jueves, 26 de marzo de 2020

Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá


.Orlando Guevara Núñez


En un extenso artículo de José Martí, titulado El cisma de los católicos en Nueva York, está contenida esta afirmación, ampliamente argumentada.
Se trata de un conflicto entre la Iglesia, como institución, y los creyentes. Los choques, señala Martí, son reveladores de las entrañas de las cosas. La contradicción está entre la iglesia ligada al poder, con riquezas, que oprime. Y los católicos sinceros que sufren la opresión.
Afirma que, como siempre, son los humildes los más perjudicados, los descalzos, los desamparados, los pescadores; y son los que se juntan frente a la iniquidad, hombro a hombro y echan a volar, con sus alas de plata encendida, el Evangelio. ¡La verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen!, dice.
Analiza el carácter de la religión “falsa siempre como dogma a la luz de un alto juicio” aunque “eternamente verdadera como poesía”. Pero más que en el aspecto filosófico, se centra en la función de la Iglesia en esos momentos en Nueva York, y las contradicciones
que la estremecen.
Aborda el caso del cura McGlynn – sobre él escribiría varios trabajos- el nombrado “cura de los pobres”, el que durante veintidós años “ha repartido entre los infelices su herencia y su sueldo, el que no les ha seducido sus mujeres, ni iniciado en torpezas a sus hijas” y les ha alzado en su barrio pobre una iglesia con los brazos siempre abiertos, el que no utilizó nunca la fe para intimidar el alma, ni oscurecer los pensamientos (…)
Y el caso es que este sacerdote fue echado de su casa y de su templo por el Arzobispo y llamado por el Papa a Roma. En otros escritos de Martí, se sabe que fue excomulgado. Su posición alarmó a los ricos que utilizaban la iglesia para oponerse a la justicia de los pobres.
Denuncia los insanos intereses de la Iglesia, unida a los poderosos y políticos que de ella se valen para mantener su poder. Fustiga el hecho de que un Arzobispo deponga a un sacerdote por haber apoyado la política de las clases llanas, pero al mismo tiempo emite una circular a sus párrocos para que apoyen la política de los logreros y rufianes. Solo McGlynn se opuso.
Plantea Martí una interrogante, ¿Y de qué parte estará la santidad, de los que se ligan con los poderosos para sofocar el derecho de los infelices, o de los que, desafiando la ira de los poderosos, y estando sobre todos ellos en inteligencia y virtud, dan con el pie a la púrpura y van a sentarse entre los que padecen?
Juzga la situación con bellas palabras: “A las poesías del alma nadie podrá cortar las alas, y siempre habrá ese magnífico desasosiego, y esa mirada ansiosa hacia las nubes. Pero lo que quiera permanecer ha de conciliarse con el espíritu de libertad, o de darse por muerto. Cuanto abata o reduzca al hombre, será abatido”.
Como epílogo de su artículo, nuestro Martí, dirigiéndose a Jesús, le pregunta dónde hubiera estado en esta lucha, si apoyando al ladrón rico o al cura McGlynn.

Con el triunfo de la Revolución cubana, el 1ro. de enero de 1959, pudo cumplirse un ruego que parecía imposible de ser escuchado y atendido. Esa súplica era… La Oración de los Médicos



