jueves, 5 de marzo de 2026

 

José Martí: El monopolio está sentado, como un gigante implacable, a la puerta de todos los pobres

.Orlando  Guevara Núñez

Este pensamiento de José Martí es demostrativo de cómo penetró en la esencia de los monopolios capitalistas – en su etapa naciente- y las trágicas consecuencias para los trabajadores y los desposeídos. Y ese análisis está contenido en un artículo escrito el 5 de septiembre de 1884 y  publicado por el diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina, el  26 de octubre  de ese año.

La importancia de los trabajadores encabeza el artículo. Señala que los artesanos de Estados Unidos decidieron celebrar, el primer lunes de cada septiembre, una fiesta por todos los trabajadores de la nación. “Los que edifican el mundo, quieren enseñarse una vez al año en él: así, ante el espectáculo solemne, se decidirán a obrar en justicia los abusadores, y entrarán en miedo los déspotas: mal le irá al que quiera sentarse sobre todos esos hombres”.

Y una afirmación corrobora su posición ante los poderosos y los trabajadores. “Gusanos me parecen todos esos despreciadores de los pobres”. Refiriéndose al día festivo, plantea que este año no fue lo esperado, pues los dueños de fábricas no habían asentido la demanda de los obreros, ni muchos de ellos

pudieron asistir, por no perder el día de salario. Sin embargo, unos veinte mil

hombres y mujeres acudieron a la celebración pública.

Pero Martí está viendo más allá del valor de aquel espectáculo. Por eso escribe: “Cuesta trabajo reprimir las ideas cuando el sol esplende, los trabajadores marchan, y el mundo se hincha. Parece que se ve en el aire una bandera nueva, y se la sigue”.

Describe el paso de diversos sectores obreros. Y explica cómo empresas múltiples se han centralizado en compañías de un mismo género  e imponen precios caprichosos, resultado de combinaciones y falseamientos perversos, lo cual afecta el comercio. En esa competencia, los más sucumben. “Todo aquello que se pueda emprender- dice- está en manos de corporaciones invencibles, formadas por la asociación de capitales desocupados a cuyo influjo y resistencia no puede esperar sobreponerse el humilde industrial que empeña la batalla con su energía inútil y unos cuantos millares de pesos. El monopolio es un gigante negro. El rayo tiene suspendido sobre su cabeza. Los truenos le están zumbando en los oídos.  Debajo de los pies le arden volcanes”.

Con estas palabras, está nuestro Apóstol  prediciendo las contradicciones que se engendran junto al nacimiento de los monopolios. Y agrega que “La tiranía, acorralada en lo político, reaparece en lo comercial. Este país industrial, tiene un tirano industrial”.

Con su sagacidad  política  y periodística, Martí anota un hecho de la procesión. Dice que un capitalista empina una magnífica cometa con dos palabras escritas: carne y harina. Y en contraste, un trabajador empina una desdichada cometilla, con letras flacas y hambrientas con una palabra: salarios. Y concluye que, por más que el trabajador tira, los salarios no llegan al precio de la carne y de la harina.

Lamenta que entre quienes marchan, hay niños que trabajan “del alba a la puesta” y han empezado a dar fruto, contra la ley de la Naturaleza, antes de abrirse en flor. También le duele la escena de que los cigarreros, desde un carro, arrojan  puñados de cigarros que los niños se arrastran por el suelo para recogerlos.” ¡Nada debiera hacerse, ni en procesión ni en chanza, que haga que un niño se arrastre por tierra!”. 

Así nuestro José Martí saludó el júbilo de los trabajadores ese día, pero puso al descubierto las contradicciones entre ricos y pobres, entre el capital monopolista y los pequeños productores y trabajadores.

Póngase asunto a este otro concepto martiano observando aquella procesión de trabajadores en Estados Unidos: “Cuando las castas privilegiadas y sus órganos, que aquí hay aquellas y éstos como en todas partes, les niegan lo que en humanidad les pertenece, y por ley será suyo algún día, ¿cómo no ha de ser que se exasperen los trabajadores y soliciten de vez en cuando más de lo que es justo?

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

 

José Martí: El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber

 

.Orlando Guevara Núñez

Pensamiento  utilizado  para definir posiciones relacionadas con los intereses personales y colectivos, es éste. Fue citado por Fidel Castro en su alegado de auto defensa La historia me absolverá.

El pronunciamiento fue hecho  por el Apóstol  de nuestra independencia el 10 de octubre de 1890, en  Hardman Hall, Nueva York,  con motivo de conmemorarse el aniversario 22 del inicio de la Guerra de los Diez Años, encabezada en La Demajagua por Carlos Manuel de Céspedes. El auditorio estaba integrado por emigrados cubanos.

Así lo dijo Martí:

“El hombre acude a la fortuna, como el mendigo al sol, y esquiva el sacrificio oscuro y la sombra del silencio; aunque el verdadero hombre no mira de qué

lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ése es el verdadero hombre, el único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los  pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber. Y si falla-dice- es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejercitó con desinterés y eficacia”.

