sábado, 7 de noviembre de 2026

 

Operación Carlota: Gloria imperecedera




El 25 de mayo de 1991, con el regreso de los últimos 500 militares cubanos que permanecían en la República Popular de Angola, llegó a su fin la Operación Carlota. Se cerraba así uno de los capítulos más brillantes en la historia del internacionalismo proletario a escala universal.
En enero de 1975, Portugal, incapaz de mantener su dominio colonial sobre Angola, había pactado con organizaciones de ese país otorgarle su independencia a fines de año. Mientras, se integraría un gobierno provisional integrado por el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) dirigido por Agosthino Neto, principal representante del pueblo angolano; el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), encabezado por Holden Roberto, un conocido agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) liderada por Jonnas Savimbi, un personaje ligado a los círculos económicos dominantes y al régimen sudafricano.
El FNLA y la UNITA, se confabularon desde el inicio contra el MPLA para impedir la verdadera independencia de Angola, apoyados por gobiernos imperiales, en primer lugar los Estados Unidos, además de Francia, Inglaterra, y la complicidad de Zaire y Sudáfrica.
La fecha fijada para la independencia de Angola había sido el 11 de noviembre de 1975. Pero las fuerzas reaccionarias violando ese acuerdo, habían organizado, financiado, armado y entrenado a las tropas encargadas de evitar el inminente ascenso del MPLA al poder, a través de las elecciones anunciadas.
Ante el peligro real, el presidente del MPLA, Agosthino Neto, pidió a Cuba ayuda militar para preservar su independencia. Desde inicios de 1965, luego de un encuentro del Che con representantes de esta organización, efectuado en El Congo, Cuba se había comprometido a prestar ayuda a los guerrilleros contra el colonialismo portugués.
A inicios de agosto de 1975, el Primer Comandante cubano, Raúl Díaz Argüelles, inició contactos con el MPLA para concretar la ayuda militar, que al inicio consistió en instructores para cuatro centros de instrucción angolanos que organizarían, prepararían y armarían a unas cincuenta unidades de las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA).
Pero las potencias agresoras se daban prisa en su objetivo de impedir la independencia. Por el Norte y por el Sur, tropas agresoras se dirigían ya hacia Luanda, la capital, para el zarpazo.
Ante el inminente golpe que hubiese aniquilado a las fuerzas revolucionarias, Cuba decidió enviar tropas regulares y armamento apropiado para enfrentar y derrotar a los agresores. Así surgió la Operación Carlota, nombre tomado de una esclava libertaria africana que el 5 de noviembre de 1843, encabezó una rebelión en el ingenio Triunvirato, de Matanzas, contra los esclavistas españoles, siendo salvajemente asesinada, atado su cuerpo a caballos que tiraban de forma contraria, hasta descuartizarla.
El 10 de noviembre de 1975, cuando ya las tropas enemigas se preparaban para entrar al día siguiente a Luanda, se produce el combate de Quifangondo, donde fuerzas cubanas y de las FAPLA asestan una rotunda derrota a los agresores, salvando la integridad del país. Al día siguiente, 11 de noviembre, Agosthino Neto proclamaba la independencia y el nacimiento de la República Popular de Angola.
Por el Norte, las tropas agresoras retrocedieron luego de la derrota, pero quedaba la misión de establecer una línea de defensa contra las fuerzas sudafricanas y de la UNITA que avanzaban por el Sur. En esa tarea, el 10 de diciembre del mismo año, caía el jefe de la Misión Cubana, Raúl Díaz Argüelles, al ser alcanzado su vehículo por una mina antitanque.
La guerra fue dura y sin tregua. En el mes de marzo, unos 36 000 cubanos combatían junto a los angolanos para salvar su independencia. Hasta que el 27 de marzo de 1976, los últimos militares sudafricanos trascendían el río Cunene y se internaban en territorio de Namibia, país entonces dominado por el régimen del apartheid.
Sudáfrica había claudicado. La guerra parecía haber llegado a su fin. Cuba, de acuerdo con el gobierno angolano, se trazó el propósito de permanecer un tiempo más en ese país, con el objetivo de ayudar a consolidar la independencia y preparar las fuerzas angolanas encargadas de hacerlo.
Pero las potencias agresoras no se dieron por vencidas y reorganizaron la lucha que costó largos años de sacrificio altruista. Vendrían nuevas epopeyas gloriosas, entre éstas la decisiva de Cuito Cuanavale. Sudáfrica otra vez derrotada, la independencia de Angola había sido preservada, la de Namibia se había alcanzado, y el apartheid quedaba definitivamente destrozado.
La Operación Carlota, proseguiría, hasta el 25 de mayo de 1991. Ya desde 1976, el hoy General de Ejército Raúl Castro había dicho que “De Angola nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.
Así, el 7 de diciembre de 1989, fueron traídos a la Patria, cargados en hombros del pueblo y sepultados en la tierra que honraron, los restos de los cubanos caídos en esa y otras misiones internacionalistas.
Una información del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, publicada en el periódico Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, ofrecía detalles sobre quienes ofrendaron su vida en misiones militares y civiles en la República Popular de Angola, Etiopía y otros países.
Los datos, tomados de esa información, merecen recordarse hoy.
En Angola ofrendaron su vida 2 016 hermanos nuestros, de ellos 787 en acciones combativas, 524 por enfermedades y 705 por accidentes; en Etiopía murieron 160: 39 en combates, 46 por enfermedades y 75 en accidentes. En otros países, los fallecidos fueron 113, correspondiendo 37 a los caídos en combate, 27 por enfermedades y 49 por accidentes.
Del total de 2 289 cubanos que con su sangre y su vida suscribieron la gloria y la victoria en Angola y otros países, 2 085 cumplían misiones militares y 204 estaban en tareas civiles. Ellos formaron parte de los más de 400 000 cubanos que durante esos años marcharon a otros pueblos hermanos, como combatientes y colaboradores.
La sangre de la esclava Carlota, se había unido en la historia a la de los cubanos que de ella heredaron la rebeldía y la convirtieron en arma para su libertad y en sentimiento solidario con otros pueblos del mundo.
Con sobradas razones, expresaría Raúl al término de la Operación Carlota: “La gloria y el mérito supremo pertenecen al pueblo cubano, protagonista verdadero de esa epopeya que corresponderá a la historia aquilatar en su más profunda y perdurable trascendencia”