.Orlando Guevara Núñez


“(…) Haz que pueda con el mismo empeño cuidar al que carezca de  recursos que al rico que puede pagar con largueza mis servicios” (...)  Así imploraba a Dios aquel ruego. Lo encontré en un documento del  grupo de médicos cubanos, Las Ardillas, graduado en 1960. El sentido de la petición era humano, pero quimérico en una sociedad  injusta, donde el rico lo tenía todo y el pobre de todo carecía.
No sé si aquella oración era de origen cubano, o si tomada de las muchas que de ese tipo encontré en diversos sitios de Internet, incluso de la España del siglo XVIII, como una que reza:
“Da vigor a mi cuerpo y a mi espíritu, a fin de que estén siempre dispuestos a ayudar con buen ánimo al pobre y al rico, al malo y al bueno, al enemigo igual que al amigo. Haz que en el que sufre yo vea siempre a un ser humano”.
Dos premisas eran indispensables para el cumplimiento de la Oración de los Médicos. Una, la transformación del sistema social cubano, incluido su sistema de salud, con los recursos necesarios; otra, la existencia de médicos capaces de responder, con sus conocimientos y su consagración, a la difícil tarea de que la prestación de la  salud estuviera al alcance de todos, sin distinción de la posición social, credo, raza  u otras diferencias entre  los enfermos.
 Estos cambios comenzaron con el mismo triunfo revolucionario. No pretendo entrar ahora en el mundo de las cifras. Pero hay pequeños ejemplos cuyo mensaje es grande. Y escojo uno de ellos: una nota tomada del periódico Sierra Maestra, en su edición del  14 de enero de 1959:
"La Comisión de Arqueo y Custodia del Hospital Saturnino Lora hace saber la necesidad imperiosa que confronta ese hospital de poseer un refrigerador para almacenar las medicinas de la Farmacia y las que le llegan de los Hospitales Rebeldes, lo que se comunica al pueblo por si alguna persona altruista desea hacer esa contribución que será altamente agradecida".
En este caso no era una oración, pero se pedía también un milagro que no pude saber si fue cumplido.  Pese a las grandes dificultades económicas heredadas, el sistema de salud cubano comenzó un vertiginoso cambio;  hoy el “Saturnino Lora” tiene un presupuesto superior al que tenía el país completo en 1958. Pero era necesaria la transformación decisiva: la formación de los médicos capaces de impulsarlo y sostenerlo.
El doctor  Pedro Baeza, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana en esa época,  había dicho a los nuevos profesionales que  se asomaban al mundo de la medicina: “Ser médico era un complejo mecanismo, creado y perfeccionado por la Universidad, que permitía a un grupo tener los conocimientos necesarios para poder curar a los que pagaban altos honorarios sin sentir escrúpulos de conciencia al saber que se morían cientos de niños y de adultos sin recibir la más elemental asistencia”.
El 27 de noviembre de 1960, el Comandante en Jefe Fidel Castro pronunció un discurso en la escalinata de la Universidad de La Habana. Y allí tuvo lugar un hecho histórico, cuando él leyó una comunicación entregada por el  grupo de estudiantes de medicina que en breve  obtendría su título. Era la graduación de las denominadas Ardillas. Fidel se regocijó al leer aquel mensaje con fuerza de presente y  presagio de futuro.
“Los abajo firmantes, alumnos del sexto año de medicina, que dentro de pocos meses terminarán su carrera, preocupados ante una serie de hechos acaecidos en los últimos días, y conscientes del momento crucial y revolucionario por el que pasa nuestra patria, quieren dejar sentado de manera definitiva su posición ante la Revolución Cubana, y su actitud ante el deber sagrado de cumplir su función social.
“Como consideramos improcedente hacer demandas económicas en momentos donde por un lado el pueblo de Cuba está dispuesto a los mayores sacrificios, y por eso los sátrapas del imperialismo yanki nos agreden cobardemente, es que hacemos responsablemente los siguientes pronunciamientos:
“Primero: Apoyamos con la vida, si fuera necesario, las medidas y normas revolucionarias tomadas por el gobierno.
“Segundo: Estamos a la disposición incondicional de las autoridades cubanas, para lo que nos necesiten, una vez adquirido nuestro título.
“Tercero: Aceptaremos con entereza y espíritu de sacrificio, el sueldo que el gobierno estime oportuno que pueda pagarnos.
“Cuarto: Solo deseamos ser útiles a nuestro país y utilizar los conocimientos adquiridos en la universidad que paga el pueblo, en beneficio de ese pueblo.
“Quinto: Rechazamos por contrarrevolucionaria toda otra actitud que tienda a menoscabar el espíritu revolucionario que fermenta hoy en nuestra patria.
“Sexto: Pedimos a todos los compañeros de nuestro curso que adopten esta postura revolucionaria y demuestren ante el pueblo su gran espíritu de sacrificio y su amor a la patria que soñara Martí”
Nacía así una premisa esencial para cumplir el propósito de que la medicina en Cuba dejara de ser una mercancía y los enfermos simples clientes. La renuncia al ejercicio privado de esta profesión, tuvo en aquellos jóvenes a sus pioneros. Ahora sí, la Oración de los Médicos comenzaba a cumplirse.
Casi llegamos ahora a los 60 años de aquel acontecimiento.  Del  grupo de Las Ardillas, auténticos iniciadores del cambio, ocho vinieron para Santiago de Cuba.  Juan Díaz Sarduy, Héctor del Cueto Espinosa, Ángel Arias Lorente, Armando Valdés Valdés, Rolando Tamayo Gandol, Melba Puzo Hansen, Arturo Sánchez Borges y Manuel León Nogueses. El servicio médico rural y la docencia médica, tuvieron  en ellos una raíz que continúa alimentando frutos.

