sábado, 4 de julio de 2026

 

Estados Unidos, antes de su
Independencia, habló de anexarse a Cuba
.Orlando Guevara Núñez
En un trabajo anterior expresé que: “ Los gobiernos de los Estados Unidos han actuado contra la independencia de Cuba mucho antes del triunfo de la Revolución. Ha sido una criminal política de siglos”.
Sí, política de siglos. Vale explicar que en 1767, nueve años antes de lograr su independencia, uno de sus ideólogos. Benjamín Franklin, defendió la idea, de tomar a Cuba y México. Desde allá a acá, han transcurrido 259 años. faltaban 192 años para que naciera la Revolución cubana.
Y esa política agresiva no ha cesado nunca, no solo contra Cuba, pues desde fecha temprana incluyó a Canadá, Nueva Escocia y otros territorios, bajo el escudo de los llamados Destino Manifiesto y Derecho Natural. Así, las trece colonias que ganaron su independencia de Inglaterra, nacieron amenazando la independencia de otros estados. Se plantearon apoderarse de las islas del Caribe y, en 1805 se trazaron que en caso de una guerra frente a Inglaterra, tomarían a Cuba. Y en 1873 ratificaron su interés en anexarse a nuestro país. A partir de 1845, despojaron a México de un extenso territorio.
Los principios proclamados en la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, fueron traicionados desde el inicio. En ellos se afirmaba que:
“Sostenemos como evidentes estas verdades : que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos que derivan sus poderes del consentimiento de los gobernados, que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad’
Si hoy el pueblo de los Estados Unidos gozara de esas facultades, el gobierno de Trump iría a parar al basurero de la historia.
El creador de la teoría del socialismo científico, Carlos Marx, afirmaría sobre este tema:
‘El interés de los esclavistas sirvió de estrella polar a la política de los Estados Unidos tanto en lo exterior como en lo interno. Buchanan, en realidad, había comprado el puesto de Presidente mediante la publicación del Manifiesto de Ostende, con el cual la adquisición de Cuba, sea mediante el hurto o la fuerza de las armas se proclamó como la gran tarea de la política nacional’. Buchanan fue presidente de Estados Unidos entre 1857-1861.
En 1869, constituida la República en Armas de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes denunció las intenciones norteamericanas de apoderarse de Cuba. “En mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de cuba sin complicaciones peligrosas para su nación, este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados”.
El presidente yanqui había recibido una carta suya, pero no la contestó, se negó a reconocer la beligerancia cubana y prestó ayuda política y militar a España. Con dignidad y entereza, Céspedes retiro de Estados Unidos la representación cubana de la República en Armas.
Y no se equivocó el Padre de la Patria cubana. Intensa, audaz e inteligente fue la obra martiana en la denuncia de la voracidad norteamericana para anexarse a Cuba y avasallar a las demás naciones de América. ¨Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David¨ Sentencia con permanente fuerza de presencia.
En 1899, logró Estados Unidos su perverso propósito. Y cuando ya los patriotas cubanos alzados en armas tenían a España al borde de la derrota, sin fuerza política, militar ni económica, ni moral de lucha, intervinieron en Cuba, hecho calificado por Vladimir Ilich Lenin como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad.
El 1ro. de enero de ese año, un gobernador yanqui fue nombrado como máxima autoridad en un país que había luchado durante 30 años por su independencia. Y aquí estuvieron hasta dejar instaurada en Cuba la estranguladora Enmienda Platt, que ataba al país a los designios yanquis. O lo que es lo mismo: hasta pasar de colonia de España a neocolonia de los Estados Unidos.
El propio representante de la potencia interventora, Leonardo Wood, dejó para la historia su valoración sobre la injerencia intervencionista.
“Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt (…) todo lo cual es evidente que está en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos y como tal es acreedora a nuestra consideración. Con el control que sin duda se convertirá pronto en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. Creo que es una adquisición muy deseable para los Estados Unidos. La Isla se norteamericanizará gradualmente y a su debido tiempo contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo”.
Mediante esa enmienda, impuesta como condición para el cese de la intervención militar, surgió la ilegal Base Naval de Guantánamo, Estados Unidos podía intervenir en Cuba cuando lo estimara y Cuba no podía hacer pactos con otras naciones
Así, Estados Unidos se autonombró vencedor en una guerra en la que no había participado y libertador de un pueblo al cual le robó la libertad.
La historia tiene a veces coincidencias de relevancia. Y he aquí una: el 1ro. de enero de 1959, exactamente 60 años después de aquella afrenta, triunfó la Revolución cubana, que rompió para siempre el dominio imperial norteamericano sobre Cuba.
Comenzaría entonces otra larga lucha del pueblo cubano contra un imperio brutal que sigue soñando con someterla. Solo que hoy mantenemos viva la enseñanza fidelista de que nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie. Y vivo está el mandato de Raúl de que frente a ese enemigo, el de siempre, no habrá nunca ni conciliación, ni rendición, ni derrota

viernes, 3 de julio de 2026

 

 José Martí contra la anexión de Cuba al imperio yanqui ( 3 )

 

Orlando Guevara Núñez

 

“Hay marea alta en todas estas cosas de  anexión”, escribe José Martí a su amigo Gonzalo de Quesada, el 29 de octubre de 1889. Se estaba refiriendo a la Conferencia Internacional Americana, que se había iniciado en Washington, el día 2 de ese propio mes.

