jueves, 18 de junio de 2026

 

José Martí: Alzar la frente es mucho más hermoso que bajarla

.Orlando Guevara Núñez

A continuación de esta idea, escribió otra nuestro Apóstol: “golpear la vida es más hermoso que abatirse y tenderse en tierra por sus golpes”. Está hablando sobre una persona nombrada Manuel Acuña, poeta mexicano, de quien dice: ¡Lo hubiera querido yo tanto, si hubiese él vivido! Y continúa: “Yo le habría explicado qué diferencia hay entre las miserias imbéciles y las tristezas grandiosas; entre el desafío y el acobardamiento; entre la energía celeste y la decrepitud juvenil”.     El escrito está fechado en diciembre  6 de 1876 y publicado en periódico azteca El Federalista.

En tono de reproche, escribe sobre el poeta: “Los que se han hecho para asombrar al mundo, no deben equivocarse para juzgarlo; los grandes tienen el

deber  de adivinar la grandeza”. Y agrega: ¡Paz y perdón a aquel grande que faltó tan temprano a su deber!

Alega que el peso se ha hecho para llevarlo, el sacrificio para merecerlo y el derecho de verter luz no se adquiere sino consumiéndose en el fuego. Dice que el referido poeta estaba descontento de su obra y despechado contra sí.

Asevera Martí que Manuel Acuña estaba enfermo de dos tristes cosas: de pensamiento  y de vida, Lo calificó como un temperamento ambicioso e inactivo, deseador y perezoso, grande y débil. “Era un alma aristocrática, que se mecía apoyada en una atmósfera vulgar”

Por la descripción martiana, se deduce que este hombre murió por voluntad propia, pues apunta: “Disgustado de cuanto veía, no vio que se podían tender las miradas más allá”. Y se refiere a su" resolución solemne y criminal, olvidando que una cobardía no es un derecho". En otra parte señala “una forzada sepultura, equivocando la vía de la muerte, porque por la tierra no se va al cielo” (…)

miércoles, 17 de junio de 2026

 

 

José Martí: Debieran  los ricos, como los caballos de raza, tener donde todo el mundo pudiese verlo, el abolengo de su fortuna

.Orlando Guevara Núñez

A quien quisiese conocer  el criterio martiano sobre  los ricos y los pobres,  la desigualdad social, y del lado de quien se puso, le convendría leer el artículo por él escrito, titulado La religión en los Estados Unidos, publicado en el periódico La Nación, de Buenos Aires, el 17 de mayo de 1888

Escribe con agudeza. Con juicios acusatorios sobre la sociedad en los Estados Unidos.  “Se ve ahora de cerca lo que La Nación ha visto, desde hace años, que la república popular se va trocando en una república de clases; que los privilegiados,  fuertes con su caudal, desafían, exasperan, estrujan, echan de la plaza libre de la vida a los que  vienen a ella sin más fueros que los brazos y la mente; que los ricos se ponen de un lado, y los pobres de otro; que los ricos se coligan, y los pobres también: que la inmigración, no bien destilada ni contenida, aporta más de sus vicios europeos que lo que adquiere de las virtudes americanas”.

Y prosigue: “Que el lujo, el lujo descompuesto y casi bestial, obliga la mente a tales agudezas y el honor de ambos sexos a tales sacrificios, que la virtud va por todas partes quedándose atrás, como poco remunerativa; que la libertad más amplia, la prensa más libre, el comercio más próspero, la naturaleza más variada y fértil, no bastan a salvar las repúblicas que no cultivan el sentimiento, ni hallan condición más estimable que la riqueza, ni asimilan el carácter nacional las masas indiferentes u hostiles que las unen”.

Queda claro el concepto martiano sobre la verdadera riqueza. “Se ve que no bastan las instituciones pomposas, los sistemas refinados, las estadísticas deslumbrantes, las leyes benévolas, las escuelas vastas, la parafernalia exterior, para contrastar el empuje de una nación que pasa con desdén por junto a ellas, arrebatada por un concepto premioso y egoísta de la vida”

Y continúa su análisis: “Se ve que ese defecto público que en México comienza a llamarse “dinerismo”, el afán desmedido por las riquezas materiales, el desprecio de quien no las posee, el culto indigno a los que  la logran, sea a costa de la honra, sea con el crimen, ¡brutaliza y corrompe a las repúblicas!