 

José Martí: Pensar es prever

.Orlando Guevara Núñez

Cuando José Martí vertió ese pensamiento, estaba hablando sobre los peligros que amenazaban a la unidad de los pueblos de América Latina  El trabajo periodístico fue publicado en el diario La América, de Nueva York, en octubre de 1883, con el título: Agrupamiento de los pueblos de América.

Comienza  lamentando cómo “¡Tan  enamorados que andamos de pueblos que tienen poca liga y ningún parentesco con los nuestros, y tan desatendidos que dejamos otros países que viven  de nuestra misma alma, y no serán jamás- aunque  acá o allá asome un Judas la cabeza- más que una gran nación espiritual!”

Habla sobre  la admiración a la grandeza ajena, con cuño de Francia o Norteamérica, a las ideas e historia de otros Estados con otras ideas y otra historia, con lo cual se pierden las fuerzas para que nuestros pueblos se presenten ante el mundo que los ven desmoronados.

Expresa Martí el anhelo de poner” alma a alma y mano a mano” a los pueblos de América Latina. Y habla sobre “colosales peligros” que es necesario evitar, y veía fácil y brillante hacerlo, y lograr el agrupamiento de una familia de pueblos americanos.

Cuando afirma que pensar es prever, añade que es necesario ir acercando lo que ha de acabar por estar junto. Alerta sobre la realidad de que a no ser así, crecerán odios, no existirá defensa ante los peligros y se vivirá en perpetua batalla entre hermanos   por apetito de tierras.

Afirma que no existen en América del Sur y del Centro, razones como en Europa y Asia para combates entre razas rivales. ¡Guerras horribles, las guerras  de avaros!, exclama.

 

viernes, 6 de noviembre de 2026

 

José Martí: El sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva

 

.Orlando Guevara Núñez

Cuando José Martí expresó este pensamiento estaba tratando un tema para él esencial: las intenciones de los Estados Unidos de anexarse a Cuba. Fue en una carta a su amigo y patriota Gonzalo de Quesada, firmada el 29 de octubre de 1889, en Nueva York.

