jueves, 25 de mayo de 2017

Batalla de Pichincha: sangre ecuatoriana- cubana en una misma arteria heroica




Orlando Guevara Núñez

La batalla de Pichincha, librada el 24 de mayo de 1822, fue la acción que determinó la victoria final del pueblo ecuatoriano contra las tropas coloniales españolas. Al día siguiente, el general Antonio José de Sucre, quien condujo las fuerzas patriotas, tomó posesión de Quito, la capital.
El propio Sucre dejaría testimonio sobre el carácter sangriento de esta batalla:  “ Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla… además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros… Los cuerpos de todos han cumplido su deber: jefes y oficiales y tropas se disputaban la gloria del triunfo”.
Pero hay un nombre imprescindible, que simboliza el heroísmo del pueblo ecuatoriano en Pichincha:  Abdón Calderón Garaycoa.
¿Quién era este joven de solo 18 años de edad que en esa batalla crucial ganó la categoría de héroe de todo un pueblo que le sigue rindiendo honores tras el paso de los años?
El padre del héroe –Francisco Calderón- fue un cubano nacido en Pinar del Río, desde donde emigró hacia Ecuador en  1800. Allí contrajo matrimonio con la guayaquileña  Manuela Garaycoa, unión de la cual  nació Abdón, en Cuenca, el  30 de julio de 1804. Luchó en las filas patrióticas, alcanzando el grado de coronel hasta que, derrotadas estas fuerzas, fue apresado y fusilado el  1ro. de diciembre de 1812.
Del ejemplo de su padre se nutrió el patriotismo de Abdón, quien se incorporó  a la Revolución del  9 de octubre de 1820, que marca la independencia del Ecuador. Y comenzó a tejer su historia combativa que en Pichincha alcanzaría dimensiones de leyenda.
Sucre agregaría al parte sobre aquella batalla: " [...] hago una particular memoria de la conducta del Teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a la familia los servicios de este oficial heroico".
Abdón  era el abanderado de su batallón. Y, como lo narró Sucre, no abandonó su puesto y siguió llamando a la tropa al combate, hasta que sus fuerzas se lo permitieron. Pese a la gravedad de las heridas, tuvo vida hasta el siguiente 7 de junio, cuando falleció en Quito.
Documentos históricos ecuatorianos afirman que cuando El Libertador, Simón Bolívar, fue informado sobre la acción heroica del joven Abdón Calderón, lo ascendió póstumamente al grado de Capitán. Dispuso, además, que la Compañía del Batallón de Yaguachi, a la cual perteneció el muchacho no tendría otro Capitán  y que en las revistas, al escucharse su nombre, la tropa contestaría: “Murió gloriosamente en Pichincha, pero vive en nuestros corazones”
Se especifica también que “En los cuerpos de caballería del Ejército ecuatoriano, siempre es recordado en los cambios de guardia semanales, con el grito del oficial: Capitán Abdón Calderón…” Asimismo, dos escuelas militares ecuatorianas llevan su nombre.
Es un honor para los revolucionarios cubanos que un joven ecuatoriano, por cuyas venas corría también sangre de nuestro país, haya contribuido de forma tan alta, con su vida y con su ejemplo, a la independencia de ese pueblo hermano.

