Desenterrar mentiras no los librará del juicio de la Historia
26 de mayo de
2026
Redacción Radio
Rebelde
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Fiel a su dificultad
para articular reales palabras de paz, el imperialismo acaba de adentrarse en
un terreno que difícilmente conduzca al entendimiento con la nación cubana: la
amenaza directa a uno de sus símbolos. Como pasaba con Fidel, Raúl no es (solo)
Raúl; es, hoy, el rostro palpable de la Revolución, de modo que apuntar contra
él es, ni más ni menos, tirar al pecho del pueblo.
Hermano de su hermano,
amigo del Sur Global, tejedor de articulaciones de bienestar y paz, compatriota
de todos los suyos, pocas veces un individuo se metió tan adentro en las
entrañas de los cubanos, así que en apenas dos días, a Tribuna repleta y en
redes físicas y virtuales los cubanos le dijeron a Sam que por ahí no nos
entendemos.
Muy quebradas han de
andar las aspiraciones electorales republicanas, muy tajado el orgullo del
sistema tras los golpes en Irán, muy abochornada la autoestima del
establishment luego de las lecciones chinas, muy turbios los procesos
judiciales de alto perfil -cada vez más traspapelados-, muy menguada la
popularidad aún entre los suyos y muy grande la necesidad de reconciliarse con
el voto extremista de La Florida… para que la Casa Blanca busque en Cuba el
oxígeno que sus actos, y solo sus actos, le restan de cara al futuro.
Exhumando mentiras
contra Cuba el imperialismo no se librará del juicio de la Historia. Él es el
mayor culpable por juzgar, el fugitivo más famoso del mundo, que sigue matando
incluso en su huida.
Sobre el derribo
soberano de dos avionetas terroristas todo está documentado, en nuestros
archivos y en los de ellos, aunque es proverbial la capacidad que para ocultar,
manipular y tachar de negro los párrafos más sensibles tiene la Justicia
estadounidense.
Si es tan Blanca como
presume, la Casa que cobija al imperio ha de conservar la memoria de todas las
alertas de Cuba y aun de agencias estadounidenses sobre aquellas acciones de
descarada agresión. ¡Sean honestos de una buena vez!
Los periodistas
cubanos, que le hemos tenido simultáneamente como fuente de noticias y fuente
de inspiración y que en muchos casos conocemos de cerca al General de Ejército
y al hombre llano, hacemos saber que en torno a las amenazas contra Raúl Castro
somos objetivos, pero no imparciales. ¡Su suerte es la nuestra!
El imperialismo tiene
que saberlo: no se puede separar a Raúl de Cuba ni de los cubanos. Para
llevárselo, tendrían que buscar un helicóptero de once millones de asientos con
que no cuenta el Pentágono y alistar un portaaviones que arrastre, chorreando
caracoles aborígenes y yerbas africanas de mágico poder, 110 000 kilómetros
cuadrados de islas y cayos insurrectos. Aun haciéndolo, verían al cabo que los
cubanos terminaríamos acusándolos, no defendiéndonos.
A los periodistas
revolucionarios no nos sirve ahora otro género que no sea el editorial. Raúl
Castro, que vivió como un reo el juicio del Moncada, no tendría a estas
alturas, libre como es, que ser absuelto por la Historia. Viva en millones de
compatriotas, la Historia de Cuba hará más por él: sabrá defenderlo a tiempo.
Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)