Con visión de presente y de futuro, está alertando Martí a Quesada, quien había sido nombrado Secretario del delegado de Argentina a la Conferencia Internacional Americana, en Washington, iniciada  el 2 de octubre de ese mismo año, sobre los peligros que se vislumbraban.

Le habla sobre “el peligro en que está usted, de que, con el pretexto de amistad, se le acerquen personas interesadas que quieran valerse de la posición de confianza de que goza, cerca de una delegación importante a la que con la astucia se quisiera deslumbrar, o confundir, o convertir, o traer a la estimación de personas que llevan el veneno donde no se les ve. Lo han de querer usar, descaradamente unos, y otros sin que usted lo sienta”.

Lo alerta sobre la habilidad de los hombres decididos a intrigar y necesitados de servir, y le dice que es necesario ser hábil y honrado, contra los que son hábiles, y no honrados.

Le comenta que “hay marea alta en todas estas cosas de anexión”, y sobre una presunta visita a La Habana del Secretario de Estado del gobierno de Estados Unidos, a favor de la anexión, respecto a la que él mismo ha recibido comunicación. En ese contexto, Martí considera peligroso, o por lo menos inútil, el  mencionado  Congreso Internacional.

Fue posición de Martí la inconveniencia de que el tema Cuba fuera llevado a ese evento, en el que la parte principal la tendrían los Estados Unidos. Sin embargo, dice que comprendió inevitable incluir allí esa agenda, buscando siempre el modo más útil, puntualizando que “para mí no lo es ninguno que no le garantice a cuba su absoluta independencia”.

Afirma que para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Dijo que eso espera este país  y a eso debemos oponernos nosotros. Plantea su oposición a que Estados Unidos pretenda la libertad cubana de España, siendo una nación que por razones geográficas, de estrategia, hacienda y política nos necesita.

Se refiere a los propósitos confesos o tácitos de los Estados Unidos sobre Cuba y expone  tres  interrogantes: La indemnización, ¿quién la había de garantizar, sino la única nación americana que puede hacerla efectiva?  Una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?  Y ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera no del pueblo que es, propio y capaz, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas?

Las respuestas, el propio Martí las ofrece en su carta a Gonzalo: “Base más segura quiero para mi pueblo. Ese plan, en sus resultados, sería un modo directo de anexión. Y su simple presentación lo es. Es cuando afirma que el sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva. Y argumenta que es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, y la existencia de Cuba independiente, sin la pérdida, o una transformación que es como la pérdida de nuestra nacionalidad

jueves, 5 de noviembre de 2026

 

Cuba ante la derrota de Trump

. Orlando Guevara Núñez

El triunfo electoral de los demócratas en Estados Unidos no es seguridad de que ese gobierno cambie radicalmente su política  hacia Cuba. Una vez dije- y ahora lo repito- que respecto a la Revolución, desde Eisenhower  hasta Trump, demócratas y republicanos han sido los mismos perros con los mismos collares, que algunos han ladrado menos, pero han mordido igual.

Cierto es que Trump ha sido el más brutal, el más cínico, el más criminal, el más embustero; y que al perder ahora parte de su poder, le será más difícil concretar sus medidas anticubanas, incluyendo la intervención armada; pero ya ha anunciado poseer el poder del veto cuando lo estime necesario para imponer su voluntad, cuestión que, a nuestro juicio, provocaría  un enfrentamiento interno del cual puede derivarse otra derrota para él.

Pero de locos y criminales puede esperarse cualquier disparate. Por ahora, ahí están intactas las leyes Torricelli, Helms-Burton, el arreciamiento del bloqueo, las amenazas y las intenciones de destruir a nuestra Revolución y tomar a nuestro país como un apéndice yanqui.

Eso implica, en primer lugar, nuestro deber de no descuidar ni un átomo la preparación para la defensa, reforzar nuestra unidad ,  cumplir con rigor las medidas económico sociales puestas en marcha y no ceder un solo paso en el propósito de preservar el socialismo como sistema social, con el esfuerzo propio.

Cuba, como ha sido siempre, mantendrá su disposición al diálogo con Estados Unidos, pero sobre la base de la igualdad y el respeto a nuestra soberanía, porque los principios, como nos enseño Fidel, no son negociables