Hechos pequeños que engrandecen al Che




.Orlando Guevara Núñez

La sola mención de su nombre: el Che, nos trae a la mente la imagen de un héroe  cuyas hazañas lo agigantan  en nuestra memoria. El joven médico que en motocicleta recorrió parte de Latinoamérica, que defendió al gobierno del  presidente de Guatemala, Jacobo Arbens,  frente a la agresión norteamericana que lo derrocó en 1954.
Recordamos al Che  que conoció a Fidel en México, que  se integró a la expedición del Granma, que fue herido en Alegría de Pío y allí, teniendo ante sí dos cajas- una de medicina y una de balas, pudiendo cargar una sola- se decidió por la segunda, definiendo así su vocación de guerrillero por encima de la de su profesión como médico.
Decir Che, significa evocar  al primer hombre ascendido por Fidel, en la Sierra Maestra, al grado de Comandante;  al  jefe de la primera  Columna – la 4- que durante la guerra  se desprendió de la Columna Uno, bajo el mando de Fidel. Recordamos al  jefe del campamento de entrenamiento de reclutas en Minas del Frío; al Che jefe de la Columna  Invasora  Nro.8 Ciro Redondo; al jefe guerrillero de la campaña de Las Villas, de la toma de Santa Claara.
Y luego del triunfo revolucionario de 1959,  viene a nuestra mente el Che constructor del socialismo, forjador del trabajo voluntario, defensor y fiel exponente del hombre nuevo. Y admiramos  al firme defensor de Cuba en tribunas internacionales, al combatiente internacionalista en El Congo, y en Bolivia, donde cayó herido el 8 de octubre de 1967 y fue asesinado al día siguiente, por orden de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Al Che universal, cuya imagen recorre hoy el mundo como estandarte de millones de personas preteridas que pelean sus derechos, y de masas  redimidas que defienden sus conquistas.
Por esas razones  a veces no dedicamos  atención  a hechos pequeños –en realidad  a la vez grandes- que conformaron la personalidad  del Guerrillero Heroico.
Los sentimientos humanos del Che  aún en las cosas más pequeñas, fueron, sin dudas,  los cimientos de su inmensa obra.
Durante el combate de El Uvero, el 28 de mayo de 1957, en la Sierra Maestra, al despedirse de un combatiente herido que mediante palabra de honor quedaba en manos del ejército enemigo como única posibilidad de salvar su vida por la gravedad de las heridas, el Che confiesa que estuvo tentado a depositar un beso en su frente, pero no lo hizo por entender que el compañero comprendería  su irremediable sentencia: la muerte, como en definitiva sucedió.
Pero también  asombra  la sensibilidad del Che ante hechos relacionados con animales, demostrando que su amor  trascendía los límites del género humano.
En su libro Pasajes de la guerra revolucionaria, aparece un relato titulado El cachorro asesinado, donde expresa el pesar suyo- y de otros combatientes-  ante la muerte por él ordenada a Félix, guerrillero, de un perrito que acompañaba a la tropa, pero que con sus incontenibles ladridos ponía en peligro la seguridad de los guerrilleros.
Así lo plasma en su relato: “No sé si sería sentimental  la tonada o si fue la noche o el cansancio… Lo cierto es que Félix, que comía sentado en el suelo, dejó un hueso.Un perro de la casa vino mansamente y lo cogió. Félix le puso la mano en la cabeza, el perro lo  miró, Félix lo miró a su vez y nos cruzamos algo así como una mirada culpable. Quedamos repentinamente en silencio. Entre nosotros hubo una conmoción imperceptible. Junto a todos, con su mirada mansa, picaresca con algo de reproche, observándonos aunque a través de otro perro, estaba el cachorro asesinado”.
Un cercano colaborador del  Guerrillero Heroico, Orlando Borrego, en su libro  Che, recuerdos en ráfaga, nara dos anécdotas:
Una, cuando saliendo de La Habana, manejando, el Che impactó con el auto a  un perro. De inmediato detuvo el vehículo, se bajó y se internó en un oscuro matorral, tratando de localizar al animal para asistirlo.
La otra tuvo como escenario a Santiago de Cuba, en ocasión de celebrarse aquí un acto central por el 26 de Julio. Cuenta Borrego que iban  a pie, a visitar a unos compañeros albergados en una casa cercana. De pronto escucharon unos gritos: ¡Pica, gallo! ¡Pica, canelo! ¡Pica Jabao! Entraron a la casa desde donde provenían las exclamaciones. Y se toparon con una pelea de gallos, donde la sangre de los contendientes  era visible.
El Che penetró en el ruedo vallístico y separó a los animales, profiriendo “frases  bastante  vulgares y nada amistosas”.  Entre  los  galleros, uno, explica Borrego que, mezclados con la admiración y el respeto, una expresión dejó escapar sus sentimientos: “Se jodió la pelea, ¿Quién sería el que le avisó al argentino?
Mientras, el Che procuraba algodón y alcohol para curar a los dos gladiadores y luego encargó los retiraran a sus galleras. No dijo nada más. Con una señal de saludo se marchó y, al poco rato, en la casa visitada, estaba él en otra lidia muy distinta, una partida de ajedrez.
Así, de grandes hazañas y de  hechos pequeños, está forjada la figura del Che.

sábado, 20 de mayo de 2017

20 de mayo de 1902: Cuba, ¿República independiente o neocolonia de Estados Unidos?