Está alertando a su amigo, quien formaría parte de la Delegación de Argentina a ese evento, sobre las posibles intenciones de que se acercaran a él personas insanas “que llevan el veneno donde no se les ve” y “lo han de querer usar, descaradamente unos, y otros sin que usted lo sienta”. Está visiblemente preocupado por las consecuencias de esa conferencia para Cuba y para América.

Con toda claridad le aconseja: “No hay encaje más fino que el que labran los hombres decididos a intrigar, o necesitados de servir. Es necesario ser hábil y honrado, contra los que son hábiles, y no honrados”.  Denuncia como incierta una versión sobre la autoría suya de una correspondencia al Secretario de Estado de los Estados Unidos, aparentando negociación en lo relacionado con la anexión de Cuba a ese país.

Expresa su criterio de que del citado evento “nada práctico puede salir, a no ser lo que convenga a los intereses norteamericanos, que no son, por contado, los nuestros”.  “Creo, es redondo, peligroso para nuestra América o por lo menos inútil, el Congreso Internacional.  Opina que para Cuba lo positivo que puede tener es que los pueblos de América puedan compeler a los Estados Unidos y reconozcan el derecho de la Isla a ser independiente.

Deja claro que para Cuba lo único válido es la garantía de su verdadera independencia. Y apunta un peligro vigente: “Para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Eso espera este país, y a eso debemos oponernos nosotros”.

Reafirma su criterio de que si Estados Unidos paga indemnización a España, eso favorecería sus propósitos de poseer a la Isla. Y plantea las siguientes interrogantes: “Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?  Ni ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a nuestra manera, no del pueblo que es, propio y capaz, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas?  Base más segura quiero para mi pueblo”.

Opina que el sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva. Y agrega que es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, sin la pérdida o transformación de nuestra nacionalidad.

Hay otra carta de Martí a Gonzalo de Quesada sobre el mismo tema del  pretendido  anexionismo de Cuba a los Estados Unidos. Pero será tratada en el espacio siguiente.

jueves, 2 de julio de 2026

 

José Martí contra la anexión de Cuba al imperio yanqui (2)

 .Orlando Guevara Núñez

 

“No es éste el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones sólo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia”.

Esta afirmación está contenida en un artículo escrito por Martí el 21 de marzo de 1889, titulado Vindicación de Cuba, publicado cuatro días después, en New York, por el periódico The Evenig Post, a cuyo director estuvo dirigido. Es una enérgica respuesta a un escrito aparecido en la publicación The Manufacturer, de Filadelfia bajo el título de ¿Queremos a Cuba? en el cual se analiza la posibilidad, ventajas y desventajas de esa anexión, y se vierten las más groseras ofensas hacia el pueblo cubano.

Por eso, con justa indignación, escribe Martí: “Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter”.

Reconoce que, por diversas causas, desearían ver a Cuba anexada a los Estados Unidos, pero no los que han peleado en la guerra, sufrido en el destierro, y otros muchos no desean esa anexión, ni la necesitan, porque admiran a esa nación, pero desconfían de los elementos funestos que “como gusanos en la sangre, han comenzado en esta República portentosa su obra de destrucción “. Es aquí donde expone otro pensamiento conocido: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”. Al contrario de lo que algunos piensan, Cutting no fue presidente de los Estados Unidos, sino un gánster muy conocido en ese país.

En el citado artículo, asegura Martí que “Los cubanos hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes para ser libres”. Analiza las adversidades presentes en esa lucha contra el colonialismo español y puntualiza, en clara alusión a los Estados Unidos, que “Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo”.

La convicción en la justeza, grandeza y confianza en las aspiraciones cubanas, las resume en pocas palabras: “La lucha no ha cesado. Los desterrados no quieren volver. La nueva generación es digna de sus padres. Centenares de hombres han muerto después de la guerra en el misterio de las prisiones. Solo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad”.

Como colofón de su artículo  señala la realidad de que los esfuerzos cubanos por la libertad se habrían renovado con éxito si no hubiese sido por “la esperanza poco viril  de los anexionistas, de obtener libertad sin pagarla a su precio,  y por el temor justo de otros, de que nuestros muertos, nuestras memorias sagradas, nuestras ruinas empapadas en sangre, no vinieran a ser más que el abono del suelo para el crecimiento de una planta extranjera, o la ocasión de una burla para The  Manufacturer de Filadelfia”.

Muchos combates le quedaban aún a Martí por delante en este tema de la pretensión de Estados Unidos de anexarse a Cuba.