Agrega otro concepto radical. Que “debiera negarse consideración social, y mirarse como enemigos solapados del país, a los que practican o favorecen el culto a la riqueza, pues así como es gloria acumularla con un trabajo franco y brioso, así es prueba de incapacidad y desvergüenza, y delito merecedor de pena escrita, el fomentarla por métodos violentos o escondidos, que deshonran al que los emplea, y corrompen la nación en que se practican”. Es a renglón seguido que considera que debieran los ricos, como los caballos de raza, tener, donde todo el mundo pudiera verlo, el abolengo de su fortuna”.

En su consideración sobre el papel de la religión, en ese caso, afirma que “puede decirse a boca llena que el clero oficial, que muestra hoy en servir a los ricos  la rivalidad que mostró antes de la interpretación de la Escritura, es quien menos ayuda a esta obra de reconstruir el alma nacional caída”. Por el contrario, mantiene que “es el clero improvisado el que remueve más ideas, ve más de cerca la desdicha, y exhorta con más elocuencia a la caridad para con el hombre y la fe en Dios”.

Otras importantes consideraciones son expuestas por Martí en este escrito sobre las manifestaciones religiosas y las religiones, relacionándolas con la realidad social.

martes, 16 de junio de 2026

 

José Martí: Hombre es algo más que ser torpemente vivo: es atender una misión, ennoblecerla y cumplirla

.Orlando Guevara Núñez

Muy interesantes son las reflexiones hechas por José Martí en el artículo donde expone esta idea. Lo hace por petición de un amigo, Gustavo Gosdawa,  barón de Gostkowski. Este hombre escribió sobre los vicios de la juventud y sus deficiencias lastimosas, afirma nuestro Apóstol. Se estaba refiriendo a la juventud mexicana. Pero el escrito no fue bien acogido por los lectores. Un periódico respondió en su contra, y el amigo le pidió escribiera explicando la mala interpretación sobre su obra. El referido escrito martiano fue publicado en la Revista Universal, de México, el 21 de septiembre de 1875.

Y Martí va directo al problema. “Gostkowski quiere que se diga aquí cuán bien sabe él  que hay en México muchos jóvenes estimables: pero los buenos no han menester ser flagelados. ¿A qué medicinar al sano? Se examina y se ataca el mal en el enfermo. Y ofrece un criterio: ¿Es nuestra juventud iniciadora?  No: vive demasiado aislada para crear. ¿Es escasa de conocimientos y de fuerzas aprovechables?  No: es fecunda en ellos; fáltanle solo cohesión en sus facultades, concordia en los espíritus, atmósfera propicia, unión en la marcha”. Expone que hay en México una pléyade de jóvenes brillantes: son talentos fértiles; pero se incuban separadamente y por eso tardan tanto en producir. “Nadie rehúse el combate-dice- caer  vencido en buena lid es ya victoria”

Afirma que  Gostkowski  habla de otra juventud “crapulosa, corrompida, torpe.

Es una juventud que tiene algo de simia; hace todo lo que en otras tierras hacen: se viste bien y obra mal (…)  Dice que las mujeres que se unirán a ellos no los amarán bien, porque no tendrán en ellos nada que respetar. “He aquí un daño grave en una sociedad: que las mujeres no puedan amar a sus maridos”.

Es la ocasión para sus criterios directos y aleccionadores: “De matrimonios débiles nacen hijos malos. Con hijos malos no se reconstruye un pueblo. Quien piensa en estas cosas no puede amar a la juventud rica de México. Se es hombre para serlo. Hombre es más que ser torpemente vivo: es entender una misión, ennoblecerla y cumplirla”.

Plasma Martí otro pensamiento valedero: “Puesto que en México es don común la inteligencia, es más culpable el que envilece la suya o la descuida que el que no la usa porque no la tiene”.

Aprovecha este análisis para verter sabios criterios sobre el concepto de filosofía. Dice que “Es indudable que existe en el hombre una tendencia natural a explicarse la causa de todo: el ejercicio de esta tendencia produce el conjunto de observaciones que forman la filosofía”.  Agrega que “Hemos establecido leyes para nuestro ser; pero es indudable que sin nuestro ser, no hubiéramos podido deducir las leyes. Siempre el ser inexplicable es lo primero (…).  “La experiencia es la base más firme del conocimiento: ¿cómo me he de negar al derecho de conocer de una experiencia que siento en mí propio? (…) ¿Puedo explicármelo todo?  No puedo. ¿Negaré lo que no me explico? No tengo el derecho de negarlo, como no tengo el derecho de asentar un sistema metafísico sobre imaginaciones”.