Había  iniciado aquel histórico discurso con un  llamado inaplazable: “Me parece que veo cruzar, pasando lista, una sombra colérica y sublime, la sombra de la estrella en el sombrero; y mi deber, mientras me queden pies, el deber de todos nosotros, mientras nos queden pies, es ponernos en pie, y decir: "¡presente!"

Fue una  vehemente convocatoria  a la unidad para emprender la guerra truncada en 1878. 

“Porque nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos; y no estamos aquí para decirnos ternezas mutuas, ni para coronar con flores de papel las estatuas heroicas, ni para entretener la conciencia con festividades funerales, ni para ofrecer, sobre el pedestal de los discursos, lo que no podemos ni intentamos cumplir; sino para ir poniendo en la mano tal firmeza que no volvamos a dejar caer la espada”.

“Y nosotros mantenemos –agregó- que los que son impotentes para hacer desaparecer las causas de la guerra en un país, necesitan, si aman a su patria y quieren ahorrarle males, tener preparado el país para la guerra”

Martí, como en otros muchos discursos y escritos, diserta sobre  la preparación de la  lucha  sin apresuramientos innecesarios.  Habla  de guerra y de fundación.

Refiriéndose a quienes  se han acomodado al pan, conviviendo con España, expresa su convicción de que, con la fuerza del pan nuevo, despertaría en los corazones el fantasma de Jimaguayú y San Lorenzo, es decir, de Ignacio Agramonte y Carlos Manuel de Céspedes.

 El hombre de actos sólo respeta al hombre de actos. El que se ha encarado mil veces con la muerte, y llegó a conocerle la hermosura, no acata, ni puede acatar, la autoridad de los que temen a la muerte”, afirma.

Otros bellos y útiles  conceptos fueron expresados por nuestro Héroe Nacional en aquella ocasión: Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden”  “Un pueblo que entra en revolución no sale de ella hasta que se extingue o la corona”.

Y, como colofón, un preludio de lucha y esperanzas: “Sin que el corazón se nos fatigue ni nos espanten los años, paseamos el fuego insepulto, como enseña que ha de juntar, con ayuda de todos los amigos de la libertad, a los cubanos fieles esparcidos al viento del mundo: ¡y levantaremos,  en brazos de la América libre, nuestra patria buena y grande!”

martes, 3 de marzo de 2026

 

José Martí : El cubano, antes que la libertad, se arranca la vida

.Orlando Guevara Núñez

Con el título  Persona y patria. El 1ro. de abril de 1893, publicó José Martí un artículo en el periódico  Patria  en el cual escribe este pensamiento. 12 Enfatiza, en esta ocasión, el papel rector del Partido Revolucionario Cubano como organización de los cubanos, y puntualiza que el Delegado electo no es “la cabeza imperante e inamovible, de cuyo capricho o alucinación depende el sacudimiento y llamada a muerte del país en que nació”.

Analiza que puede hoy ser uno y mañana otro el Delegado. Y rebate y alerta sobre una campaña en Cuba para desacreditar su persona. Afirma que “El Partido Revolucionario Cubano es la unión de pensamiento y voluntad de todas las organizaciones cubanas y puertorriqueñas del destierro”

Reafirma su convicción de que el poder está en todos, no en una persona. Y  dice que para zares no es nuestra sangre. Sobre nuestro pueblo, escribe: “El cubano, indómito a veces por lujo de rebeldía, es tan áspero al despotismo como cortés con la razón”. El cubano es independiente, moderado y altivo. Es su dueño y no quiere dueños. Quien pretenda ensillarlo, será sacudido.

Se refirió a que en América había pueblos que estaban al caer, porque la libertad quedó en manos  de gente que no la amaba, o la entendía solo para su casta superior. Es cuando afirma: “Pero en nosotros hay una masa pública, que conoce y adora la libertad, que la habla y escribe, que la razona y la acomoda a lo verdadero, que la defenderá con las uñas y con los dientes; ¡allí estaremos todos, defendiéndola! ¡No hay placer como el de defenderla!: el cubano, antes que la libertad, se arranca la vida”.

Conoce los  obstáculos contra los que debe lucharse, pues la sociedad no es

perfecta. Menciona a los indiferentes, egoístas,  viciosos, pero confía en que esa gente puede sumarse a la revolución. El Partido Revolucionario vive y triunfa, porque es la libertad, opina.

Volviendo sobre el tema de lo personal y la patria, puntualiza que “La persona hemos puesto de lado”; ¡bendita sea la patria! Hace una importante definición: la de que “La guerra que prevé y ayuda el Partido Revolucionario Cubano es la guerra de todos (…) y lo que no sea guerra de todos, y de seguro lleve la voz que ha de llevar, o no es verdad, o es la guerra de rincón”. Asevera que la idea de la persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo crítico y complejo que no se lanzará a un sacrificio estéril, sino por sus verdaderos intereses y su bienestar.