lunes, 31 de agosto de 2026

 

José Martí: Nada hay tan imprudente como perturbar la paz en pueblo ajeno

.Orlando Guevara Núñez

He aquí la forma textual en la que Martí pronunció estas palabras: “Nada hay tan Imprudente como perturbar con propios rencores- ya que hay infortunados que los tengan- la paz en pueblo ajeno; nada hay más justo, en cambio, que dejar en punto de verdad las cosas de la historia, ya que en tanto que consigamos los hijos de Cuba nuestras libertades, la limpidez de nuestra historia y la bondad de los hombres son la única patria que tenemos”.

Está respondiendo Martí  a un trabajo publicado por el periódico  español La Colonia, en el cual se tergiversa un hecho considerado como histórico. Cuba había sido invitada a una procesión por  el Centenario de Nueva York, como agrupación política. Y al reseñarlo, Martí había afirmado que la bandera cubana había sido  saludada con entusiastas vítores en todo el curso del cortejo. Su respuesta fue publicada por la Revista Universal, de México, el 8 de septiembre de 1876.   Y  La Colonia lo niega.  

Afirma este órgano de prensa que los cubanos tienen establecida en Nueva York una sociedad benéfica y que  el  Comité americano invitó a todas las sociedades establecidas en el país, sin distinción alguna. Publica que es todo lo contrario de lo afirmado por Martí. Y asevera que si hubiesen sido los cubanos invitados como agrupación  política, el ministro español habría sabido pedir una explicación al gobierno americano.

En su réplica, el Apóstol cubano escribe que  “El ministro español es en este caso perfectamente inútil”. Y argumenta que  “La libertad obliga a la prudencia: los mutuos deberes al respeto: no es el país de las garantías una colonia en América, y el ministro español se habría limitado, esta como otras veces, a ejercer su derecho contemplando, como los demás lo ejercen, de la manera que en la procesión ondeaba la bandera de España cercana a la de Cuba, hecho innegable sobre el que el ministro español no ha reclamado”

Y argumenta: “Si como afirma La Colonia, los cubanos fueron invitados como sociedad Benéfica, ¿cómo llevaban, no un estandarte de beneficencia, sino la bandera de un pueblo que combate? Admitida la enseña, se admitía con ella al pueblo batallador que representa”.

Habla sobre los vítores recibidos por los cubanos en la procesión. Pero advierte ¿Que nos hacemos ilusiones? Ilusiones se hacen los que niegan a los hombres el hermoso derecho de conmoverse y admirar. Y aclara: “Np deduzco yo de los vítores que sean reconocidos por los Estados Unidos los derechos cubanos: tengo fe en que el martirio se impone, y en que lo heroico vence. Ni esperamos su reconocimiento, ni lo necesitamos para vencer”.

Pero reconoce: “Sé por mi parte que invitar como agrupación política, no es lo mismo que como a nación; pero es fuerza convenir que implica amor y respeto al pueblo cubano el deseo de que como pueblo figure en la fiesta de la independencia americana”.

Analizando el contenido de los vítores a los cubanos, Martí señala  que si los gobiernos se hacen egoístas, y los pueblos ricos se apegan a su riqueza y obran como avaros viejos, la humanidad es en cambio perpetuamente joven. El entusiasmo no ha tenido nunca canas, puntualiza. Agrega otras palabras de gran valía: “Podrán los gobiernos desconocernos: los pueblos tendrán siempre que amarnos y admirarnos”.

“Las cosas patrias están siempre rebozando en el alma, y hablan demasiado cuando comienzan a hablar”.  Y ante la despectiva palabra de banderita, con la que La Colonia se refiere a nuestra Enseña Nacional, Martí responde: “No banderita; ¡bandera!   No pueblo imbécil que soporta un yugo más imbécil que él; pueblo altísimo que impone a los valientes, amigos o enemigos, respeto, amor y asombro. Y el tema de la bandera lo enardece: “Dignísima bandera que cobija a un pueblo que cuenta siete años de grandeza; que tiene héroes activos y mártires errantes; a la que sobran brazos que la empuñen; que para ser más respetada es más infortunada; que para durar más tiempo tarda más tiempo en desplegarse. Honrar honra”.

