su nombre, y el hombre honrado a la patria

 

Orlando Guevara Núñez

 


¡Vengo a darte patria!  Con este título escribió José Martí un artículo publicado en el periódico Patria, el 14 de marzo de 1893. Se estaba refiriendo al tema sobre la libertad de Cuba y Puerto Rico. Fue un encuentro entre patriotas de ambas naciones. 

En esa ocasión expresa Martí su convicción de que no son los nombres los que importan, sino la patria. Y apunta el pensamiento ya expresado.  Fue ésta una de las ideas subrayadas en las obras de José Martí, durante su prisión en Isla de Pinos, del joven revolucionario Fidel Castro Ruz. A continuación afirma nuestro Apóstol: “Lo penoso e inútil es la sumisión voluntaria a un estado continuo y creciente de miseria y oprobio”.

Del  mismo material, apuntó Fidel  otros pensamientos martianos: “Lo culpable, en las horas decisivas  es la indecisión” y ¡Lo odioso es la cobardía cuando se necesita el valor! También: “Volverá a haber, en Cuba  y en Puerto Rico, hombres que mueran puramente, sin mancha de interés, en la defensa del derecho de los demás hombres”. 

Habla Martí sobre la confianza en que hombres de Puerto Rico están dispuestos a caer en Cuba, y cubanos dispuestos a caer en Puerto Rico. Hombres que “defenderán la independencia primero, la república en la independencia, la independencia en la república”

En otra parte del mismo artículo, asegura Martí que “La primer cualidad del patriotismo es el desistimiento de sí propio; la desaparición de las pasiones o preferencias personales ante la realidad pública, y la necesidad de acomodar a las formas de ella el ideal de la justicia”.

Está Martí llamando a la acción. Y por eso asume que “La palabra de mera verba y sin propósito es desdeñable y repulsiva, como las pinturas de una meretriz”. Y que “las palabras de previsión y de amor, en vísperas del levantamiento de un pueblo, son rápidas y luminosas, como el florete del maestro de armas”.

En el citado encuentro, con participación de quince patriotas, bautizado como mesa de Raymond, hubo intervenciones que Martí reseña en su artículo.

Y una llamó mucho la atención, la de Jorge Núñez, cuando  evocó la memoria de su padre, quien lo puso en el mundo sin garantizarle la libertad para cumplir sus deberes con la existencia. Y que según Martí: “Se juró a la obligación de volver a su patria de manera que pudiera decir algún día, arrodillado ante la tumba del que le dio el ser: Vengo a darte en la muerte lo que tú no supiste darme en vida: ¡vengo a darte patria!”

De ahí, el titulo del escrito martiano.