Otros nombres recordados: Luis Barrios Chávez, Alberto Mora Docampo, Manuel Dols Castellano, Manuel Pérez Fernández. En La Habana se radicaron: Esteban Regalado García, Iván Méndez Larramendi, Raúl Pérez Atencio, Rafael Inclán Díaz y Juan José Ceballos Arrieta.  Muchos han desaparecido físicamente. Pero viven en su obra y en su ejemplo.
De  aquel grupo dije  un día, al escribir sobre Las Ardillas, que los ocho restantes abandonaron el país. Si son personas honestas y viven,  donde estén, tal vez sigan  evocando la Oración de los  Médicos, aunque el ruego no pueda ser respondido en sociedades donde la salud, ese tan preciado derecho humano, es solo patrimonio de quienes pueden comprarlo.
Hoy la obra de la medicina cubana trasciende  fronteras y se inserta en disímiles latitudes del mundo, salvando vidas, curando males, previniendo enfermedades. La Oración de los Médicos fue cumplida en Cuba, donde ahora recursos materiales  y humanos, juntos, garantizan para todos, de forma gratuita, el más sagrado de los derechos humanos, el de la vida.
Merecido  homenaje para nuestros profesionales de la salud.  Hoy contamos con una legión de Ardillas multiplicadas. Y tenemos razones para sentirnos orgullosos de nuestros profesionales de la salud. De quienes cumplen misiones en otros países y de quienes en suelo cubano simbolizan el esfuerzo y la lucha por la vida de todos los cubanos.
En ellos se siguen inspirando nuestros médicos y demás trabajadores de la salud. Y contra ese ejemplo se pulverizan las sucias maniobras de los enemigos de la Revolución que pretenden manchar su imagen. De  esos a quienes les duele la realidad de que el socialismo  en Cuba haya cumplido la Oración de los Médicos, ruego que el capitalismo mantiene en la mayor parte del mundo, sin que pueda pasar de ahí: una petición insatisfecha.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Cuba y Estados Unidos, democracia y derechos humanos




.Orlando Guevara Núñez

El  inquilino de la Casa Blanca; Donald Trump, ha convertido ese recinto en una carpa de circo. Y uno de sus actos circenses está relacionado con Cuba. En un libreto de poca categoría –tanto en argumentos como en actuación- el tema puesto en escena es el de los derechos humanos, la democracia y la libertad.
Algunos datos podrían servir  para juzgar cuál, entre ambos países, tiene razones para sentir orgullo, y cuál para sentir bochorno, al referirse a esos conceptos. Juzgue el lector.
En Cuba, la asistencia de salud es totalmente gratuita y llega a todos los cubanos, sin excepción. En Estados Unidos, más de cuarenta millones de personas no tienen seguro médico, la medicina es altamente costosa y el gobierno está haciendo todo lo posible por agravar ese mal. Estamos hablando del derecho humano más sagrado, el derecho a la vida.
En Cuba, no hay un solo caso de tortura ni de asesinato político. En Estados Unidos está autorizada la tortura como medio de obtener información. Como promedio, cada año, son asesinadas por la policía dos personas, la inmensa mayoría negras.
Estados Unidos tiene unas 800 bases militares en 42 países y unos 200 000 soldados y oficiales en alrededor de un centenar de naciones, A partir de la Segunda Guerra Mundial, sus fuerzas han matado a más de 20 millones de personas.  Cuba, con unos 40 mil médicos en unos 60 países, contribuye a salvar miles de vidas, curar males y prevenirlos.
En Cuba,  no existe analfabetismo, la educación es gratuita para todos, en todos los niveles de enseñanza, y los egresados tienen trabajo asegurado. Estados Unidos tiene un 7 por ciento de analfabetismo, que se triplicaría –unos 40 millones de personas, si se contaran quienes apenas son capaces de leer algo. El estudio en las universidades es de un alto costo y los egresados, en gran número, se pasan varios años sin poder pagar sus deudas por estudiar.
En Cuba, las mujeres, por igual calificación y puesto de trabajo que los hombres, ganan igual salario. En Estados Unidos, las mujeres, en iguales condiciones reciben un salario inferior.
En Cuba, el 97 por ciento de los trabajadores están afiliados a la Central de Trabajadores. En Estados Unidos, la afiliación sindical no llega al 9 por ciento.
En Cuba los niños no tienen necesidad de trabajar para su sustento y gozan de todos los derechos y protección. En Estados Unidos, millones de menores, están obligados a trabajar para ayudar al sustento de la familia. Sólo en la agricultura, medio millón están sometidos a jornadas intensas, en condiciones de peligro que causan cada año innumerables pérdidas de la vida.
En ese propio país, cada año, son víctimas del abuso sexual 300 mil niños y niñas, una alta cifra de ellos bajo condiciones de esclavitud, drogadicción y prostitución, mal que afecta a unos 100 millones.
En Cuba ningún ciudadano  queda abandonado a su suerte. En Estados Unidos existen unos 40 millones de pobres, muchos de ellos teniendo solo como lecho el suelo y como techo el cielo.
En Cuba hay una política eficaz contra el consumo de drogas, estando este flagelo en niveles mínimos. Estados Unidos es el país más consumidor de drogas en el mundo. Cuenta con unos 27 millones de drogadictos y 166 millones de alcohólicos. Solo entre 1999 y 2015, unas 566 000 personas han perecido por esa adicción.
En Cuba, la discriminación racial fue eliminada por la Revolución. En Estados Unidos ese mal permanece y se acentúa.
En Estados Unidos, la democracia se basa en un voto electoral para elegir a millonarios que viven de las calamidades de los electores, olvidados una vez que votan. En Cuba el voto popular elige a personas dedicadas por entero al pueblo. Y no solo elige, sino que es parte inseparable de las decisiones del gobierno de forma permanente.
Son solo algunos ejemplos, de los muchos existentes. Más allá de unas conclusiones, ¡Juzgue el lector!


