lunes, 27 de mayo de 2019

El Uvero, atrevido y desafiante ataque guerrillero



  .Orlando Guevara Núñez                            
Cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro calificó al combate de El Uvero, desarrollado el 28 de mayo de 1957, como un atrevido y desafiante ataque, estaba definiendo, en toda su dimensión, el carácter de aquella acción rebelde donde, al decir del Che, la guerrilla revolucionaria alcanzó su mayoría de edad.
Luego de la primera victoria guerrillera en La Plata, el 17 de enero de 1957, seguida de otras acciones que reafirmaban la presencia de Fidel en la Sierra Maestra, vino una etapa de reorganización y adaptación de los combatientes a las duras condiciones de la guerra en las montañas.
A los expedicionarios del Granma y a los obreros y campesinos unidos a ellos, se había sumado –en el mes de marzo- el primer refuerzo de medio centenar de combatientes enviados a la Sierra Maestra por el héroe de la lucha clandestina, Frank País García. Se estudiaban los movimientos del ejército enemigo en el territorio, con el propósito de emboscarlo y causarle la mayor cantidad posible de bajas.
El ataque a El Uvero no formaba parte entonces de los objetivos rebeldes. Pero un acontecimiento determinó su inclusión en estos. El 24 de mayo desembarcó por la costa norte de Oriente un grupo de revolucionarios con el fin de llegar a la Sierra Cristal y desarrollar la lucha armada para derrocar al tirano Fulgencio Batista. La expedición, dirigida por Calixto Sánchez White, había salido de Miami, Estados Unidos.
Ese grupo no tenía relación alguna con el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Pero al conocer la noticia, Fidel planteó la necesidad de apoyarlo y fue ese gesto solidario, humano y altruista el que lo condujo a concebir el ataque al cuartel de El Uvero. El Comandante en Jefe sintió como suyos los angustiosos momentos que estarían atravesando los expedicionarios del Corynthia, como los habían sufrido meses atrás los del Granma.
El 27 de mayo, según testimonio del Che, Fidel reunió al Estado Mayor Rebelde y le anunció que en las próximas 48 horas tendrían combate. Las órdenes fueron muy concretas: tomar las postas y acribillar a balazos el cuartel.
En el amanecer del 28 de mayo, un disparo salido del fusil con mira telescópica del máximo jefe rebelde, inició el combate, en el cual lucharon con tesón las dos partes contendientes durante unas tres horas.
En su relato sobre este combate, en Pasajes de la guerra revolucionaria, el Che fija en 53 los defensores del cuartel de El Uvero y en unos 80 los de la guerrilla. Y un testimonio de la crudeza de la lucha, lo dan por sí solas las cifras de bajas de ambas partes. Los ocupantes del cuartel tuvieron 14 muertos, 19 heridos y 14 prisioneros. Sólo seis soldados lograron escapar.
Los atacantes tuvieron 15 bajas, entre ellos siete muertos. Más de la tercera parte de los contendientes quedaron fuera de combate.
Allí cayeron heroicamente el teniente Julio Díaz González, combatiente del Moncada y expedicionario del Granma, quien peleaba justo al lado de Fidel; el también teniente Emiliano Díaz Fontaine (Nano); y los combatientes Eligio Mendoza Díaz, Gustavo Moll Leyva, Francisco Soto Hernández, Anselmo Vega Verdecia y Emiliano R. Sillero Marrero.
Terminado el combate, se produjo un hecho que reveló la diferencia del sentido humanitario, ética militar y respeto a los vencidos por parte del ejército guerrillero y el opresor. El Che, único médico rebelde, atendió a los heridos de ambos bandos. Los prisioneros fueron respetados y se compartió con ellos los pocos alimentos disponibles. Mientras tanto, durante esa misma mañana, 16 expedicionarios del Corynthia hechos prisioneros eran brutalmente asesinados.
En El Uvero, dos combatientes revolucionarios heridos, por su gravedad, quedaron en poder del ejército batistiano, bajo palabra de honor del médico militar de que serian respetadas sus vidas. Ellos fueron Emiliano R. Sillero y Mario Leal. El primero murió poco después y el segundo sobrevivió y sufrió prisión hasta el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.
Heridos resultaron el entonces capitán y luego  Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, en el brazo y pierna izquierdos; los tenientes Félix Pena y Miguel Ángel Manals, además de los combatientes Mario Maceo, Manuel Acuña, Enrique Escalona, Hermes Leyva y el ya mencionado Mario Leal.
La trascendencia histórica y el valor derrochado por los combatientes revolucionarios aquel 28 de mayo de 1957, han sido definidos por sus principales protagonistas.
