jueves, 26 de junio de 2025

 

Hacia el 510 aniversario de Santiago de Cuba

Haydée Santamaría Cuadrado, la heroína sobre la ciudad  heroica

Haydée Santamaría Cuadrado estuvo muy ligada a la lucha revolucionaria desde Santiago. Heroína del Moncada, combatiente clandestina  e integrante del Estado Mayor de Frank País durante el Levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956. Conoció muy de cerca la solidaridad del pueblo santiaguero.

En 1963, en un conversatorio publicado por el periódico Hoy, reproducido en el diario Granma el 29 de noviembre de  2006, afirmó:

“Transcurrían los primeros días de noviembre. Días antes, en una reunión con Frank País, habíamos acordado reunirnos con él en Santiago de Cuba. Durante esta conversación, después de analizar la situación, decidimos que donde único podíamos hacer algo efectivo era en Santiago”.

“Se podía  actuar en Santiago, se recibía una gran  cooperación”.

. En  el libro Una Revolución que comienza, de la Editorial Oriente, la heroína revive sus memorias sobre Santiago de Cuba. (pág  29, 30 y 32)

 (…)  Y oigo la voz de Frank que empieza a gritar : ¡Médico! ¡Médico!, que era como le decíamos clandestinamente (se refiere a Faustino Pérez,  expedicionario del Granma, cuando bajó de la Sierra Maestra). Todo esto en mitad de la cuadra. Y yo hago así, miro a un lado y a otro, todo el mundo asomado a las ventanas, por las puertas…” “Cuando entramos a casa de Vilma, recuerdo que Faustino mismo nos dice:

´Bueno, esto no es la Sierra Maestra, si alguien viene ahora a agarrarnos aquí, ¿qué pasa?´ Pero no pasaron ni diez minutos y la gente aquella de la cuadra de San Jerónimo empieza a mandarnos papelitos: “Pasó una patrulla. Tengan cuidado”  ¨Por las cercanías se vio un yipe del Ejército. Cuídense^. En fin, se preocupaban, y nos protegían; ´Si necesitan algo, avisen´. La cuadra entera cuidándonos”.

“La reacción que tuvieron los santiagueros el 30 de noviembre fue tan grandiosa, tan alentadora, que  ese fue uno de los días que más feliz me sentí de haber salido con vida del Moncada. Porque vivir esa solidaridad fue algo que nunca podré olvidar. ¡Cuántas veces Armando y yo lo recordamos”!

“Ya lo habíamos sentido Melba y yo cuando estuvimos en la cárcel. Ahora cuando el  mismo 30 de noviembre empezamos a conocer que familias y más familias dejaban abiertas las puertas de sus casas para ayudar a esconderse o escapar a gente que ni siquiera conocían, sacándolos por los tejados, ocultándolos, y que todo el que había empujado una puerta se había salvado, no había caído en manos de los esbirros… Las pocas bajas que tuvimos el 30 se debieron a eso, que si no, hubieran sido muchas más “(…)

“Muchos compañeros se salvaron gracias a aquellas puertas abiertas que dejaban las familias santiagueras. Cuántas veces, en otras oportunidades Armando y yo veníamos de una misión, o se daba un tiroteo, veíamos acercarse una patrulla, entrábamos en la primera casa y decíamos: ¿Qué tal?, pedíamos un poquito de agua, nos ofrecían café y cuando ya había pasado la patrulla: “Bueno, hasta luego, gracias”. Nadie preguntaba nada. Y no estoy hablando de gente que nos conociera, porque empujábamos la puerta más próxima. Cualquiera, no teníamos ni que tocar la puerta: ¿Tienen un poquito de agua?  “Cómo no, pasen, ¿quieren un poquito de café? Así como se los cuento. No puedo ni recordar cada una de las casas en que entramos, ni creo que ellos nos recuerden a cada uno de nosotros, porque seguro que en esos años acogieron a muchos otros compañeros. Claro, si una patrulla nos hubiera sorprendido y atacado en la calle, y tenemos que enfrentarnos a ella, no íbamos a meternos en una casa para resistir allí, arriesgando la vida de toda una familia”.

 

 

miércoles, 25 de junio de 2025

 

Hacia el aniversario 510 de  Santiago de Cuba

Una ciudad en el corazón de  un héroe

 

 “Aunque no nací en Santiago, es una tierra querida donde estuve dispuesto a dar la vida.