martes, 24 de marzo de 2020

El deber de un hombre está allí donde es más útil




 .Orlando Guevara Núñez


Es otra  de las citas  martianas más conocidas por los cubanos. Está contenida en una carta a su madre, Doña Leonor Pérez, escrita el 25 de  marzo de 1895, en Montecristi, República Dominicana, antes de salir en la expedición que desembarcaría por la oriental  Playita de Cajobabo, junto a al Generalísimo Máximo Gómez para reiniciar la guerra por la independencia de  Cuba. El amor a la madre y a la Patria se une  en esa tierna misiva.
Ambos amores, se funden en un solo pensamiento, al cual  será siempre fiel  nuestro José Martí:
Madre mía:
Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Vd. con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.
Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mí alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Vd. con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.
Una nota adjunta Martí a esa carta a la madre. “Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginar. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.
Ese mismo día, Martí y Gómez firmaron,  el Manifiesto  de Montecristi, que  fija los postulados de la Revolución no sólo para la guerra, sino también para la fundación de la República con todos y para el bien de todos los cubanos

lunes, 23 de marzo de 2020

Y siguen las manos blancas ¡puestas en el corazón!



.Orlando Guevara Núñez

Acudiendo a un reclamo  de  humanidad y solidaridad, muchos profesionales cubanos de la salud están ya en diversos países, ayudando a combatir la pandemia del Covit-19.  Ellos están retratados en este Verso Sencillo de José Martí: Vino el médico amarillo/a darme su medicina/con una mano cetrina y la otra mano al bolsillo. Yo tengo allá en un rincón/ un médico que no manca/ con una mano muy blanca/ y otra mano al corazón.
Así, símbolos de la pureza, son las manos de nuestro  ejército de las batas blancas, prestas siempre a salvar una vida, a curar, aliviar o prevenir un mal, en el lugar donde sean necesitados, aunque, como en este caso - la lucha contra una terrible enfermedad-  ese empeño  ponga en juego su propia vida.
Así responden los representantes de nuestro sistema de salud  desde que en este pequeño archipiélago la medicina dejó de ser una mercancía y el enfermo un cliente. Desde que el derecho a la vida – el más humano de  los derechos humanos- es patrimonio de todos los cubanos.
Sigan los enemigos de la Revolución cubana, al tiempo que se revuelcan en su propio lodo, tratando de desacreditar a los médicos cubanos. Ellos siguen y seguirán estando allí, donde un enfermo los necesite, sin importarles  si piensa o no piensa igual, sin preguntar en qué cree o deja de creer. Lo que importa es preservar vidas.
Y esto lo hace un pequeño país, bloqueado hace 60 años por el imperio yanqui, privado de adquirir medicinas y equipos médicos. Pero allí están, con el mismo amor, dedicación y sacrificio que trabajan en defensa de la salud de su propio pueblo. Y allí seguirán, hasta que hagan falta. Y cuando terminan su tarea, regresarán con la humildad que los caracteriza, solo con la satisfacción del deber cumplido.
Aquí quedan muchos dispuestos también a prestar su ayuda en cualquier lugar del mundo que se les necesite. Son los mismos que día a día, noche a noche, sostienen la vitalidad de nuestro sistema de salud. Los mismos cuyas manos blancas se posan en el corazón de todos los cubanos. Una ejemplar prédica martiana.