.Orlando Guevara Núñez

Antes de 1959, en Cuba se celebraba el 20 de mayo como día de la independencia. Se nos decía en las escuelas que ese día había nacido la República independiente, que había cesado el dominio español y desde entonces teníamos la más plena libertad. Todo eso, se agregaba, gracias a la “generosa ayuda” del gobierno de los Estados Unidos, a quien debíamos  eterno agradecimiento.
Nuestra historia había sido totalmente falseada, en interés de los gobiernos de turno y de sus amos imperiales. La cruda verdad es que el 20 de mayo de 1902 Cuba dejó de ser colonia de España para convertirse en neocolonia de los Estados Unidos de América.
En 1898, después de 30 años de heroica lucha, el Ejército Libertador Cubano tenía virtualmente derrotado al ejército colonial español. Ya España no podía sostener la guerra desde el punto de vista militar, ni económico, ni político. La moral colonial se había desplomado ante el empuje del independentismo.
Fue ése el momento aprovechado por el gobierno de los Estados Unidos, tomando como pretexto la explosión del vapor El Maine, para satisfacer sus viejos deseos de intervenir en Cuba y materializar sus sueños de anexión. Sólo con el apoyo del Ejército Libertador Cubano (Mambì) pudieron lograr el objetivo de desembarcar y vencer en los postreros combates al ejército colonial. Esa, la llamada guerra hispano-cubano-norteamericana, sería calificada por el líder del proletariado mundial, Vladimir Ilich  Lenin, como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad.
Pero terminada la contienda bélica, ¿Fue Cuba verdaderamente libre? ¿Fue altruista o infame el gesto del gobierno de los Estados Unidos?
Una breve ojeada histórica demuestra todo lo contrario a lo que nos enseñaban en las escuelas, con pocas excepciones de educadores patriotas que se esforzaban por desentrañar la mentira.
El 10 de diciembre del mismo 1898, tiene lugar el Tratado de Paris, que ponía fin oficialmente al colonialismo español en Cuba. La primera gran injusticia y ofensa a la dignidad de los cubanos, fue su exclusión de esa negociación. Estados Unidos negoció una libertad que no había ganado y España “renunció”  a un derecho que había perdido frente a los cubanos.
Estados Unidos no estaba dispuesto a desarrollar una guerra armada contra el ejército revolucionario cubano que había derrotado a una potencia colonial después de tres décadas de cruentas luchas. Y preparó las condiciones para apropiarse de la Isla por una vía menos costosa en la cual debía ganar, además, el crédito de libertador.
Concluida la guerra, el ejército norteamericano mantuvo su ocupación y en sus manos y las del gobierno de ese país quedaban maniatadas la libertad y la independencia del pueblo cubano.
El 16 de junio de 1900, por la Orden Militar 164, norteamericana, se celebran las  primeras  elecciones de alcaldes, concejales, tesoreros, jueces municipales y correccionales. La llamada democracia norteamericana ponía de relieve su verdadera esencia. Podían votar sólo los hombres mayores de 21 años, no podían hacerlo las mujeres, había que saber leer y escribir, tener un capital de no menos de 250 pesos o haber servido en el Ejército Libertador, sin  “notas desfavorables” en su expediente.
Por esas y otras  restricciones impuestas, sólo el 14 por ciento de la población con edad para hacerlo ejerció el voto. No obstante, los resultados no fueron los esperados para la potencia imperial.
Iguales elecciones tuvieron lugar en junio de 190l. Pero con mayores limitaciones a las que se sumaron medidas coercitivas y fraudes para garantizar una mayoría de votos a favor de los candidatos que representaran los intereses yanquis.