La importancia de esa acción, fue calificada por Fidel como “El primer combate de proporciones grandes librado contra aquellas fuerzas de la tiranía por los revolucionarios”. Nuestros hombres- precisó el máximo jefe del Ejército Rebelde- tomaron por asalto cada posición, avanzando sobre las balas y combatiendo largamente. Todo lo que se diga sobre la valentía con que lucharon, no acertaría a describir el heroísmo de nuestros combatientes. El capitán Almeida dirigió un avance casi suicida con su pelotón. Sin tanto derroche de valor, no habría sido posible la victoria”.
El entonces capitán y hoy General de Ejército Raúl Castro, afirmaría luego que “Almeida fue el alma del combate  y el Che comenzó a destacarse allí como guerrillero. El encuentro de El Uvero nos dio categoría de tropa experimentada”.
El propio Che dijo que “A partir de entonces se acrecentó la moral guerrillera, igual que la decisión  y esperanzas de triunfo”, añadiendo que los guerrilleros- luego de El Uvero- estaban en posesión del secreto de la victoria. Esa acción, aseveró, sellaba la suerte de los pequeños cuarteles situados lejos de las agrupaciones mayores del ejército de Batista.
En el combate fueron ocupadas varias armas, entre ellas 45 fusiles – 24 garand semiautomáticos y 20  marca springfield, además de un fusil ametralladora browning y unas 6 000 balas calibre 30.06, junto a otros pertrechos de guerra. Así lo atestigua el máximo jefe guerrillero, el compañero Fidel.
El Ejército Rebelde continuaba así desarrollando una tradición iniciada en La Plata y que sería una constante durante toda la guerra: su principal fuente de abastecimiento de armas sería el arrebato de estas al enemigo. Poco a poco, las viejas escopetas de cacería cedían su lugar, en las manos de los combatientes, a las armas mejor adecuadas para la lucha. “Cuando aprendimos a quitarles las armas al enemigo- diría Fidel- habíamos aprendido a hacer la Revolución, habíamos aprendido a hacer la guerra, habíamos aprendido a ser invencibles, habíamos aprendido a vencer”.
Seis décadas  y dos años  nos separan ya de aquel atrevido y desafiante ataque rebelde. Los nombres de los revolucionarios  caídos en aquella acción, sin embargo, se agigantan en el tiempo, en la historia y en la memoria agradecida de sus compañeros de lucha y de las generaciones herederas de la obra cimentada con la vida que ellos ofrendaron.
En la localidad de El  Uvero, asentada en el actual municipio santiaguero de Guamà, abrazada por el Mar Caribe y las majestuosas montañas de la Sierra Maestra, afianzadas en el mismo escenario del combate del 28 de mayo de 1957, revivirá otra vez el eco de los disparos rebeldes que - más allá de sobre un cuartel enemigo y sus ocupantes- hicieron blanco en el corazón de un sistema social injusto, erradicado en Cuba y recordado sólo como parte de un pasado sin presente ni futuro en la patria de Martí y de Fidel.
En ocasión de cumplirse el aniversario 48 de la crucial victoria rebelde, los restos de cinco de los caídos en El Uvero fueron depositados definitivamente en el Mausoleo de los Mártires de la Revolución, en el cementerio Santa Ifigenia, cercano al recinto que atesora los de nuestro Héroe Nacional, José Martí.
Emiliano Díaz Fontaine, Gustavo Moll Leyva, Francisco Soto Hernández, Anselmo Vega Verdecia y Emiliano Rigoberto Sillero Marrero, descansan en este lugar, custodiados por su pueblo. En su natal Artemisa, están los restos de Julio Díaz González y allí recibirá él  también –al igual que aquí- el homenaje sentido de todos los cubanos. El cadáver del otro caído, Eligio Mendoza Díaz, no apareció nunca. Fue recogido por el ejército de Batista y trasladado junto a sus muertos hacia Santiago de Cuba, destino al cual no llegó, lo que hace presumir su lanzamiento al mar. Pero Eligio, el campesino que sirvió de práctico a la guerrilla y murió combatiendo en El Uvero, tiene también su tumba  en el corazón del pueblo.
Para todos ellos, en nuestro pueblo ganan fuerza de presencia las emotivas palabras de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, el 28 de mayo de 1965, cuando al rememorar aquellos momentos de dolor afirmó: “Nosotros desde aquel día los tenemos más en nuestro recuerdo y en nuestra memoria. Y viven en la obra de la Revolución, en cada escuela construida en la Sierra, en cada hospital, en cada camino, en cada obra revolucionaria”.
El arrojo, la moral, el sacrificio, la decisión, el triunfo y la sangre derramada hace 62 años en el combate de El Uvero, continúan guiando a nuestro pueblo en sus actuales retos y hacia sus presentes y futuras victorias.
                           