.Orlando Guevara Núñez

Juan Almeida Bosque  fue un ardiente admirador de Santiago de Cuba.  Más que admirarla, la amó. Con breves y   sentidas palabras, exteriorizó  ese sentimiento en varias ocasiones.

Durante una entrevista con este autor,  en ocasión del aniversario 40 del Moncada, expresaría:

“Aunque no nací en Santiago, es una tierra querida donde estuve dispuesto a dar la vida. Por los santiagueros y los orientales siento, además de cariño, respeto y admiración; y no es solo por las páginas que en la historia les corresponden desde 1953 hasta los días de hoy, también porque Oriente ha sido cuna de héroes y escenario de heroísmo y dignidad patria, como ahora lo es todo nuestro pueblo”.

En su libro ¡Atención! ¡Recuento! –página 13-  recordando su paso, como prisionero después del asalto al Moncada por el Paseo de Martí, Almeida apunta:” Por aquí, por esta misma avenida, según nos contaron, fueron llevados al cementerio Santa Ifigenia los restos de nuestros compañeros torturados y asesinados por los soldados de la tiranía, manchando con la sangre de tanto crimen aquel amanecer y los días que siguieron. Nos dijeron que sacaron  la caravana mortuoria con varios cientos de soldados armados y equipados fuertemente; y la policía motorizada ordenaba a la gente despejar las calles y cerrar las puertas y ventanas de las casas”.

“No obstante, no pudieron evitar que muchos vieran los dos camiones donde llevaban  apiladas las cajas de madera con los restos de nuestros compañeros. Eran cajas rústicas, endebles, mal hechas, y el peso de las de arriba rompió muchas de las de abajo, por lo que aquí asomaba una cabeza, allá una pierna, en otra colgaba una mano. El espectáculo era terrible. Los bárbaros oficiales, clases, soldados y policías, sepultaron los cadáveres en un sitio casi oculto del cementerio”.

“Empezaba el temor, el horror, y nacía el valor del pueblo contra la tiranía. Pronto aparecieron flores sobre la tumba donde habían sido enterrados los jóvenes combatientes, y en las paredes y muros letreros de “¡Asesinos! ¡Abajo la tiranía! ¡Que se vayan los que nos quitaron la libertad!” Aquí en esta ciudad eso fue un desafío al régimen ante tanta brutalidad, dolor y pena”.

“Esto crece- nos decían los que nos visitaban”.

En otra de sus obras  literarias La aurora de los héroes- página 32, refiriéndose a los hechos del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, señala Almeida:

“Fue admirable la posición vertical y el valor heroico de aquellos jóvenes frente al ejército, para desafiar a  un mayor  número de hombres, armas y medios, y lo hacían vestidos de verde olivo, con brazalete rojo y negro, identificándose así como el Ejército del Pueblo”.

“Los ojos curiosos de la gente vieron los movimientos de los jóvenes enfrentados a los soldados de la tiranía, tiros contra tiros. El pueblo, como lo hizo el 26 de Julio cuando los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, protegió y escondió a sus hijos, en peligro de muerte, poniéndolos a salvo”.

“No faltó la inspiración, el valor y el entusiasmo de la mujer en estas acciones, entre ellas Yeyé, María Antonia, Gloria Cuadras, Vilma, Asela y otras más que ponían su quehacer y amor a la causa revolucionaria”.

“Cayeron abatidos por la tiranía tres luchadores, valientes, cumplidores del deber, que desde los primeros momentos abrazaron la causa sagrada de la patria y el sacrificio por el pueblo. Se  destacó Casto Amador, el joven santiaguero que por estos hechos guardó prisión en el Reclusorio de Isla de Pinos hasta el triunfo revolucionario”.

Entre sus múltiples canciones, no faltó un lugar, ni una inspiración, para Santiago de Cuba:

A Santiago:

Mi Santiago,

tu Santiago,

nuestro Santiago,

un pedacito de Cuba es.

Las estrellas más brillantes en sus noches,

y de día más caliente sale el sol.

Sus mujeres son palmeras que se mueven

al conjuro de la brisa tropical.

Si te miran unos ojos, ten cuidado,

porque besan al mirar.

Si me dicen que estás triste,

no te creo.