Por  último, afirma Martí: “La justicia no menoscaba el valor; antes lo enaltece. Admirar lo admirable  no quita mérito a la defensa de una causa. Negar lo cierto, no la hace más justa”.

sábado, 29 de agosto de 2026

 

 

José Martí: Sobre la libertad

.Orlando Guevara Núñez

El concepto sobre la libertad fue una constante en el pensamiento del Apóstol de la independencia cubana. Constituyó el sentido de su vida. Por ella luchó hasta su último aliento. La defendió en sus discursos, en cartas, en artículos periodísticos, en su poesía. En todos los escenarios posibles.

“La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”. (...)  ¡Y no sé si vale la pena de vivir, después de que el país donde se nació  decida darse un amo!

Para él, esa condición era el todo de un pueblo. Y hay un concepto de excepcional profundidad que vale estudiar por su vigencia para Cuba y para todos los pueblos. Helo aquí: “No estriba el amor patrio en afianzar  la libertad: estriba en labrar un pueblo en que la libertad se afiance”. Es eso, precisamente, lo que ha hecho la Revolución, bajo la certera dirección de Fidel, de Raúl y el resto de la dirección cubana.

Denunció aspectos que en relación con la libertad no eran reales ni nobles. “El hombre de pecho libre niega su corazón a la libertad egoísta y conquistadora”.  Y aludiendo a la España colonial: “La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente manchada de sangre”. Y otra más: “Cambiar de dueño no es ser libre”.

Vertió Martí el criterio de que: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, pensar y hablar sin hipocresía” y que: “El ejercicio de la libertad fortifica: el cultivo de la inteligencia, ennoblece”. Además, “Solo la libertad trae consigo la paz y la riqueza”. “Y Cuba debe ser libre, de España y de los Estados Unidos”

Consideró necesario requisitos así expresados: “La libertad  ha de ser práctica constante para que no degenere en una formula banal”. (…)  Dijo  que “ la libertad no muere jamás de las heridas que recibe. El puñal que la hiere lleva a sus venas nueva sangre”.

“Muramos los unos- dijo – y prepárense, los que no tengan el derecho de morir,  a poner el arma al brazo de los soldados nuevos de nuestra libertad. De pie, como en el borde de una tumba, renovemos el juramento de los héroes”.

Encontré un pensamiento martiano muy interesante, relacionado con los ricos que se sumaron a la lucha por la independencia cubana: “El servicio a la revolución de la libertad puede lavar la culpa de la riqueza acumulada con el fruto de la esclavitud”.

Otra concepción martiana –citada por Fidel en su alegato ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del 26 de Julio de 1953, expone su criterio sobre la libertad: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Estos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro.”

Otras dos aspiraciones martianas sobre la libertad fueron cumplidos plenamente por la Revolución cubana: “¡Para un pueblo esclavo no hay más año nuevo que el que se abra con la fuerza de su brazo por entre las filas de sus enemigos: el primer día de año nuevo será el primer combate por nuestra libertad!” (…)  “El primer afán de la libertad de Cuba sería, al día siguiente del triunfo, salir a sembrar trabajadores”.

Sentenció nuestro Apóstol que “La libertad no es placer propio: es deber extenderla a los demás y que: el esclavo desdora al dueño: da vergüenza ser dueño de otro”. Precisó otro principio:  “Los labios se nos manchan diciendo que hay hombres dueños de otros hombres, y que “De hombres de sacrificio necesita la libertad”

Expresó Martí que:  “Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el gozo del aire y de la luz”.

Solo estudiando la vida y la obra de José Martí, pudiera conocerse su amplia labor en pro de la libertad de Cuba, de América y de la humanidad. Siempre en contra de la esclavitud, por él considerada como la gran pena del mundo. Vale, sin embargo, esta reducida selección de sus pensamientos, como homenaje sincero en el aniversario 130 de su caída en combate, Tenemos los cubanos el honor de haber cumplido un mandato  martiano: “Un pueblo libre y justo es el único homenaje propio de  los que mueren por él”.

