lunes, 29 de junio de 2026

 

José Martí: En virtudes y solo sobre la base de virtudes se alzan los pueblos respetables y nobles

.Orlando Guevara Núñez

A la nación francesa está dirigido este pensamiento martiano, continuado con otro juicio: “Ese París desventurado fatigose  de cantar las que tuvo, y ahora no le queda ya el pudor de mentir que las tiene”.  Este artículo, según consta en nota a su publicación en las Obras Completas, fue dado a conocer por la intelectual cubana Fina García Marruz, en La Habana, en 1970, bajo el título: Un artículo desconocido de José Martí.

Nuestro Apóstol  lo tituló Variedades de París. Y fue impreso en la Revista Universal, de México el 9 de marzo de 1875, firmando por ANÁGUAC, seudónimo utilizado por él.

“Yo dudo entre hacer una crónica fácil y ligera, o darme a pensar en esas agonías y decaimientos en que París se desenvuelve dentro de sus fecundísimas entrañas”. Así es el inicio del trabajo.

Y luego una confesión: “Yo no amo a París”. Se refiere a la conformación de esa ciudad, sus edificios, la tanta piedra, y hasta los colores.  Le dan la impresión – dice- de falsedad y de miserias ajenas. Y afirma que esos pensamientos lo lastiman porque “Yo creo absolutamente en la bondad de los hombres. Todavía creo yo en ellos a pesar del doloroso contacto con París, a pesar de su indiferencia ante sus vicios, a pesar de su placer en ellos, a pesar de ese Prometeo inmenso que acaricia y adora a su buitre”.

Léase este párrafo del artículo. Un retrato martiano sobre lo que observa: “Se llenan los teatros, los bellos e incómodos teatros de Paris; y allí ese pueblo ficticio más extranjero en su ciudad que los ávidos extranjeros que la visitan, ese pueblo de arena y de onda, huérfanos  con padres, madres sin hijos, pueblo sin patria y sin familia, aplauden más aquellas disecaciones espantosas, aquella lastimadora anatomía, aquella escenificación de las miserias en que en el día vive, y gusta por la noche todavía de verse prolongado y repetido. París no aplaude en los teatros  las obras que escucha. No tiene espacio para oírlas, porque con ellas se oyó en sí. No cuida de la forma, porque se siente palpitar en ellas. En el  lastimante  teatro francés, París se aplaude a sí mismo”.

Y apunta otra observación: “Teatro triste. Han agotado los elogios de virtudes que no tenían; solo encuentran placer ahora en la representación brillante de sus vicios”.

Como colofón,  advierte: “Yo comprendo que esto es una crónica rara, pero yo no puedo excusarme de amar más una reflexión que una noticia.

 

domingo, 28 de junio de 2026

 

José Martí: No hay más patria, cubanos, que aquella que se conquista con el propio esfuerzo

.Orlando Guevara Núñez

¡A Cuba! , tituló José Martí el artículo donde pronuncia este pensamiento. El trabajo fue publicado en el periódico Patria, el 27 de enero de 1884. Está relacionado  con los sucesos del Cayo, protesta de emigrados cubanos despojados de sus puestos de trabajo por un empresario, en complicidad con los gobiernos de España y de los Estados Unidos.

Analiza, en primer lugar, la contribución de los emigrados cubanos al desarrollo de esa ciudad, sus fábricas, sus  liceos, sociedades de arte y de recreo,  “Aquellos hogares donde se ve apenas la pobreza, por el mucho espacio que ocupa la virtud”.  El lugar donde “en manos de los yanquis no hubo más que arenal y bohío”.

Muchos cubanos perdieron sus empleos. Y  fueron llevados obreros españoles de la propia Cuba para reemplazarlos. Y Martí analiza  el odio del gobierno norteamericano hacia los emigrados cubanos en El Cayo. En este lugar  se inventó la mentira de que 19 cubanos habían armado una conspiración para impedir la llegada de los obreros españoles. Dos cubanos fueron  juzgados y absueltos por falta de pruebas. No podrían encontrarlas, porque no existían.

Martí plantea las siguientes interrogantes: ¿A qué, tiranía de España, te abandonamos, si hemos de encontrar en una república americana todos tus horrores? ¿Por qué tuvimos amor y confianza en esta tierra inhumana y desagradecida?  Es el momento que dice: “No hay más patria, cubanos, que aquella que se conquista con el propio esfuerzo”.

 

Comenta que “es de sangre la mar extranjera. Y  afirma que  nadie ama ni perdona, sino nuestro país, y que el único suelo firme en el universo, es el suelo en que se nació.

A los cubanos les habla del camino necesario: “O valientes o errantes. O nos esforzamos de una vez, o vagaremos echados por el mundo, de un pueblo en otro”.  Y les asegura que  no hay hombre sin patria, ni patria sin  libertad.

Y termina  con una exhortación: ¡Otra vez, cubanos, con la casa a la espalda, con los muertos abandonados, andando sobre la mar!  Cubanos, ¡A Cuba!

sábado, 27 de junio de 2026

 

José Martí: El caudal de los pueblos son sus héroes

.Orlando Guevara Núñez

Extenso escrito de Martí, con un tema central: la muerte del presidente de los Estados Unidos, James A. Garfield, fallecido el 19 de septiembre de 1881, víctima de un asesinato. El trabajo periodístico está fechado el 1ro. de octubre de ese año, y publicado en  La Opinión Nacional,  de Caracas, 18 días después.

Describe la conmoción nacional – y más allá- de la muerte de este mandatario, sobre quien escribió en disímiles oportunidades. Y afirma que “A este hombre lo ha matado un elemento oculto, que obra poderosamente contra las fuerzas de construcción, entre las fuerzas de destrucción de la humanidad: un elemento rencoroso, inteligente  e implacable: el odio a la virtud”.

Se estaba refiriendo, evidentemente, no al hombre que ejecutó el atentado, ya en prisión, sino  a los intereses que estaban detrás del crimen.

Habla sobre la generosidad y honestidad del presidente asesinado. Dice que un mártir es como un padre y como hermano de los hombres en cuyo beneficio muere. Y que así están todos en esa nación, como si hubiesen perdido a su padre o a su hermano.

En hermosa metáfora, apunta Martí, después de expresar que el caudal de los pueblos son sus héroes, que “Los hombres son pequeños maguas que chocan y  se quiebran, y de los vasos rotos surge esencia de amor que alienta al vivo”.

Y el párrafo final encierra una verdad palpable: “La tierra es una lid tempestuosa, en que los hombres, como ápices de brillantes y chispas fúlgidas, saltan, revolotean, lucen y perecen; la tierra es un mortal combate cuerpo a cuerpo, ira a ira, diente a diente, entre la ley del amor y la ley del odio