Cuando quieras tu tristezas disipar,

ven conmigo a Santiago,

a mi Santiago,

nuestro Santiago,

en festival.

Un testimonio de José Camejo Acosta, combatiente y dirigente del Partido en esta provincia, quien durante muchos años trabajó  muy ligado a Almeida, refleja  una  afirmación del Comandante de la Revolución, en la cual queda plasmada su devoción por Santiago de Cuba:   “Yo soy como los santiagueros, que dan vueltas y vueltas y regresan a su Santiago”.

 

 

sábado, 14 de junio de 2025

 

Hacia el aniversario 510 de Santiago de Cuba

La tierra heroica valorada por el Che

.Orlando Guevara Núñez

El Che estuvo presente en Santiago de Cuba en las festividades por el 1ro. de Mayo en los tres años iniciales de la Revolución. El 1ro. de mayo de 1959, expresaría el Guerrillero Heroico:

“Hay una cosa que me ha impresionado mucho desde mi entrada a Santiago de Cuba y es la integración absoluta de todos los poderes revolucionarios: organismos obreros, campesinos, comisionados y jefe militar. Funcionan como un solo block, cosa que desgraciadamente no he visto en otras provincias y tampoco en La Habana. Debo felicitar al pueblo oriental por ser hoy también quien marca rumbos en la unidad, como fuera ayer el que marcara los rumbos del sacrificio en los días de la guerra”.

Los días 28, 29 y 30 de noviembre de 1964, el Che estuvo en Santiago de Cuba y habló en el acto conmemorativo del Alzamiento de esta ciudad.

“Las organizaciones del Movimiento habían recibido el anuncio de nuestra llegada y, encabezado por Frank País, y a la cabeza de toda la nación, los combatientes de Santiago escribieron aquella página heroica del 30 de noviembre, con la cual se pretendía crear un clima en el país que impidiera a las tropas de Batista marchar rápidamente a combatir nuestra columna invasora”.

“El resultado ustedes lo conocen; tras algunos éxitos parciales sucedió  aquel aplastamiento de la insurrección popular con su cortejo de muertos como siempre sucede”.

“Después, muchas veces, nosotros estábamos pensando en los peligros que corría la gente de la ciudad; pensábamos en lo difícil que era para un revolucionario tan conocido, mantenerse en la clandestinidad, condenado a muerte ya por los esbirros batistianos”.

“Y así, una noche del mes de julio, en los últimos días del mes de julio de 1957, militantes de  más de dos columnas del Ejército Rebelde, todos sus oficiales, enviaron una carta de agradecimiento a Frank País y a toda la ciudad de Santiago por su acción heroica, firme y sostenida en el mantenimiento de la lucha revolucionaria”.

“Pero esa carta ya no llegó a su destinatario porque Frank País también pagó con su vida la insurgencia contra la dictadura batistiana”.

 

“De aquí, muchas mujeres, que hoy están presentes, recuerdan en el día de hoy, sus hijos, sus maridos, sus padres, sus parientes más cercanos que desaparecieron en las mazmorras de la policía, aparecieron un día balaceados en las inmediaciones de Santiago, la noticia de cuya muerte llegó también a nuestro campo rebelde en la Sierra Maestra”.

“Esta ciudad se ganó plenamente el reconocimiento de todo el país. Oriente, que tradicionalmente había sido la cabeza de las luchas revolucionarias desde la época de Martí, Maceo y Máximo Gómez, aún antes, desde la época de Carlos Manuel de Céspedes, volvía a ponerse a la cabeza de la lucha contra la dictadura.

 Al conocer la caída del héroe de la lucha clandestina, diría el Che:  “De tal manera acababa una de las vidas más puras y gloriosas de la Revolución cubana,  y el pueblo de Santiago, de La Habana y de toda Cuba  se lanzaba a la calle en la huelga espontánea de agosto, caía en una censura total la semi censura del Gobierno e iniciábamos una nueva época expresada por el silencio de los cotorros pseudo oposicionistas y  y de los salvajes asesinatos cometidos por  batistianos en toda Cuba, que se ponía en pie de guerra”.

“Con Frank País perdimos uno de los más valiosos luchadores, pero la reacción contra su asesinato demostró que nuevas fuerzas se incorporaban a la lucha y que crecía el espíritu combativo del pueblo”