Este otro pronunciamiento lo escribió Martí en ocasión de inaugurarse, en Estados Unidos, la Estatua de la Libertad, donada por Francia:

“Terrible es, libertad, hablar de ti para el que no te tiene”.  Y otros de sus razonamientos sobre la libertad: “Una fiera vencida por el domador no dobla la rodilla con más ira. Se conoce la hondura del infierno, y se mira desde ella, en su arrogancia de sol, al hombre vivo. Se muerde el aire, como muerde una hiena el hierro de su jaula. Se retuerce el espíritu en el cuerpo como un envenenado. Del fango de las calles quisiera hacerse el miserable que vive sin libertad la vestidura que le asienta. Los que no te tienen no deben hablar de ti, sino conquistarte”.

 

martes, 25 de agosto de 2026

 

Razones para un Moncada:

El problema de la salud del pueblo

 

.Orlando Guevara Núñez

El abandono sanitario del pueblo cubano, con particular ensañamiento en los campos, fue una de las razones expuestas por el joven revolucionario Fidel Castro ante el tribunal que los juzgaba por los hechos del 26 de julio de 1953, para justificar la rebelión contra la dictadura impuesta al país el 10 de marzo de 1952, mediante un golpe de estado.

Su denuncia fue contundente. “La sociedad se conmueve ante la noticia del secuestro o el asesinato de una criatura, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta de recursos, agonizando entre los estertores del dolor y cuyos ojos inocentes, ya en ellos el brillo de la muerte, parecen mirar hacia lo infinito como pidiendo perdón para el egoísmo humano y que no caiga sobre los hombres la maldición de Dios (…) El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siendo igual, o peor”.

El presupuesto asignado a la salud  era realmente una vergüenza. Unos 25 millones de pesos, de los cuales políticos y funcionarios corrompidos se robaban gran parte, era lo que el gobierno destinaba a la salud del pueblo. La mayoría de esos recursos se concentraban en la capital, cuya población representando el 22 por ciento del total del país, contaba con el 61 por ciento de las camas.

En la zona oriental la situación era más trágica. La Región Oriente Sur de Salud Pública, que abarcaba las actuales provincias de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, contaba con un presupuesto de sólo 1 300 000 pesos. Hoy sólo Santiago de Cuba sobrepasa  con creces esa cifra.

La mortalidad infantil cubana superaba la tasa de 60 por cada mil nacidos vivos, aún cuando muchos niños no eran siquiera registrados en su nacimiento por residir en lugares rurales donde la asistencia médica no llegó nunca durante la etapa pre revolucionaria.

Miles de niños y adultos morían cada año víctimas de enfermedades curables. Por la poliomielitis fallecían anualmente o quedaban inválidas unas 300 personas; el paludismo atacaba a unas 3 000; de la difteria eran presa unos 600 niños, mientras que la gastroenteritis causaba estragos en la propia ciudad de Santiago de Cuba. Incluso en 1957, se conoce el doloroso episodio del Valle de Mayarí Arriba, zona rural donde ese año murió el 80 por ciento de los niños menores de un año, como consecuencia de esa enfermedad.

En el propio año 1953, una epidemia de gastroenteritis mataba dos niños cada día en Santiago de Cuba. Las autoridades achacaron la enfermedad a la mala calidad del agua y los alimentos, pidieron apoyo al país, y como respuesta recibieron unas pocas camas y cuatro cajas de medicamentos, lo que ni siquiera contribuyó a aliviar el mal.

La tuberculosis, el tétanos y otras enfermedades infecciosas, sembraban también la muerte en muchos hogares cubanos, principalmente los pobres.

Ese derecho humano, el de la vida, estaba garantizado sólo para unos pocos que podían pagarlo. El hambre, la desnutrición y falta de trabajo preventivo, agravaban la situación.