sábado, 25 de mayo de 2019

Distinguen a difusores del pensamiento martiano




. Orlando Guevara Núñez

“La patria ve: y censura, o premia”. Inspirada en este pensamiento martiano, la Sociedad Cultural José Martí, (SCJM)  en Santiago de Cuba, premió el aporte de varios hombres y mujeres que en este territorio han contribuido a la difusión de las ideas de nuestro Héroe Nacional.
El reconocimiento Donde son más altas las palmas, instituido por la provincia, fue entregado por el presidente provincial de la SCJM, Rubén Ramos Mosquera, a Mileydis  Flores Portuondo, Mirna Moren Loren, Antonio Isaac Hechavarría y Alejandro Hipólito Utria.
 Al mismo tiempo  el Diploma Honrar Honra, otorgado por la instancia nacional de esta institución, fue entregado  al Proyecto Cultural Claustrofobia Promociones Literarias, con una prolífera obra en Santiago de Cuba y más allá. Fue recibido por el compañero Yunier  Riquenes, de la dirección del Proyecto.
También recibió esa acreditación Santiago Mock Maimir, por su labor en el Club Siempre Joven, de la Sociedad Cultural José Martí, integrado por fundadores y ex dirigentes de la AJR, la UJC y del Partido.
El encuentro donde se rindió tributo a Martí en el aniversario 124 de su caída en combate contó con la presencia de José Luis de la Tejera, presidente de honor de la SCJM en la provincia, y la doctora Nelis Rodríguez, quien disertó sobre el conocimiento del Che en relación con el pensamiento martiano.

Ratifican combatientes respaldo incondicional a la Revolución





.Orlando Guevara Núñez

Apoyar  la declaración del gobierno cubano, del pasado 18 de abril, contra las medidas aplicadas por el gobierno norteamericano para arreciar el bloqueo, a través de la Ley Helms-Burton, fue el primer acuerdo de la V Conferencia de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), del Distrito José Martí, municipio de Santiago de Cuba, que sesionó este sábado, con la presencia de 100 delegados electos en sus organizaciones de base.
Fue condenada también la agresión a los hermanos pueblos de Venezuela y Nicaragua y se reafirmó la decisión de defender incondicionalmente la Revolución y mantener la plena disposición para asumir cualquier misión, en cualquier momento y circunstancias.
Los participantes en el evento centraron su análisis en el perfeccionamiento y fortalecimiento de la atención a los combatientes, el trabajo patriótico militar e internacionalista, principalmente con las jóvenes generaciones, además del estudio y aplicación de los documentos rectores y lo relacionado con el crecimiento y bajas de la ACRC.
Luego de varias intervenciones sobre la atención social y de salud a los combatientes, en una intervención especial, el Presidente provincial de la ACRC, coronel ® Adolfo Pérez Pestana, puntualizó que por atención no debe entenderse solo lo material, sino la visita a los enfermos, ayuda  espiritual en el aspecto familiar, la felicitación cuando se gradúa un hijo o recibe alguna promoción importante que lo distingue en la sociedad. Llamó la atención, además, sobre la necesidad de incrementar el trabajo en las escuelas, con la participación de los combatientes en los consejos de dirección en los centros apadrinados.
En el caso de las bajas a quienes no tienen una participación activa en las asociaciones de Base, Pestana dijo que deben ser aplicados los Reglamentos, pero luego de un análisis detallado de cada caso, porque lo más fácil es la baja, pero corresponde la responsabilidad, más difícil, de sumar. Se refirió a la unidad como pilar indispensable en la vida de la organización.
Un acuerdo con la unanimidad de votos fue la propuesta a las instancias superiores de incluir como cantera para el crecimiento de la ACRC de milicianos fundadores con más de 15 años de labor y una ejemplar trayectoria en la defensa de la patria.
Entre las intervenciones de destacó el papel que corresponde a los combatientes en relación con las tareas preparatorias de los planes de la guerra de todo el pueblo, el completamiento del personal y la planificación y organización de los Días de la Defensa.
Tras la aprobación de los objetivos de trabajo para la próxima etapa, los delegados eligieron al nuevo Comité Distrital, con 15 integrantes, y ratificaron a Rolando Cordovez Robaina como presidente. Aprobaron también a los 28 delegados del Distrito José Martí a la Conferencia Municipal, que sesionará el próximo 23 de junio.
En las palabras finales del encuentro, presidido también por el Teniente Coronel Esteban Fernández, del Ejecutivo Nacional de la ACRC, la compañera Julia Alemar Machado, secretaria del Comité Distrital del Partido,  felicitó a los combatientes por el resultado del trabajo en el último quinquenio, pero enfatizó en lo que falta por hacer en este lugar, a pocos metros de donde son custodiadas las cenizas de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. Exhortó a continuar en la primera línea del combate frente a los intentos imperiales de destruir la Revolución, seguir creciendo y sumando fuerzas.