Otra Orden Militar, esta vez la 91, rigió las reglas de esas elecciones. Los electores sólo podían elegir al 60 por ciento de los concejales. Se rechazaba la inscripción de personas con derecho a hacerlo. Se ocultaron las listas de electores a los votantes para que éstos no pudieran verificar si sus nombres figuraban en ellas. Se cambiaban nombres, lo que invalidaba luego el voto. Se utilizaron coacciones, se instrumentaron rejuegos en las mesas electorales y se negó el voto a los participantes  en las gestas independentistas contra España. De esa “lección democrática” aprendieron luego los sucesivos gobiernos cubanos amamantados por los Estados Unidos de América.
Al llegar las elecciones presidenciales de 1901, los atropellos a la nación cubana fueron mucho más allá. Tres candidatos hubo inicialmente para esos comicios. El Generalísimo Máximo Gómez Báez, héroe de las gestas independentistas cubanas, al ver los rejuegos que dominarían ese proceso, renunció a su candidatura. Igual lo hizo otro patriota, el Mayor General Bartolomé Masò, quien se opuso a acatar los designios norteamericanos para esas elecciones.
Siendo así, un solo aspirante quedó para las votaciones: Tomás Estrada Palma, quien había sucedido a José Martì como Delegado del Partido Revolucionario Cubano y para su aspirantura debió renunciar a la ciudadanía norteamericana, que poseía desde 26 años atrás. Este hombre, que había traicionado el ideal y la causa martiana y era incondicional al gobierno yanqui, accedía de esa forma al poder, en unas elecciones donde votó apenas el 7 por ciento de los cubanos con edad para hacerlo.
Pero eso no bastaba a los intereses norteamericanos en Cuba. Se necesitaba algo más seguro, más eficaz. Y surgió de esa forma la Enmienda Platt.
El 28 de febrero de 1901, el senador norteamericano Orville H. Platt, propuso una enmienda a la Ley de Gastos del Ejército, la cual, una vez aprobada por su país, debía anexarse a la Constitución cubana que regiría la nuevo República. O aceptación de esa enmienda o se mantendría a Cuba bajo la ocupación militar. Esa fue la disyuntiva.
Fue una enmienda que ataba a Cuba en lo militar, lo político y lo económico, al designio de los Estados Unidos.
Uno de sus artículos, separó a  Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) de la jurisdicción cubana, afrenta que se mantuvo hasta 1925. Otro atribuía a Estados Unidos el derecho a las intervenciones militares en nuestro país, bajo el falso pretexto de conservar la independencia, mantener un gobierno adecuado, proteger vidas, propiedades y la libertad.
Cuba estaba obligada también al arrendamiento de servicios a Estados Unidos para que éste pudiera mantener la independencia y proteger la defensa de la Isla. De ese engendro nació la actual Base Naval de Guantánamo, que aún se mantiene contra la voluntad del pueblo cubano y es utilizada como centro internacional de torturas y crímenes por el gobierno norteamericano, pese a las reiteradas denuncias hechas en los más altos organismos internacionales.
Cuba, además, quedaba impedida de establecer tratados o convenios con otro poder, ni adquirir deudas públicas que no fueran con el gobierno imperial.
El propio Tomás Estrada Palma, disolvió el Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martì para hacer la Revolución y dirigir luego los destinos de la nación cubana. El Ejército Libertador había disuelto. ¿Cuál independencia y cuál libertad, les quedaba a los cubanos cuando el 20 de mayo de 1902 fue proclamada la República?  Después de 30 largos años de lucha, ¿República independiente o  neocolonia norteamericana?
El mismísimo gobernador militar estadounidense en Cuba durante la ocupación, Leonard Wood, dejó claros los resultados y las proyecciones a raíz de la aplicación de la Enmienda Platt. “Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es la anexión (…) Es bien evidente que está absolutamente en nuestras manos (…) Con el control, que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo (…) La Isla se norteamericanizarà gradualmente y a su debido tiempo contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo”.