La salud era un negocio privado. Y la medicina, una mercancía. El 70 por ciento del mercado de medicamentos estaba en manos de empresas norteamericanas y la población tenía que adquirirlos mediante precios que multiplicaban su costo. El servicio médico rural no existía. El país contaba con unos 6 000 médicos, la mayoría en la capital cubana y otras grandes ciudades, mientras que gran parte de ellos ejercía la medicina privada. Las 131 casas de socorro existentes en el país, eran realmente una grotesca caricatura de atención sanitaria, y una gran mayoría de quienes recibían asistencia médica, se quedaban con las recetas en los bolsillos, al no poder comprarlas por falta de recursos. La atención estomatológica era ínfima. Una intervención quirúrgica era un lujo que pocos podían satisfacer. Eso explica que, en esa época, la expectativa de vida de la población anduviera por los 55 años.

La Salud del pueblo, en correspondencia con el Programa del Moncada, fue una de las principales transformaciones encaradas por la Revolución desde sus primeros pasos, enfrentando no sólo las pésimas condiciones existentes, sino las impuestas por la contrarrevolución y los gobiernos norteamericanos.

De los 6 000  médicos existentes, unos 3 000 abandonaron el país; pero Cuba ha formado, en estos años de Revolución,  para sí y otros países, más de 100 000 médicos y una diversidad grande de profesionales que garantizan la atención gratis y cada vez de mayor calidad a toda la población, sin excepción de ningún tipo.

La medicina privada fue erradicada, así como la comercialización privada de los medicamentos. El sistema de salud cubano eliminó el vergonzoso status que convertía al paciente en un cliente y a la medicina en una mercancía.

El Estado cubano invierte hoy en la salud una cifra que no resiste comparación con la de esos años de antes de 1959.

En los más apartados parajes de nuestra geografía, existen los Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, que abarcan a toda la población.

Desde 1962 comenzó una campaña de vacunación para toda la población infantil. Y enfermedades como la poliomielitis, el paludismo, la difteria, gastroenteritis y otras infecciosas que causaban miles de muertes, fueron erradicadas desde los primeros años. Hoy, el programa de vacunación protege a la población infantil contra 13 enfermedades.

La mortalidad infantil tuvo en Cuba una tasa inferior a 5 por cada mil nacidos vivos, (antes de la pandemia) con resultados grandes también en las tasas de mortalidad preescolar, escolar y materna, mientras que la expectativa de vida ronda los  78 años.

Una red de hospitales, Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, Policlínicos, Hogares Maternos y de Ancianos, Centros Especializados y de Investigación, sostienen un sistema que cuenta con  Universidades Médicas en 13  provincias,  de donde cada año egresan miles de profesionales en las carreras de medicina, enfermería, estomatología, y psicología y tecnología de la salud.

Cuba, además, comparte su obra de la salud con decenas de pueblos, principalmente los más pobres, tanto con el envío de personal calificado que ha atendido a millones de personas y salvado millones de vidas, como  la formación gratuita de profesionales en nuestro país.

El equipamiento tecnológico más moderno, a un alto costo en divisas, es adquirido para nuestras instituciones de asistencia, docencia e investigaciones, todo en aras de la salud del pueblo.

El sistema cubano de salud, prioriza el nivel primario de atención, la prevención, la educación de la población, la búsqueda para la detección precoz de las enfermedades y su tratamiento oportuno, al tiempo que alerta sobre los malos hábitos de alimentación y otros que conspiran contra la salud.

Cuba se encuentra entre los primeros países del mundo donde la población vive más años después de haber cumplido los 60 de edad.

En Santiago de Cuba, escenario del combate del 26 de Julio, lugar donde Fidel Castro, el 16 de octubre de 1953 proclamó su alegato La historia me absolverá.

No hay país del mundo con más médicos por habitantes que Cuba. Pero no es sólo la cantidad, sino que todos, sin excepción, están al servicio del pueblo. La crítica situación de la salud, inspiró el combate del Moncada; ahora la salud en Cuba es una muestra de  que los sueños de ayer, son la realidad conquistada durante más de  medio siglo de lucha.