viernes, 24 de mayo de 2019

Batalla de Pichincha: sangre ecuatoriana- cubana en una misma arteria heroica




Orlando Guevara Núñez

La Batalla de Pichincha, librada el 24 de mayo de 1822, fue la acción que determinó la victoria final del pueblo ecuatoriano contra las tropas coloniales españolas. Al día siguiente, el general Antonio José de Sucre, quien condujo las fuerzas patriotas, tomó posesión de Quito, la capital.
El propio Sucre dejaría testimonio sobre el carácter sangriento de esta batalla:  “ Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla… además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros… Los cuerpos de todos han cumplido su deber: jefes y oficiales y tropas se disputaban la gloria del triunfo”.
Pero hay un nombre imprescindible, que simboliza el heroísmo del pueblo ecuatoriano en Pichincha:  Abdón Calderón Garaycoa.
¿Quién era este joven de solo 18 años de edad que en esa batalla crucial ganó la categoría de héroe de todo un pueblo que le sigue rindiendo honores tras el paso de los años?
El padre del héroe –Francisco Calderón- fue un cubano nacido en Pinar del Río, desde donde emigró hacia Ecuador en  1800. Allí contrajo matrimonio con la guayaquileña  Manuela Garaycoa, unión de la cual  nació Abdón, en Cuenca, el  30 de julio de 1804. Luchó en las filas patrióticas, alcanzando el grado de coronel hasta que, derrotadas estas fuerzas, fue apresado y fusilado el  1ro. de diciembre de 1812.
Del ejemplo de su padre se nutrió el patriotismo de Abdón, quien se incorporó  a la Revolución del  9 de octubre de 1820, que marca la independencia del Ecuador. Y comenzó a tejer su historia combativa que en Pichincha alcanzaría dimensiones de leyenda.
Sucre agregaría al parte sobre aquella batalla: " [...] hago una particular memoria de la conducta del Teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a la familia los servicios de este oficial heroico".
Abdón  era el abanderado de su batallón. Y, como lo narró Sucre, no abandonó su puesto y siguió llamando a la tropa al combate, hasta que sus fuerzas se lo permitieron. Pese a la gravedad de las heridas, tuvo vida hasta el siguiente 7 de junio, cuando falleció en Quito.
Documentos históricos ecuatorianos afirman que cuando El Libertador, Simón Bolívar, fue informado sobre la acción heroica del joven Abdón Calderón, lo ascendió póstumamente al grado de Capitán. Dispuso, además, que la Compañía del Batallón de Yaguachi, a la cual perteneció el muchacho no tendría otro Capitán  y que en las revistas, al escucharse su nombre, la tropa contestaría: “Murió gloriosamente en Pichincha, pero vive en nuestros corazones”
Se especifica también que “En los cuerpos de caballería del Ejército ecuatoriano, siempre es recordado en los cambios de guardia semanales, con el grito del oficial: Capitán Abdón Calderón…” Asimismo, dos escuelas militares ecuatorianas llevan su nombre.
Es un honor para los revolucionarios cubanos que un joven ecuatoriano, por cuyas venas corría también sangre de nuestro país, haya contribuido de forma tan alta, con su vida y con su ejemplo, a la independencia de ese país hermano.