La verdadera independencia, libertad, soberanía y libre autodeterminación, tendría que esperar 60 años más, hasta que el primero de enero de 1959 fue proclamado por el Comandante en Jefe Fidel Castro el triunfo de la Revolución cubana.
En esa verdad histórica, reside el odio visceral de los gobiernos norteamericanos y los reaccionarios de origen cubano a nuestro proceso revolucionario. Por eso, para esa jauría de lobos, el 20 de mayo continúa siendo una “fecha patriótica”  utilizada  para reverdecer su rabia y sus histéricos  aullidos contra Cuba. 

viernes, 19 de mayo de 2017

Homenaje a José Martí ante su tumba




.Orlando Guevara Núñez
Un sentido homenaje al Héroe Nacional cubano, José Martí, en el aniversario 122 de su caída en combate,se realizó en el Mausoleo que atesora sus restos, en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. Una representación de santiagueros y santiagueras, en nombre de todos los cubanos, depositó  ofrendas florales  dedicadas por la máxima dirección de la Revolución y recordó la vida y obra del Apóstol de la Independencia cubana.
Gabriel Blanco Guillén, integrante del Buró Ejecutivo del Comité Provincial del Partido en Santiago de Cuba, en las palabras centrales de homenaje, afirmó que  “El 19 de mayo de 1895  marca para la historia cubana - más que la muerte de un hombre - el nacimiento de un símbolo”.
Pero ese símbolo –expresó-  no está determinado  por el hecho fortuito de la caída en combate de José Martí, sino por su vida y por su obra, las que sintetizan las virtudes que, interpretadas y asumidas por  su más ilustre alumno, el Comandante en Jefe Fidel Castro, identifican hoy al pueblo revolucionario de Cuba”.
El dirigente partidista, en otra parte de su discurso,  dijo que el  paradigma martiano creció  en su peregrinar por varias naciones de la América preterida y explotada. En ese bregar, el joven revolucionario, poeta, periodista, escritor y  político, llegó a convertirse no solo en el más universal de los cubanos, sino, además, en uno de los más preclaros pensadores de su época y de los tiempos entonces por venir.
“Nadie mejor que José Martí – afirmó el orador-  fue capaz de analizar las causas que habían frustrado la gesta independentista cubana del 10 de octubre de 1868. Y es una de sus mayores proezas haber juntado  hombres, voluntades, haber superado rencillas y divisiones, para forjar la unidad  indispensable en el empeño de una nueva guerra, no solo para derrotar a la España colonial, sino para fundar una República con todos y para el bien de todos, donde la ley primera fuera el culto de los cubanos a la dignidad  plena del hombre”
En sus palabras, destacó Gabriel Blanco que no pudo ver Martí la victoria soñada. Y  su muerte fue seguida por la traición a sus ideas. A la Revolución iniciada el 24 de febrero de 1895, luego de haber socavado el poder militar, económico, político y moral de España, le fue escamoteado el triunfo  por el mismo enemigo que él había denunciado: el imperialismo norteamericano.
“La  instauración  de un gobierno interventor  norteamericano en Cuba, el  1ro. de enero de 1899- recordó-  cercenó nuestra independencia y  convirtió a nuestro país en una neocolonia de los Estados Unidos. Fueron  disueltos el Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí y el Ejército Libertador Cubano. Se impuso la Enmienda Platt que aseguraba el dominio imperial en este territorio y surgió la ilegal Base Naval de Guantánamo, que aún  se mantiene como una  afrenta”.
“Fueron los disparos rebeldes del 26 de Julio de 1953, los que rompieron los mármoles que encerraban las ideas martianas. Esas ideas, ya liberadas, se hicieron conciencia de miles de cubanos, quienes aprendieron de Martí que los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre,  y que un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”, afirmó.
Quiso la historia, no por  azar, sino por continuidad- dijo- que aquí, a pocos pasos del lugar que atesora los restos martianos, se hayan sembrado las cenizas de nuestro eterno Comandante en Jefe Fidel Castro, el cubano que hizo realidad  los sueños del Maestro.
“Aquí, en este lugar sagrado del Santa Ifigenia, se resume la gloriosa historia de la Patria cubana, desde Céspedes hasta Fidel. Por eso, compañeras y compañeros, repitamos con José Martí que  Cuando se muere en brazos de la Patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe, ¡y empieza al fin, con el morir, la vida!”  “Y juremos de nuevo junto a Fidel que vivimos en un país libre que nos legaron nuestros padres y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie”.
Alumnos de las escuelas militares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias realizaron la ceremonia especial de honor a Martí y a Fidel, ante centenares de combatientes de la Revolución, obreros, estudiantes, pioneros y miembros  de las organizaciones políticas y de masas, integrantes de las instituciones armadas y el pueblo santiaguero.